El problema filosófico del conocimiento
Filosofía BACHILLERATO
© grupo edebé
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Retrato de Immanuel Kant,
Ehrgott Andrés Wasianski
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1. La teoría del conocimiento
La epistemología o teoría del conocimiento se pregunta por todo lo referente al conocimiento: qué es, cómo lo adquirimos, cuán fiable es nuestra adquisición, cuáles son sus límites y si hay diversos conocimientos o uno solo y, en caso de haber varios, cuáles son.
1.1. Concepto y grados de
conocimiento
Cuando creemos algo, estamos seguros de ello y además podemos demostrarlo; eso que creemos es objetivo y se puede considerar conocimiento.
1.2. Herramientas del
conocimiento
Las opiniones no se pueden considerar una forma de conocimiento, puesto que son apreciaciones subjetivas que no se sustentan en ninguna prueba. Las creencias, por otro lado, tampoco lo son, puesto que de algunas albergamos dudas acerca de su cumplimiento y de otras, aunque mostramos seguridad, no podemos demostrar su veracidad.
El conocimiento es una explicación de la realidad que comprende sus causas y puede predecir algunas consecuencias.
¿Cómo se adquiere el conocimiento?
¿Qué es el conocimiento?
Percepción
Nos permite construir representaciones de la realidad, pues nos pone en contacto con ella mediante los sentidos, a los cuales unifica.
Memoria
Nos permite retener los datos que la percepción nos aporta.
Imaginación
Es reproductora, pues nos permite traer a la mente las imágenes y los datos de la percepción y la memoria, pudiendo de este modo representarnos la realidad; además, es creadora, constituye nuestra capacidad para generar representaciones nuevas a partir de las que se basan puramente en la percepción.
Inteligencia
Es la capacidad de procesar información y comprenderla, así como de resolver problemas. Se apoya en la capacidad simbólica, esto es, en el uso del lenguaje articulado y la abstracción mental.
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1.3. El proceso de conocimiento:
la abstracción
1.4. La epistemología kantiana
La abstracción es el proceso por el cual formamos conceptos y los empleamos.
El concepto de árbol, por ejemplo, no es lo mismo que un árbol que alguien pueda tener en su jardín, de tal modo que esa persona señalaría su árbol y diría «esto es árbol»; solo ese árbol sería árbol y nada más en el mundo. Si fuese así, el concepto de árbol no supondría ninguna abstracción, se referiría a ese objeto tal como es y a ningún otro, pero quien quisiera saber qué es un árbol no tendría más remedio que remitirse a ese y suponer que cualquier otro objeto que nosotros conocemos como árbol es, en realidad, otra cosa. Hasta aquí puede parecer anecdótico, pero si esto ocurriera con todos los conceptos, entonces tampoco podríamos decir de las cosas que son de tal color, que tienen tal forma, ni siquiera diríamos «esto es una cosa», puesto que todas las cosas tendrían, simple y llanamente, un nombre que no podríamos usar para nada más.
Entre los siglos XVII y XVIII se debatió sobre el origen de los conceptos; los empiristas sostenían que era la experiencia y los racionalistas, que en parte eran innatos.
Vemos, pues, que para hablar y conocer necesitamos conceptos y que los conceptos son abstractos, pues se refieren a diversos objetos o a ninguno, pero nunca son el nombre propio de una sola cosa. «Árbol» se refiere a aquello que tienen en común todos los árboles; de esta manera, podemos conocer realmente qué son los árboles, qué tienen en común, qué tipos hay, etc.
La sensibilidad
La teoría del conocimiento kantiana recoge aspectos del racionalismo y del empirismo. Supone un antes y un después en la epistemología y, en general, en la filosofía.
La sensibilidad es la capacidad de obtener datos externos, lo cual es indispensable para alcanzar conocimiento.
Sin noción del espacio y el tiempo, no sería posible para la sensibilidad obtener datos, pues no podría ubicarlos.
El entendimiento
Crea una síntesis, llamada fenómeno empírico, de los datos que la sensibilidad obtiene, ordenándolos; de otro modo serían caóticos y no podríamos entenderlos.
El entendimiento trabaja a partir de unos conceptos llamados categorías, las cuales son innatas y compartidas por todos los seres humanos; si tuviéramos que adquirirlas de lo que la sensibilidad capta, nunca lo haríamos, porque ningún dato recibido estaría estructurado y, así, nunca se convertiría en conocimiento.
La categoría de sustancia, por ejemplo, permite que agrupemos en una varias sensaciones, pudiendo discernir objetos; la de causalidad, por otra parte, permite que conectemos percepciones en una sucesión temporal en que unos fenómenos son causa de otros.
