RECOGIDA DE FIRMAS DE APOYO A LOS MANIFIESTOS DE STOP DSM: BARCELONA, BUENOS AIRES, SÃO JOÃO DEL REI, PORTO.


RECOGIDA DE FIRMAS DE APOYO A LOS MANIFIESTOS DE STOP DSM:

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MANIFIESTO A FAVOR DE UNA PSICOPATOLOGÍA CLÍNICA, QUE NO ESTADÍSTICA. //
MANIFESTE POUR UNE PSYCHOPATHOLOGIE CLINIQUE, NON STATISTIQUE //
MANIFEST FOR A CLINICAL NON-STATISTICAL PSYCHOPATHOLOGY //
MANIFESTO POR UMA PSICOPATOLOGIA CLÍNICA NÃO ESTATÍSTICA //
MANIFESTO A FAVORE DI UNA PSICOPATOLOGIA CLINICA CHE NON SIA SOLO STATISTICA. . (Manifiesto de Barcelona, 14 de Abril de 2011).


MANIFIESTO POR UN ABORDAJE SUBJETIVANTE DEL SUFRIMIENTO PSÍQUICO EN NIÑOS Y ADOLESCENTES, NO AL DSM. (Manifiesto de Buenos Aires, 17 de Mayo de 2011).


EM PROL DE UMA PSICOPATOLOGIA CLÍNICA. (MANIFESTO DE SÃO JOÃO DEL REI-BRASIL, Julio 2011).


Por uma abordagem não medicalizante nem patologisante da educação (MANIFESTO DE PORTO. Julio 2012)


http://stopdsm.blogspot.com

Mediante el presente escrito, los profesionales e instituciones abajo firmantes, nos manifestamos a favor de criterios clínicos de diagnosis, y por lo tanto en contra de la imposición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Desórdenes Mentales de la American Psychiatric Association como criterio único en la clínica de las sintomatologías psíquicas.

Queremos compartir, debatir y consensuar el conocimiento clínico -logía- sobre el pathos psíquico -padecimiento sintomático, que no enfermedad- a fin de cuestionar la existencia de una salud psíquica, estadística o normativa, así como la impostura clínica e intelectual del desorden, trastorno, enfermedad mental. También queremos denunciar la imposición del tratamiento único -terapias tipificadas para trastornos formateados- por el menosprecio que supone a las diferentes teorías y estrategias terapéuticas, y a la libertad de elección de los pacientes. En el momento actual, asistimos al devenir de una clínica cada vez menos dialogante, más indiferente a las manifestaciones del padecimiento psíquico, aferrada a los protocolos y a tratamientos exclusivamente paliativos para las consecuencias, y no para sus causas. Tal y como dice G. Berrios (2010) «Nos enfrentamos a una situación paradójica en la que se les pide a los clínicos que acepten un cambio radical en la forma de desarrollar su labor, (ej. abandonar los consejos de su propia experiencia y seguir los dictados de datos estadísticos impersonales) cuando en realidad, las bases actuales de la evidencia no son otras que lo que dicen los estadísticos, los teóricos, los gestores, las empresas (como el Instituto Cochrane) y los inversores capitalistas que son precisamente aquellos que dicen donde se pone el dinero». En consecuencia, manifestamos nuestra defensa de un modelo sanitario donde la palabra sea un valor a promover y donde cada paciente sea considerado en su particularidad. La defensa de la dimensión subjetiva implica una confianza en lo que cada uno pone en juego para tratar aquello que en él mismo se revela como insoportable, extraño a sí mismo, pero sin embargo familiar. Manifestamos nuestra repulsa a las políticas asistenciales que persiguen la seguridad en detrimento de las libertades y los derechos. A las políticas que, con el pretexto de las buenas intenciones y de la búsqueda del bien del paciente, lo reducen a un cálculo de su rendimiento, a un factor de riesgo o a un índice de vulnerabilidad que debe ser eliminado, poco menos que a la fuerza.

