Confesión
Ella F. Lee
'School is shortened, discipline relaxed, philosophies, histories, languages dropped, English and spelling gradually neglected, finally almost completely ignored'
RAY BRADBURY, Fahrenheit 451
Hola, buenos días. Me llamo Ella y soy adicta. No sé qué me pasa ni por qué me pasa. Sé, eso sí, que necesito tomar pequeñas dosis de esta sustancia todos los días. De niña me hacía reír la maestra de inglés cuando dibujaba diez botellas de vidrio en la pizarra verde y nos animaba a cantar con ella ten green bottles hanging on the wall, ten green bottles hanging on the wall... (Bebe un sorbo de una copa de cristal).
Aquellos años de mi infancia supe de la existencia de un Patito feo criado entre una familia de gansos. El patito crecía un poco cada día, y cada día se veía a sí mismo distinto. Creció y se dio cuenta de que era diferente. Extranjero. Antes de llegar al colorín, colorado -porque este cuento aún no se ha acabado- el patito resultó ser un cisne. Unas noches era ella, mi madre, la que me leía sentada en la cama, y otras era mi padre quién me contaba lo que decían las letras hasta que yo me quedaba dormida pensando en El soldadito de plomo enamorado de una bailarina, la niña que iba a ver a su abuela y coincidía en el camino con un lobo hablador que le decía lisonjas acerca de la Caperucita Roja que lucía aquel día. En fin, todas mis noches se llenaban de cuentos. Nulla dies sine linea.
Un día descubrí la fuerza de los símbolos, el significante y el significado organizados en un código. Fue una revelación, y también una condena porque todo lo que nos gusta demasiado, todo lo que nos apasiona nos hace sufrir. Hay cosas en el mundo que nos atraen simplemente por su apariencia. La mano de Robinson coge del cuello la botella que antes le había hecho compañía y la arroja al mar. Ahí, en el interior de ese vidrio guarda la ilusión de un mensaje escrito en lenguaje de náufrago, cargado de vino y desdicha. Los días para un hombre en la isla parecen semanas, las semanas son meses y Robinson Crusoe siente que ha estado viviendo más de Cien años de soledad.
El solitario dibuja las tres letras de socorro -S.O.S- a continuación de un Manifiesto hecho a medias por él mismo y unas páginas arrancadas de un libro salvado del resto del naufragio que a lo mejor podremos leer algún día. Robinson bebe más de lo que debería beber, aunque nadie puede decirle que beber tanto le hace mal. Robinson lee mucho. Antes que anochezca habrá leído otra aventura de Los cinco amigos de los que escribe Enid Blyton. Yo también soy adicta, pero creo que ya lo había dicho. (Me tomaría una copita de rioja bien fresquito)
No querría aburrir a ninguno de los que ha venido a esta reunión. Me recuerda a un club de lectura en el que todos hablan desde la frontera de su yo. Hablar de uno mismo y ser capaz de verse. A veces creo que hablo sola, que nadie me escucha. Otras veces pienso que solo una persona presta atención como un lector único. Quiero decir aquí hoy por qué me he atrevido a hablar de mi adicción. Quiero compartir con ustedes -con usted- mi obsesión; mejor aún, mi fascinación por ese otro mundo paralelo más allá de la razón y la mesura. Quiero explicar qué hace que una persona independiente como yo llegue a convertirse en una esclava. Me estoy matando literalmente todos los días por culpa de esta droga. Soy incapaz de parar esta enfermedad. El caso es que quiero vivir. Quiero vivir muchas vidas en una sola vida, en mi cuerpo. Amo la vida. Yo amo la vida. Y, sin embargo, estoy sufriendo. No quiero caer en la trampa. No quiero pensar que una empieza la vida el mismo día que deja el vientre de la madre.
