“Sólo quien abre su corazón a Dios puede recibir su misericordia”
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él. (bis)
no adoréis a nadie,
a nadie más. (bis)
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él.
Canto:
NO ADOREIS A NADIE
Porque sólo Él
nos puede sostener. (bis)
No adoréis a nadie,
a nadie más. (bis)
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él.
Dios siempre está a nuestro lado, dispuesto a derramar su misericordia en nuestra vida, pero de nosotros depende abrir confiadamente nuestro corazón a su Palabra.
MONICION DE ENTRADA:
Dios siempre nos espera para darnos su abrazo misericordioso.
Señor Jesús, aquí estoy en tu presencia. Silencia mi corazón y mi mente de todo ruido, especialmente interno, que me aleja de ti. Consciente de tu amor por mí, te doy gracias por el don de mi vida. Todo es gracia.
Oración: EN TU PRESENCIA
Hoy me das una nueva oportunidad para abrir mi corazón a tu Palabra. Quiero darme cuenta de que todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío. María, pongo los ojos en ti para que me abras a la acción del Espíritu, como tú lo hiciste. Y confiadamente rezo:
Bendito seas por siempre, Señor, por tu amor providente que nos cuida y nos da lo que más necesitamos. Nos das a tu Hijo Jesús, que es nuestro Camino, Verdad y Vida. Nos das a tu Espíritu Santo, que nos guía y acompaña en nuestro día a día, nos santifica y acompaña.
Te doy gracias, te alabo y te bendigo porque me cuidas y acompañas cada día.
¡Gracias, Señor!
¡Gracias por tanto amor!
Amén.
Canto de Adoración: LA MISERICORDIA DEL SEÑOR
La Misericordia del Señor,
cada día cantaré. (3 veces)
30º Domingo del Tiempo Ordinario
26 de Octubre de 2025
Ciclo C
EVANGELIO: (San Lucas 18, 9-14)
En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás:
Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano.
El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo."
El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.”
Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
Palabra del Señor
Reflexión.-
AL ESTAR EN LA PRESENCIA
25
Al estar en la presencia
De tu divinidad
Y al contemplar la hermosura
De tu santidad
Mi espíritu se alegra
En tu majestad
Te adoro a ti, te adoro a ti
Canto: AL ESTAR EN LA PRESENCIA
26
Cuando veo la grandeza
De tu dulce amor
Y compruebo la pureza
De tu corazón
Mi espíritu se alegra
En tu majestad
Te adoro a ti, te adoro a ti
27
Y al estar aquí, delante de ti,
te adoraré
Postrado ante ti, mi corazón
te adora, oh Dios
Y siempre quiero estar
para adorar
Y contemplar tu santidad
Te adoro a ti, Señor, te adoro a ti
28
Y al estar aquí, delante de ti,
te adoraré
Postrado ante ti, mi corazón
te adora, oh Dios
Y siempre quiero estar
para adorar
Y contemplar tu santidad
Te adoro a ti, Señor, te adoro a ti
“PADRE NUESTRO”
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Tantum ergo Sacraméntum, venerémur cernui:
et antíquum documéntum novo cedat ritui;�praestet fides suppleméntum sensuum deféctui.
Genitóri Genitóque, laus et iubilátio;�salus, honor, virtus quoque, sit et benedíctio;�procedénti ab utróque compar sit laudátio. Amén.
Canto:
TANTUM ERGO
BENDICIÓN.-
V. Les diste pan del cielo.
R. Que contiene en sí todo deleite.
Oremos: Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tú Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R. Amén.