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RECIBIMIENTO EN LA FAMILIA DE DIOS

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Imaginen a una señora de 65 años que visita con frecuencia a su médico por los dolores que siente.

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SI LE PREGUNTARAN, PROBABLEMENTE DIRÍA QUE SÍ, SUFRE DE SOLEDAD, A PESAR DE VIVIR EN UNA GRAN CIUDAD.

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Síntomas de enfermedad sin ninguna causa aparente pueden ser el resultado del aislamiento social y cansancio.

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La soledad resulta en un aumento del 50% de la muerte prematura.

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Como iglesia, podemos hacer un gran bien a la población si somos receptivos y hacemos amistades verdaderas.

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“Mientras Jacob luchaba con el ángel, otro mensajero celestial fue enviado a Esaú. En un sueño este vio a su hermano desterrado durante veinte años de la casa de su padre; presenció el dolor que sentiría al saber que su madre había muerto; lo vio rodeado de las huestes de Dios. Esaú relató este sueño a sus soldados, con la orden de que no hicieran daño alguno a Jacob, porque el Dios de su padre estaba con él.

“Por fin los dos grupos se acercaron uno al otro, el jefe del desierto al frente de sus guerreros, y Jacob con sus mujeres e hijos, acompañado de pastores y siervas, y seguido de una larga hilera de rebaños y manadas. Apoyado en su cayado, el patriarca avanzó al encuentro de la tropa de soldados. Estaba pálido e imposibilitado por la reciente lucha, y caminaba lenta y penosamente, deteniéndose a cada paso; pero su cara estaba iluminada de alegría y paz.

“Al ver a su hermano cojo y doliente, ‘Esaú corrió a su encuentro y, echándose sobre su cuello, lo abrazó y besó; los dos lloraron’ (Génesis 33:4). Hasta los corazones de los rudos soldados de Esaú fueron conmovidos, cuando presenciaron esta escena”.

      • (Patriarcas y profetas, p. 176-177).

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Ese es el emocionante relato del encuentro de Jacob y Esaú

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No podría haber mejor recepción para él en el regreso a la tierra prometida.

Dios usó la persona que fue la razón de la huida de Jacob para recibirlo de vuelta.

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Antes del sueño, Esaú no tenía buenas intenciones; su corazón no estaba movido por la compasión. Estaba pensando más en sí mismo, en su honor y en la venganza que en el bienestar de su hermano y su familia.

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Así como Esaú, todos somos egoístas cuando nuestra naturaleza humana y caída está dominando, pensamos solo en nosotros mismos.

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El impostor que vive en mí

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  • Jesús nos desafía a amarnos unos a otros.
  • y él nos pide negarnos a nosotros mismos.
  • En otras palabras, la rendición total.

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  • Y esa fue la experiencia de Jacob en el valle aquella noche.
  • Y de cierta forma, una experiencia de rendición también alcanzó el corazón de Esaú.

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LA EXPERIENCIA DE RENDICIÓN DEL CORAZÓN A DIOS DESBORDA EN ACTOS DE AMOR.

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Y EL ACTO DE AMOR MÁS IMPORTANTE PARA ALGUIEN QUE ESTÁ LLEGANDO, ALGUIEN QUE TODAVÍA NO ES PARTE ES EL RECIBIMIENTO.

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Esaú fue usado por Dios para recibir y demostrar aceptación al pueblo elegido de Dios en las puertas de la tierra prometida.

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“Atravesando el Jordán, Jacob llegó ’salvo a la ciudad de Siquem, que está en la tierra de Canaán’ (Véase Génesis 33-37). Así quedó respondida la oración que el patriarca había elevado en Bet-el para pedir a Dios que lo ayudara a volver en paz a su propio país. Durante algún tiempo habitó en el valle de Siquem. Fue allí donde Abraham, más de cien años antes, había establecido su primer campamento y construido su primer altar en la tierra prometida. Allí Jacob ‘compró a los hijos de Hamor, padre de Siquem, por cien monedas, la parte del campo donde había plantado su tienda, erigió allí un altar y lo llamó El-Elohe-Israel’. Como Abraham, Jacob levantó junto a su tienda un altar en honor a Jehová, y ante él congregaba a los miembros de su familia para el sacrificio de la mañana y de la noche. Fue allí donde cavó un pozo el cual visitaría diecisiete siglos más tarde el Salvador, descendiente de Jacob, y mientras junto a él descansaba del calor del mediodía, habló a sus admirados oyentes del agua que brota ‘para vida eterna’ (Juan 4:14)

      • (Patriarcas y profetas, p. 181).

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Muchas personas que vienen a la iglesia en busca de una experiencia con Dios, también sienten miedo.

