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DE LA RAZÓN A LOS SENTIMIENTOS

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CONTEXTO HISTÓRICO�

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LLEGAN LOS BORBONES�

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LA PEPA Y “FERNANDITO”�

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DE NEOCLÁSICOS A ROMÁNTICOS�

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La mentalidad ilustrada

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NEOCLASICISMO

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sentimientos/ razón�

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EL NEOCLASICISMO�

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CONSECUENCIAS ESTÉTICAS

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ENSAYO

LOS ENSAYISTAS DEL SIGLO XVIII

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2.1. FEIJOO , MODERNIZACIÓN DE LA CIENCIA ESPAÑOLA���

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Benito Jerónimo Feijoó, Teatro crítico universal:Astrología judiciaria y almanaques

No pretendo desterrar del mundo los almanaques (=calendarios), sino la vana estimación de sus predicciones, pues sin ellas tienen sus utilidades, que valen por lo menos aquello poco que cuestan. La devoción y el culto se interesan en la asignación de fiestas y santos en sus propios días; el comercio, en la noticia de las ferias francas; la agricultura y acaso también la medicina, en la determinación de las lunaciones: esto es cuanto pueden servir los almanaques; pero la parte judiciaria (= predictiva) que hay en ellos, sin embargo, […] es una apariencia ostentosa, sin substancia alguna […].

Ya veo que, en consideración de esta propuesta, están esperando los astrólogos que yo les condene al punto por falsas las predicciones […]. Pero estoy tan lejos de eso que el capítulo por donde las juzgo más despreciables es ser ellas tan verdaderas. ¿Qué nos pronostican estos judiciarios (= predictores) sino unos sucesos comunes, sin determinar lugares ni personas, los cuales, considerados en esta vaga indiferencia, sería milagro que faltasen en el mundo? Una señora que tiene en peligro su fama, la mala nueva que contrista a una corte, el susto de los dependientes por la enfermedad de un gran personaje, el feliz arribo de un navío al puerto, la tormenta que padece otro; tratados de casamientos ya conducidos al fin, ya desbaratados, y otros sucesos de este género, tienen tan segura su existencia que cualquiera puede pronosticarlos sin consultar las estrellas; porque siendo los acaecimientos que se expresan nada extraordinarios y los individuos sobre quienes pueden caer innumerables, es moralmente imposible que en cualquier cuarto de luna no comprehendan a algunos. A la verdad, con estas predicciones generales no puede decirse que se pronostican futuros contingentes (=imprevistos), sino necesarios, porque aunque sea contingente que tal navío padezca naufragio, es moralmente necesario que entre tantos millares que siempre están surcando las ondas alguno peligre, y aunque sea contingente que tal príncipe esté enfermo, es moralmente imposible que todos los príncipes del mundo, en cualquier tiempo del año, gocen de entera salud. Por esto va seguro quien, sin determinar individuos ni circunstancias, al navío le pronostica el naufragio, al príncipe la dolencia y así de todo lo demás. […]

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  • Los corresponsales de las Cartas marruecas son tres: Gazel,
  • Ben-Beley
  • Nuño Núñez.

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  • Gazel es un joven árabe que llega a España con motivo de la visita que realiza el embajador de Marruecos, al cual el personaje acompaña. Llevado por su afán de conocimiento y por su curiosidad, decide quedarse en el país y conocerlo mejor.
  • Durante su estancia, observa las costumbres y usos de los españoles, a los que accede gracias a la mediación de su amigo Nuño. El descubrimiento por parte de Gazel de una cultura distinta permite a Cadalso desarrollar un análisis crítico de las creencias, las costumbres y los modos de ser de los españoles.

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  • Ben-Beley es el anciano preceptor de Gazel, que vive en África. Se trata de un personaje que representa el conocimiento y la experiencia que le otorga su edad y su aislamiento del mundo.

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  • Nuño es quien introduce a Gazel en la vida española de su tiempo. A menudo se ha identificado a este personaje con su autor y se ha considerado el más importante de la obra, a pesar de que escribe un reducido número de cartas. En él se halla presente el enfrentamiento entre el amor a la patria y la necesidad de reformarla mediante los preceptos ilustrados. A través de este personaje, se intentan conciliar las nuevas ideas con los valores y virtudes tradicionales del país.

