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EL OLVIDO QUE SEREMOS

HECTOR ABAD FACIOLINCE

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Héctor Joaquín Abad Faciolince (Medellín, 1 de octubre de 1958) escritor, ensayista, traductor y periodista colombiano (también tiene la nacionalidad española), está ampliamente reconocido como una de las figuras más relevantes de la literatura colombiana contemporánea.

Hijo del médico y defensor de los derechos humanos Héctor Abad Gómez, asesinado en 1987, la experiencia de la violencia política en Colombia ha marcado profundamente su trayectoria vital y literaria.

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Cursó estudios de Medicina, Filosofía y Periodismo, todos inconclusos.

Tras vivir en México, se marchó a Italia, donde estudió Lenguas y Literaturas Modernas en la Universidad de Turín (Italia), formación que influyó decisivamente en su pensamiento crítico y en su diálogo permanente con la tradición literaria europea. Durante su estancia en Europa consolidó su interés por la traducción, el ensayo y la literatura comparada.

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Vuelto a Colombia, su padre fue asesinado, y él recibió amenazas de muerte, por lo que se fue primero a España y luego a Italia, donde estuvo cinco años siendo profesor de español en la Universidad de Verona. 

A lo largo de su carrera ha ejercido como profesor universitario, columnista y editor, colaborando con importantes medios culturales y periodísticos.

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Abad comenzó a escribir en periódicos y revistas desde el colegio y la universidad, y luego en medios como El Espectador, desarrollando una trayectoria de más de 15 años. Sus columnas se caracterizan por un tono crítico e incisivo sobre temas como la globalización, la religión, la corrupción y el oficio del escritor. En El Espectador publica semanalmente, abordando también la escritura y la gramática contemporáneas. Además, en revistas literarias como El Malpensante expone su visión crítica de la literatura y de lo que considera una buena novela.

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En febrero de 2018 cerró su cuenta de Twitter tras una polémica acusación contra Gustavo Petro, que generó fuertes reacciones y críticas en la red.

En junio de 2023 resultó herido en un ataque con misiles rusos en Kramatorsk, Ucrania, donde murió la escritora Victoria Amelina.

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Su producción literaria abarca diversos géneros —novela, cuento, ensayo y crónica— y se caracteriza por un equilibrio entre la reflexión intelectual y la narración íntima, con una prosa sobria y precisa, atravesada por reflexiones éticas, políticas y estéticas, así como por una constante preocupación por la memoria histórica y los derechos humanos.

La obra de Abad Faciolince ha sido traducida a múltiples idiomas y ha recibido diversos reconocimientos internacionales.

En 2020, El olvido que seremos fue adaptada al cine, lo que amplió su impacto cultural y reafirmó su relevancia dentro del canon literario latinoamericano contemporáneo.

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ESTILO:

Se caracteriza por una prosa clara, elegante y reflexiva. Combina un tono íntimo y personal con una mirada crítica sobre temas sociales, políticos y culturales.

Suele usar el ensayo y la crónica para reflexionar sobre la memoria, la ética, la violencia, la religión y la literatura, con un lenguaje accesible, irónico en algunos momentos y profundamente humano.

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1994

1998

1996

2000

2002

2002

2004

2022

2005

2010

2010

2011

2015

2020

2025

2011

OBRAS DE HÉCTOR ABAD F.

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La literatura latinoamericana actual evoluciona desde el Boom clásico de los años 60—caracterizado por el realismo mágico y la "novela total"—hacia nuevas narrativas como la Generación Mutante y el Crack. Estos movimientos contemporáneos buscan una mayor experimentación, complejidad formal, ruptura del postboom y deslocalización geográfica, reflejando temas urbanos y globales. 

La literatura latinoamericana actual

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La literatura colombiana actual

La literatura colombiana contemporánea es diversa, híbrida y abierta a nuevas voces y formas de expresión. Ya no se centra exclusivamente en la violencia o el realismo mágico, aunque estos temas persisten desde enfoques más críticos e íntimos. En este marco surge la llamada generación mutante, un grupo de escritores que rompe con los modelos tradicionales y se distancia del regionalismo literario.

