EXPLICACIÓN �postergada
LECCIÓN
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INTRODUCCIÓN
“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” Juan 5:39.
“El ángel había sido enviado a Daniel con el objeto expreso de que le explicara el punto que no había logrado comprender en la visión del capítulo octavo, el dato relativo al tiempo: ‘Hasta dos mil y trescientas tardes y mañanas; entonces será purificado el santuario’. Después de mandar a Daniel que ‘entienda la palabra’ y que alcance inteligencia de ‘la visión’, las primeras palabras del ángel son: ‘Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad’” (El conflicto de los siglos, pág. 325).
Pregunta 1
¿En qué estaba especialmente interesado Daniel?
Daniel 9:1-2.
“En el año primero de Darío hijo de Asuero, de la nación de los medos, que vino a ser rey sobre el reino de los caldeos, en el año primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años.
“Mientras que los que habían permanecido fieles a Dios en medio de Babilonia buscaban al Señor y estudiaban las profecías que predecían su liberación, Dios estaba preparando el corazón de los reyes para que simpatizaran con su pueblo arrepentido” (Review and Herald, 21 de marzo 1907).
¿Qué hizo? ¿Por qué?
Daniel 9:3-5, 18-19.
Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas. Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias. Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.
Pregunta 2
“Se nos da el ejemplo de oración y confesión de Daniel para nuestra instrucción y nuestro ánimo. Israel había estado en cautiverio por casi setenta años. La tierra que Dios había elegido como su posesión había caído en poder de los paganos. La ciudad amada, receptáculo de la luz del cielo, una vez el gozo de toda la tierra, ahora era despreciada y envilecida. Estaba en ruinas el templo que había albergado el arca del pacto de Dios y a los querubines de gloria que proyectaban su sombra sobre el propiciatorio. El mismo lugar de su ubicación era profanado por los pies de los impíos. Los fieles que conocieron la gloria anterior estaban llenos de angustia ante la desolación de la santa casa que había distinguido a Israel como el pueblo escogido de Dios. Esos hombres habían sido testigos de las condenaciones de Dios debido a los pecados de su pueblo. Habían sido testigos del cumplimiento de esta palabra. También habían sido testigos de las promesas del favor divino si Israel se volvía a Dios y caminaba rectamente delante de él. Peregrinos ancianos y canosos acudían a Jerusalén para orar en medio de sus ruinas. Besaban sus piedras y las humedecían con sus lágrimas mientras oraban al Señor para que tuviera misericordia de Sión y la cubriera con la gloria de su justicia. Daniel sabía que casi había terminado el tiempo para el cautiverio de Israel; pero no creía que porque Dios había prometido liberarlos, ellos no tenían una parte que hacer. Con ayuno y contrición buscó al Señor confesando sus propios pecados y los pecados del pueblo” (Review and Herald, 9 de febrero de 1897).
¿Cómo respondió Dios a los grandes anhelos de Daniel?
Daniel 9:20-23; 8:26-27.
Aún estaba hablando y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios; aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde. Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento. Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión.
Pregunta 3
8:26
La visión de las tardes y mañanas que se ha referido es verdadera; y tú guarda la visión, porque es para muchos días. Y yo Daniel quedé quebrantado, y estuve enfermo algunos días, y cuando convalecí, atendí los negocios del rey; pero estaba espantado a causa de la visión, y no la entendía.
“Y sin embargo Dios había mandado a su mensajero: ‘Haz que este entienda la visión’. Esa orden debía ser ejecutada. En obedecimiento a ella, el ángel, poco tiempo después, volvió hacia Daniel, diciendo: ‘Ahora he salido para hacerte sabio de entendimiento’; ‘entiende pues la palabra, y alcanza inteligencia de la visión’... Había un punto importante en la visión del capítulo octavo, que no había sido explicado, a saber, el que se refería al tiempo: el período de los 2.300 días; por consiguiente, el ángel, reanudando su explicación, se espacia en la cuestión del tiempo” (El conflicto de los siglos, pág. 325).
