“El Señor está cerca”
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él. (bis)
no adoréis a nadie,
a nadie más. (bis)
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él.
Canto:
NO ADOREIS A NADIE
Porque sólo Él
nos puede sostener. (bis)
No adoréis a nadie,
a nadie más. (bis)
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él.
MONICIÓN DE ENTRADA:
El tercer domingo de Adviento es el Domingo de la Alegría. «El Señor está cerca». Por esto el Adviento es el tiempo de la esperanza cristiana.
Un aspecto fundamental de la esperanza es la alegría. «Alegraos siempre en el Señor»
Es el gozo que viene de la seguridad de la venida del Señor, fiel a su promesa, que trae a la humanidad y a cada uno de nosotros el Espíritu de vida y de amor.
Cuando el hombre espera con alegría segura el Espíritu de Dios, ya vive de lo que espera.
La razón fundamental de nuestra alegría es el amor misericordioso y apasionado de Dios, manifestado en Jesucristo, que viene siempre y se queda con nosotros.
Oración: MI ALEGRIA ERES TÚ, SEÑOR
Vienes en silencio y tus pasos, Señor,
producen en mí, calma, seguridad y paz.
Necesito, Señor, un poco de tu mundo:
De tu gozo, para mi corazón triste.
De tu alegría, para mi alma esquiva.
De tu mano, en mis caminos inciertos.
¡Ven, Señor!
Y hazme recuperar la alegría perdida,
el gusto por vivir cada día,
la esperanza en tanta hora triste,
porque Tú, Señor, eres alegría.
Haz que mis ojos brillen
con el resplandor de la felicidad,
con el encanto de la fe,
con la virtud de la caridad.
Mi alegría eres tú, Señor.
Porque vienes y te sientas a mi lado,
porque compartes mi condición humana,
porque, siendo Dios, apuestas fuerte por mí.
Mi alegría eres tú, Señor.
Por eso te doy gracias y bendigo tu nombre.
Anhelo la Noche Santa de la Navidad.
Espero tu llegada y preparo mi interior.
Sólo sé, mi Señor, que tú eres mi alegría.
Amén.
Ven, ven, Señor, no tardes,
ven, ven, que te esperamos.
Ven, ven Señor, no tardes,
ven pronto, Señor.
Canto:
VEN, SEÑOR, NO TARDES
1.- El mundo muere de frío,
el alma perdió el calor.
Los hombres no son hermanos,
el mundo no tiene amor.
Ven, ven, Señor, no tardes,
ven, ven, que te esperamos.
Ven, ven Señor, no tardes,
ven pronto, Señor.
En aquel tiempo la gente preguntaba a Juan: Entonces, ¿qué debemos hacer? Él contestaba: El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.
EVANGELIO: ( San Lucas 3, 10-18 )
Vinieron también a bautizarse unos publicanos, y le preguntaron: Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros? Él les contestó: No exijáis más de lo establecido.
Unos soldados igualmente le preguntaban: Y nosotros, ¿qué debemos hacer? Él les contestó: No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga.
Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos: Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quién no merezco desatarle la correa de sus sandalias.
El os bautizará con Espíritu Santo y fuego; en su mano tiene el bieldo para aventar su parva, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga. Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio.
Palabra del Señor
Reflexión.-
Meditación en imágenes
ESPERAR HACIENDO
“PADRE NUESTRO”
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Tantum ergo Sacraméntum, venerémur cernui:
et antíquum documéntum novo cedat ritui;�praestet fides suppleméntum sensuum deféctui.
Genitóri Genitóque, laus et iubilátio;�salus, honor, virtus quoque, sit et benedíctio;�procedénti ab utróque compar sit laudátio. Amén.
Canto:
TANTUM ERGO
BENDICIÓN.-
V. Les diste pan del cielo.
R. Que contiene en sí todo deleite.
Oremos: Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tú Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R. Amén.