En la actualidad predominan narrativas que articulan lo personal con lo social, la memoria individual con la historia colectiva del país. Muchos autores exploran la vida urbana, la identidad, el exilio, el cuerpo y las relaciones humanas mediante un lenguaje más directo y menos solemne. Asimismo, se observa una fuerte influencia de lo global y lo digital, una mayor presencia de escritoras y el auge de géneros como la crónica, la autoficción y el ensayo narrativo. En conjunto, se trata de una literatura plural, sin un estilo único dominante, que dialoga tanto con Colombia como con el mundo.

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La generación mutante es un grupo de escritores latinoamericanos contemporáneos que surge a finales del siglo XX y comienzos del XXI. Se caracteriza por romper con los modelos tradicionales de la literatura latinoamericana y por alejarse de temas como el regionalismo o el realismo mágico. Aunque el término se aplica frecuentemente a autores colombianos emergentes que han ganado reconocimiento, refleja una tendencia más amplia en la narrativa latinoamericana, a menudo contrastada con movimientos anteriores como el "Boom”.

Estos autores revisitan temas universales desde una mirada crítica e irónica, mezclan la cultura popular con lo urbano y muestran escepticismo frente a las ideologías. Su escritura no busca representar una identidad nacional fija, sino dialogar con un mundo globalizado, marcado por los medios de comunicación, la tecnología y los cambios culturales.

En conjunto, la generación mutante propone una literatura flexible, híbrida y en constante transformación, acorde con la complejidad de la sociedad contemporánea.

O. Mejia Rivera menciona entre otros a : Héctor Abad, Julio César Londoño, Rigoberto Gil Montoya, Octavio Escobar Giraldo y Philip Potdevin

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EL OLVIDO QUE SEREMOS

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El título procede de un verso de Borges que alude a la muerte como olvido total.

La novela es una respuesta directa a esa idea:�recordar es una forma de desobediencia contra la muerte.

Pero la paradoja: el autor sabe que, aun escribiendo, el olvido llegará.

"Ya somos el olvido que seremos.El polvo elemental que nos ignoray que fue el rojo Adán y que es ahoratodos los hombres, y que no veremos.��Ya somos en la tumba las dos fechasdel principio y el término. La caja,la obscena corrupción y la mortaja,los triunfos de la muerte, y las endechas.��No soy el insensato que se aferraal mágico sonido de su nombre.Pienso con esperanza en aquel hombre��que no sabrá que fui sobre la tierra.Bajo el indiferente azul del cielo,esta meditación es un consuelo.“

J.L.B.

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Aunque María Kodama negó inicialmente la autenticidad de los versos, el testimonio de Roux y la reconstrucción de la cadena de copias confirmaron que el poema era efectivamente de Borges.

La relación entre Jorge Luis Borges, el pintor Guillermo Roux y el escritor Héctor Abad Faciolince gira en torno a la autenticidad de estos de Borges, tema investigado por Abad en su libro Traiciones de la memoria.

Roux, amigo de Borges, fue quien recibió parte de estos poemas (apócrifos o no) que, según se relata, el autor argentino entregó en mano. 

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“Quiero concluir con una reflexión: soy un olvidadizo, un distraído, a ratos un indolente. Sin embargo, puedo decir que gracias a que he tratado de no olvidar esta sombra, mi padre, arrebatado a la vida en la calle Argentina de Medellín, me ha ocurrido algo extraordinario: aquella tarde su pecho iba acorazado solamente por un frágil papel, un poema, que no impidió su muerte. Pero es hermoso que unas letras manchadas por los últimos hilos de su vida hayan rescatado, sin pretenderlo, para el mundo, un olvidado soneto de Borges sobre el olvido.” H.A.F.