¿Qué explicación recibió el profeta?
Daniel 9:24. Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.
Pregunta 4
“La palabra traducida aquí por ‘determinadas’, significa literalmente ‘descontadas’. El ángel declara que setenta semanas, que representaban 490 años, debían ser descontadas por pertenecer especialmente a los judíos. ¿Pero de dónde fueron descontadas? Como los 2.300 días son el único período de tiempo mencionado en el capítulo octavo, deben constituir el período del que fueron descontadas las setenta semanas; las setenta semanas deben por consiguiente formar parte de los 2.300 días, y ambos períodos deben comenzar juntos. El ángel declaró que las setenta semanas datan del momento en que salió el edicto para reedificar a Jerusalén. Si se puede encontrar la fecha de aquel edicto, queda fijado el punto de partida del gran período de los 2.300 días” (El conflicto de los siglos, pág. 325).
¿Qué números estaban indicados en la explicación dada por el ángel?
Daniel 9:25-27.
Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador.
Pregunta 5
“El decreto de Artajerjes fue puesto en vigencia en el otoño del año 457 a. C. Partiendo de esta fecha, los 483 años alcanzan al otoño del año 27 d. C. Entonces fue cuando esta profecía se cumplió. La palabra ‘Mesías’ significa ‘el Ungido’. En el otoño del año 27 d. C., Cristo fue bautizado por Juan y recibió la unción del Espíritu Santo. … “‘Y en otra semana confirmará el pacto a muchos’. La semana de la cual se habla aquí es la última de las setenta. Son los siete últimos años del período concedido especialmente a los judíos. Durante ese plazo, que se extendió del año 27 al año 34 d. C., Cristo, primero en persona y luego por intermedio de sus discípulos, presentó la invitación del evangelio especialmente a los judíos.
“‘A la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda’. En el año 31 d. C., tres años y medio después de su bautismo, nuestro Señor fue crucificado. Con el gran sacrificio ofrecido en el Calvario, terminó aquel sistema de ofrendas que durante cuatro mil años había prefigurado al Cordero de Dios. … Las setenta semanas, o 490 años concedidos a los judíos, terminaron, … en el año 34 d. C. En dicha fecha, por auto del Sanedrín judaico, la nación selló su rechazamiento del evangelio con el martirio de Esteban y la persecución de los discípulos de Cristo. Entonces el mensaje de salvación, no estando más reservado exclusivamente para el pueblo elegido, fue dado al mundo” (El conflicto de los siglos, pág. 328).
¿Cuán importante era esta profecía?
Daniel 9:2.
En el año primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años.
Pregunta 6
“Ni siquiera los profetas que fueron favorecidos por la iluminación especial del Espíritu comprendieron del todo el alcance de las revelaciones que les fueron concedidas. Su significado debía ser aclarado, de siglo en siglo, a medida que el pueblo de Dios necesitase la instrucción contenida en ellas” (El conflicto de los siglos, pág. 344).
¿Qué importancia especial tiene esta profecía para el pueblo de Dios hoy?
Daniel 8:14. Y él dijo: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado.
Pregunta 7
“Hasta aquí cada uno de los detalles de las profecías se ha cumplido de una manera sorprendente, y el principio de las setenta semanas queda establecido irrefutablemente en el año 457 a.C. y su fin en el año 34 d.C. Partiendo de esta fecha no es difícil encontrar el término de los 2.300 días. Las setenta semanas—490 días—descontadas de los 2.300 días, quedaban 1.810 días. Concluidos las 490 días, quedaban aún por cumplirse los 1.810 días. Contando desde 34 d.C., los 1.810 años alcanzan al año 1844. Por consiguiente los 2.300 días de Daniel 8:14 terminaron en 1844. Al fin de este gran período profético, según el testimonio del ángel de Dios, ‘el santuario’ debía ser ‘purificado’” (El conflicto de los siglos, pág. 328).