T. 4: EL MODERNISMO
1. Concepto: movimiento impulsado por el inconformismo y el disgusto con el mercantilismo y el pragmatismo de los burgueses.
2. Orígenes del Modernismo
3. Temática:
4. Estilo: el esteticismo modernista (elaboración retórica, léxico cuidado, sinestesias, metáforas...
5. Fases: modernismo canónico y posmodernismo
6. - Autores representativos: los hermanos Machado, Juan R. Jiménez, Valle-Inclán.
MODERNISMO
DEFINICIÓN
Movimiento estético que surge como una reacción contra la sociedad burguesa: a los modernistas les desagrada profundamente el materialismo y el espíritu práctico del mundo capitalista.
INFLUENCIAS
EL MODERNISMO EN LAS DIVERSAS ARTES
PARQUE GÜELL, Barcelona (A. Gaudí)
CASA BATLLÓ, Barcelona ( A. Gaudí)
EL BESO, de Gustav klimt, pintor modernista austríaco.
TEMAS
UNA DESAZÓN ROMÁNTICA
Se exalta la pasión por encima de la razón
El misterio, el sueño y lo irracional
Hastío y profunda tristeza
Melancolía y angustia
TEMAS
EVASIÓN DE LA REALIDAD DEL MOMENTO
Huida por los caminos del ensueño.
En el espacio: exotismo, atención a lo oriental
En el tiempo: hacia el pasado medieval, mitología clásica
TEMAS
COSMOPOLITISMO
Un aspecto más de la evasión
Referencia especial a París, símbolo del refinamiento, de lo distinto.
TEMAS
AMOR Y EROTISMO
IDEALIZACIÓN DEL AMOR Y DE LA MUJER
EROTISMO DESENFRENADO
LANGUIDEZ
MELANCOLÍA
TEMAS
La temática se orienta en dos direcciones; las dos evitan reflejar la realidad del momento:
1. El escritor se evade en el espacio o en el tiempo, hacia mundos más placenteros (lujo, color…). Puede aparecer el amor sexual.
2. El escritor orienta su atención hacia el propio mundo interior: melancolía, pesimismo, tristeza son las notas que aparecen en las composiciones con esta orientación temática. También tienen cabida los sueños.
ESTÉTICA
ESTETICISMO
Búsqueda de la belleza
BÚSQUEDA DE VALORES SENSORIALES
Es una “literatura de los sentidos”. Todo es fuente de goce para el oído, la vista...
LENGUAJE
MÉTRICA
AUTORES Y OBRAS MODERNISTAS
PRODUCCIÓN POÉTICA
NARRATIVA
SONATINA
La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa? �Los suspiros se escapan de su boca de fresa, �que ha perdido la risa, que ha perdido el color. �La princesa está pálida en su silla de oro, �está mudo el teclado de su clave sonoro, �y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales. �Parlanchina, la dueña dice cosas banales, �y vestido de rojo piruetea el bufón. �La princesa no ríe, la princesa no siente; �la princesa persigue por el cielo de Oriente �la libélula vaga de una vaga ilusión.
¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China, �o en el que ha detenido su carroza argentina �para ver de sus ojos la dulzura de luz? �¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes, �o en el que es soberano de los claros diamantes, �o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa �quiere ser golondrina, quiere ser mariposa, �tener alas ligeras, bajo el cielo volar; �ir al sol por la escala luminosa de un rayo, �saludar a los lirios con los versos de mayo �o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata, �ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata, �ni los cisnes unánimes en el lago de azur. �Y están tristes las flores por la flor de la corte, �los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte, �de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
¡Pobrecita princesa de los ojos azules! �Está presa en sus oros, está presa en sus tules, �en la jaula de mármol del palacio real; �el palacio soberbio que vigilan los guardas, �que custodian cien negros con sus cien alabardas, �un lebrel que no duerme y un dragón colosal.
¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida! �(La princesa está triste, la princesa está pálida) �¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil! �¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe, �—la princesa está pálida, la princesa está triste—, �más brillante que el alba, más hermoso que abril!
—«Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—; �en caballo, con alas, hacia acá se encamina, �en el cinto la espada y en la mano el azor, �el feliz caballero que te adora sin verte, �y que llega de lejos, vencedor de la Muerte, �a encenderte los labios con un beso de amor».
A MARGARITA DEBAYLE�RUBEN DARIO
Margarita está linda la mar, �y el viento, �lleva esencia sutil de azahar; �yo siento �en el alma una alondra cantar; �tu acento: �Margarita, te voy a contar �un cuento:
Esto era un rey que tenía �un palacio de diamantes, �una tienda hecha de día �y un rebaño de elefantes, �un kiosko de malaquita, �un gran manto de tisú, �y una gentil princesita, �tan bonita, �Margarita, �tan bonita, como tú.
Una tarde, la princesa �vio una estrella aparecer; �la princesa era traviesa �y la quiso ir a coger.
La quería para hacerla �decorar un prendedor, �con un verso y una perla �y una pluma y una flor.
