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Coraline Jones era una niña inquieta, valiente y muy curiosa, que acababa de mudarse con sus padres a una antigua casa dividida en departamentos, conocida como el Pink Palace. El lugar era extraño, lleno de vecinos peculiares, y estaba rodeado de un ambiente gris y lluvioso.

Sus padres trabajaban escribiendo sobre jardinería, y siempre estaban ocupados frente a la computadora. Apenas le prestaban atención, y muchas veces ignoraban sus preguntas o deseos. Coraline se sentía sola, aburrida y frustrada.

Un día, decidió explorar su nuevo hogar. Conoció a un chico llamado Wybie Lovat, quien le advirtió que la casa tenía secretos. También conoció a sus excéntricos vecinos: dos ancianas actrices y un hombre que entrenaba ratones. Todo era raro… pero interesante.

Mientras revisaba la casa, Coraline encontró una pequeña puerta escondida detrás de un papel tapiz. Le pidió a su madre que la abriera, pero detrás

solo había una pared de ladrillosSin embargo

esa noche algo cambió.

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Guiada por una sensación extraña, Coraline abrió la puerta nuevamente y esta vez encontró un túnel oscuro y suave, como si respirara. Sin dudarlo, se arrastró por él… y llegó a un lugar idéntico a su casa, pero mucho más colorido, cálido y vivo.Ahí conoció a sus “otros padres”. Eran iguales a los suyos… pero con botones negros en lugar de ojos. Su “otra madre” era cariñosa, atenta y le cocinaba platillos deliciosos. Su “otro padre” era divertido y creativo. Todo parecía perfecto.En ese mundo, Coraline también encontró versiones más alegres y mágicas de sus vecinos. Incluso el jardín tenía formas increíbles, como si todo estuviera hecho especialmente para ella. Por primera vez, Coraline se sentía importante.Pero poco a poco, empezó a notar cosas extrañas.Los ojos de botones… las sonrisas demasiado perfectas… y la forma en que todo parecía girar solo alrededor de ella. Una noche, su “otra madre” le hizo una propuesta inquietante:—Si quieres quedarte aquí para siempre… solo debes coser botones en tus ojos.Coraline sintió un escalofrío. Entendió que ese lugar no era tan perfecto como parecía.Asustada, decidió volver a su mundo real. Pero al regresar, encontró la casa vacía. Sus padres habían desaparecido. Solo había un espejo… y en él, pudo verlos atrapados, pidiendo ayuda.En ese momento, comprendió la verdad: la “otra madre”, en realidad conocida como la Beldam, era una criatura malvada que atraía niños, los engañaba con un mundo perfecto… y luego los atrapaba para siempre.Decidida a salvar a sus padres, Coraline regresó al otro mundo..

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Ahí encontró a las almas de tres niños que habían sido víctimas antes que ella. Ellos le explicaron que la Beldam robaba sus vidas y los dejaba atrapados.Coraline desafió a la Beldam a un juego: si lograba encontrar las almas de los niños y los ojos de sus padres, todos serían liberados. Si perdía, se quedaría para siempre.La Beldam aceptó.Entonces comenzó una peligrosa aventura. Coraline exploró cada rincón del otro mundo, que ahora se volvía más oscuro y aterrador. Sus vecinos ya no eran amables… eran trampas. Todo se deformaba y se volvía hostil.Con inteligencia, valentía y un poco de ayuda de un misterioso gato negro, Coraline logró encontrar las almas perdidas una por una. Cada victoria debilitaba a la Beldam.Finalmente, enfrentó a la criatura en su forma real: una figura delgada, monstruosa, con largos brazos como agujas.En un momento de astucia, Coraline logró engañarla, recuperar a sus padres y escapar por el túnel justo cuando el otro mundo comenzaba a destruirse.Pero aún no estaba todo terminado.La mano de la Beldam logró cruzar al mundo real, intentando recuperar la llave de la puerta para seguir atrapando víctimas. Coraline, una vez más, usó su inteligencia: la engañó y la hizo caer en un pozo profundo, junto con la llave, sellando el portal para siempre.

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Después de todo lo vivido, Coraline regresó a su vida normal. Pero ya no era la misma.Ahora entendía que, aunque sus padres no eran perfectos, la amaban. Y ellos también comenzaron a cambiar, prestándole más atención.El mundo real, con todos sus defectos… se volvió mucho más valioso.Y Coraline, la niña curiosa, aprendió que no todo lo que brilla es bueno… y que el verdadero valor está en

aceptar la realidad

no en escapar de ella.