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Miedo a no ser aceptados, miedo a no ser bien tratados, miedo a no ser recibidos.

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Algunos, como Jacob, ya fueron parte de la iglesia, pero hace mucho tiempo están lejos.

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El miedo lo infunde la preocupación a ser aceptados por Dios o no .

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Nosotros podemos ser el reflejo del favor de Dios, de la aceptación divina. ¡Imaginen qué responsabilidad!

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¡Dios quiere usarlo a usted y a mí para recibir a muchos de sus hijos e hijas en su casa!

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Debemos recibir con iniciativa

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    • Esaú “corrió” al encuentro de Jacob.

    • Y esa actitud de correr representa una iniciativa espectacular de recibimiento de parte de Esaú.

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¿CUÁN INTENCIONALES HEMOS SIDO EN RECIBIR A LAS PERSONAS?

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¿Recibir ha sido una tarea solo de algunos en la iglesia que lo hacen por obligación?

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  1. ¿Nuestra recepción es algo reactivo?
  2. ¿O somos proactivos en recibir?
  3. Dios espera que tomemos la iniciativa.

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Y hasta puede ser que algunas de las personas que necesitan de nuestra receptividad nos hayan lastimado, tal vez nos traicionaron en el pasado. En esto consiste el amor.

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¡Tengamos iniciativa para recibir a todos y hacer que se sientan bien!

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El buen recibimiento es una marca de los cristianos.

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“No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, �sin saberlo, hospedaron ángeles”.

      • (Hebreos 13:1, 2).

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Debemos recibir �con afecto y simpatía

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“Pero Esaú corrió a su encuentro y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y lloraron”

      • (Génesis 33:4).

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Fue la influencia secreta y subyugadora de la gracia de Dios lo que convirtió a Esaú de enemigo en amigo de Jacob.

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Aunque no se esperaba que Esaú recibiera a su hermano con un saludo tan cordial, eso estaba de acuerdo con la manifestación de bondad y generosidad en la cultura de ellos.

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¿Cómo podemos demostrar compasión y afecto en el contexto donde estamos?

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“Sólo el método de Cristo será el que dará éxito para llegar a la gente. El Salvador trataba con los hombres como quien deseaba hacerles bien. Les mostraba simpatía, atendía a sus necesidades y se ganaba su confianza. Entonces les decía: “Seguidme.”

      • (El ministerio de curación, p. 102).

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La simpatía es la demostración de que le importan la situación, los sentimientos y las necesidades de otros.

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La verdadera simpatía que Cristo demostró es un fruto del Espíritu que se necesita desarrollar en la Iglesia a través de la madurez espiritual.

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Simpatía es más que una sonrisa; es el interés sincero, es la actitud de un corazón capaz de compadecerse; de sentir con la persona su dolor.

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Debemos recibir con compasión

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“[…] porque he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios, pues que con tanto favor me has recibido”

      • (Génesis 33:10).

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Esaú tenía razones humanas para odiar y planear una venganza. Pero Dios le dio buenas razones divinas para recibir con compasión.

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MUCHAS PERSONAS LLEGAN A LA IGLESIA “COJEANDO” POR LAS LUCHAS EMOCIONALES Y ESPIRITUALES DE LA VIDA.

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La manera en la que nosotros las recibimos puede ser una señal, el reflejo de la gracia de Dios que ellas tanto necesitan.

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Antes de acusarnos o criticarnos, recordemos que nosotros tampoco merecemos la gracia de Dios.

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“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?

      • (Mateo 7:1-3).

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Vamos a recibir con compasión y amor, y así las personas verán nuestro rostro como si estuvieran contemplando el rostro de Dios.

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Debemos recibir con disposición de acompañar

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“Y Esaú dijo: ‘Anda, vamos; y yo iré delante de ti’”

      • (Génesis 33:12).

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Prestar atención y anticiparse a las posibles necesidades, disponiéndonos a servir, acompañando a las personas en el proceso, eso sí es la expresión del amor en el verdadero recibimiento cristiano.

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Nuestro recibimiento debe ser real porque el amor de Dios es real.

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El verdadero recibimiento se da cuando, más que en un edificio, recibimos a las personas en nuestra vida.

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John Todd

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El recibimiento es parte del reino de Dios. Un día, nosotros también seremos recibidos en el cielo.

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“Y yo os digo: ‘Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas’”

      • (Lucas 16:9).

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Vale la pena todo esfuerzo, dedicación e inversión aquí en la Tierra para conquistar amigos para el reino de Dios.

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Recibamos con iniciativa, afecto, simpatía y compasión.

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¿A cuántos les gustaría ponerse a disposición de Dios para ser usados por él para recibir a otros para el reino de los cielos?

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RECIBIMIENTO EN LA FAMILIA DE DIOS