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1.5. Racionalidad teórica y
práctica
La razón
El entendimiento, sin embargo, no se hace preguntas acerca de la realidad, solo la ordena acorde a las categorías. Es la razón la facultad por la que nos preguntamos el porqué de las cosas.
La razón no está satisfecha con conocer por qué ocurren algunos fenómenos; quiere explicar la totalidad, de modo que se pregunta:
El problema de estas preguntas es que van mucho más lejos de lo que el entendimiento, con sus categorías, puede entender. No tenemos, pues, capacidad para responder a tales preguntas, con lo que Dios, la libertad y el mundo se convierten en un todo que responde a un sentido, en entidades metafísicas fuera de nuestro alcance.
Hemos visto el uso teórico de la razón, el que pregunta y formula juicios acerca del mundo; su sed infinita de respuestas y sus límites, las preguntas para las que nunca tendrá una respuesta que pueda considerarse conocimiento objetivo del mundo.
La razón tiene, sin embargo, otro uso, para el que Kant habla de razón práctica.
Hay juicios de la razón teórica que son o pueden ser conocimiento objetivo: los que hacemos cotidianamente acerca de cosas que nos ocurren o de las que somos testigos, los conocimientos científicos y los teoremas de la lógica y las matemáticas.
La ética depende de la razón práctica. Esta no se pregunta por entidades metafísicas sino que se pregunta por la propia conducta. Queremos saber qué debemos hacer, cuál debe ser nuestra conducta, qué es lo correcto. La razón práctica, así, quiere también conocer algo que va más allá de las categorías del entendimiento. Pero en este caso es legítimo; en este caso puede darse ella misma la respuesta. Es decir, los hombres y mujeres, puesto que poseemos razón, en su uso práctico podemos formular máximas de conducta que definan lo que debemos hacer. Para Kant somos autónomos: mediante la razón podemos darnos cada uno nuestras máximas y seguirlas. Eso sí, de acuerdo al imperativo, que también la razón alcanza, para que nunca pueda considerarse una máxima el uso de alguien como medio para un fin.
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2. La verdad
2.1. Verdad de hechos
Algunos filósofos distinguen entre auténtica realidad y realidad aparente o, simplificando, realidad y apariencia:
2.2. Verdad de proposiciones
Como las proposiciones formales no afirman nada del mundo, no se refieren a hechos, para ellas solo vale la verdad como coherencia; no tendría sentido plantearse, para una proposición matemática, si es verdad por su adecuación al mundo o por las consecuencias que acarrea. Estas teorías quedan descartadas porque las proposiciones formales no afirman hechos ni tampoco prescriben prácticas.
La verdad se puede predicar de los hechos o de las proposiciones. Un hecho no es verdadero exactamente en el mismo sentido en que una afirmación es verdadera.
Muchas veces la filosofía ha considerado las apariencias como una ocultación de la realidad. Así visto, el conocimiento consiste en desvelar la verdad, que a simple vista nos es oculta, pensando más allá de nuestras percepciones. Cuando el conocimiento se considera un desvelamiento, la experiencia, es decir, los datos que aportan los sentidos, no se considera que puedan por sí mismos conducir a la verdad. De hecho, por sí mismos se considera que la ocultan, por muy útiles que puedan ser a otros fines, por lo menos parcialmente, y que la clave para conocer la verdad debe ser otra; por lo común, la razón. En otras palabras, que la verdad misma –esto es, la verdad que no es a medias, ni en parte, ni muy similar, sino plenamente real– no es visible a los ojos, sino al pensamiento, mientras los ojos nos la muestran tras un velo equívoco.
Verdad de las proposiciones empíricas
Verdad de las proposiciones formales
Verdad como correspondencia
Una proposición es verdadera cuando hay adecuación entre lo que expresa y la realidad.
Verdad como coherencia
Una proposición es verdadera cuando no entra en contradicción con el resto de las proposiciones aceptadas.
Verdad como éxito
Una proposición es verdadera cuando obtenemos beneficios al ponerla en práctica.
Como hay dos tipos de proposiciones, las empíricas y las formales, análogamente hay dos clases de verdad.
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2.3. Criterios para reconocer la
verdad
Un conocimiento es evidente cuando produce una certeza que nos impide dudar de su verdad. En otras palabras, tenemos certeza de un conocimiento cuando es imposible que sea falso.
La evidencia
La intersubjetividad
Se han planteado dos criterios, a cuya luz deberíamos poder identificar la verdad.
