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“¡Señor, sálvame!”

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No adoréis a nadie,

a nadie más que a Él. (bis)

no adoréis a nadie, 

a nadie más. (bis)

No adoréis a nadie, 

a nadie más que a Él.

Canto:

NO ADOREIS A NADIE

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Porque sólo Él

nos puede sostener. (bis)

No adoréis a nadie,

a nadie más. (bis)

No adoréis a nadie,

a nadie más que a Él.

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MONICION DE ENTRADA:

El conocimiento de nosotros mismos, de nuestras miserias y oscuridades nos desconcierta. El miedo que nace de la falta de confianza en Dios, nos paraliza y debilita nuestra fe. Jesús nos llama a pasar del miedo a la fe, de la angustia a la confianza.

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Ponemos en manos de Jesús nuestros miedos y los de los hombres y mujeres que viven angustiados y amenazados por el dolor, la persecución, la injusticia...

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En situaciones de peligro y dificultad, a nosotros también nos dice Jesús: ¡ánimo, no temáis! Jesús se asombra, le parece imposible que tengamos miedo sabiendo que Él está siempre a nuestro lado.

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Oración: NUESTRAS TEMPESTADES

Jesús, Tú acompañas nuestro vivir cuando las aguas están calmadas y todo va sucediendo en armonía, sin nada fuera de lo normal. Tú estás aún más cerca de nosotros cuando de pronto surge una enfermedad, un problema de trabajo, un conflicto de relación, un desencanto, una muerte...

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Tú estás cuando las tempestades de la vida nos hacen sentir miedo, se mueve nuestra barca y dudamos de tu presencia y de tu amor. Tú, que conoces nuestras tormentas, nos tienes siempre envueltos en tu amor, estás esperando que nos pongamos con confianza en tus brazos.

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Tú sólo esperas que tengamos fe en ti, que creamos, de verdad, que acompañas siempre nuestra vida, y que en ti nuestro valor aumenta y nos llenas de fuerza, para poder con todo lo que la vida nos depare, y que sepamos que siempre vives dentro de nosotros, que somos personas habitadas, impulsadas desde dentro por ti. Amén.

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Nada nos separará

del amor de Dios. . (3 veces)

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Canto de Adoración:

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19º Domingo del Tiempo Ordinario

06 de agosto de 2026

Ciclo A

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EVANGELIO: (San Mateo 14, 22‑33)

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.

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Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»

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Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.» Él le dijo: «Ven.» Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.» Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»

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En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante Él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios.»

Palabra del Señor

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Reflexión.-

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SEÑOR SOCORRENOS

Meditación en imágenes

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“PADRE NUESTRO”

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Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

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BENDICIÓN.-

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V. Les diste pan del cielo.

R. Que contiene en sí todo deleite.

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Oremos: Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tú Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.