Para cualquier disciplina, la aproximación a la realidad de su campo se hace a través de una teoría. Este saber limitado no tendría que confundirse con "La Verdad", pues supondría actuar como una ideología o religión, donde cualquier pensamiento, acontecimiento o incluso el lenguaje utilizado, está al servicio de forzar el re-ligare entre saber y verdad. Todo clínico con un cierto espíritu científico sabe que su teoría es lo que Aristóteles llamaría un Organon, es decir, una herramienta de acercamiento a una realidad siempre más plural y cambiante, y donde las categorías encontradas han de dejar espacio a la manifestación de esa diversidad, permitiendo así una ampliación tanto teórica como práctica. Esta concepción se opone a la idea de un canon, en el sentido de lo que necesariamente, obligatoriamente y prescriptivamente las cosas son y han de funcionar de determinada manera. Todos sabemos las consecuencias de esta posición que va de lo orientativo a lo normativo, prescriptivo para, finalmente, convertirse en coercitivo. Es ahí donde el saber se convierte en el ejercicio de un poder en tanto sancionador, en un sentido amplio, de lo que obedece o desobedece a ese canon. Ordenación de la subjetividad al Orden Social que reclaman los mercados. Todo para el paciente sin el paciente. Un saber sin sujeto ya es un poder sobre el sujeto. Autoritarismo científico, lo llama Javier Peteiro. Por todo esto queremos manifestar nuestra oposición a la existencia de un Código de Diagnostico Único Obligatorio y Universal.

Por otra parte, el modelo a-teórico del que hace gala el DSM, y que se ha querido confundir con objetividad, nos habla de su falla epistemológica. Baste recordar su indefinición sobre qué podemos entender como trastorno mental, así como por salud psíquica. Los contenidos de esta taxonomía psiquiátrica responden mucho más a pactos políticos que a observaciones clínicas, lo que da lugar a un problema epistemológico muy grave.

En cuanto al método clasificatorio del DSM, constatamos que se puede clasificar, amontonar o agrupar muchas cosas, pero eso no es establecer una entidad nosográfica en un campo determinado. La estadística empleada en el DSM tiene un punto de partida débil: la ambigüedad del objeto sobre el que se opera, es decir, el concepto de trastorno mental. La estadística se presenta como una técnica, un utensilio que puede ser puesto al servicio de múltiples causas y de todo tipo. Son las personas quienes manejan los ítems y valores de base de la curva estadística, pero también quienes deciden el deslizamiento, más o menos hacia los márgenes de lo que se va a cuantificar e interpretar posteriormente.

En este contexto de pobreza y confusión conceptual, la próxima publicación del DSM-V supone una clara amenaza: nadie quedará fuera de aquello que se detiene, de lo que enferma. No quedará espacio para la salud, en términos de cambio, de movilidad, de complejidad o de multiplicidad de las formas. Todos enfermos, todos trastornados. Cualquier manifestación de malestar será rápidamente transformada en síntoma de un trastorno que necesita ser medicalizado de por vida. Éste es el gran salto que se realiza sin red epistemologíca alguna: de la prevención a la predicción.

Umbrales diagnósticos más bajos para muchos desórdenes existentes o nuevos diagnósticos que podrían ser extremadamente comunes en la población general, de esto nos advierte Allen Frances, jefe de grupo de tareas del DSM IV, en su escrito Abriendo la caja de Pandora. Refiriéndose a los nuevos trastornos que incluirá el DSM-V, este autor cita algunos de los nuevos diagnósticos problemáticos: el síndrome de riesgo de psicosis, («es ciertamente la más preocupante de las sugencias. La tasa de falsos positivos sería alarmante del 70 al 75%»). El trastorno mixto de ansiedad depresiva. El trastorno cognitivo menor, («está definido por síntomas inespecíficos... el umbral ha sido dispuesto para incluir un enorme 13.5% de la población».) Trastorno de atracones. El trastorno disfuncional del carácter con disforia. El trastorno coercitivo parafílico. El trastorno de hipersexualidad, etc. Aumenta, por tanto, el número de trastornos y aumenta también el campo semántico de muchos de ellos, como el famoso TDAH, ya que se permite el diagnóstico basado sólo en la presencia de síntomas, no requiriendo discapacidad y, además, se reduce a la mitad el número de síntomas requeridos para adultos. El diagnóstico de TDAH también se contempla en presencia de autismo, lo cual implicaría la creación de dos falsas epidemias e impulsaría el uso aumentado de estimulantes en una población especialmente vulnerable.

