Los 4 primeros concilios ecuménicos�������Hacia la formación del dogma
El período tardoromano revistió extraordinaria importancia desde el punto de vista doctrinal. Con la libertad religiosa del cristianismo llegó el momento de formular con precisión la doctrina ortodoxa acerca de algunas cuestiones fundamentales: la Santísima Trinidad, el Misterio de Cristo y el problema de la Gracia. ��La definición del dogma católico se llevó a cabo en medio de recias batallas teológicas frente a herejías que produjeron escisiones en el seno de la Iglesia, algunas de las cuales todavía perduran. Instrumento fundamental de esta tarea fueron los concilios ecuménicos. Ocho concilios ecuménicos, reunidos entre los siglos IV y IX, integran el primer ciclo de la historia conciliar de la Iglesia.
Los 8 primeros concilios ecuménicos
Formulación del dogma trinitario:�Contra Arrio y el arrianismo
1º Concilio de Nicea (325)� Formulación del Símbolo
embargo, por un «posconcilio» de signo radicalmente
opuesto, que constituye uno de los episodios más
sorprendentes de la historia cristiana. El partido filoarriano,
dirigido por el obispo Eusebio de Nicomedia, logró
alcanzar una influencia decisiva en la Corte imperial,
y en los años finales de Constantino, y durante los
reinados de varios de sus sucesores, pareció que el
Arrianismo iba a prevalecer: los obispos nicenos más
ilustres fueron desterrados y —según la gráfica frase de
San Jerónimo— «la tierra entera gimió y descubrió con
sorpresa que se había vuelto arriana».
Comparación entre el símbolo apostólico y el Niceno-constantinopolitano
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo; Nació de Santa Virgen María; padeció bajo el poder de Poncio Pilatos; Fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; Al tercer día resucitó de entre los muertos; ascendió a los cielos; Está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso, desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
la Santa Iglesia Católica, la Comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos y la vida eterna.
Creo en la iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Primer Concilio de Constantinopla (381)
El siglo V: la armonia de las dos naturalezas de Cristo
El concilio de Efeso (431) y Nestorio
la doctrina nestoriana. El papa Celestino I pidió a
Nestorio una retractación, que éste rehusó prestar.
emperador Teodosio II, tuvo un desarrollo muy accidentado,
por la rivalidad entre obispos alejandrinos y antioquenos.
Mas al final hubo acuerdo y se compuso una profesión de fe en
la que se formulaba la doctrina de la «unión hipostática» de las
dos naturalezas en Cristo y se llamaba a María con el título de
Madre de Dios.
suyos subsistieron, sin embargo, en el Cercano Oriente y
constituyeron una Iglesia nestoriana que, durante muchos
siglos, desarrolló una importante obra misional por tierras de
[Asia.
Monofisismo: �El latrocinio de Efeso
Concilio de Calcedonia (451)
El concilio se adhirió de modo unánime a la doctrina cristológica contenida en la epístola de León Magno a Flaviano: «Pedro ha hablado por boca de León», aclamaron los padres. La profesión de fe que se redactó reconocía las dos naturalezas en Cristo, «sin que haya confusión, ni división, ni separación entre ellas».
echó raíces profundas en varias regiones de
Oriente, y en particular Egipto, donde se tomó
como bandera secesionista frente al Imperio.
La condena del Monofisismo fue entendida
como un ataque a su Iglesia y a las tradiciones
de Atanasio y Cirilo. Un Patriarcado monofisita
—que tenía tras de sí a los monjes y a la
población indígena copta— surgió en Alejandría,
frente al Patriarcado «melquita» o imperial.
Este contexto histórico explica los esfuerzos de los siguientes emperadores por hallar fórmulas de compromiso que, sin contradecir el Símbolo de Calcedonia, pudieran ser aceptables para los monofisitas y asegurasen la fidelidad de estas poblaciones al Imperio. ��En esta línea estuvo el Henotikon—edicto del emperador Zenón (482)— y la famosa cuestión de los «Tres Capítulos», promovida por Justiniano, que no logró sus propósitos y produjo, en cambio, reacciones desfavorables en Occidente. La tentativa más importante fue la patrocinada por el emperador Heraclio, esforzado defensor del Oriente cristiano frente a persas y árabes. El patriarca de Constantinopla, Sergio, pensó que, sin negar la doctrina calcedonense de las Eps naturalezas, podía afirmarse que, en virtud de la unión hipóstática, existió en Cristo una sola «energía» humano-divina -Monoenergismo— y que Cristo tuvo una sola voluntad —Monotelismo—. Heraclio sancionó esta doctrina por el decreto dogmático Ecthesis(638). La Ecthesis no solucionó nada, ni religiosa ni políticamente. Los monofisitas la rechazaron y en muy breve tiempo Palestina, Siria y Egipto cayeron en poder de los árabes. ��La cuestión cristológica llegó a su término cuando el Concilio III de Constantinopla (680-681) —sexto de los ecuménicos—, sobre la base de las cartas enviadas por el papa Agatón, completó el Símbolo de Calcedonia, con una expresa profesión de fe en las dos energías y dos voluntades en Cristo. El Cristianismo monofisita ha perdurado hasta hoy en: �Egipto y Etiopía (Es la llamada Iglesia Copta).