Posiblemente, la vida empezó mucho antes. Hay gente que cree que todo se encuentra en la cabeza. No se puede decir qué día, qué mes y qué año comienza la vida. Eso pasa cuando se humedece los labios con la lengua para la próxima copa, cuando Ella lee en voz alta estos versos 'Mujer el mundo está amueblado por tus ojos' y anota el nombre del autor en su cuaderno: Vicente Huidobro. Y mira a su alrededor y pasea despacio para entrar en el cubo de Rubik de la ciudad sureña. Antes de entrar al templo rápido Lee lee el mal consejo de un graffiti: Tonto el que lo lea. Se sonríe porque lo ha leído y sabe que de tonta no tiene nada. Sube los escalones de la entrada, se adentra en el laberinto de libros mientras acaricia con los dedos los tejuelos a modo de orientación
drive.google.com/The.Library/ [THIS IS A LIBRARY. CROSSROADS OF CIVILIZATION. REFUGE OF ALL THE ARTS. AGAINST THE RAVAGES OF TIME, et cetera]�
Elige/elijo dos volúmenes de los Diarios de Anaïs Nin, Hojas de hierba de Whitman, y Todos los fuegos el fuego, Historias de cronopios y de famas, Octaedro de Cortázar. Ay, el final inesperado de 'Liliana llorando' -"que espere por lo menos a que sea de día antes de decírselo a Liliana, antes de arrancarla a ese sueño en el que por primera vez no está más sola" (...) Ella no es una mujer ingenua; ella es una mujer leída: yo no soy tonta.
'More than anything else. Jonathan Livingston Seagull loved to fly.' (RICHARD BACH). Mi dependencia de las letras que conforman palabras que conforman frases que conforman párrafos en un mensaje encerrado en aquella botella lanzada al mar por un náufrago da sentido a mi existencia de decodificadora de textos escritos. El breve Manifiesto Crusoe se basa en los derechos del lector redactados y meditados por el francés Daniel Pennac que dice así: 1. El derecho a no leer / 2. El derecho a saltarnos páginas / 3. El derecho a no terminar un libro / 4. El derecho a releer / 5. El derecho a leer cualquier cosa / 6. El derecho al bovarismo / 7. El derecho a leer en cualquier sitio / 8 .El derecho a hojear / 9. El derecho a leer en voz alta / 10. El derecho a callarnos *.
Crusoe quiere leer todo lo que le venga en gana y profetiza un mundo con dificultades para acceder a los periódicos. Hoy, yo me tropiezo con textos parciales que no permiten su lectura completa si una no es suscriptora, es decir, si no paga una cuota. El acceso a cualquier texto debería ser abierto. Si el mensaje solo es visto por unos pocos, el resto de individuos no lo conoce. En consecuencia, lo que no se ve no existe; es más, lo que no se lee no se comunica ni se difunde. (¡Qué bien me sentaría ahora mismo un trago!)
Leí una versión traducida a mi lengua madre del librito de Antoine de Saint-Exupéry titulado Le Petit Prince. Me encantó el texto desde la dedicatoria al amigo del escritor, León Werth: 'Je demande pardon aux enfants d’avoir dédié ce livre à une grande personne. J’ai une excuse sérieuse: cette grande personne est le meilleur ami que j’ai au monde' [Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una excusa seria: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo].
Creo que este fue el primero de los libros de mi biblioteca. La edición de bolsillo estaba preparada por Alianza Editorial y era rústica, quiero decir, de pasta blanda. Los dibujos de la primera página, la ambigüedad y la poesía del principito me encadenaron al código. Leo por motivos como este. Leo para encontrarme en las líneas escritas por hombres y mujeres solitarios que han pensado más que otros hombres. Leo por culpa de las Memorias de Adriano, El Conde de Montecristo, Jude el oscuro. Ella lee gracias a los versos que son como rezos de Cernuda, gracias al Lazarillo y gracias a Lope de Vega. Ella Lee. Lee por culpa de Shakespeare, lee por culpa de Blake y Lord Byron. Y ella lee y confía en las letras porque cree en el famoso adagio latino verba volant, scripta manent.
EllaesadictaalasletrasellaesunamujercultaellaamaloslibrosellaadoralaescrituraellaamalosdiccionariosellaamaelconocimientoellaamalavidaylaliteraturatodaellA.