Si juntamos este manejo estadístico con la heterogeneidad temática de los grupos de trabajo, que se multiplican y que van desde la identidad de género, pasando por la adaptación de los impulsos, hipersexualidad, cambios de humor etc., no podemos obviar que las clasificaciones internacionales pretenden una autonomía total respecto de cualquier marco teórico, y por ende, libre de cualquier tipo de control de rigor epistémico. Sin embargo, no creemos que las clasificaciones y tratamientos puedan ser neutrales respecto a las teorías etiológicas, como se pretende, y al mismo tiempo ser neutrales respecto de la ideología del Control Social, e intereses extra clínicos.

Paul Feyerabend, en El mito de la ciencia y su papel en la sociedad, nos dice: «Básicamente, apenas si hay diferencia alguna entre el proceso que conduce a la enunciación de una nueva ley científica y el proceso que precede a una nueva ley en la sociedad». Parece ser, sigue diciendo este autor en Adiós a la razón, que: «El mundo en que vivimos es demasiado complejo para ser comprendido por teorías que obedecen a principios (generales) epistemológicos. Y los científicos, los políticos -cualquiera que intente comprender y/o influir en el mundo-, teniendo en cuenta esta situación, violan reglas universales, abusan de los conceptos elaborados, distorsionan el conocimiento ya obtenido y desbaratan constantemente el intento de imponer una ciencia en el sentido de nuestros epistemólogos».

Finalmente, queremos llamar la atención del peligro que supone para la clínica de las sintomatologías psíquicas, que los nuevos clínicos estén formateados, deliberadamente, en la ignorancia de la psicopatología clásica, pues, ésta responde a la dialéctica entre teoría y clínica, entre saber y realidad. Psicopatología clínica que ya no se enseña en nuestras facultades ni en los programas de formación de los MIR y PIR. Y sin embargo, se les alecciona en el paradigma de la indicación...farmacológica: universalización prescriptiva para todos y para todo, y que en nada se diferencia de una máquina expendedora de etiquetas y reponedora de medicación. El resultado que denunciamos es un desconocimiento de los fundamentos de la psicopatología, un escotoma importante a la hora de explorar a los pacientes y, en consecuencia, una limitación más que considerable a la hora de diagnosticar.

En tanto que el conocimiento es la forma más ética que tenemos de acercarnos a nuestra plural realidad, no ha de ser un problema la coexistencia de diferentes saberes sobre la complejidad del ser humano.

Por todo ello proponemos llevar a cabo acciones con el objetivo de poner límite a todo este proceso incrementalista de las clasificaciones internacionales, y trabajar con criterios de clasificación que tengan una sólida base psicopatológica y, por tanto, que provengan exclusivamente de la clínica.


Barcelona, a 14 de Abril de 2011


http://stopdsm.blogspot.com


stopdsm@gmail.com


AGRADECEREMOS LA MÁXIMA DIFUSIÓN DE ESTE PRIMER MANIFIESTO
(al que seguirán otros de diferentes países).

Los datos proporcionados serán tratados de forma confidencial (sólo se harían
públicos en el caso de presentar las adhesiones a algún organismo oficial).

