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“Hágase tu voluntad”

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No adoréis a nadie,

a nadie más que a Él. (bis)

no adoréis a nadie, 

a nadie más. (bis)

No adoréis a nadie, 

a nadie más que a Él.

Canto:

NO ADOREIS A NADIE

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Porque sólo Él

nos puede sostener. (bis)

No adoréis a nadie,

a nadie más. (bis)

No adoréis a nadie,

a nadie más que a Él.

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Hágase tu voluntad. Todos discípulos, todos misioneros.

Dispongamos nuestro corazón, haciendo silencio no solo externo, dejamos que Dios mismo nos invite a centrarnos, a hacer «sitio», a «sentarnos» con Jesús como la samaritana, y como ella le decimos en el secreto de nuestro corazón:

INTRODUCCIÓN:

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«Dame de beber de esa agua», para que se convierta mi corazón en un surtidor de agua viva, de agua que rompe los cauces de la división, que crea fraternidad y que nos transforma en discípulos, pregoneros del bien, del agua que repara y reconcilia, sana y recrea, limpia y fecunda.

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Todos somos peregrinos necesitados de una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia adelante, ¡a ponernos en camino! Es la hora de escuchar y acoger su voz, su voluntad y su llamada para decir: «¡Hágase tu voluntad!».

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Meditación en imágenes

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SER MISIÓN

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La Palabra de Dios nos habla

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

EVANGELIO: ( San Mateo 5, 13-16 )

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Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

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Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

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Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

Palabra del Señor

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Reflexión.-

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ORACIÓN:

Padre, ayúdanos a hacer tu voluntad

cada día, en cada momento.

 

Que no nos cansemos nunca de buscar

lo que quieres de nosotros,

para que todos, con alegría,

nos sepamos discípulos tuyos.

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Que todos, con generosidad,

nos sintamos misioneros,

enviados a llevarte allí donde tú deseas

que vivamos nuestra fe.

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Que no falten nunca jóvenes que,

reconociendo tu llamada,

digan, sin miedo: «Hágase tu voluntad»;

y que aquellos a quienes llamas

a una especial consagración,

aquí y donde la Iglesia aún está naciendo,

cuenten todos con nuestra compañía y ayuda.

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Que tu Madre, María, nos enseñe a decir:

«Hágase en mí según tu palabra»

y nos fortalezca en nuestro compromiso

contigo y con la Iglesia. Amén.

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Motivación - Reflexión.-

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REZAMOS JUNTOS

POR LAS VOCACIONES

R/. Te lo pedimos, Padre.

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R/. Te lo pedimos, Padre.

1.- Por la Iglesia, para que a través de las diferentes formas de vida que existen en su seno, renueve su amor por el Señor Jesús, un amor que desea ser fiel, entregado, ardiente y encarnado. Oremos.

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R/. Te lo pedimos, Padre.

2.- Por las familias, primer lugar de la llamada, donde muchos escucharon la voz del Señor, para que sean fuertes en el amor y fieles en las luchas, para que en ellas continúen naciendo nuevas vocaciones que renueven la Iglesia. Oremos.

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R/. Te lo pedimos, Padre.

3.- Por los jóvenes, esperanza de la Iglesia, que en medio de tanto ruido puedan distinguir la voz única y llena de atractivo del Señor Jesús que continúa llamando a los que desea para estar con él y para enviarlos a predicar. Oremos.

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R/. Te lo pedimos, Padre.

4.- Por todos los cristianos del mundo que entregamos nuestras vidas al Señor en el matrimonio, la vida consagrada, la vida sacerdotal…; para que mantengamos nuestro corazón ardiente y enamorado, capaz de entregarse por Jesús y los hermanos con alegría y pasión. Oremos.

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“PADRE NUESTRO”

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Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

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Tú, Señor, me llamas.

Tú, Señor, me dices:

Ven y sígueme,

ven y sígueme.

Señor, contigo iré,

Señor, contigo iré.

Canto: TU, SEÑOR, ME LLAMAS

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BENDICIÓN.-

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V. Les diste pan del cielo.

R. Que contiene en sí todo deleite.

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Oremos: Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tú Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.