The peace process in Colombia heavily threatened – call to the international community
The peace process in Colombia heavily threatened
soutienpourlapaixcolombie2018@gmail.com


The signatories here to, human rights campaigners, intellectuals, academics and cultural professionals from different parts of the world, from different disciplines and political orientations, express our support for the peace process in Colombia.

One year ago, the Colombian government and the guerilla FARC-EP signed, after five years of laborious negotiations, a peace agreement intended to end several decades of armed conflict and political and social violence. Considered by international observers as a political and juridical model capable of ending the state of war, the agreement planned for the disarmament of the insurgent forces and their transformation into a political movement, the reinsertion of the combatants into civil life, the implementation of transitional justice (the JEP) and a series of political, economic and social reforms in relation to agrarian politics, including, among other items, the redistribution of land, the substitution of coca leaf farming and the development of Peasant Reserve Zones (Zonas de Reserva Campesina - ZRC).

Assessing the implementation of the agreement one year later raises serious concerns among partisans and actors of peace, both in Colombia and internationally. While the number of people killed in relation to the armed conflict significantly diminished between 2012 (the beginning of the peace talks) and 2016, the assassinations of human rights campaigners, social leaders and demobilized combatants of the FARC guerilla have multiplied since the agreement was signed. Several regions, having been vacated by the FARC due to their demobilization, have since been occupied by extreme right paramilitary groups. Between the 24th of November 2016 and the 31th of October 2017, 94 homicides of social leaders and human rights campaigners have been perpetrated (one person killed every fourth day), while 21 ex-combatants of FARC and 11 family members of ex-combatants have been assassinated.

Moreover, essential arrangements of the agreement (aid for the reinsertion of ex-combatants, liberating ex-combatants from prison, transitional justice, political reform, rural reform, the Integral System of Truth, Justice, Reparation and Non-Repetition, essential for responding to the suffering of the victims of the conflict) have been either not yet implemented, or unilaterally modified by the public authorities, or simply abolished. The 21th of November 2017, Jean Arnault, president of the Mission of Verification for the United Nations in Colombia, asserted the shortcomings of the State on the matter of reinsertion, for which there is no framework or plan at present, at a moment when several thousand ex-combatants languish in the 26 Territorial Spaces of Capacitation and Reinsertion (ETCR). Faced with these broken promises, more than half of the 8000 demobilized FARC combatants present in the ETCR in May 2017 have left to get to safer places. Some have rejoined dissident groups aiming to continue the war, some the ELN guerrilla that is in peace talks with the government since February 2017.

The lack of respect for essential arrangements of the agreement signed by both parties, on the one hand, and the resurgence of assassinations and other forms of socio-political violence, on the other, gravely compromise the outcome of a peace process that inspired such hope for millions of Colombians. We observe with deep concern the positions of certain State officials who, despite all the evidence to the contrary, have declared that the assassinations of social leaders, human rights campaigners and ex-combatants have “no systematic character” and that the paramilitary groups “do not exist”. Likewise, the openly hostile position in regard to the peace agreement held by certain candidates to the upcoming legislative and presidential elections in 2018, diminishes the chances for peace and contributes to the perspective of a return to a state of war that, due to the frustrations accumulated by the most vulnerable parts of society, risks previously unimagined levels of violence.

At a time when the future of peace in Colombia is at stake, we call on the international community to support the efforts and protect the lives of all those in Colombia who are building peace day by day through their social, political and cultural practices. We call in particular on the European Union to take responsibility, having supported the process, sent an emissary to the peace talks in Havana and backed, financially and logistically, several peace initiatives in Colombia. If such a process collapses without firm action from the European Union, it would endanger the very sense of its agency in this region of the world. What is happening in Colombia concerns us all.

If you want to sign this declaration, please communicate your name, profession and/or institutional affiliation and nationality below in this form.

Amenazas sobre el proceso de paz en Colombia – llamado a la comunidad internacional
soutienpourlapaixcolombie2018@gmail.com


Los abajo firmantes, defensores de derechos humanos, intelectuales, académicos y profesionales de la cultura de distintos lugares del mundo, distintas disciplinas y distintas orientaciones políticas, queremos expresar nuestro apoyo al proceso de paz en Colombia.

Hace un año, el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC-EP firmaron, al cabo de cinco años de difíciles negociaciones, un Acuerdo de Paz destinado a poner término a varias décadas de conflicto armado y de violencia política y social. Considerado por observadores internacionales como un modelo político-jurídico de salida del estado de guerra, el acuerdo preveía el desarme de las fuerzas insurgentes y su transformación en movimiento político, la reincorporación de sus combatientes a la vida civil y la implementación de un dispositivo de justicia transicional (la JEP) así como de una serie de reformas políticas, económicas y sociales relacionadas en particular con la política agraria, incluyendo redistribución de la tierra, sustitución de cultivos ilícitos y desarrollo de Zonas de Reserva Campesinas (ZRC).