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España, nación diversa

  • Gazel es un joven marroquí que ha llegado a España en el séquito del embajador de su país. Después de la partida del embajador, decide quedarse en España para conocer mejor esta nación. En esa tarea, que durará hasta que se vea obligado a volver a Marruecos por asuntos de familia, le ayudará el español Nuño, su guía y amigo. Gazel escribirá a su maestro, el sabio Ben-Beley, retirado en un lejano lugar de África, y le informará sobre los usos y costumbres de los españoles:
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España, nación diversa

  • «Aún no me hallo capaz de obedecer a las nuevas instancias que me haces sobre que te remita las observaciones que voy haciendo en la capital de esta vasta monarquía. ¿Sabes tú cuántas cosas se necesitan para formar una verdadera idea del país en que se viaja? Bien es verdad que, habiendo hecho varios viajes por Europa, me hallo más capaz, o por mejor decir, con menos obstáculos que otros africanos; pero aun así, he hallado tanta diferencia entre los europeos que no basta el conocimiento de uno de los países de esta parte del mundo para juzgar de otros estados de la misma. Los europeos no parecen vecinos: aunque la exterioridad los haya uniformado en mesas, teatros y paseos, ejército y lujo, no obstante las leyes, vicios, virtudes y gobierno son sumamente diversos y, por consiguiente, las costumbres propias de cada nación.
  • �Aun dentro de la española, hay variedad increíble en el carácter de sus provincias. Un andaluz en nada se parece a un vizcaíno; un catalán es totalmente distinto de un gallego; y lo mismo sucede entre un valenciano y un montañés. Esta península, dividida tantos siglos en diferentes reinos, ha tenido siempre variedad de trajes, leyes, idiomas y moneda. De esto inferirás lo que te dije en mi última sobre la ligereza de los que por cortas observaciones propias, o tal vez sin haber hecho alguna, y solo por la relación de viajeros poco especulativos*, han hablado de España.»��* poco especulativos: poco observadores

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Una sociedad anticuada

  • A través de Gazel, Cadalso va exponiendo sus propias ideas sobre la historia de España y su decadencia, el atraso científico y la deficiente formación de la juventud, entre otros temas. En este caso, reflexiona sobre el concepto de nobleza hereditaria:
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  • Carta XIII. De Gazel a Ben-Beley
  • «Instando a mi amigo cristiano a que me explicase qué es nobleza hereditaria, después de decirme mil cosas que yo no entendí, mostrarme estampas que me parecieron de mágica (1), y figuras que tuve por capricho de algún pintor demente, y después de reírse conmigo de muchas cosas que decía ser muy respetables en el mundo (2), concluyó con estas voces, interrumpidas con otras tantas carcajadas de risa: –Nobleza hereditaria es la vanidad que yo fundo en que, ochocientos años antes de mi nacimiento, muriese uno que se llamó como yo me llamo, y fue hombre de provecho, aunque yo sea inútil para todo.»
  • �1 mágica: magia.�2 mundo: sociedad.

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Las nuevas ideas

  • En otras ocasiones, Gazel copia fragmentos de cartas que Nuño le ha remitido:
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  • Carta XXXIII. De Gazel a Ben-Beley
  • �«En mis viajes por la Península me hallo de cuando en cuando con algunas cartas de mi amigo Nuño, que se mantiene en Madrid. Te enviaré copia de algunas y empiezo por la siguiente […].
  • �Amado Gazel: […] ¿Habrá cosa más fastidiosa que la conversación de aquellos que pesan el mérito del hombre por el de la plata y oro que posee? Estos son los ricos. ¿Habrá cosa más cansada que la compañía de los que no estiman a un hombre por lo que es, sino por lo que fueron sus abuelos? Estos son los nobles. ¿Cosa más vana que la concurrencia de aquellos que apenas llaman racional al que no sabe el cálculo algebraico o el idioma caldeo? Estos son los sabios. ¿Cosa más insufrible que la concurrencia de los que vinculan todas las ventajas del entendimiento humano en juntar una colección de medallas o en saber qué edad tenía Catulo* cuando compuso el Pervigilium Veneris, si es suyo, o de quien sea, en caso de no serlo del dicho? Estos son los eruditos. En ningún concurso de estos ha depositado naturaleza el bien social de los hombres. Envidia, rencor y vanidad ocupan demasiado tales pechos para que en ellos quepan la verdadera alegría, la conversación festiva, la chanza inocente, la mutua benevolencia, el agasajo sincero y la amistad, en fin, madre de todos los bienes sociables. Esta solo se halla entre los hombres que se miran sin competencia.»
  • �* Catulo: poeta romano.