No sería buena idea obligar a la gente a leer. Yo nunca lo haría. Creo, no obstante, que la novela de Bradbury, Fahrenheit 451 tendría que recomendarse a menudo, tanto como La Biblia o el uso de diccionarios.
A estas alturas me pregunto por qué bebo, qué razones tiene mi cuerpo para querer beber alcohol. Cada vez que saboreo ese licor rojo me siento renovada y fresca. Feliz. Hasta que olvido lo que estoy haciendo. Y yo quiero ser Ella, quiero ser yo misma. El vino me atonta y me adormece.
Apenas me doy cuenta de lo que digo. Me consta que el alcohol me pone sensible, vulnerable. Me emociona leer las primeras líneas del irlandés dedicadas a su amigo y amante que le ignora y le hace sufrir. Lloro fácilmente.
OSCAR WILDE, De Profundis�
Entender o tratar de entender el sufrimiento de otro ser humano nos vuelve piadosos. Y esta es una de las razones para leer. Leer mensajes, citas, refranes, versos, letras de canciones, cartas.
Los alcohólicos conocen la Tabla de los Doce Pasos que necesitan dar para enmendar el mal hecho a las personas cercanas. Me gusta el paso 8 que dice así: 'HICIMOS UNA LISTA DE TODAS AQUELLAS PERSONAS A QUIENES HABÍAMOS OFENDIDO Y ESTUVIMOS DISPUESTOS A REPARAR EL DAÑO QUE LES CAUSAMOS' (Alcohólicos Anónimos). Nada cambiará nunca sin disciplina ni esfuerzo. Para dejar una adicción una debe apartarse, pararse a pensar y decidir si quiere o no quiere seguir igual. No es fácil dejarlo, pero al menos hay que cuestionárselo. Y en caso de no querer abandonar la dependencia, no preocuparse y dejar que las cosas sigan su curso. Cada uno de nosotros tiene un camino singular.
Yo he encontrado el mío. Leía hace tiempo una sentencia acertadísima de Laura Esquivel, 'Nadie que ame la vida puede ignorar la literatura, y nadie que ame la literatura puede ignorar la vida'. En fin, la vida y la literatura, la literatura y la vida. Yo quiero una vida sabrosa, llena de textos variados. No quiero convertirme en lector de un solo libro. Me asusta el lector de esta clase. La memoria sugiere este adagio 'hominem unius libri timeo' -temo al hombre que lee un único libro-. La verdad es que ahora mismo no me viene la fuente a la cabeza, pero me bebería una cerveza fría tan a gusto.
He pasado malos momentos. Me he preocupado excesivamente por asuntos sin importancia. He desperdiciado mi vida pensando en gente estúpida que pretendía -y conseguía- hacerme daño mientras la hermosa dama me ayudaba con flores que parecen pensamientos: “The best people possess a feeling for beauty, the courage to take risks, the discipline to tell the truth, the capacity for sacrifice. Ironically, their virtues make them vulnerable; they are often wounded, sometimes destroyed.” (Ernest Hemingway)
Quiero acabar esta confesión con el recuerdo de una mujer fuerte a la que siempre he admirado por su valentía. Ella es Hester Prynne. Esta mujer se enamora del reverendo Arthur Dimmesdale y, estando casada, se queda embarazada de su amante con quien tiene una hija. El pueblo marca a la mujer adúltera con una letra A de color rojo escarlata cosida en el pecho del vestido y ella es capaz de sobrevivir a esto. Ella soy yo. Yo quiero ser ella. The Scarlett Letter fue escrita por Nathaniel Hawthorne y es una de mis obras favoritas.
El actor tejano Ethan G. Hawke explica en pocas palabras la energía aportada por la literatura - instagram.com/E.G.Hawke/the.meaning.of.poetry/ - al lector, al hombre, a la mujer que quiere soñar todas las noches un poco más que los demás.
La literatura es una pasión de inmortales
Confesión
Esta historia habla de dos adicciones difíciles de soportar:
el alcohol y las letras
por Ella F. Lee
que no es ella, sino un hombre
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Eugenio Fouz