Ida in an interior with piano, Vilhelm Hammershøi
La estética filosófica y la capacidad simbólica
Filosofía BACHILLERATO
© grupo edebé
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1. La capacidad simbólica
1.1. Los símbolos
1.2. El ser humano, animal
simbólico
De pequeños, descubrimos el mundo a través del lenguaje.
Ferdinand de Saussure (1857-1913) desarrolla la teoría del signo lingüístico, que distingue, como ya vieron los estoicos, entre significante y significado. El significante es una imagen o sonido, mientras que el significado es el concepto que, mediante el significante, expresamos.
Signo natural
Mantiene una relación de semejanza o de causalidad entre el significado y el significante, como el humo es signo de fuego.
Signo convencional
No existe más relación entre el significado y el significante que la convención, es decir, el acuerdo o el uso social. El concepto de tranquilidad, por ejemplo, seguiría siendo el mismo si en lugar de la palabra «tranquilidad» tuviera otra como significante.
El ser humano guarda una relación simbólica con el mundo. Se vale de signos siempre que quiere referirse al mundo, pensar o expresarse en un entorno social.
Ernst Cassirer (1874-1945), en Filosofía de las formas simbólicas, define al ser humano como animal simbólico, sustituyendo la clásica concepción del hombre como ser racional o animal racional, en vista de que la conducta humana muchas veces es irracional pero, en cambio, no podemos desprendernos de lo simbólico.
El hombre, según Cassirer, habita en un universo simbólico. Esto quiere decir que los símbolos no son una mera herramienta de comunicación, sino que forman parte de nuestra esencia.
Las formas simbólicas más complejas son el mito, la religión, la ética, la política, el arte y la ciencia. La suma de estos elementos simbólicos es la civilización.
1.3. La creatividad
La creatividad tiene que ver con la imaginación y la capacidad simbólica, pues ambas son indispensables para el desarrollo de nuevas ideas o de formas de hacer que rompan y redefinan los moldes establecidos. El talento creativo es la capacidad creativa altamente desarrollada.
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1.4. La expresión artística y la
filosofía
Filosofía y literatura
El arte es a la vez el ámbito más propio de la creatividad y un medio de expresión que no excluye la transmisión de conceptos.
El formato más común en filosofía es el ensayo. Con una extensión mayor que un artículo y menor que un tratado, el ensayo permite la exposición de una sola cuestión, debidamente desarrollada a partir de un examen histórico que dé cuenta del lugar que ocupa esa cuestión en la filosofía o en otras disciplinas del conocimiento, así como el uso de los conceptos relacionados, si es conveniente. Un ensayo permite un tratamiento adecuado, que presente razones de aquello que se afirma y refutaciones de aquello que se niega. Un artículo, en cambio, se quedaría corto, mientras que un tratado entero para cuestiones aisladas resulta demasiado extenso.
Filosofía y arte
«El arte es la filosofía que refleja un pensamiento (…), una obra de arte debería dejar perplejo al espectador, hacerle meditar sobre el sentido de la vida (…), el arte es una fuente de conocimiento, como la ciencia o la filosofía. Si las formas no son capaces de herir a la sociedad que las recibe, de irritarla, de inclinarla a la meditación, si no son un revulsivo, no son una obra de arte.»
Antoni Tàpies (1923-2012)
Filosofía y música
No obstante, la filosofía ha hecho incursiones en el ámbito de la literatura, como es el caso de los diálogos de Platón, los aforismos de Heráclito y los de Nietzsche, la novela La náusea y las piezas teatrales de Sartre o los poemas de María Zambrano.
En estos casos, el formato literario ha servido, por razones distintas en cada caso, a la transmisión de ideas filosóficas.
Las artes plásticas, aunque no sean lingüísticas como la literatura o la filosofía, no son completamente ajenas al concepto. De hecho, son aptas para la metáfora y pueden aportar una aproximación al concepto distinta de la del lenguaje, a la que estamos más acostumbrados.
En la Antigüedad, Pitágoras descubrió la relación entre la música y las matemáticas. Lejos de ser irrelevante, este descubrimiento permite el desarrollo de la música tonal en Occidente. Además, Platón desarrolló la teoría de la música de las esferas, según la cual los planetas y las estrellas emiten sonidos armoniosos que no podemos oír.
«La música puede ser comparada con un lenguaje universal, cuya cualidad y elocuencia supera con mucho a todos los idiomas». Schopenhauer
«Sin música, la vida sería un error». Nietzsche
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2. La estética
2.1. La experiencia y actitud
estética
La experiencia estética es a la vez emocional e intelectual, ya que nos resulta difícil de comunicar y supera la simple satisfacción de los sentidos. Nos la proporciona el objeto estético, que suele ser la obra de arte, pero también puede ser un paisaje de la naturaleza.
2.2. El juicio estético
En el juicio estético enunciamos una proposición en la que se relaciona un objeto con una cualidad estética. Podemos emitir un juicio estético sobre cualquier objeto, no necesariamente tiene que ser una obra de arte.
La estética es una disciplina filosófica que tiene por objeto de estudio la belleza y, de modo especial, las condiciones que hacen bellas las obras de arte.
Para que se dé la experiencia estética es necesaria una actitud desinteresada ante el objeto estético, no en el sentido de no darle importancia, sino de no pretender obtener provecho o beneficio de él.
El juicio estético en Kant
«Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las bellas artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de la Santa Cruz, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme».