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        • La decadencia de España
  • Según Cadalso, la dinastía de los Austrias dilapidó las riquezas de España y sumió al país en el atraso científico y educativo que aún padecía en su época:
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  • «El amor de la patria es ciego como cualquiera otro amor; y si el entendimiento no le dirige, puede muy bien aplaudir lo malo, desechar lo bueno, venerar lo ridículo y despreciar lo respetable. […] En dos clases divido los españoles que hablan con entusiasmo de la antigüedad de su nación: los que entienden por antigüedad el siglo último, y los que por esta voz comprenden el antepasado y anteriores.
  • �El siglo pasado no nos ofrece cosa que pueda lisonjearnos. Se me figura España desde fin de 1500 como una casa grande que ha sido magnífica y sólida, pero que por el discurso de los siglos se va cayendo y cogiendo debajo a los habitantes. Aquí se desploma un pedazo del techo, allí se hunden dos paredes, más allá se rompen dos columnas, por esta parte faltó un cimiento, por aquella se entró el agua de las fuentes, por la otra se abre el piso; los moradores gimen, no saben dónde acudir; aquí se ahoga en la cuna el dulce fruto del matrimonio fiel; allí muere de golpes de las ruinas, y aún más del dolor de ver a este espectáculo, el anciano padre de la familia; más allá entran ladrones a aprovecharse de la desgacia, no lejos roban los mismos criados, por estar mejor instruidos, lo que no pueden los ladrones que lo ignoran.»
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  • ¿Diferencias culturales?
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  • Carta LXXV
  • Del mismo al mismo
  • Al entrar anoche en mi posada, me hallé con una carta cuya copia te remito. Es de una cristiana a quien apenas conozco. Te parecerá muy extraño su contenido, que dice así:
  • «Acabo de cumplir veinticuatro años, y de enterrar a mi último esposo de seis que he tenido en otros tantos matrimonios, en espacio de poquísimos años. El primero fue un mozo de poca más edad que la mía, bella presencia, buen mayorazgo, gran nacimiento, pero ninguna salud. Había vivido tanto en sus pocos años, que cuando llegó a mis brazos ya era cadáver. Aún estaban por estrenar muchas galas de mi boda, cuando tuve que ponerme luto. El segundo fue un viejo que había observado siempre el más rígido celibatismo; pero heredando por muertes y pleitos unos bienes copiosos y honoríficos, su abogado le aconsejó que se casase; su médico hubiera sido de otro dictamen. Murió de allí a poco, llamándome hija suya, y juró que como a tal me trató desde el primer día hasta el último. El tercero fue un capitán de granaderos, más hombre, al parecer, que todos los de su compañía. La boda se hizo por poderes desde Barcelona; pero picándose con un compañero suyo en la luneta de la ópera, se fueron a tomar el aire juntos a la explanada y volvió solo el compañero, quedando mi marido por allá. El cuarto fue un hombre ilustre y rico, robusto y joven, pero jugador tan de corazón, que ni aun la noche de la boda durmió conmigo porque la pasó en una partida de banca. Diome esta primera noche tan mala idea de las otras, que lo miré siempre como huésped en mi casa, más que como precisa mitad mía en el nuevo estado. Pagome en la misma moneda, y murió de allí a poco de resulta de haberle tirado un amigo suyo un candelero a la cabeza, sobre no sé qué equivocación de poner a la derecha una carta que había de caer a la izquierda. No obstante todo esto, fue el marido que más me ha divertido, a lo menos por su conversación que era chistosa y siempre en estilo de juego. Me acuerdo que, estando un día comiendo con bastantes gentes en casa de una dama algo corta de vista, le pidió de un plato que tenía cerca y él la dijo: -Señora, la talla anterior, pudo cualquiera haber apuntado, que había bastante fondo; pero aquel caballero que come y calla acaba de hacer a este plato una doble paz de paroli con tanto acierto, que nos ha desbancado. -Es un apunte temible a este juego.
  • »El quinto que me llamó suya era de tan corto entendimiento, que nunca me habló sino de una prima que él tenía y que quería mucho. La prima se murió de viruelas a pocos días de mi casamiento, y el primo se fue tras ella. Mi sexto y último marido fue un sabio. Estos hombres no suelen ser buenos muebles para maridos. Quiso mi mala suerte que en la noche de mi casamiento se apareciese una cometa, o especie de cometa. Si algún fenómeno de éstos ha sido jamás cosa de mal agüero, ninguno lo fue tanto como éste. Mi esposo calculó que el dormir con su mujer sería cosa periódica de cada veinticuatro horas, pero que si el cometa volvía, tardaría tanto en dar la vuelta, que él no le podría observar; y así, dejó esto por aquello, y se salió al campo a hacer sus observaciones. La noche era fría, y lo bastante para darle un dolor de costado, del que murió.
  • »Todo esto se hubiera remediado si yo me hubiera casado una vez a mi gusto, en lugar de sujetarlo seis veces al de un padre que cree la voluntad de la hija una cosa que no debe entrar en cuenta para el casamiento. La persona que me pretendía es un mozo que me parece muy igual a mí en todas calidades, y que ha redoblado sus instancias cada una de las cinco primeras veces que yo he enviudado; pero en obsequio de sus padres, tuvo que casarse también contra su gusto, el mismo día que yo contraje matrimonio con mi astrónomo.
  • »Estimaré al señor Gazel me diga qué uso o costumbre se sigue allá en su tierra en esto de casarse las hijas de familia, porque aunque he oído muchas cosas que espantan de lo poco favorable que nos son las leyes mahometanas, no hallo distinción alguna entre ser esclava de un marido o de un padre, y más cuando de ser esclava de un padre resulta el parar en tener marido, como en el caso presente».

