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“Señor, purifica nuestro corazón”
Canto: PANGE LINGUA
Pange, lingua, glóriosi
córporis mysterium,
sanguinisque pretiósi,
quem in mundi prétium
fructus ventris generósi
Rex effudit géntium.
Nobis datus, nobis natus
ex intácta Vírgine,
et in mundo conversátus,
sparso verbi sémine,
sui moras incolátus
miro clausit órdine.
MONICIÓN DE ENTRADA:
Es de dentro, del corazón del hombre, de donde salen los buenos y los malos propósitos. La pureza legal y ritual no debe nunca servirnos para justificar la mezquindad del corazón.
No queramos tapar nuestra falta de misericordia, de perdón, de amor generoso y desinteresado a Dios y al prójimo, con el simple cumplimiento de ritos, rezos, ayunos y sacrificios.
Oración: LIMPIA MI CORAZÓN Y MI MIRADA
Señor, que no vaya viendo el error en el otro,
que no cuide mi imagen, para que me valoren,
que no quiera aparentar más de lo que soy
que enseñe mis fallos con libertad
y me acepte con aciertos y errores, tal como soy.
Limpia de nosotros, Señor, toda falsedad,
toda mediocridad encubierta,
enséñanos a aceptarnos del todo,
como tú nos quieres,
a potenciarnos comunitariamente,
a facilitarnos la superación de dificultades,
a darnos la mano para caminar la vida juntos,
y a minimizar los fallos propios y ajenos.
Haznos, como Tú, cada día más hermanos,
que nuestro corazón amplíe sus puertas,
nuestra mente sea comprensiva con toda situación,
nuestras manos estén dispuestas a acoger a todos
y nuestro espíritu sea empático, como lo era el tuyo.
Límpianos de todo escrúpulo enfermizo,
borra de nuestra mente toda culpa engañosa,
quítanos las manías que nos separan
y las rotundidades que nos alejan,
ensánchanos el corazón y amplía nuestra mirada
para entenderlo todo con cariño y respeto.
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él. (bis)
no adoréis a nadie,
a nadie más. (bis)
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él.
Canto:
NO ADOREIS A NADIE
22º Domingo del Tiempo Ordinario
01 de septiembre de 2024
Ciclo B
EVANGELIO: (San Marcos 7,1-8.14-15.21-23 )
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos.
(Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas).
Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: ¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?
Él les contestó: Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”. Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.
Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo: Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre.
Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.
Palabra del Señor
Reflexión.-
Oración: TÚ ERES MI LEY, SEÑOR
Mi esperanza, en los momentos de fracaso.
Mi alegría, en las heridas que producen la tristeza.
Mi fortaleza, cuando la debilidad asoma y se cuela
por la ventana de mi existencia.
Eres mi ley, Señor;
contigo aprendo a distinguir entre el bien y el mal,
a separar la verdad de la mentira,
a diferenciar la humildad de la soberbia,
el pecado de la perfección.
Porque, Tú eres mi ley, Señor,
te pido que nunca me olvide de Ti,
que nada ni nadie distraiga mi atención,
y pueda, en la medida de mis posibilidades,
ser instrumento de tu amor y de tu gracia.
Porque, Tú eres mi ley, Señor,
te pido que me ayudes:
a cumplir con rectitud tus mandatos,
a meditarlos día y noche,
a llevarlos constantemente en mi pensamiento.
Pero sobre todo, Señor,
porque tú eres mi ley,
ayúdame a que ningún otro precepto
esté por encima de Ti.
Que ley alguna suprima tu nombre.
Ayúdame a borrar de mi memoria
todo aquello que me obstaculiza
amarte y entregarme a ti con todo el alma. Amén.
“PADRE NUESTRO”
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Tantum ergo Sacraméntum, venerémur cernui:
et antíquum documéntum novo cedat ritui;�praestet fides suppleméntum sensuum deféctui.
Genitóri Genitóque, laus et iubilátio;�salus, honor, virtus quoque, sit et benedíctio;�procedénti ab utróque compar sit laudátio.
Canto:
TANTUM ERGO
BENDICIÓN.-
V. Les diste pan del cielo.
R. Que contiene en sí todo deleite.
Oremos: Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tú Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R. Amén.