“Déjate inundar por el Espíritu Santo”
Canto: ILUMÍNAME, SEÑOR
1.- Ilumíname, Señor, con tu Espíritu.
Transfórmame, Señor, con tu Espíritu.
Ilumíname, Señor, con tu Espíritu.
Ilumíname y transfórmame, Señor.
Y déjame sentir
El fuego de tu amor
Aquí en mi corazón, Señor. (bis)
2.- Resucítame, Señor, con tu Espíritu.
Conviérteme, Señor, con tu Espíritu.
Resucítame, Señor, con tu Espíritu.
Resucítame y conviérteme, Señor.
Y déjame sentir
El fuego de tu amor
Aquí en mi corazón, Señor. (bis)
El Espíritu Santo es la ilusión de Jesús, su regalo preferido. Aceptarlo es una muestra de gratitud. Pobres de nosotros si lo despreciamos.
INTRODUCCIÓN:
Por otra parte, si nos hemos sentido avergonzados porque no somos consecuentes con nuestra Fe, ha llegado el momento de que nos demos cuenta de que el ser cristianos, el ser santos, es una cosa demasiado grande para nuestra talla, pero que hoy, Pentecostés eterno, se nos da la posibilidad real de alcanzarlo.
Oración:
¡ESPIRITU SANTO, VEN!
No te conozco,
pero sé que nos sostienes.
No te veo, pero te siento.
Cuando estoy débil, me levantas.
Cuando me alejo de Dios,
me acercas hasta El.
Cuando olvido a Jesús,
Tú me lo recuerdas.
¡ESPIRITU SANTO, VEN!
Si no doy testimonio de mi fe,
Tú me animas.
Si me duermo en la comodidad, Tú me despiertas.
Si me conformo con los mínimos, Tú me perfeccionas.
Si estoy confundido,
Tú me aclaras.
Si tengo miedo,
Tú me das valentía.
¡ESPIRITU SANTO, VEN!
Si caigo, Tú me sostienes.
Si me equivoco, Tú me corriges.
Si me enojo, Tú me das la paz.
Si caigo en la tristeza,
Tú me regalas la alegría.
¡ESPIRITU SANTO, VEN!
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él. (bis)
no adoréis a nadie,
a nadie más. (bis)
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él.
Canto:
NO ADOREIS A NADIE
Domingo de Pentecostés
Ciclo A
28 de mayo de 2023
EVANGELIO: (San Juan 20, 19‑23)
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos.
En esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús repitió: Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo;
a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos."
Palabra del Señor
Reflexión.-
Meditación en imágenes:
DIOS DE PENTECOSTÉS
La Jornada de este año, “nos invita a que tomemos conciencia de la importancia del anuncio explícito de Jesucristo, con palabras y con obras”.
Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar
JUNTOS ANUNCIAMOS LO QUE VIVIMOS
“La sociedad actual, marcada por la secularización y el pluralismo, se coloca cada día más de espaldas a Dios y la mayoría de las personas viven como si Dios no existiera.
La misión de anunciar a Jesucristo corresponde a todo el pueblo de Dios y “la tenemos que realizar juntos, en comunión, en clave de sinodalidad”.
Como punto de partida la importancia de la oración, de los sacramentos y de “renovar nuestro encuentro con el Señor”.
También es fundamental, comunicar con lenguajes adecuados a aquellos con los que se dialoga. Por último, el testimonio, pues nuestro mundo necesita “no tanto maestros como testigos”.
Es fundamental “anunciar a Cristo con nuestro modo de vivir”, para “tocar el corazón y la mente de los que nos escuchan, porque predicamos con nuestra vida”.
“PADRE NUESTRO”
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
BENDICIÓN.-
V. Les diste pan del cielo.
R. Que contiene en sí todo deleite.
Oremos: Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tú Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R. Amén.