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ORACIÓN� FINAL

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Cuando me arrodillo a vuestros pies, �no pienso en cómo sois,�ni cuales son vuestros defectos, o cuanto amor derrocha vuestro corazón.��

Solo sé que estáis cansados del camino,�que el agua templada calmará vuestra impaciencia�que el polvo de los rencores y enfrentamientos� caerá suavemente en el olvido.�

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¿No deberá ser así entre nosotros?​

En la mesa, cuando el hambre de pan y justicia se hace presente en vuestras palabras y compromiso,  el brillo de mis ojos se hace palpable en los vuestros.

No puedo hacer otra cosa que partir mi cuerpo para ser vuestro alimento y que mi sangre corra a raudales por vuestras venas.

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Cuando os escucho reír y ardo de amor en vuestros abrazos, nace el recuerdo y pienso que la amistad es lo más delicioso que hay en la vida de una persona.

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Lo digo por experiencia.

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Si esta noche renováis el corazón con un leve movimiento de humilde amor, mi presencia habrá sido eficaz.

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HASTA MAÑANA�

Si no fuera así, permaneceré esperando, 

-os doy mi Palabra-

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