En una pequeña iglesia de África, un joven llamado Samuel asistía fielmente a todos los cultos, aunque no podía hablar bien y tenía una pierna enyesada por una antigua fractura mal curada…
EL JOVEN DEL YESO
Isaías 6:1-8
Isaías tuvo una visión impresionante de Dios en su trono.
Al ver la gloria de Dios, sintió su pequeñez y pecaminosidad.
Pero cuando Dios preguntó: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?”, Isaías respondió con una frase que cambiaría su vida: “Heme aquí, envíame a mí”.
Lecciones claves del texto:
1. Dios no busca perfectos, busca dispuestos.
“A cada uno de nosotros se le ha asignado una obra. Nadie ha sido pasado
por alto.” — El Ministerio de Curación, p. 127
2. El llamado de Dios es personal.
“Dios exige el servicio personal de cada uno. No se puede reemplazar el trabajo
individual.” — El Camino a Cristo, p. 80
3. La misión comienza cuando uno dice “sí”.
“No todos son llamados al ministerio público, pero a cada uno se le asigna una parte en la obra.”— El Deseado de Todas las Gentes, p. 676