“Di SI al sueño de Dios”
1.- Yo siento, Señor, que Tú me amas.
Yo siento, Señor, que te puedo amar.
Háblame, Señor, que tu siervo escucha.
Háblame, ¿qué quieres de mí?
Señor Tú has sido grande para mí
en el desierto de mi vida, háblame.
Yo quiero estar dispuesto a todo.
Toma mi ser, mi corazón es para Ti.
Por eso canto tus maravillas,
por eso canto tu amor. (bis)
Canto: YO SIENTO, SEÑOR
2.- Te alabo, Jesús, por tu grandeza;
mil gracias te doy por tu gran amor.
Heme aquí, Señor, para acompañarte;
heme aquí, ¿qué quieres de mí?.
Señor Tú has sido grande para mí
en el desierto de mi vida, háblame.
Yo quiero estar dispuesto a todo.
Toma mi ser, mi corazón es para Ti.
Por eso canto tus maravillas,
por eso canto tu amor. (bis)
y resulta que ha sido Dios quien ya había soñado con este momento y desde este instante estamos respondiendo con nuestra presencia a esa invitación que contiene una promesa que es capaz de llenar nuestras vidas.
MONICIÓN
DE ENTRADA:
Con gran alegría nos reunimos hoy pensando que hemos sido nosotros quienes hemos venido por nuestra propia cuenta
Pedimos al Espíritu Santo su asistencia para que convierta nuestra fe en servicio, para que nos pongamos en camino.
Pedimos también a María que nos ayude a encontrar en el camino a las personas adecuadas, dispuestas a orientarnos, acompañarnos y que sueñen también con nosotros.
Como nos decía el papa Francisco, que nos muestren en el horizonte un mar más amplio y una pesca sobreabundante.
Señor Jesús, concédeme soñar tu mismo sueño.
Un sueño grande y capaz de cobijar a todos.
Un sueño en común que nos enriquece.
Un sueño que nos hace hermanos.
Un sueño por el que diste la vida en la cruz.
Un sueño por el que el Espíritu Santo
se derramó en los corazones.
Oración:
Un sueño que no debe congelarse
en el corazón del mundo.
Haz que, a través de mí,
tu sueño pueda crecer,
multiplicarse y alcanzar
todos los rincones de la tierra.
Como María, yo también te digo “sí”:
con mis manos, con mis pies,
con mi mirada, con mi corazón
quiero dar carne y vida a tu sueño,
amando con el mismo amor
con que Tú nos amaste. Amén.
Tú, Señor, me llamas.
Tú, Señor, me dices:
Ven y sígueme,
ven y sígueme.
Señor, contigo iré,
Señor, contigo iré.
Canto: TU, SEÑOR, ME LLAMAS
4º Domingo de Pascua
11 de mayo de 2025
Ciclo C
EVANGELIO: ( San Juan 10, 27-30 )
En aquel tiempo, dijo Jesús: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen,
y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano.
Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre.
Yo y el Padre somos uno».
Palabra del Señor
SE MI PASTOR
Meditación en imágenes:
JORNADA MUNDIAL
DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
El deseo de Dios es que nuestra vida no acabe siendo prisionera y no se vea arrastrada por la inercia de los hábitos diarios.
La llamada del Señor no es una intromisión de Dios en nuestra libertad; es la iniciativa amorosa con la que Dios viene a nuestro encuentro y nos invita a entrar en un gran proyecto, del que quiere que participemos.
Para seguir la llamada del Señor debemos implicarnos con todo nuestro ser y correr el riesgo de enfrentarnos a un desafío desconocido;
El Señor no quiere que nos resignemos pensando que, a fin de cuentas, no hay nada por lo que valga la pena comprometerse con pasión.
debemos dejar todo lo que nos puede mantener amarrados a nuestra pequeña barca, impidiéndonos tomar una decisión definitiva; se nos pide esa audacia que nos impulse con fuerza a descubrir el proyecto que Dios tiene para nuestra vida.
Te damos gracias, Dios Padre nuestro,
por la llamada bautismal a ser tu pueblo,
«asamblea de llamados».
Te respondemos otra vez con nuestro «sí»,
para ser fieles al Evangelio de tu Hijo, Jesucristo,
y a nuestra vocación.
Oración:
Danos el deseo de anunciar «la vida como vocación»
y ofrecernos a tu servicio en la vida consagrada,
en el sacerdocio, en el matrimonio,
en la tarea misionera
y en el compromiso apostólico laical.
Llena nuestros corazones con tu Espíritu
de sabiduría y discernimiento
para que nuestra «pastoral de la llamada»,
tan rica en vocaciones y carismas,
sea un testimonio de tu presencia entre nosotros.
Con Santa María, Virgen Inmaculada
y Madre de la Vocación,
con el apóstol Santiago, amigo del Señor,
y animados por la riqueza
de tantos mártires y santos de nuestra tierra
te decimos:
«Aquí estamos para hacer tu voluntad». Amén.
“PADRE NUESTRO”
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él. (bis)
no adoréis a nadie,
a nadie más. (bis)
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él.
Canto:
NO ADOREIS A NADIE
Porque sólo Él
nos puede sostener. (bis)
No adoréis a nadie,
a nadie más. (bis)
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él.
BENDICIÓN.-
V. Les diste pan del cielo.
R. Que contiene en sí todo deleite.
Oremos: Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tú Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R. Amén.