“La barca sin pescador”
y las cláusulas adverbiales
por Alejandro Casona
ACTO II: Escenas VII-VIII (Día 10)
1945
Actividad 20
Repaso de la tarea
vender
sepa
supiera
llegue
(presente)
(pasado)
pague
cenar
haya
tenga
caminaba
escuchó
Actividad 21: Práctica: Las cláusulas adverbiales
Subjuntivo, el indicativo, o el infinitivo. ¡Usa presente o pasado!
oír
veía
necesite
(presente)
(pasado)
(futuro)
hablar
habló
escuche
(presente)
(pasado)
(futuro)
termine
(futuro)
Lectura continuada (final de Escena VII
mitad de pp. 39
ESTELA. El tiempo le ayudará. Y los viajes. ¿Va muy lejos?
RICARDO. No me espera nadie en ninguna parte. Me gustaría perder ese barco mañana y aguardar aquí el regreso.
ESTELA. Es una pobre aldea. No se acostumbraría usted.
RICARDO. Es tan poco lo que necesito... y tan difícil de encontrar.
ESTELA. ¿Descanso?
RICARDO. Descanso. Quién sabe si no está aquí la paz que ando buscando.
ESTELA.—(Lo mira pensativa). ¿Cuánto tarda en regresar su barco?
RICARDO. Un par de semanas.
ESTELA.—(Desvía los ojos). Si le basta una mesa de pino
y una ventana al mar... arriba hay una habitación vacía.
RICARDO. ¿En esta casa? ¿Y es usted, Estela Ánderson, la que me ofrece su techo?
ESTELA. Siempre procuro hacer lo que hubiera hecho él. ¿Por qué baja los ojos?
RICARDO. No sé... la falta de costumbre. Vengo de un mundo donde todo se hace por dinero; hasta el más cobarde de los crímenes. Allí a todo desconocido se le mira como a un enemigo posible. En cambio usted no me pregunta quién soy ni de dónde vengo para abrirme su puerta. ¿Comprende por qué bajé los ojos? ¡Son treinta años de vergüenza que se me han subido a la cara!
= ser suficiente
¿Qué le ofrece Estela a Ricardo?
¿Cómo reacciona Ricardo cuando Estela le ofrece su casa? ¿Por qué?
→ Le ofrece quedarse en la habitación de Péter por dos semanas.
→ Él tiene vergüenza porque …
p. 40
ESTELA. No piense ahora en eso. Lo que siento es lo poco que puedo ofrecerle. ¿Ha sido usted rico siempre?
RICARDO. Siempre no; de niño supe lo que es el hambre... y ahora estoy empezando a recobrar la memoria.
ESTELA. Entonces todo será más fácil.
RICARDO. Pero mi pobreza no era voluntaria como la suya. Sé que
su barca es la más hermosa del pueblo y que muchos serían felices
de poder comprarla.
ESTELA. Antes pediría mi pan por los caminos que vender esa barca.
Sería como venderlo a él.
RICARDO. Conozco la historia. Péter la compró el mismo día que murió.
¿Por qué llama la pobreza de Estela “voluntaria” Ricardo?
¿Por qué no quiere vender la barca de Péter Estela?
ESTELA. Qué fácil es decir: "la compró". Una sola palabra y ya está. ¡Pero cuántos días de fatiga y cuántas noches sin sueño hasta llegar ahí! Cuando era imposible salir al mar, Péter trabajaba con el hacha en el bosque. Por la noche, tallábamos juntos esos barcos, ahorrando el fuego. Pero todo era poco. Un día hubo que suprimir el vino en la mesa. Otro día, el tabaco. Cada nuevo escalón era una semana de siete angustias. Hasta las trece monedas de la boda hubo que poner. ¡Y el montón no crecía! ¡Ese pequeño montón de plata capaz de quebrar a un hombre, y que cabe después en un pañuelo! (Pausa de aliento.)
Las arras de boda
Péter y Estela trabajan muchísimo para ahorrar el dinero para compar la barca nueva. ¿Cuáles trabajos hacen?
¿Qué más hacen para ahorrar dinero?
Péter pescaba, y cuando no podía pescar, cortó árboles.
P y E también tallaban barquitos por la noche.
No usaban mucha leña para calentar la casa.
