Desde mi barro…
Va transcurriendo el curso, y cada cual ha enfocado su vida a unas metas, a unos objetivos que se habrán o no cumplido, pero siempre desde la confianza que el Señor está y sigue con nosotros, hayan salido o no.
Unos habrán visto sorpresa en el camino, deseos cumplidos o no, retos que siguen transformando sus vidas y opciones que con el tiempo verán sus frutos.
La vida nos regala una vez mas la confianza puesta en Dios y en los propósitos que mirándolos desde El, siempre verán un comienzo positivo desde el prisma que lo miremos.
Por eso hoy, Dios, sigue llamándonos a descubrir su sueño, el nuestro, el de todos….
Un sueño que un día, se les mostró a otros de maneras distintas al igual que hoy a nosotros.
Dios creó a lo largo de la historia a Juan, Ana, Marta y a Pablo.
A todos ellos les regalo unas manos. Cada cual supo utilizarlas de la mejor forma que sabía, pero a todos los había elegido para algo en especial.
Cada uno modelaría su barro dando formas y matices distintos. Pero ellos sabían que al final, sus barros les harían comprender su misión al servicio de los demás.
JUAN creo una pequeña figura que ni el mismo sabía que iba a salir de ella. Siguió modelando pero sintió miedo, era tan pequeñita que creía que no serviría para nada. Volvió a estrujar entre sus manos aquel trocito de barro y mientras pensaba en lo poco original que había sido, volvió a modelar otra pequeña vasija, una pequeña lámpara de barro. Una chispa le indicó que serviría para dar luz y calor a los que se acercaran a ella.
ANA pasaba horas y horas delante de su torno de alfarero. Allí podía pasar todo el día y el barro no le decía nada. Pero aun así, ella acudía día tras día, y seguía intentando sacar algo de aquello. Un día, al acabar la tarde, se quedó sentada frente a su barro. Su imaginación le hizo volar hasta su jardín de flores. Allí vio la necesidad de poder compartir aquella belleza y pensaba en la gente que no tenía la oportunidad de poder asomarse y contemplar la inmensidad de Dios en aquel paisaje y para ello creó un pequeño jarrón donde poner florecillas que no se marchitasen para dejar plasmado siempre esa belleza.
MARTA caminaba junto a un riachuelo y sintió la necesidad de beber.
No tenía medios, solo sus manos agrietadas por el tiempo y en el fondo...vacías.
Intentó beber de ellas, pero ese agua se escapaba entre sus dedos. Por un instante creyó haber conseguido su sueño, beber de aquella agua fresca y cristalina, que cada día corría por el manantial. No lo consiguió. Triste se sentó, pero su mirada se fijo en un trozo de barro, que aun estaba sin modelar y con el consiguió hacer un pequeño jarrón que le quitarla la sed. Mucho le costó modelarlo, tenía que esperar a que esta se secase. Y su impaciencia hizo por un momento perder la calma. Pero pasado un tiempo, había descubierto que valía la pena esperar y aventurarse a modelar el barro, su barro, que un momento concreto de su vida, le hizo crecer.
Todo fue mucho mas divertido para PABLO. El había encontrado entre muchas antigüedades del taller de su abuelo un torno, que no sabía como utilizarlo. Encontró también un bloque de barro y distintas figuras antiguas.
Sus ganas de poner aquello en funcionamiento eran grandes, pero creía poseer pocos medios.
Con sus manazas enormes, el barro, y con sus pies iba poniendo aquel cacharro en marcha, que ante sus ojos parecía complicado. Cada vez que intentaba subir el nivel de una figura, ésta volvía a desvanecerse. No conseguía dar forma alguna a su barro.
Poseía modelos suficientes, pero ninguno le convencía. El quería algo mas suyo, algo que se formase desde su propia nada y poder convencerse a si mismo de sus propias posibilidades. Quería hacer algo que sirviese a los demás. Algo que recordase al otro una parte importante de su persona, un sentimiento, una mirada….
Su sorpresa fue cuando después de pasar mucho tiempo, había conseguido su sueño.
Ante el tenía, una figura de barro, su figura. Había modelado un payaso. Un payaso que contagiase la alegría y que siempre tuviese dibujado en el alma una sonrisa que mostrase al mundo lo positivo de la vida y que transmitiese la mirada de Dios en el Hombre.
Pablo, se sintió satisfecho, lleno, pero ahora le quedaba lo más importante, ser el , quien transmitiese estas inquietudes al mundo.