Un año después, el balance de la implementación del Acuerdo suscita múltiples inquietudes entre partidarios y actores de la paz, colombianos e internacionales. Si bien el número de personas muertas en relación con el conflicto armado disminuyó notablemente entre 2012 (inicio de las conversaciones de paz) y 2016, se multiplican desde la firma del Acuerdo hasta la fecha los asesinatos de defensores de derechos humanos, de líderes sociales y de excombatientes desmovilizados de las FARC. Numerosas regiones abandonadas por la guerrilla en el marco de la desmovilización han sido ocupadas por grupos paramilitares de extrema-derecha. Entre el 24 de noviembre de 2016 y el 31 de octubre de 2017 se han perpetrado 94 homicidios de líderes sociales y defensores de derechos humanos (una persona abatida cada cuatro días), en tanto que 21 excombatientes de las FARC y 11 familiares de excombatientes han sido asesinados.

Por otra parte, disposiciones esenciales del Acuerdo (ayuda a la reincorporación de excombatientes, puesta en libertad de excombatientes en prisión, justicia transicional o JEP, reforma política, reforma rural, Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, que es fundamental para intentar responder al sufrimiento de las víctimas del conflicto) no han podido aun ser implementadas o han sido modificadas unilateralmente por los poderes públicos, cuando no han sido pura y simplemente suprimidas. Así, Jean Arnault, Presidente de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia, señaló el pasado 21 de noviembre las carencias del Estado en materia de reincorporación: no existe hasta la fecha un Plan marco de reincorporación, mientras que varios miles de excombatientes vegetan en los 26 Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR). Frente a las promesas incumplidas, más de la mitad de los 8000 desmovilizados de las FARC presentes en mayo de 2017 en las zonas de concentración han abandonado los ETCR para buscar lugares más seguros. Algunos de ellos se han vinculado a grupos disidentes que entienden continuar la guerra o bien a la guerrilla del ELN, que desde febrero de 2017 se mantiene en un proceso de negociación con el gobierno.

Dos obstáculos mayores: por un lado, el incumplimiento de puntos esenciales del Acuerdo firmado, y, por otro lado, el recrudecimiento de los asesinatos y de otras formas de violencia sociopolítica, comprometen gravemente el éxito de un proceso de paz que tantas esperanzas ha generado en millones de colombianos. Observamos así con inquietud las declaraciones de ciertos responsables del Estado que a pesar de todas las evidencias han podido pretender que los asesinatos de líderes sociales, de defensores de derechos humanos y de ex-guerrilleros desmovilizados no tienen “ningún carácter sistemático”, y que los grupos paramilitares “no existen”. Igualmente, la posición abiertamente hostil al Acuerdo de Paz expresada por ciertos candidatos a las próximas elecciones legislativas y presidenciales de 2018, contribuye a reducir las oportunidades de paz y a determinar la perspectiva de un retorno a un estado de guerra que debido a las frustraciones acumuladas en los sectores más vulnerables de la sociedad, podría alcanzar niveles insospechados de violencia.

En un momento en que el futuro de la paz en Colombia está en juego, hacemos un llamado a la comunidad internacional para que apoye los esfuerzos y proteja las vidas de todos aquellos que, en Colombia, construyen día a día la paz a través de sus prácticas sociales, políticas y culturales. Hacemos un llamado en particular a la Unión Europea para que tome responsabilidad al respecto, considerando sus apoyos previos al proceso al haber enviado un emisario durante las conversaciones en La Habana y respaldado, financiera y logísticamente, numerosas iniciativas de paz en el territorio colombiano. Ver el colapso del proceso de paz sin actuar con mayor firmeza pondría en peligro el significado mismo de su acción en esta región del mundo. Lo que está sucediendo en Colombia nos concierne a todos

Si desea firmar esta declaración, favor indicar su nombre, profesión y/o filiación institucional y nacionalidad abajo en este formulario.


Grandes menaces sur le processus de paix en Colombie – appel à la Communauté internationale
soutienpourlapaixcolombie2018@gmail.com


Les signataires ci-dessous, défenseurs des droits de l’homme, intellectuels, universitaires et professionnels de la culture de divers endroits du monde, de diverses disciplines et de diverses orientations politiques, souhaitons exprimer notre soutien au processus de paix en Colombie.

