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“El tesoro está en nuestro corazón”

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No adoréis a nadie,

a nadie más que a Él. (bis)

no adoréis a nadie, 

a nadie más. (bis)

No adoréis a nadie, 

a nadie más que a Él.

Canto:

NO ADOREIS A NADIE

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Porque sólo Él

nos puede sostener. (bis)

No adoréis a nadie,

a nadie más. (bis)

No adoréis a nadie,

a nadie más que a Él.

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MONICIÓN DE ENTRADA:

Dentro de nosotros está la felicidad, pero hace falta descubrirla. No busques afuera, busca en tu interior, pues en el hombre interior habita la verdad. Un buen programa para este verano: profundizar en nuestro interior para encontrarnos con nosotros mismos y con Dios.

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Nuestro tesoro es el conocimiento de Dios. Cuando uno encuentra a Cristo opta por El, lo demás pasa a ser secundario, es capaz de renunciar a cualquier cosa por seguirle, porque el llena plenamente nuestro corazón.

Y ahora pregúntate: ¿dónde está tu tesoro?, ¿has optado por Cristo?, ¿a qué estás dispuesto a renunciar por El?

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Oración: ¿DÓNDE ESTÁS, SEÑOR?

¿Dónde estás, Señor?

Que me dicen que, hace un tiempo,

te sembraron en mi corazón…y no te encuentro.

Que pregonan que, en el cielo te hayas,

y cuando levanto la vista no te alcanzo.

Me repiten que, en los destrozos del mundo,

es donde especialmente sales a su lado

y… no llego a percibir tu presencia.

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¡Dónde estás, Señor!

¿Qué tengo que vender para poder comprarte?

¿Qué tengo que dejar para poder conseguirte?

¿Qué parte de mi hacienda he de regalar

para que, Tú, seas la definitiva riqueza y valor a mi vida?

Mis ojos no te ven porque andan distraídos,

porque prefieren verse seducidos

por el gran capital que el mundo oferta.

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Mis manos disfrutan mucho más

cuando acarician los lingotes del oro del bienestar

de lo que cuenta y vale en la sociedad

del prestigio o del dinero

del buen nombre y buena vida…sin mínimo esfuerzo

¡Demasiado bien sé dónde se encuentra tu tesoro!

En el silencio,

que tanto hiere porque tanto me dice.

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En la humildad,

donde la pequeñez tanto me asusta.

En la sinceridad,

que me convierte en diana de tantos dardos.

Ayúdame, oh Cristo, a no perder el campo de tu tesoro:

La fe que es llave para poder amarte y descubrirte.

El amor que es bono seguro que cotiza en el cielo.

Soy yo, quien hoy más que nunca,

necesito buscarte por mí mismo

y ponerte en el lugar que te corresponde. Amén.

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OH, OH, OH.

ADORAMUS TE DOMINE. (3 veces)

Canto de Adoración:

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17º Domingo del Tiempo Ordinario

30 de Julio de 2023

Ciclo A

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EVANGELIO: ( San Mateo 13, 44-52 )

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

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El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.

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El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.

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Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto? Ellos le responden: Sí.

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Él les dijo: Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo.

Palabra del Señor

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Reflexión.-

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Meditación en imágenes:

CAMBIA NUESTRO CORAZÓN

 

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“PADRE NUESTRO”

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

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BENDICIÓN.-

V. Les diste pan del cielo.

R. Que contiene en sí todo deleite.

Oremos: Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tú Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.