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“Señor, Tú lo sabes todo”

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No adoréis a nadie,

a nadie más que a Él. (bis)

no adoréis a nadie, 

a nadie más. (bis)

No adoréis a nadie, 

a nadie más que a Él.

Canto:

NO ADOREIS A NADIE

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Porque sólo Él

nos puede sostener. (bis)

No adoréis a nadie,

a nadie más. (bis)

No adoréis a nadie,

a nadie más que a Él.

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Tú sabes que te quiero». Tú conoces mi negación, — mi cobardía, mis sentimientos… Tú sabes que, desde la verdad de mi ser, a pesar de todo, te quiero. La historia de Pedro es nuestra propia historia.

MONICIÓN DE ENTRADA:

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Tantos compromisos, tantos propósitos de vivir de acuerdo con nuestra fe, incluso estableciendo comparaciones con los otros. Y tantas veces también, nuestras negaciones, nuestras huidas, nuestros fracasos…

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Ojalá sintamos siempre que, a pesar de todo, el Señor nos sigue mirando con cariño; ojalá lloremos amargamente y, sobre todo, ojalá podamos seguir diciendo, porque nos sentimos como mecidos por la mirada de amor y de comprensión del maestro: «Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que yo te quiero».

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Oración: TU SABES QUE TE QUIERO

Señor, tú sabes que siempre te quise,�y que te sigo queriendo;

tú sabes que te quiero.

A pesar de que me cuesta

adivinarte entre la gente,�a pesar de lo torpe que soy

para verte vestido de pobre,

tú sabes que te quiero.

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A pesar de mis dudas de fe,

de mi vacilante esperanza,

y de mi amor posesivo,

tú sabes que te quiero.

Yo te quiero, Señor,

porque tú me quisiste primero,

porque siempre confías

en las posibilidades que tengo

de ser, junto a ti,

aquí en mi puesto,

servidor fraterno.

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3º Domingo de Pascua

1 de mayo de 2022

Ciclo C

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EVANGELIO: ( Juan 21, 1-19 )

Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades, y se apareció de esta manera:

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estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: “Me voy a pescar”. Ellos contestaron: “Vamos también nosotros contigo”.

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Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada.

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Estaba ya amaneciendo cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: “Muchachos, ¿tenéis pescado?” Ellos contestaron: “No”. Él les dice: “Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis”.

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La echaron, y no tenían fuerza para sacarla, por la multitud de peces.

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Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: “Es el Señor”.

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Al oír que era el Señor, Simón Pedro que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.

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Al saltar a tierra ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: “Traed de los peces que acabáis de coger”.

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Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos no se rompió la red.

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Jesús se acerca, toma el pan y se lo da; y lo mismo el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

Jesús les dice: ”Vamos, almorzad”. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.

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Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”.

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Jesús le dice: “Apacienta mis corderos”.

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Por segunda vez le pregunta: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Él le contesta:”Sí, Señor, tú sabes que te quiero”.

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Él le dice: “Pastorea mis ovejas”.

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Por tercera vez le pregunta: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: “Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero”.

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Jesús le dice: “Apacienta mis ovejas.

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Te lo aseguro: cuando eras joven tú mismo te ceñías e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras”. Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.

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Dicho esto, añadió: “Sígueme”.

Palabra del Señor

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Reflexión.-

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Meditación en imágenes

SABES QUE TE QUIERO

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Oración: ¡ES EL SEÑOR!

La oscuridad, se convierte en luz.

La esterilidad, en fruto abundante.

La apatía, en dinamismo.

La vergüenza, en valentía apostólica.

¿No lo veis? ¿No lo sentís?

¡Es el Señor!

 

Y, a su voz, decimos que ¡SI!

Que merece la pena intentarlo de nuevo.

Que echaremos las redes en su nombre.

Que, incluso con cansancio,

nos lanzaremos aún a riesgo

de perder algo nuestro, por el camino.

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¡Es el Señor!

Y, cuando sale a nuestro encuentro,

es porque quiere que compartamos su vida.

Y, cuando anochece en nuestros afanes,

el Señor, desde la otra orilla,

nos brinda la fuerza necesaria

para que no nos ahogue la desesperanza.

 

Cuando amanece con el Señor,

todo cambia de color:

el cansancio desaparece,

la mala suerte termina,

el esfuerzo inútil da lugar al trabajo fecundo.

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¡Es el Señor!

Y, cuando uno cree en El,

en silencio cree en El,

espera en El y ama en El

Y, cuando uno cree en El, como Pedro,

los ojos se ponen en El,

las alabanzas, los pies en la tierra

y la barca dejada en El.

 

Y, cuando uno ama como Juan

los labios se atreven a pronunciar

lo que el corazón siente y la fe anima:

¡Es el Señor!

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“PADRE NUESTRO”

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

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Tantum ergo Sacraméntum, venerémur cernui:

et antíquum documéntum novo cedat ritui;�praestet fides suppleméntum sensuum deféctui.

Genitóri Genitóque, laus et iubilátio;�salus, honor, virtus quoque, sit et benedíctio;�procedénti ab utróque compar sit laudátio. Amén.

Canto:

TANTUM ERGO

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BENDICIÓN.-

V. Les diste pan del cielo.

R. Que contiene en sí todo deleite.

Oremos: Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tú Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.