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“El día que asesinaron a su padre, Héctor Abad hijo tenía 28 años, una hija que apenas caminaba, dos carreras sin terminar y un futuro laboral incierto, pues aún no abrazaba su destino de escritor:

"Cuando te matan al ídolo de tu infancia y juventud, la vida se desbarata. Pasé años tratando de escribir sobre su asesinato a través de la ficción. En mi novela “Angosta” hay un personaje, el doctor Burgos, inspirado en mi padre. Pero descubrí que la no ficción era lo que podía hacerle justicia. Primero necesité años para olvidar, luego años para recordar, y finalmente años para encontrar la voz y el tono del libro".

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El doctor Héctor Abad Gómez, nació en 1921 y vivió gran parte del siglo XX. Médico, profesor universitario y defensor de los derechos humanos, creía que la salud, la educación y la vida digna eran derechos fundamentales.

Su relación con la realidad social de Colombia:

Trabajó con comunidades pobres en Medellín, denunciando públicamente asesinatos, desapariciones, torturas, violencia del Estado y de grupos armados. Fundó y participó en organizaciones de derechos humanos.

El contexto histórico de su asesinato : En los años 80, Colombia vivía una guerra continua entre guerrillas, paramilitares y narcotráfico. Existía también una persecución a líderes sociales, sindicalistas y defensores de derechos humanos. Muchos intelectuales y activistas fueron asesinados por denunciar injusticias.

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Fue asesinado en 1987, en Medellín por Grupos paramilitares (escuadrones de la muerte).

  • Motivo:
    • Por defender los derechos humanos
    • Por denunciar públicamente los crímenes y abusos
    • Por exigir justicia social en un país violento y desigual
    • Por defender la vida
    • Por buscar la justicia

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“A mi padre lo mataron en el 87 porque estaba apoyando un proceso de paz que había hecho un presidente conservador en 1984. Ese proceso de paz fue saboteado por la extrema derecha que empezó a exterminar a toda la gente de izquierda que pertenecía al partido que había fundado la guerrilla de las FARC, que se llamaba la Unión Patriótica. Ese fue un sabotaje institucional hecho por el ejército, por los paramilitares y por personas muy fanáticas y muy hostiles. Como mi padre, que era liberal, no era ni conservador, ni comunista, ni de las FARC, era de un partido más de centro (aunque ahora sea un partido corrupto, como casi todos (risas), por defender a esa gente de la UP, lo mataron. Porque denunciaba y era una persona de la burguesía de Medellín, de la pequeña burguesía, un profesor respetado. Por eso lo mataron. Porque un profesor respetado estaba defendiendo a los comunistas.”

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“Más que un acto de amor esta novela es muchos actos de amor… Para mí el acto de escribir ha sido siempre una especie de sanación, y más este libro. Es más, con este libro, como ya en el libro recuerdo todo, ya me puedo permitir incluso olvidar…

Creo que hay un primer impulso cuando se sufre algo muy fuerte, es un primer impulso que nos produce culpa, pero es legítimo. Y es que es necesario, no digo ya olvidar, sino no tener presente todo el tiempo la ofensa, no estar mirando todo el tiempo la herida. Uno siente culpa con los muertos, cuando no los está recordando o vengando en el caso de un asesinato. Pero si uno quiere vivir y no enloquecerse, tiene que olvidar…

Yo había intentado escribir lo que ocurrió a través de la ficción y salía mal y sin gracia. Cuando la escribí con la pura verdad, en la lengua de mi casa y con toda la autenticidad de mi padre…, fue como funcionó bien. Afortunadamente encontré el tono, la voz de mi familia, la voz de mi casa, la voz de mi padre, tuve la suerte de contar su historia tal como fue y la voz de él tal como fue…”

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“Hay dos fuentes fundamentales en mi novela: Primo Levy y su novela testimonial (de hechos mucho peores que estos, mucho más dramáticos), Si esto es un hombre –novela testimonial sobre Auschwitz- y Natalia Ginzburg y Léxico Familiar, novela que me dijo: “se puede escribir en el lenguaje de tu casa, en la lengua familiar, en el español que se habla en la mesa de tu casa”…

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Y EFECTIVAMENTE, EL LIBRO …

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  • Narra la violencia colombiana desde lo íntimo, sin grandes discursos ideológicos ni panoramas históricos extensos: la violencia aparece como amenaza constante en la vida domestica y se testimonia la normalización del miedo.

