APOSTASÍA E INTERCESIÓN
Lección 11 para el 13 de septiembre de 2025
“Entonces volvió Moisés ante el Señor y le dijo: ‘Este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro. Te ruego que perdones su pecado. Y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito’ ” Éxodo 32:31-32
Apostasía:
La debilidad de Aarón (Éxodo 32:1-5)
La fiesta del becerro (Éxodo 32:6)
La corrupción de la idolatría (Éxodo 32:7-8)
Intercesión:
“¡Calma ya tu enojo!” (Éxodo 32:9-29)
“¡Bórrame del libro que has escrito!” (Éxodo 32:30-32)
“Demasiado pronto se han apartado del camino que les ordené seguir” (Éx. 32:8 NVI).
Ante esta apostasía, Dios pidió permiso a Moisés para destruir a Israel, y hacer de él una nueva nación (Éx. 32:10). A pesar de la apostasía del pueblo, Moisés intercedió dos veces ante Dios para solicitar el perdón que no merecían.
Poco después de recibir los Diez Mandamientos, y de serles reiterada la orden expresa de no hacer ídolos (Éx. 20:23), Israel hizo un becerro de oro para adorarlo.
APOSTASÍA
LA DEBILIDAD DE AARÓN
“Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová” (Éxodo 32:5)
Aunque la palabra hebrea elohim es el plural de “dios”, se usa habitualmente para referirse al Dios único: “Yo soy Jehová tu Dios [elohim], que te saqué de la tierra de Egipto” (Éx. 20:2).
La vacilación inicial de Aarón al intentar negociar con el pueblo (Éx. 32:2), le llevó a liderar la apostasía, en lugar de erradicarla.
En lugar de recordarles la prohibición de hacer ídolos, Aarón les fabricó un becerro de oro, y declaró: “¡aquí tienes a tu dios [elohim] que te sacó de Egipto!” (Éx. 32:4 NVI).
Ante la ausencia de Moisés, el pueblo pidió a Aarón que les hiciese un elohim visible al que pudiesen adorar �(Éx. 32:1). Pronto habían olvidado los mandamientos recibidos, y el compromiso que habían adquirido de obedecerlos (Éx. 24:7).
LA FIESTA DEL BECERRO
“Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse” (Éxodo 32:6)
Al fabricar un ídolo con forma de becerro, los israelitas rebajaron al Dios Omnipotente a la imagen de un animal, adorando a la criatura en lugar de al Creador (Ro. 1:23).
En realidad, dejaron de adorar a Dios para adorar a los demonios (Dt. 32:17). Mientras adoraban a Dios, crecían moralmente, pues se asemejaban a Dios.
Cuando no entregamos nuestro corazón al Creador, sino que servimos a cualquier otro ídolo (y hay muchísimos), tarde o temprano nos conducirá a la degradación moral.
Al adorar a los demonios, comenzaron a degradarse, pues se asemejaban a los demonios a los que adoraban.
De forma irracional, pensaron que una estatua fabricada a buril sería capaz de liderarlos. ¡Tal vez incluso pensaron que el propio elohim se había hecho becerro! (Éx. 32:24).
LA CORRUPCIÓN DE LA IDOLATRÍA
“Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido” (Éxodo 32:7)
Postrarse ante una imagen (aunque ésta represente a Dios mismo, a Cristo, o a sus santos), es desobedecer la Ley de Dios (Éx. 20:3-6) y, por tanto, adentrarse en el pecado y la corrupción.
¿Qué ídolos adoramos? Puedes hacer tu propia lista. Algunas sugerencias: orgullo, dinero, poder, sexo, comida, trabajo, redes sociales…
¿En qué consiste la idolatría del siglo XXI? Idolatría es rendir culto a algo que sustituye a Dios. Un ídolo es todo aquello que capta nuestra imaginación, afecto, tiempo y mente más que Dios, y que esclaviza nuestro pensamiento.
¿Qué implica adorar a estos ídolos? Nuestra personalidad, la forma de pensar, los afectos, e incluso nuestra vida social son transformados. Cambiamos las relaciones auténticas con Dios por interacciones huecas y sin sentido que no pueden salvarnos.
INTERCESIÓN
“¡CALMA YA TU ENOJO!”
“¿Por qué dar pie a que los egipcios digan que nos sacaste de su país con la intención de matarnos en las montañas y borrarnos de la faz de la tierra? ¡Calma ya tu enojo! ¡Aplácate y no traigas sobre tu pueblo esa desgracia!” (Éxodo 32:12 NVI)
Dios le dijo a Moisés que “TÚ pueblo que [TÚ] sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido” (Éx. 32:7).
La ira de Dios era justa, pero Moisés sabía que “la misericordia triunfa sobre el juicio” (Stg. 2:13). Tras interceder por Israel, y con la seguridad de que Dios había calmado su enojo, él (enojado) descendió del monte (Éx. 32:12-15). Al ver la apostasía, rompió el símbolo del pacto: las tablas de piedra (Éx. 32:19).
Moisés reaccionó acertadamente: “no es mi pueblo, sino el tuyo; no los saqué yo, sino Tú” (Éx. 32:11). Dios le estaba pidiendo que le dejase destruir a Israel (Éx. 32:10), pero Moisés se negó a conceder semejante permiso.
Después de escuchar las débiles excusas de su hermano, Moisés actuó con contundencia para detener el desenfreno �(Éx. 32:20-28).
“¡BÓRRAME DEL LIBRO QUE HAS ESCRITO!”
“Sin embargo, yo te ruego que les perdones su pecado. Pero si no vas a perdonarlos, ¡bórrame del libro que has escrito!” (Éxodo 32:32 NVI)
Con su primera intercesión, Moisés evitó la destrucción del pueblo. Pero era evidente que Dios no podía seguir bendiciéndolos tras este pecado. Por ello, resolvió realizar una segunda intercesión (Éx. 32:30).
Esto implicaba que Dios haría suyo el pecado y cargaría con él, pagando su precio: la muerte (Is. 53:6; Ro. 6:23). Esto es, precisamente, lo que Jesús hizo en la cruz. Él cargó sobre sí mismo nuestros pecados para morir la muerte que nosotros merecíamos (1P. 2:24).
Moisés estuvo dispuesto a perder su propia salvación si el pueblo no era perdonado�(Éx. 32:31-32). Sin embargo, no era un perdón normal el que Moisés pedía, pues no usó la palabra hebrea usual para “perdonar”. Él pidió que Dios “cargara” con el pecado del pueblo.
“Durante este período de espera, tuvieron tiempo para meditar acerca de la ley de Dios que habían oído, y preparar sus corazones para recibir las futuras revelaciones que Moisés pudiera hacerles. Pero no dedicaron mucho tiempo a esta obra. Si se hubieran consagrado a buscar un entendimiento más claro de los requerimientos de Dios, y hubieran humillado sus corazones ante él, habrían sido escudados contra la tentación. Pero no obraron así y pronto se volvieron descuidados, desatentos y licenciosos. […]
Sintiéndose desamparados por la ausencia de su jefe, volvieron a sus antiguas supersticiones. […] El pueblo deseaba alguna imagen que representara a Dios y que ocupara ante ellos el lugar de Moisés”
E. G. W. (Patriarcas y profetas, pág. 287-288)