“Venga a nosotros tu reino”
Cantemos al Amor de los amores,�cantemos al Señor.�¡Dios está aquí! Venid, adoradores;�adoremos a Cristo Redentor.
Canto:
CANTEMOS AL AMOR DE LOS AMORES
¡Gloria a Cristo Jesús! Cielos y tierra,�bendecid al Señor.�¡Honor y gloria a ti, Rey de la Gloria;�amor por siempre a ti, Dios del Amor!
MONICIÓN DE ENTRADA:
El Reino de Dios es, sin duda, el núcleo central de la predicación de Jesús: un Reino de justicia, de paz, de amor, de verdad. Este Reino que Jesús predicó es el que nosotros queremos y deseamos, ahora aquí en la tierra y después en la plenitud de la gloria del cielo.
Cuando Jesús dice ante Pilato: «Mi reino no es de este mundo» no quiere decir que su reino se desentienda de este mundo y de su problemática, porque el Reino de Dios, con Jesús, ha empezado ya en este mundo, aunque no llegará a la plenitud hasta después de este mundo.
Lo necesitamos aquí y ahora entre nosotros, por esto lo pedimos siempre que rezamos el Padrenuestro y decimos: «Venga a nosotros tu reino».
Padre nuestro que estás y reinas en el cielo,
que estás también y quieres reinar en la tierra;
ayúdanos a ser y vivir como hermanos.
Que tu nombre sea bendito, santificado, respetado; que todos te conozcan,
y que nosotros te demos a conocer en nuestra vida.
Que venga tu Reino: que venga la justicia,
la solidaridad, la paz;
VENGA TU REINO
que nadie muera de hambre, ni de sed, ni de odio;
que nadie sea explotado, oprimido,
que nadie sea excluido, marginado, discriminado.
Que venga tu Reino, tu Espíritu, y se adueñe de nuestros corazones y empiece en ellos a reinar �con fuerza, para que nos empeñemos ya
en hacer tu voluntad en la tierra, �como se hace en el cielo;
para que anticipemos ya en el suelo
el reino de solidaridad que hay en el cielo. Amén.
Tu Reino es vida, tu Reino es verdad;
Tu Reino es justicia, tu Reino es paz;
Tu Reino es gracia, tu Reino es amor,
Venga a nosotros tu Reino, Señor.
Venga a nosotros tu Reino, Señor.
Canto:
TU REINO ES VIDA
EVANGELIO: ( San Juan 18, 33b-37 )
Preguntó Pilato a Jesús: ¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús le contestó: ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí? Pilato replicó: ¿Acaso yo soy judío?
Jesús le contestó: Mi reino no es de este mundo. Si me reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí ¿Qué has hecho?
Pilato le dijo: Conque, ¿tú eres rey? Jesús le contestó: Tú lo dices: Soy Rey.
Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.
Palabra del Señor
Reflexión.-
Meditación en imágenes:
REY DE REYES
Te sigo , mi Rey.
Porque me hablas desde el amor y con amor
cuando más te necesito.
Porque, ante la mentira que me confunde,
te muestras con la claridad de la verdad
con la justicia tendida de tu mano
con el cetro de tu autoridad.
Oración: MI REY
Te quiero, mi Rey.
Porque amaste hasta extenuarte en una cruz
y, como Rey que sirve,
desde ese trono de madera
perdonaste con palabras de misericordia.
Te sigo , mi Rey.
Porque, como gran Rey, venciste al gran enemigo,
al gran adversario del hombre:
a la muerte, a tu muerte, a nuestra muerte.
Porque, ante tanto desaliento y dudas,
nos animas a formar parte de tu pueblo. Amén.
“PADRE NUESTRO”
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él. (bis)
no adoréis a nadie,
a nadie más. (bis)
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él.
Canto:
NO ADOREIS A NADIE
Porque sólo Él
nos puede sostener. (bis)
No adoréis a nadie,
a nadie más. (bis)
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él.
BENDICIÓN.-
V. Les diste pan del cielo.
R. Que contiene en sí todo deleite.
Oremos: Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tú Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R. Amén.