No tomaban vino ni fumaban tobaco.
Incluso pusieron el dinero de su boda.
ESTELA (continuada):
Por fin llegó el gran día. Yo no sé lo que será el temblor de la mujer que espera un hijo, pero no puede ser más. Péter bajó al puerto, feliz, con su camisa limpia. Yo había puesto otra vez junto a su plato la pipa bien cargada, y [yo] le esperaba detrás de esos cristales, con un alegrón de avispas (thrill of wasps) en las venas. Desde lejos le sentí venir, cantando, con aquella voz llena y madura de hombre entero. Al doblar la cuesta levantó la mano para saludarme... y de repente, ahí mismo, delante de mis ojos... (Se le rompe la voz.) ¡No! No pudo ser la voluntad de Dios. ¡Dios no hubiera elegido esa noche! (Se domina con esfuerzo.) Disculpe. No he debido recordar estas cosas. (Vuelve la abuela con la hogaza (pan) y la fuente de pescado.)
¿Describe la muerte de Péter desde la perspectiva de Estela?
¿Piensa que fue la muerte de Péter fue la voluntad de Dios ella?
Ella estaba muy emocionada y preparada para celebrar la compra de la barca nueva. Vio a Peter alegre y cantando. Él levantaba la mano para saludarla cuando de repente se cayó del acantilado.
No.
VIII. ESTELA, RICARDO y la ABUELA
(y un lector de acotaciones)
ABUELA. ¡A la mesa, que se enfría! ¿Tardé mucho, verdad? No sé qué me pasa hoy que todo se me salta de las manos. Me hubiera gustado ponerle una rodaja de limón, pero, sí, sí, limones aquí... Claro que con dos gotas de vinagre y una hoja de menta es casi lo mismo. La hogaza (pan) es de trigo, y tierna, tierna, recién traída; el pan de casa está bien para los otros días. (Señalando a Ricardo la cabecera.) Aquí. El sitio del hombre es este. Así. (Se sientan los tres.)
alabras.
ESTELA.—(Tendiéndole el cuchillo.) ¿Quiere partir? Aquí siempre es el hombre el que parte el pan y bendice la mesa.
RICARDO. Gracias. Partiré el pan. En cuanto a la oración, por mucho que quisiera no sabría encontrar las palabras.
¿Dónde se sienta el hombre en la mesa?
¿Cuáles son las responsabilidades de hombre en la mesa?
Se sienta en la cabecera.
El hombre parte el pan y bendice la mesa.
(Corta el pan, que ofrece primero a la Abuela y después a Estela. Se oye un Coro lejano de voces viriles que se acerca cantando la canción de Péter con acompañamiento de acordeón. Ricardo deja caer el cuchillo. Estela crispa la mano sobre el mantel para dominarse.)
ESTELA. Esa ventana, abuela... esa ventana... (La Abuela cierra las maderas. Sigue oyéndose la canción más apagada.)
ABUELA. Son los muchachos que van de ronda. Qué saben ellos lo que cantan... (Se sienta de nuevo.)
¿Quién canta la canción de Péter y como reacciona Estela?
Son los muchas que van de ronda.
ESTELA.
Señor: bendice en el bosque el hacha del leñador. Bendice en el mar las redes del pescador. Haz que no falten en nuestra mesa el pan y los peces, como lo hizo tu hijo en la montaña del milagro. Danos la paz en el trabajo y en el
sueño. Y si a alguien hemos hecho mal, perdónanos Señor, así como nosotros perdonamos... (Respira hondo.) Así como nosotros perdonamos...
(Solloza angustiada sobre el mantel.) ¡No! ¡Es mentira! ¡Yo no he perdonado! ¡No puedo perdonar!... (Se oye más fuerte el coro de pescadores.)
TELÓN
El fin
de Acto Segundo
¿Qué no puede perdonar Estela?
Actividad 22: Preguntas - Acto segundo, Escenas VII-VIII
Hablen antes de escribir.
Tarea:
→ Termina Actividad 22: Repaso de Acto segundo
→ Estudia cláusulas adverbiales y el vocabulario de Acto II
EXAMEN de Unidad 13 el martes
¿Qué va a estar el examen el martes?
Tiempo extra: Práctica de vocabulario
Miremos Acto II: