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“Déjate iluminar por el amor de Dios”

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Cantemos al Amor de los amores,�cantemos al Señor.�¡Dios está aquí! Venid, adoradores;�adoremos a Cristo Redentor.

¡Gloria a Cristo Jesús! Cielos y tierra,�bendecid al Señor.�¡Honor y gloria a ti, Rey de la Gloria;�amor por siempre a ti, Dios del Amor!

Canto: CANTEMOS AL AMOR DE LOS AMORES

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Me tengo que dejar iluminar por Dios. Si tengo con el Señor una relación personal de amor, si estoy viviendo una vida de piedad, recibo la luz de Cristo, que ilumina mi consciencia y guía mis pasos, y me ayuda a saber qué es lo que tengo que hacer.

MONICIÓN DE ENTRADA:

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De lo contrario, ¿cómo voy a ser testigo de la luz, testigo de la esperanza? El testigo no habla de lo que le han dicho, habla de lo que ha visto, de lo que ha experimentado.

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Oración:

Cuando estamos contigo a solas,�cuando hacemos silencio,

cuando nos ponemos a tu escucha�nos ocurre lo mismo

que a Pedro, a Santiago y a Juan,�que nos cambias del todo,�sentimos que nuestra vida se transfigura

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porque tú nos pones en contacto�con lo mejor de nosotros mismos,�tú nos descansas del trajín cotidiano,�nos impulsas a perdonar,�nos reconcilias con nosotros mismos,�nos haces los protagonistas

de nuestra historia diaria

y nos llenas de tu amor.

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Al estar en la presencia

de tu divinidad,

y al contemplar

la hermosura

de tu santidad,

mi espíritu se alegra

en tu majestad.

Te adoro a Ti,

te adoro a Ti.

AL ESTAR EN TU PRESENCIA

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Cuando veo la grandeza

de tu dulce amor,

y compruebo la pureza

de tu corazón,

mi espíritu se alegra

en tu majestad.

Te adoro a Ti,

te adoro a Ti.

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Y al estar aquí, delante de Ti, te adoraré.

Postrado ante Ti,

mi corazón te adora, oh Dios.

Y siempre quiero estar

para adorar,

y contemplar tu santidad.

Te adoro a Ti,

Señor te adoro a Ti.

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2º Domingo de Cuaresma

1 de marzo de 2026

Ciclo A

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EVANGELIO: ( San Mateo 17, 1-9 )

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.

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Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.

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De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

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Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo». Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.

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Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis». Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.

Palabra del Señor

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Reflexión.-

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“PADRE NUESTRO”

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

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No adoréis a nadie,

a nadie más que a Él.

No adoréis a nadie,

a nadie más que a Él.

No adoréis a nadie, 

a nadie más.

No adoréis a nadie, 

a nadie más.

No adoréis a nadie, 

a nadie más que a Él.

Canto:

NO ADOREIS A NADIE

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Porque sólo Él

nos puede sostener. Porque sólo Él

nos puede sostener.

No adoréis a nadie,

a nadie más.

No adoréis a nadie,

a nadie más.

No adoréis a nadie,

a nadie más que a Él.

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BENDICIÓN.-

V. Les diste pan del cielo.

R. Que contiene en sí todo deleite.

Oremos: Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tú Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.