  • Se trata de un libro entre géneros: memoria o biografía, testimonio y literatura.

  • El padre aparece como figura ética, no heroica.

  • El libro es una manera de resolver el duelo del autor por su padre: convierte el dolor en historia compartida.

  • El tono del libro es deliberadamente tierno: la ternura es poco común en la literatura política, sugiriendo que la bondad también puede ser una forma de resistencia.

  • El libro no busca convencer sino hacer responsable al lector de una memoria, poniéndolo como testigo indirecto de una injusticia. Esto genera una ética de la lectura ya no se puede decir “no lo sabia”

  • Aunque narra hechos del pasado dialoga con la violencia contemporánea, la memoria histórica y los debates actuales sobre los derechos humanos.�

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  • No hay odio, ni llamada a la venganza. La literatura aquí no castiga: REPARA
  • Gran parte del libro esta contado desde la mirada del niño que fue Abad. La INFANCIA funciona como archivo emocional, filtro ético y espacio previo a la ideología

Un niño no entiende la política, pero entiende perfectamente la injusticia

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Las FARC reclutaron a más de 18.000 niños como soldados en Colombia

El tribunal que juzga los crímenes durante el conflicto ha anunciado que investigará a la guerrilla, disuelta en 2016, por forzar a menores de edad a servir como combatientes a lo largo de cinco décadas

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  • El libro se resiste a convertir a Colombia, a Medellín, en “materia literaria exótica” para el consumo externo.
  • Presenta por medio de su padre a la ciencia y la razón frente al fanatismo: El padre representa la fe en la ciencia, en la salud publica, en la educación y en el pensamiento crítico, frente a los dogmas políticos, los fanatismos armados y los discursos absolutistas.

EL LIBRO OPONE CUERPOS CONCRETOS A IDEAS ABSTRACTAS:

  • El padre trabaja con cuerpos reales : enfermos, pobres, desnutridos….
  • La violencia política habla en abstracto : la patria, la causa, el enemigo…

El miedo puede llevar a la autocensura siendo una de las victorias mas duraderas de la violencia.

El olvido que seremos no propone una memoria triunfal ni una justicia compensatoria.

Propone algo más frágil y mas difícil:

Recordar sin vengarse, narrar sin odiar, y resistir al olvido sabiendo que, al final, el olvido llegará igual

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En los años 80 y 90, Colombia experimentó problemas con los cárteles de drogas. El traficante más famoso fue Pablo Escobar, un hombre que tenía mucho poder e influencia en el país. Debido a una operación militar conjunta entre EE.UU. y Colombia, Escobar murió en el año 1993. En 1991, Colombia implementó una nueva constitución que les otorgaba más derechos a sus ciudadanos. Sin embargo, el país seguía experimentando problemas con los grupos guerrilleros, como las FARC. Este grupo es el responsable de actos de violencia y secuestros en el país.

Colombia en el siglo XX: un país marcado por la violencia

La historia de Colombia en el siglo XX se define por una violencia bipartidista (liberales vs. conservadores) que inició con la Guerra de los Mil Días y culminó en "La Violencia" (1948-1958), el surgimiento de guerrillas (FARC, ELN, M-19) tras el Frente Nacional (1958-1974) para compartir el poder, y el auge del narcotráfico en los 80 y 90, todo ello en un contexto de crecimiento económico inicial (café, petróleo) y modernización urbana que contrastó con la persistente pobreza y conflicto armado, concluyendo el siglo con desafíos de narcotráfico y consolidación del paramilitarismo.

En las décadas de 1970 y 1980, defender los derechos humanos era muy peligroso.

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“El olvido que seremos”: cine / Fernando Trueba�“Carta a una sombra” : documental / Daniela Abad

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