CABALLITOS DE MAR
Tienen una cabeza de caballo, unos ojos de camaleón y una bolsa incubatriz parecida a la de un canguro. Los caballitos de mar parecen ser una mezcla de distintos animales, pero su mayor peculiaridad quizá sea su manera de reproducirse: son los machos, y no las hembras, las que dan a luz. Descubrimos algunas otras curiosidades de estos característicos peces
Solamente pueden ingerir presas pequeñas, dada la forma tubular de su boca. Su alimentación consiste en pequeños crustáceos y larvas planctónicas que tragan enteras, ya que no tienen dientes. Al carecer de estómago, su digestión es muy básica, lo cual les permite comer mucha cantidad. De hecho son depredadores voraces.
Son los machos, y no las hembras las que dan a luz
Una de las particularidades de estos animales es que son los machos, y no las hembras, quienes dan a luz. Durante la época de apareamiento, la hembra deposita sus huevos en la bolsa y el macho los fecunda. Se trata de un rasgo evolutivo exclusivo de los caballitos de mar. El macho inicia el parto con una serie de contracciones y expulsa al mar entre decenas y miles de crías. Tras unas dos semanas de desarrollo, nacerán los alevines, listos para nadar libremente y explorar el mundo marino. Muchos de ellos, sin embargo, no alcanzarán la edad adulta
Hay caballitos de mar de todos los tamaños
El tamaño de los caballitos de mar varía entre 2 y 35 cm de longitud. Hay algunas excepciones, como los adultos de algunas de las especies más pequeñas -como el caballito de mar pigmeo de Denise (Hippocampus denise), que habita en el Pacífico occidental tropical, desde Indonesia hasta Vanuatu, y el caballito de mar pigmeo de Satomi (H. satomiae), que habita en los océanos Índico y Pacífico tropicales, que miden menos de 2 centímetros.
Son expertos en camuflaje
La extraordinaria capacidad de camuflaje de los caballitos de mar hace que sea prácticamente imposible distinguirlos. Además de servirles para evitar a los depredadores, les permite esconderse de sus presas, algo muy útil teniendo en cuenta que son unos nadadores muy poco experimentados.
Están seriamente amenazados
La sobrepesca, la destrucción del hábitat y el cambio climático amenazan a estos peces tan delicados, lo que renueva los esfuerzos de las organizaciones conservacionistas para protegerlos. El 2004, la convención CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas) acordó establecer una protección internacional mediante el establecimiento de una talla mínima de captura que les permitiera reproducirse y al mismo tiempo ser capturados, pero no ha evitado que algunas especies, como el caballito de mar de El Cabo (H. capensis) estén abocadas al peligro de extinción.
Son unos excelentes bailarines
Podría decirse que los caballitos de mar son expertos en la práctica de danzas subacuáticas. Durante el cortejo, macho y hembra suben y bajan en el agua, como si de un tiovivo se tratase. Se colocan frente a frente, entrelazan las colas y cambian de color. Pueden permanecer juntos durante horas, e incluso días. La verdadera función es la de sincronizar los movimientos con éxitos para garantizar la transferencia de los huevos.
Se desconoce con exactitud cuántas especies existen
Los caballitos de mar y los dragones de mar pertenecen a la familia de los singnátidos, un grupo taxonómico que incluye 295 especies. Todos ellos tienen un hocico alargado, las mandíbulas fusionadas y una armadura de placas óseas. Los científicos han identificado una cuarentena de especies en todo el mundo, aunque no se sabe exactamente cuántas hay.
Viven en aguas tropicales poco profundas
Los caballitos de mar prefieren aguas tranquilas y poco profundas, prosperan en praderas marinas, manglares, estuarios y arrecifes de coral de aguas templadas y tropicales de distintas latitudes, aunque también pueden encontrarse en zonas más frías, como Nueva Zelanda, Argentina, el este de Canadá y el Reino Unido. Eso sí, a veces necesitan una zona con corrientes marinas para desplazarse, pues son muy malos nadadores y se agotan con facilidad. Se desplazan de un lado a otro sacudiendo de manera frenética su aleta dorsal (hasta 70 veces por segundo) y maniobrando con sus aletas pectorales.
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