Il y a un an, le gouvernement colombien et la guérilla des FARC-EP ont signé, après cinq années de laborieuses négociations, un Accord de Paix destiné à mettre fin à plusieurs décennies de conflit armé et de violence politique et sociale. Considéré par des observateurs internationaux comme un modèle politico-juridique de sortie de l’état de guerre, l’accord prévoyait le désarmement des forces insurgées et leur transformation en mouvement politique, la réinsertion de leurs combattants à la vie civile, ainsi que la mise en place d’un dispositif de justice transitionnelle (la JEP) et d’une série de réformes politiques, économiques et sociales relatives notamment à la politique agraire et comprenant entre autres la redistribution de la terre, la substitution des cultures de feuille de coca et le développement de Zones de réserve paysannes (ZRC).

Un an après, le bilan de la mise en œuvre de l’Accord suscite l’inquiétude des partisans et acteurs de la paix, colombiens et internationaux. Si le nombre de personnes tuées en lien avec le conflit armé a sensiblement diminué entre 2012 (début des pourparlers de paix) et 2016, les assassinats de défenseurs des droits de l’homme, de leaders sociaux et de combattants démobilisés des FARC se multiplient depuis la signature de l’Accord. De nombreuses régions abandonnées par la guérilla dans le cadre de la démobilisation ont été occupées par des groupes paramilitaires d’extrême-droite. Entre le 24 novembre 2016 et le 31 octobre 2017, 94 homicides de leaders sociaux et de défenseurs des droits de l’homme ont été perpétrés (une personne tuée tous les quatre jours), tandis que 21 anciens combattants des FARC et 11 membres de familles d’anciens guérilleros ont été assassinés.

Par ailleurs, des dispositions essentielles de l’Accord (aide à la réinsertion des anciens combattants, mise en liberté des anciens combattants en prison, justice transitionnelle ou JEP, réforme politique, réforme rurale, Système Intégral de Vérité, Justice, Réparation et Non Répétition, essentiel pour répondre à la souffrance des victimes du conflit) n’ont pas pu encore être mises en œuvre ou ont été modifiées unilatéralement par les pouvoirs publics ou encore ont été purement et simplement supprimées. Ainsi, Jean Arnault, Président de la Mission de Vérification des Nations Unies en Colombie, a signalé le 21 novembre 2017 les défaillances de l’État en matière de réinsertion, pour laquelle il n’existe pas à l’heure actuelle de Plan cadre, au moment où plusieurs milliers d’anciens guérilleros croupissent dans les 26 Espaces Territoriaux de Capacitation et de Réinsertion (ETCR). Devant les promesses non tenues, plus de la moitié des 8000 démobilisés des FARC présents en mai 2017 dans les zones de concentration ont quitté les ETCR pour se rendre dans des lieux plus surs. Certains d’entre eux ont rejoint des groupes dissidents qui entendent poursuivre la guerre ou bien la guérilla de l’ELN, engagée depuis février 2017 dans un processus de pourparlers avec le gouvernement.

Le non respect de points essentiels de l’Accord signé par les deux parties, d’une part, et la recrudescence des assassinats et autres formes de violence socio-politique, d’une autre, compromettent gravement l’issue d’un processus de paix qui a été porteur de tant d’espérances pour des millions de Colombiens. Nous observons ainsi avec inquiétude la position de certains responsables de l’État, qui, contre tout évidence, ont pu prétendre que les assassinats de leaders sociaux, de défenseurs des droits de l’homme et d’anciens guérilleros démobilisés n’ont « aucun caractère systématique » et que les groupes paramilitaires « n’existent pas ». De même, la position ouvertement hostile à l’Accord de Paix manifestée par certains candidats aux prochaines élections législatives et présidentielles de 2018, contribue à diminuer les chances de la paix et à déterminer la perspective d’un retour à un état de guerre qui, par les frustrations accumulées dans la partie la plus vulnérable de la société, risquerait d’atteindre des niveaux insoupçonnés de violence.

En ce moment où se joue l’avenir de la paix en Colombie, nous appelons la communauté internationale à soutenir les efforts et à protéger les vies de tous ceux qui, en Colombie, construisent jour après jour la paix par leur pratiques sociales, politiques et culturelles. Nous en appelons en particulier à la responsabilité de l’Union européenne, qui a appuyé le processus de paix, envoyé un émissaire durant les pourparlers de La Havanne et soutenu, financièrement ou logistiquement de nombreuses initiatives de paix sur le territoire colombien. Voir s’effondrer un tel processus sans agir de la manière la plus ferme mettrait en péril le sens même de son action dans cette région du monde. Ce qui se joue en Colombie nous concerne tous

Si vous souhaitez signer cette déclaration, veuillez transmettre votre nom, profession et/ou filiation institutionnelle et nationalité à continuation

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