Stendhal (1783-1842)
Así, el juicio estético va más allá de las preferencias personales. Cuando decimos: «Esta obra no me gusta», no emitimos un juicio estético, pero sí lo hacemos cuando decimos: «Esta obra es mala desde un punto de vista artístico». Como vemos, esta consideración excluye las valoraciones personales de ser consideradas juicios estéticos, pues sería ridículo pretender que cuando emito un juicio a nivel personal ese juicio es universal.
La filosofía kantiana no restringe el juicio estético a la subjetividad; al contrario, los juicios estéticos son universales.
El sentido del gusto es a la vez subjetivo e intersubjetivo.
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3. La belleza
Para muchos autores, la belleza es lo que resulta agradable a los sentidos y que, por tanto, causa placer. Sin embargo, la insuficiencia de esta explicación queda de manifiesto en el hecho de que muchas cosas que son agradables no las consideramos bellas.
3.1. Definición
3.2. Tipos de belleza
La fealdad a nivel formal
Se opone a la belleza en cuanto que esta es armoniosa, proporcionada y equilibrada. En este sentido la fealdad es deformidad, desproporción, desfiguración y desmesura.
Algunos consideran que la belleza es una cualidad del objeto, de modo que podemos emitir juicios universales al respecto; otros consideran que está en la mirada del sujeto, de modo que no hay objetividad ni universalidad al respecto.
Distinguimos la belleza natural de la belleza artística; una pertenece a las obras de arte y la otra a las imágenes y los sonidos de la naturaleza.
Las obras de arte pueden ser miméticas, como ocurría siempre en la Antigüedad, e imitar la naturaleza, o establecer su propia estética.
Kant, además, distingue entre la belleza adherente, que posee un objeto en cuanto se corresponde a la idea que tenemos de cómo debe ser, y la belleza libre, que posee un objeto por sí mismo independientemente de su finalidad.
3.3. Belleza y fealdad
La fealdad, podemos decir, es lo contrario a la belleza, su opuesto.
Aunque, por sí misma, esta definición no aporta suficiente conocimiento acerca del concepto de fealdad, si la examinamos podemos distinguir una doble oposición a la belleza; por un lado, formal, y por otro, material.
La fealdad a nivel material
Si lo que es éticamente loable, como la bondad, el valor o la sinceridad, es bello, entonces lo éticamente reprobable, como la maldad, la crueldad o la mentira, es feo.
Es en el Romanticismo cuando la fealdad, hasta cierto punto, irrumpe por primera vez en la historia del arte. Aparecen obras donde la desproporción y la lobreguez son representadas con fines expresivos. Sin embargo, no es hasta el siglo XX cuando el arte pone patas arriba esta concepción común y tradicional, y sitúa, a veces deliberadamente, lo feo en el lugar que correspondía a lo bello, dándole un valor estético y artístico por sí mismo.
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4. El arte
4.1. Concepciones del arte
El arte como imitación
El arte debe ser una copia o imitación de la realidad. Es una concepción propia de las culturas antiguas y de corrientes como el Naturalismo y el Realismo.
4.2. Funciones del arte
El arte como expresión
El arte debe ser una muestra de emociones y sentimientos vivenciales difícilmente expresables de otro modo. Es propia del Romanticismo y también del Expresionismo.
El arte debe desprenderse de la pregunta sobre su utilidad y su finalidad, pues es un valor en sí mismo.
El arte como forma
Lo propio del arte es la forma y no el contenido; es decir, su pura materialidad despojada de expresiones subjetivas. Esta concepción es propia del arte abstracto.
El arte como realidad imaginativa
El arte no está en la obra física sino en la imagen mental del autor.
El arte por el arte
El arte no cumple ni debe cumplir ninguna utilidad ni función, pero no porque sea un valor en sí mismo, sino porque satisface una necesidad humana.
El arte como necesidad de la naturaleza humana
El arte es un medio para huir de una realidad insatisfactoria.
El arte como evasión
El arte purifica al espectador de ciertas pasiones que, liberadas directamente, serían perjudiciales. En este sentido, el arte es catártico.
El arte como purificación
Si el arte tiene algún valor es porque transmite y promueve valores éticos, sociales, culturales, etc.
El arte humanizador
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4.3. La obra de arte y su
interpretación
La obra de arte es un objeto artificial porque no la produce la naturaleza sino el ser humano. Ahora bien, no todo objeto artificial es obra de arte.
¿A todos, a pesar de las diferencias culturales y educativas, nos es posible acceder por igual a la experiencia estética?
Los críticos y los filósofos del arte suelen señalar que en la fruición estética cabe diferenciar dos momentos: el de la contemplación y el de la reflexión. Para muchos autores, en un primer momento es preciso acercarse a la obra de arte con una actitud desinteresada y simplemente gozar de ella. Para sentir ese placer y vivir esta experiencia, no sería necesario tener conocimientos sobre arte: todos por igual podemos gozar de la belleza que proporciona la obra. Luego, puede venir o no un segundo momento, el de la reflexión. Entonces, se analiza y estudia esa obra para poder interpretarla y entenderla.
Acerca de la contemplación hay dos posturas.
Contextualismo
Para entender e interpretar correctamente la obra artística de un autor, así como para poder apreciarla en su justa medida, es necesario conocer el contexto global o el marco en que se inserta esa obra particular. Así, se hacen necesarios conocimientos acerca de la vida del artista, su intención, su marco cultural e histórico, etc.
Aislacionismo
Para poder apreciar y entender una obra de arte no es necesario salir fuera de la obra misma. El arte solo requiere una contemplación abierta y una auténtica atención, pero no precisa de ningún otro conocimiento externo. Si se hace necesario recurrir a conocimientos acerca del autor, la época, los medios, etc. para entenderla, entonces no es realmente una obra de arte. El arte, pues, es autónomo en cada caso.
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