Los grupos e instituciones que deseen sumarse a la campaña pueden
enviar un correo a stopdsm@gmail.com


Si lo desea, puede darse de baja de la lista de apoyo enviando un
correo a stopdsm@gmail.com

MANIFIESTO POR UN ABORDAJE SUBJETIVANTE DEL SUFRIMIENTO PSÍQUICO EN NIÑOS Y ADOLESCENTES, NO AL DSM

Los abajo firmantes, profesionales e instituciones, consideramos necesario tomar posición respecto a un aspecto clave de la defensa del derecho a la salud, en particular en el campo de la salud mental: la patologización y medicalización de la sociedad, en especial de los niños y adolescentes.

Sostenemos que la construcción de la subjetividad necesariamente refiere al contexto social e histórico en que se inscribe y que es un derecho de los niños, los adolescentes y sus familias ser escuchados y atendidos en la situación de padecimiento o sufrimiento psíquico.

Tal como planteamos ya en el Consenso de Expertos del Área de la Salud sobre el llamado "Trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad" (2005): “hay una multiplicidad de "diagnósticos" psicopatológicos y de terapéuticas que simplifican las determinaciones de los trastornos infantiles y regresan a una concepción reduccionista de las problemáticas psicopatológicas y de su tratamiento”. Son enunciados descriptivos que se terminan transformando en enunciados identificatorios.

En ese sentido, un Manual como el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Desordenes Mentales de la American Psychiatric Association en sus diferentes versiones), que no toma en cuenta la historia, ni los factores desencadenantes, ni lo que subyace a un comportamiento, obtura las posibilidades de pensar y de interrogarse sobre lo que le ocurre a un ser humano.

Esto atenta contra el derecho a la salud, porque cuando se confunden signos con patologías se dificulta la realización del tratamiento adecuado para cada paciente.

A la vez, con el argumento de una supuesta posición ateórica, el DSM responde a la teoría de que lo observable y cuantificable pueden dar cuenta del funcionamiento humano, desconociendo la profundidad y complejidad del mismo, así como las circunstancias histórico-sociales en las que pueden suscitarse ciertas conductas.

Más grave aún, tiene la pretensión de hegemonizar prácticas que son funcionales a intereses que poco tienen que ver con los derechos de los niños y sus familias.

En esta línea, alertamos tanto sobre el contenido como sobre el impacto, que en el campo de la salud mental, tienen el DSM IV TR o el DSM V en preparación. Presentados inicialmente como manuales estadísticos a los fines de una epidemiología tradicional, en las últimas décadas han ocupado el lugar de la definición, rotulación y principal referencia diagnóstica de procesos de padecimiento mental.

Con el formato de clasificaciones y recetas con título de urgencia, eficiencia y pragmatismo se soslayan las determinaciones intra e intersubjetivas del sufrimiento psíquico.

Consideramos que es fundamental diagnosticar, a partir de un análisis detallado de lo que el sujeto dice, de sus producciones y de su historia. Desde esta perspectiva el diagnóstico es algo muy diferente a poner un rótulo; es un proceso que se va construyendo a lo largo del tiempo y que puede tener variaciones (porque todos vamos sufriendo transformaciones).

En relación a los niños y a los adolescentes, esto cobra una relevancia fundamental. Es central tener en cuenta las vicisitudes de la constitución subjetiva y el tránsito complejo que supone siempre la infancia y la adolescencia así como la incidencia del contexto. Existen así estructuraciones y reestructuraciones sucesivas que van determinando un recorrido en el que se suceden cambios, progresiones y retrocesos. Las adquisiciones se van dando en un tiempo que no es estrictamente cronológico.

Es por esto que los diagnósticos dados como rótulos pueden ser claramente nocivos para el desarrollo psiquico de un niño, en tanto lo deja siendo un “trastorno” de por vida.

De este modo, se borra la historia de un niño o de un adolescente y se niega el futuro como diferencia.

