“Dios no tiene prisas, espera la cosecha”
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él. (bis)
no adoréis a nadie,
a nadie más. (bis)
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él.
Canto:
NO ADOREIS A NADIE
Porque sólo Él
nos puede sostener. (bis)
No adoréis a nadie,
a nadie más. (bis)
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él.
Mientras el mundo sea mundo. Mientras existan hombres y mujeres en él, nos tendremos que acostumbrar a nadar entre dos aguas: el bien y el mal.
MONICIÓN DE ENTRADA:
El ritmo, y los tiempos de Dios, son muy distintos a los nuestros. ¿Qué tenemos que hacer? ¿Hacia dónde tirar?
Para empezar, tenemos que ser pacientes. El mal, es como el aire, va a estar a nuestro alrededor mientras respiremos.
Pero Jesús nos pone en alerta: ¿Quién sabe arrancar la cizaña sin arrancar el trigo? ¿Quién se considera trigo y no cizaña? ¿Quién puede asegurar que el trigo de hoy no será cizaña mañana? ¿Quién puede asegurar que la cizaña de hoy no será buen trigo mañana? Mientras tanto, Dios no tiene prisas. Prefiere esperar a la cosecha.
Tú, eres, Jesús, la primera semilla �del Reino de Dios.
Tú eres el primer árbol, la primera levadura.
El Reino de Dios viene contigo.
Si te doy fe, yo también seré Reino de Dios.
Y creceré.
Oración: UNA SEMILLA CON TU NOMBRE
Y tendré sitio para todos los que vengan.
Y fermentaré.
Y haré fermentar a todos los que encuentre.
Crecerá en la oscuridad tu semilla dentro de mí,
¡con toda seguridad!
Y crecerá en mis compañeros.
Y sembraremos todos juntos,
contigo, una semilla;�una semilla con tu nombre�en el campo del mundo.
Y será la tierra, por nosotros,�un poco más que antes�el Reino de Dios.
OH, OH, OH.
ADORAMUS TE DOMINE. (3 veces)
Canto de Adoración:
16º Domingo del Tiempo Ordinario
Domingo 19 de julio de 2026
Ciclo A
EVANGELIO: ( San Mateo 13, 24-43 )
En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó.
Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: "Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?" Él les dijo: "Un enemigo lo ha hecho."
Los criados le preguntaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?" Pero él les respondió: "No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero."»
Les propuso esta otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»
Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente.»
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré los secretos desde la fundación del mundo.» Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»
Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.
Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será el fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará sus ángeles y arrancarán de su reino a todos los corruptos y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su padre. El que tenga oídos, que oiga.»
Palabra del Señor
Reflexión.-
Meditación en imágenes:
QUE BROTE
“PADRE NUESTRO”
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
BENDICIÓN.-
V. Les diste pan del cielo.
R. Que contiene en sí todo deleite.
Oremos: Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tú Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R. Amén.