Por ejemplo, es evidente que «A es A» o que «el todo es mayor que las partes»; son proposiciones que, por más que quisiéramos, no podríamos hacer falsas. Ni siquiera dudamos de su verdad, sino al contrario, las reconocemos como verdaderas nada más escucharlas
Insuficiencia de este criterio
El problema de la evidencia como criterio es que se basa en un reconocimiento subjetivo de algo como verdad indudable. Sin duda, nos parecen evidentes muchas cosas que no son, objetivamente, tan indudables como «A es A». La subjetividad hace de la certeza un criterio falible, dudoso, que fácilmente puede confundir juicios dependientes de factores sociales, contingentes, con verdades rigurosas.
Una creencia es verdadera, es decir, constituye conocimiento, cuando es aceptable por cualquier sujeto racional.
La verdad, así, lo es por consenso de una comunidad que se define por poseer razón. Dado que conocimiento y objetividad deben ir de la mano, este criterio supone que la racionalidad que comparten los sujetos, cuya aceptación de la verdad debe coincidir, es la misma y es objetiva en cuanto a aquello que puede o no puede aceptar como verdad.
Insuficiencia de este criterio
Aunque es cierto que los conocimientos verdaderos han de ser admitidos por todos los sujetos, no es cierto lo contrario; esto es, que lo admitido por todo el mundo haya de ser indudablemente verdadero. No solo uno o algunos sujetos pueden equivocarse, admitiendo como verdad algo que no lo es o no admitiendo aquello que todo sujeto debería admitir, sino que toda una comunidad puede caer en este error.
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3. Los límites del conocimiento
A pesar de lo mucho que se ha llegado a dudar de la verdad, incluso hasta el punto de negarla, la falta de entusiasmo por avanzar hacia la verdad trae consigo consecuencias negativas. Debemos esforzarnos constantemente por salir de la ignorancia y del error, pues de otro modo nos veríamos desarmados de argumentos ante la barbarie, la injusticia o la tiranía; no tendríamos cómo condenar estos actos, porque asumiríamos que son fruto de opiniones tan válidas como la nuestra. La búsqueda de un conocimiento objetivo y, por tanto, la confianza en que existe la verdad más allá de las opiniones, nos ha permitido condenar toda clase de errores del pasado, que forman parte de la historia, permitiéndonos avanzar.
3.1. La posibilidad de conocimiento
3.2. La conquista de la verdad: una
tarea colectiva
El dogmatismo
Podemos adquirir conocimiento seguro y universal y tener absoluta certeza de ello. Hay, además, progreso en el conocimiento, de modo que cada vez sabemos más cosas.
El escepticismo
En oposición al dogmatismo, el escepticismo moderado duda de que sea posible un conocimiento firme y seguro, mientras que el escepticismo radical llega a negar esa posibilidad.
El criticismo
El conocimiento es posible, pero nunca es definitivo, sino que debe estar sujeto a constantes revisiones y críticas.
El relativismo
No es posible un conocimiento objetivo y universal. No hay verdades absolutas, solo opiniones particulares.
El perspectivismo
Cada sujeto conoce la realidad desde un punto de vista parcial, que no es falso pero no recoge la realidad en su totalidad. Para saber si hay una verdad absoluta, deberíamos reunir todos los puntos de vista.
Nuestra responsabilidad para salir de la ignorancia y del error es, a la vez, permanente y colectiva. No podemos, en ningún momento, renunciar a esta responsabilidad, arriesgándonos a caer en engaños y manipulaciones. Al mismo tiempo, el conocimiento y la búsqueda del conocimiento es menester de todos, no solo de unos pocos o de muchos, sino de todos y de todas sin excepción.
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3.3. Comprobación de la validez
de los razonamientos
Tablas de verdad
Las reglas de inferencia
Una tabla de verdad es un gráfico que contiene todos los valores de verdad posibles de un enunciado complejo. Para construirla, se recurre a los posibles valores de verdad de todos los símbolos lógicos que conforman el enunciado, que permiten exponer en la misma tabla los posibles valores de verdad de los enunciados simples que componen el enunciado complejo. Como el valor de verdad de un enunciado complejo depende del valor de sus enunciados simples, por el mismo proceso que obtenemos los posibles valores de verdad de estos, obtenemos también los del enunciado complejo.
Todo razonamiento puede transformarse en un condicional cuyo antecedente es la conjunción de las premisas y el consecuente, la conclusión.
Las tablas de verdad nos muestran claramente que hay tres tipos de enunciado:
Son reglas que nos permiten pasar de unos enunciados a otros formando inferencias formalmente válidas.
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