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Lo que los cristianos llamamos Espíritu de Dios

Karl Rhaner

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Cuando se da una esperanza total, que prevalece sobre todas las demás esperanzas particulares, �que abarca con su suavidad �y su silenciosa promesa �todos los crecimientos �y todas las caídas;

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Cuando se acepta

y se lleva libremente

una responsabilidad,

donde no se tienen claras

perspectivas de éxi­to y de utilidad;

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Cuando una persona conoce �y acepta su libertad última, �que ninguna fuerza terrena �le puede arrebatar;

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Cuando se acepta con serenidad �la caída en las tinieblas de la muerte como el comienzo de una promesa que no entendemos;

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Cuando se corre el riesgo de orar �en medio de tinieblas silenciosas, sabiendo que siempre somos escucha­dos, aunque no percibimos una respuesta �que se pueda razonar o disfrutar;

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Cuando se experimenta �la desesperación �y misteriosamente �se siente consolada �sin consuelo fácil;

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Allí conocemos a quien, �nosotros y nosotras, cristianas, llamamos Espíritu de Dios