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LA POESÍA NEOCLÁSICA

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Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera �Sombra que me llevare el blanco día, �Y podrá desatar esta alma mía �Hora, a su afán ansioso lisonjera; ��Mas no de esa otra parte en la ribera �Dejará la memoria, en donde ardía: �Nadar sabe mi llama el agua fría, �Y perder el respeto a ley severa. ��Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido, �Venas, que humor a tanto fuego han dado, �Médulas, que han gloriosamente ardido, ��Su cuerpo dejará, no su cuidado; �Serán ceniza, mas tendrá sentido; �Polvo serán, mas polvo enamorado.

Sobre el poder del tiempo

Todo lo muda el tiempo, Filis mía,�todo cede al rigor de sus guadañas:�ya transforma los valles en montañas,�ya pone un campo donde un mar había.��Él muda en noche opaca el claro día,�en fábulas pueriles las hazañas,�alcázares soberbios en cabañas,�y el juvenil ardor en vejez fría.��Doma el tiempo al caballo desbocado,�detiene el mar y viento enfurecido,�postra al león y rinde al bravo toro.��Sola una cosa al tiempo denodado�ni cederá, ni cede, ni ha cedido,�y es el constante amor con que te adoro.

 

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TEATRO �Y �POLÍTICA

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G. Melchor de Jovellanos, Memoria sobre las diversiones públicas- Teatros

Esta reflexión me conduce a hablar de la reforma del teatro, el primero y más recomendado de todos los espectáculos, el que ofrece una diversión más general, más racional, más provechosa, y por lo mismo el más digno de la atención y desvelos del gobierno. Los demás espectáculos divierten hiriendo fuertemente la imaginación con lo maravilloso, o regalando blandamente los sentidos con lo agradable […]. El teatro, a estas mismas ventajas que reúne en supremo grado junta la de introducir el placer en lo más íntimo del alma, excitando por medio de la imitación todas las ideas que puede abrazar el espíritu y todos los sentimientos que pueden mover el corazón humano.

De este carácter peculiar de las representaciones dramáticas se deduce que el gobierno no debe considerar el teatro solamente como una diversión pública, sino como un espectáculo capaz de instruir o extraviar el espíritu, y de perfeccionar o corromper el corazón de los ciudadanos. Se deduce también que un teatro que aleje los ánimos del conocimiento de la verdad fomentando doctrinas y preocupaciones erróneas, o que desvíe los corazones de la práctica de la virtud excitando pasiones y sentimientos viciosos, lejos de merecer la protección merecerá el odio y la censura de la pública autoridad. Se deduce finalmente que será la más santa y sabia policía de un gobierno, aquella que sepa reunir en un teatro estos dos grandes objetos, la instrucción y la diversión pública.

No se diga que esta reunión será imposible. Si ningún pueblo de la tierra, antiguo ni moderno, la ha conseguido hasta ahora, es porque en ninguno ha sido el teatro el objeto de la legislación, por lo menos en este sentido. […] Entre nosotros, un objeto tan importante ha estado casi siempre abandonado a la codicia de los empresarios o a la ignorancia de miserables poetastros y comediantes; y acaso el gobierno no se hubiera mezclado jamás a intervenir en él si no lo hubiese mirado desde el principio como un objeto de contribución (=impuestos).

Pero ya es tiempo de pensar de otro modo. […] Ya es tiempo de preferir el bien moral a la utilidad pecuniaria (=económica), de desterrar de nuestra escena la ignorancia, los errores y los vicios que han establecido en ella su imperio, y de lavar las inmundicias que la han manchado hasta aquí con desdoro de la autoridad y ruina de las costumbres públicas.

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