“Jesús es la luz que ilumina a las naciones”
Canto: PANGE LINGUA
Pange, lingua, glóriosi
córporis mysterium,
sanguinisque pretiósi,
quem in mundi prétium
fructus ventris generósi
Rex effudit géntium.
Nobis datus, nobis natus
ex intácta Vírgine,
et in mundo conversátus,
sparso verbi sémine,
sui moras incolátus
miro clausit órdine.
Jesús es la luz que ilumina a las naciones y también a cada uno de nosotros. Somos iluminados y estamos llamados a difundir esa luz.
MONICION DE ENTRADA:
Primero ha de iluminar nuestro corazón por la fe. Pero después también ha de comunicar esa luz mediante las buenas obras y las palabras que edifican a los demás.
Demos gracias hoy por la luz que está en medio de nosotros. Demos gracias por todo lo que se ha hecho luz en nosotros mismos por medio de Cristo.
Oración: ME SIENTO LLAMADO, SEÑOR
Siento que me has elegido, Señor,
que desde el seno materno pensaste en mí,
que tienes para mí grandes sueños,
que me susurras al oído quién eres,
para que yo lo anuncie a los hermanos.
Tú, Señor, conoces mis dudas y miedos,
sabes bien cuándo me siento inseguro,
sabes cuándo confío sólo en mis fuerzas.
Tú actúas sacando de mí lo mejor,
sugiriéndome las palabras adecuadas
y los gestos oportunos para anunciarte.
Tú eres mi seguridad y mi pasión,
tú llenas de alegría mi corazón,
tú eres mi mensaje para el mundo,
tú eres quien me impulsa al amor,
quien despierta en mí la ternura,
quien me hace desbordar misericordia.
Y no puedo parar de contárselo a la gente,
con la autoridad que me da el sentirte,
con la seguridad que me da el saberme amado por ti. Amén.
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él. (bis)
no adoréis a nadie,
a nadie más. (bis)
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él.
Canto:
NO ADOREIS A NADIE
Presentación del Señor
2 de Febrero de 2025
Ciclo C
EVANGELIO: ( San Lucas 2, 22-40 )
Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo
escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones»
Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley,
Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor.
Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo diciendo a María, su madre: Mira: Este está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti una espada te traspasará el alma.
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana: de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Palabra del Señor
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.
Reflexión.-
Meditación en imágenes:
MI LUZ
En el Año del Jubileo Ordinario, que sitúa a toda la Iglesia bajo el signo de la esperanza que no defrauda (cf. Rom 5,5) y nos llama a convertirnos en «peregrinos y sembradores de esperanza».
JORNADA
DE LA VIDA CONSAGRADA:
El lema de esta XXIX Jornada mundial, de la Vida Consagrada, «Peregrinos y sembradores de esperanza», nos hace presente la urgente necesidad que tiene nuestro mundo de mostrar la fraternidad, la luz, la esperanza, en el Dios vivo, vencedor antes todas las desesperanzas como un bálsamo en medio de tantas divisiones y de tanto dolor producido por las rupturas, las guerras y las discordias.
La fraternidad, la alegría, la confianza en Jesús resucitado es medicina para la soledad, la tristeza y para cualquier sufrimiento.
Una invitación, a ponernos en camino, a «peregrinar» junto al pueblo de Dios, para «sembrar» y ofrecer lo que somos y tenemos, para que se cumpla su voluntad. Recordándonos, como pueblo de Dios consagrado, que todos somos hermanos y que todos estamos convocados a caminar juntos, al apoyo recíproco sin descartes ni indiferencias, en ¡activa esperanza!.
Señor Jesús, que tu gracia nos transforme
en dedicados cultivadores
de las semillas del Evangelio
que fermenten la humanidad y el cosmos,
Oración:
en espera confiada
de los cielos nuevos y de la tierra nueva,
cuando vencidas las fuerzas del mal,
se manifestará para siempre tu gloria.
Que la gracia del Jubileo
reavive en nosotros,
Peregrinos de Esperanza,
el anhelo de los bienes celestiales
y derrame en el mundo entero
la alegría y la paz de nuestro Redentor.
A ti, Dios bendito eternamente,
sea la alabanza y la gloria por los siglos.
Amén.
“PADRE NUESTRO”
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Tantum ergo Sacraméntum, venerémur cernui:
et antíquum documéntum novo cedat ritui;�praestet fides suppleméntum sensuum deféctui.
Genitóri Genitóque, laus et iubilátio;�salus, honor, virtus quoque, sit et benedíctio;�procedénti ab utróque compar sit laudátio. Amén.
Canto:
TANTUM ERGO
BENDICIÓN.-
V. Les diste pan del cielo.
R. Que contiene en sí todo deleite.
Oremos: Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tú Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R. Amén.