Objetivo del Encuentro:
Ofrecer un espacio de reflexión y oración donde se puedan preparar espiritualmente para recibir el sacramento de la Confirmación.
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RETIRO DE CONFIRMACIÓN
Oración:
Queremos invitarlos a escuchar el siguiente texto bíblico de San Juan 1, 35-42:
Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios».
Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús.
Él se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: «¿Qué quieren?». Ellos le respondieron: «Rabbí ? que traducido significa Maestro?, ¿Dónde vives?».
«Vengan y lo verán», les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.
Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro.
Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo «Hemos encontrado al Mesías», que traducido significa Cristo.
Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas», que traducido significa Pedro.
Esta es Palabra de Dios
Te alabamos Señor.
Momento 1:
Árbol de la Vida y nuestras raíces.
Trabajo Personal:
Les invitamos a retirarse, buscar un lugar a solas y meditar en relación a las raíces de su fe. Para ello, les entrega la siguiente pauta de trabajo.
Cada uno recibirá una pauta y su material con la cual guiar su trabajo personal.
SIGNO:
Decora tu “árbol de la fe”,
Y coloca los nombres de quienes
han sido parte de tu historia de encuentro con Dios
en la parte de las raíces.
Momento 2:
“El llamado” (Mc 3, 13 -19)
Proclamación de la lectura: Mc 3, 13 -19 “La elección de los doce”.
Jesús subió al monte y llamó a los que él quiso, y se reunieron con él.
Así instituyó a los Doce (a los que llamó también apóstoles), para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, dándoles poder para echar demonios.
Estos son los Doce: Simón, a quien puso por nombre Pedro; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo, es decir, hijos del trueno; Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, el hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el que después lo traicionó.
Momento 3:
“El Espíritu
Santo llega
a nuestra historia y su importancia en la Confirmación”
Mi Dios es frágil, es de mi raza, y yo de la suya.�Para que yo pudiera saborear la divinidad él amó mi barro. El amor hizo frágil a mi Dios.
Mi Dios conoció la alegría humana, la amistad, el gozo de la tierra y de sus cosas.�Mi Dios tuvo hambre, sueño y se cansó.
Mi Dios fue sensible, se irritó, Y fue dulce como un niño.
Mi Dios se alimentó a los pechos de una madre y sintió y bebió toda la ternura femenina.
No amó nunca el dolor, no fue nunca amigo de la enfermedad. Por eso curó a los enfermos.�Mi Dios sufrió el destierro. Fue perseguido y aclamado.�Amó todo lo humano: las cosas y los hombres; el pan y la mujer; a los buenos y a los pecadores.�Mi Dios fue un hombre de su tiempo: Vistió como todos, habló el dialecto de su tierra, trabajó con sus manos, gritó como los profetas.�Mi Dios fue débil con los débiles y severo con los soberbios. Murió joven por ser sincero. Lo mataron porque le traicionaba la verdad en sus ojos.�Pero mi Dios murió sin odiar. Murió excusando, que es más que perdonar.�Mi Dios rompió la vieja moral del "diente por diente", para inaugurar una violencia totalmente nueva: la del amor.
Mi Dios, tirado en el surco, aplastado contra la tierra, traicionado y abandonado, incomprendido, siguió amando.�Por eso mi Dios venció a la muerte. Y brotó como un fruto nuevo entre sus manos: la resurrección.
Por eso estamos todos en camino a su misma resurrección.
Es difícil para tantos mi Dios frágil, mi Dios que llora, mi Dios que no se defiende.�Es difícil mi Dios abandonado de Dios. Mi Dios que debe morir para triunfar.
Es difícil este Dios, este mi Dios frágil, para quienes creen que solo se triunfa venciendo, �para quienes creen que solo se defiende matando, para quienes creen que salvación es sinónimo de esfuerzo y no de regalo, para quienes lo humano es pecado.
Es difícil mi Dios frágil para quienes siguen soñando con un Dios que no se parezca a los hombres.
El Jesús del evangelio