Si somos cristianos, nuestro punto de partida, �nuestra referencia, es Cristo
Y Jesús vivió su vida como “don de sí mismo” a los demás: �«No vine para ser servido, sino para servir y dar la vida en rescate por una multitud» �(Mc 10, 45).�
Cada día de Jesús comenzaba dedicando largos ratos a dialogar con su Abbá:
“Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, Jesús salió y fue a un lugar solitario, y allí oraba”
(Mc 1,35).
Jesús dice: “En verdad les digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto…
“…El que ama su vida la pierde; y el que desdeña su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna” (Jn 12, 24s)
En la Eucaristía, se hace “don” para generar nuestra comunión:
“Y tomando el pan, después de haber dado gracias, lo partió, y les dio, diciendo:
«Esto es Mi cuerpo que por ustedes es dado;
hagan esto ustedes en conmemoración mía…
Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre,
que se derrama por ustedes»” (Lc 22,19s).
“Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No lo es el que se sienta a la mesa?
Y sin embargo, yo estoy en medio de ustedes como el que sirve” (Lc 22,27)
Y en la Cruz, se hace “todo don”...�
Y dándose todo, une todo:
“…y cuando Yo sea levantado sobre la tierra,
atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32)
“…por medio de Él reconciliar todas las cosas, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de Su cruz” (Col 1,20)
...y resucitando realiza �la comunión definitiva con Dios: �«¡La paz (shalom) esté con ustedes!»�(Jn 20, 19.21.26)
También el don del Espíritu Santo, en Pentecostés, es para la comunión:
“La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo lo tenían ellos en común. ” (Hch 4, 32).
“Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la koinonía, en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2, 42)
Es más: su misma venida al mundo es “don de sí mismo” para �la comunión con Dios y entre nosotros:
- “La Palabra se hizo carne... Y a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios” (Jn 1, 14.12).
La naturaleza humana de Cristo pertenece propiamente a la persona divina del Hijo de Dios que la ha asumido. Todo lo que es y hace en ella pertenece a "uno de la Trinidad"...
Así, en su alma como en su cuerpo, Cristo expresa humanamente los comportamientos divinos de la Trinidad (divinos Trinitatis mores) (CCE 470)
Y Jesús pudo aprender estas actitudes de María, su Madre:� Ella se hizo “toda don” desde la Anunciación�y –como Madre de Dios- comienza a poner a la humanidad en comunión con el Dios que se hace carne…�������
…y consuma su don al pie de la Cruz y comienza a ser la Madre de la comunión que es la Iglesia���������
Y “don de sí mismo” y “comunión” �son aspectos de Dios mismo: la Trinidad divina
LAS PERSONAS DIVINAS �relaciones subsistentes����sujeto relacional�LA PERSONA HUMANA
Comunión
- hasta sus nombres son relacionales…
- “sujeto”: ser personal, con inteligencia, conciencia, voluntad, libertad...; ser único e irrepetible, en su misterio personal.
- “relacional”: desde nuestro ADN, hasta nuestra personalidad se construye “desde relaciones” (con Dios, nuestros padres y familiar, sociedad, cultura…).
�Comunión: SER DON �
- SER: la unidad de la única sustancia divina.
-DON: la comunión de mutuo amor infinito.
- Jesús es “Dios salva”, “Dios con nosotros”
- Jn 1, 14: “el Lógos se hizo carne”
- y se hizo don “hasta la muerte de cruz” (Flp 2,8s)
- SER: sujeto (pero es verbo!)
- DON: relacional (y es sustantivo!)