Las princesas primorosas �se parecen mucho a ti: �cortan lirios, cortan rosas, �cortan astros. Son así.
Pues se fue la niña bella, �bajo el cielo y sobre el mar, �a cortar la blanca estrella �que la hacía suspirar.
Y siguió camino arriba, �por la luna y más allá; �más lo malo es que ella iba �sin permiso de papá.
Cuando estuvo ya de vuelta �de los parques del Señor, �se miraba toda envuelta �en un dulce resplandor.
Y el rey dijo: —«¿Qué te has hecho? �te he buscado y no te hallé; �y ¿qué tienes en el pecho �que encendido se te ve?».
La princesa no mentía. �Y así, dijo la verdad: �—«Fui a cortar la estrella mía �a la azul inmensidad».
Y el rey clama: —«¿No te he dicho �que el azul no hay que cortar?. �¡Qué locura!, ¡Qué capricho!... �El Señor se va a enojar».
Y ella dice: —«No hubo intento; �yo me fui no sé por qué. �Por las olas por el viento �fui a la estrella y la corté».
Y el papá dice enojado: �—«Un castigo has de tener: �vuelve al cielo y lo robado �vas ahora a devolver».
La princesa se entristece �por su dulce flor de luz, �cuando entonces aparece �sonriendo el Buen Jesús.
Y así dice: —«En mis campiñas �esa rosa le ofrecí; �son mis flores de las niñas �que al soñar piensan en mí».
Viste el rey pompas brillantes, �y luego hace desfilar �cuatrocientos elefantes �a la orilla de la mar.
La princesita está bella, �pues ya tiene el prendedor �en que lucen, con la estrella, �verso, perla, pluma y flor.
* * *
Margarita, está linda la mar, �y el viento �lleva esencia sutil de azahar: �tu aliento.
Ya que lejos de mí vas a estar, �guarda, niña, un gentil pensamiento �al que un día te quiso contar �un cuento.
CANCIÓN DE OTOÑO EN PRIMAVERA, de Antonio Machado
Juventud, divino tesoro, �¡ya te vas para no volver! �Cuando quiero llorar, no lloro... �y a veces lloro sin querer...
Plural ha sido la celeste �historia de mi corazón. �Era una dulce niña, en este �mundo de duelo y de aflicción.
Miraba como el alba pura; �sonreía como una flor. �Era su cabellera obscura �hecha de noche y de dolor.
Yo era tímido como un niño. �Ella, naturalmente, fue, �para mi amor hecho de armiño, �Herodías y Salomé...
Juventud, divino tesoro, �¡ya te vas para no volver! �Cuando quiero llorar, no lloro... �y a veces lloro sin querer...
Y más consoladora y más �halagadora y expresiva, �la otra fue más sensitiva �cual no pensé encontrar jamás.
Pues a su continua ternura �una pasión violenta unía. �En un peplo de gasa pura �una bacante se envolvía...
En sus brazos tomó mi ensueño �y lo arrulló como a un bebé... �Y te mató, triste y pequeño, �falto de luz, falto de fe...
Juventud, divino tesoro, �¡te fuiste para no volver! �Cuando quiero llorar, no lloro... �y a veces lloro sin querer...
Otra juzgó que era mi boca �el estuche de su pasión; �y que me roería, loca, �con sus dientes el corazón.
Poniendo en un amor de exceso �la mira de su voluntad, �mientras eran abrazo y beso �síntesis de la eternidad;
y de nuestra carne ligera �imaginar siempre un Edén, �sin pensar que la Primavera �y la carne acaban también...
�Juventud, divino tesoro, �¡ya te vas para no volver! �Cuando quiero llorar, no lloro... �y a veces lloro sin querer.
¡Y las demás! En tantos climas, �en tantas tierras siempre son, �si no pretextos de mis rimas �fantasmas de mi corazón.
En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar. �La vida es dura. Amarga y pesa. �¡Ya no hay princesa que cantar!
Mas a pesar del tiempo terco, �mi sed de amor no tiene fin; �con el cabello gris, me acerco �a los rosales del jardín...
Juventud, divino tesoro, �¡ya te vas para no volver! �Cuando quiero llorar, no lloro... �y a veces lloro sin querer... �¡Mas es mía el Alba de oro!
Las ascuas de un crepúsculo dorado…, de Antonio Machado.
Las ascuas de un crepúsculo morado
detrás del negro cipresal humean...
En la glorieta en sombra está la fuente...
con su alado y desnudo Amor de piedra,
que sueña mudo. En la marmórea taza reposa el agua muerta.
El viaje definitivo, Juan Ramón Jiménez
... Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando:�y se quedará mi huerto, con su verde árbol,�y con su pozo blanco.�Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;�y tocarán, como esta tarde están tocando,�las campanas del campanario.�Se morirán aquellos que me amaron;�y el pueblo se hará nuevo cada año;�y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,�mi espíritu errará, nostáljico...�Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol�verde, sin pozo blanco,�sin cielo azul y plácido...�Y se quedarán los pájaros cantando.