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Oración por las vocaciones sacerdotales

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Noviembre 2023

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“Jeremías es llamado por Dios a ser profeta”

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1.- Oh buen Jesús yo creo firmemente 

que por mi bien estás en el altar. 

Que das tu Cuerpo y Sangre juntamente,

al alma fiel en celestial manjar (bis). 

Canto:

OH BUEN JESUS

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2.- Indigno soy, confieso con franqueza,

de recibir la santa Comunión. 

Jesús, que ves mi nada y mi pobreza,

prepara Tú mi pobre corazón (bis).  

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AMBIENTACIÓN:

Vamos a centrarnos hoy en la vocación de Je­remías, en la llamada de Dios a Jeremías para que sea profeta y diga a su pueblo aquello que Dios le diga a él. La vocación de Jeremías tiene todos los ingredientes de cualquier vocación para una misión importante a la que Dios llama, como es el sacer­docio.

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La vocación a la que Dios llama a Jeremías no es algo improvisado, sino que está pensado y pro­yectado desde antes de nacer. Desde que Jere­mías está en el vientre de su madre.

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La vocación de profeta coincide con la vocación sacerdotal en el sentido de que se trata de una lla­mada de Dios para que sea el portador del men­saje salvador al pueblo de lo que Dios le mande.

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Ambas vocaciones coinciden en la grandeza y excelencia de la vocación y lo poca cosa que es el que es llamado, el que recibe esa vocación.

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La palabra de Dios

nos habla:

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El Señor me dirigió la palabra: —Antes de for­marte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te constituí profe­ta de las naciones.

( Jeremías 1, 4‑20 )

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Yo repuse: —¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, que solo soy un niño. El Señor me contestó: —No digas que eres un niño, pues irás adonde yo te envíe y dirás lo que yo te ordene.

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No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte —oráculo del Señor—. El Se­ñor extendió la mano, tocó mi boca y me dijo: — Voy a poner mis palabras en tu boca. Desde hoy te doy poder sobre pueblos y reinos para arran­car y arrasar, para destruir y demoler, para ree­dificar y plantar.

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El Señor volvió a dirigirme la pa­labra: —¿Qué ves, Jeremías? Respondí: —Veo una rama de almendro. El Señor me dijo: —Bien visto, porque yo velo para cumplir mi palabra. El Señor me dirigió nuevamente la palabra: —¿Qué ves? Respondí: —Veo una olla hirviendo que se derrama por la parte del norte.

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Añadió el Señor: —Desde el norte se derramará la desgracia sobre todos los habitantes del país. Voy a convocar a todas las tribus del norte —oráculo del Señor—. Vendrán y pondrá cada una su trono junto a las puertas de Jerusalén, en torno a sus murallas y a la vista de todas las ciudades de Judá.

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Entablaré pleito con ellas por todas sus maldades: porque me abandonaron, quemaron incienso a otros dio­ses y se postraron ante los ídolos que fabricaron sus manos. Pero tú cíñete los lomos: prepárate para decirles todo lo que yo te mande. No les tengas miedo, o seré yo quien te intimide.

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Desde ahora te convierto en plaza fuerte, en columna de hierro y muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y al pueblo de la tierra. Lucharán con­tra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte —oráculo del Señor—.

Palabra de Dios

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Comentario a la palabra de Dios

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Reflexión personal

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Sacerdote:

Sabemos y creemos que el Señor está presente sacramentalmente en medio de nosotros, que nos ha convocado en esta tarde y nos escucha.

Con esa confianza, le presentamos como comunidad reunida nuestra oración por las vocaciones sacerdotales:

R/. Danos sacerdotes santos.

ORACIÓN COMUNITARIA

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1.- Pedimos por el Papa, los obispos y los sa­cerdotes: para que su vivencia alegre y convenci­da de su sacerdocio anime y ayude a los posibles candidatos al sacerdocio a no tener miedo y a responder con alegría y generosidad a la llamada de Dios. Oremos.

R/. Danos sacerdotes santos.

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2.- Que sigamos el ejemplo del profeta Jeremías, que a pesar de los miedos que sintió, respondió positivamente a Dios y a su misión, fiándose de él y confiando en su apoyo. Que siga habiendo jóvenes y menos jóvenes que, llamados por Cris­to al sacerdocio ministerial, respondan positiva y generosamente a Cristo siguiendo la vocación sa­cerdotal. Oremos.

R/. Danos sacerdotes santos.

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3.- Por cuantos sienten la llamada del Señor, pero tienen miedo a responderle positivamente por miedo a una sociedad que no lo valora: para que, confíen en la ayuda de Dios que nunca falla ni defrauda, sino que ayuda a quien quiere res­ponder positivamente por el camino del sacerdo­cio. Oremos.

R/. Danos sacerdotes santos.

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4.- Por los jóvenes que se sienten llamados por Cristo al sacerdocio: para que encuentren ayuda en la familia y en la comunidad cristiana para ser generosos y entregar su vida al servicio de Dios y de los hermanos. Oremos.

R/. Danos sacerdotes santos.

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5.- Por todos nosotros: para que, la vivencia de nuestra fe y la valoración del ministerio y tarea de los sacerdotes en la comunidad cristiana, anime y quite todo tipo de miedo a los jóvenes que se sientan llamados a empeñar su vida al servicio del Evangelio en el sacerdocio. Oremos.

R/. Danos sacerdotes santos.

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Oración del Sacerdote:

Señor Dios, que un día, desde antes de que fuera engendrado en el seno de su madre, lla­maste a Jeremías a ser tu profeta para tu pueblo: concede a quienes desde el seno de su madre has llamado al sacerdocio, que descubran tu lla­mada y respondan generosamente.

Por Jesucris­to nuestro Señor. Amén.

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“PADRE NUESTRO”

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Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

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BENDICIÓN.-

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V. Les diste pan del cielo.

R. Que contiene en sí todo deleite.

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Oremos: Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tú Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.