El sufrimiento infantil suele ser desestimado por los adultos y muchas veces se ubica la patología allí donde hay funcionamientos que molestan o angustian, dejando de lado lo que el niño siente. Es frecuente así que se ubiquen como patológicas conductas que corresponden a momentos en el desarrollo infantil, mientras se resta trascendencia a otras que implican un fuerte malestar para el niño mismo.

A la vez, suponer que diagnosticar es nominar nos lleva a un camino muy poco riguroso, porque desconoce la variabilidad de las determinaciones de lo nominado.

Asimismo, las clasificaciones tienden a agrupar problemas muy diferentes sólo porque su presentación es similar.

El DSM parte de la idea de que una agrupación de síntomas y signos observables, que podemos describir, tiene de por sí entidad de enfermedad, una supuesta base “neurobiológica” que la explica y genes que, sin demasiadas pruebas veraces, la estarían causando.

El manual intenta sostener como “datos objetivos” lo que no son más que enumeraciones de conductas sin sostén teórico ni validación clínica. Es paradójico, porque una reunión de datos pasa a ser supuestamente el modelo que se pretende utilizar para dar cuenta de la patología psíquica, negando con esto toda exploración más profunda y obviando la incidencia del observador en la calificación de esas conductas.

Así, el movimiento de un niño puede ser considerado normal o patológico según quién sea el observador, tanto como el retraso en el lenguaje puede ser ubicado como “trastorno” específico o como síntoma de dificultades vinculares según quién esté “evaluando” a ese niño.

Esto se ha ido complicando a lo largo de los años. No es casual que el DSM-II cite 180 categorías diagnósticas; el DSM –IIIR, 292 y el DSM-IV más de 350. Por lo que se sabe hasta el momento, el DSM V, ya en preparación, planteará, gracias al empleo de un paradigma llamado “dimensional” muchos más “trastornos” y también nuevos “espectros” , de modo tal que todos podamos encontrarnos representados en uno de ellos.

Consideramos que este modo de clasificar no es ingenuo, que responde a intereses ideológicos y económicos y que su perspectiva, en apariencia “a-teorica”, no hace otra cosa que ocultar la ideología que subyace a este tipo de pensamiento, que es la concepción de un ser humano máquina, robotizado, con una subjetividad “aplanada”, al servicio de una sociedad que privilegia la “eficiencia”.

Esto también se expresa a través de los tratamientos que suelen recomendarse en función de ese modo de diagnosticar: medicación y tratamiento conductual, desconociendo nuevamente la incidencia del contexto y el modo complejo de inscribir, procesar y elaborar que tiene el ser humano.

En relación a la medicación, lo que está predominando es la medicalización de niños y adolescentes, en que se suele silenciar con una pastilla, conflictivas que muchas veces los exceden y que tienden a acallar pedidos de auxilio que no son escuchados como tales. Práctica que es muy diferente a la de medicar criteriosamente, “cuando no hay más remedio” en que se apunta a atenuar la incidencia desorganizante de ciertos síntomas mientras se promueve una estrategia de subjetivación que apunte a destrabar y potenciar, y no sólo suprimir. Un medicamento debe ser un recurso dentro de un abordaje inter disciplinario que tenga en cuenta las dimensiones epocales, institucionales familiares y singulares en juego.

Entonces, en lugar de rotular, consideramos que debemos pensar qué es lo que se pone en juego en cada uno de los síntomas que los niños y adolescentes presentan, teniendo en cuenta la singularidad de cada consulta y ubicando ese padecer en el contexto familiar, educacional y social en el que ese niño está inmerso.

Por consiguiente, los profesionales e instituciones abajo firmantes consideramos que:


1) Los malestares psíquicos son un resultado complejo de múltiples factores, entre los cuales las condiciones socio-culturales, la historia de cada sujeto, las vicisitudes de cada familia y los avatares del momento actual se combinan con factores constitucionales dando lugar a un resultado particular.


2) Toda consulta por un sujeto que sufre debe ser tomada en su singularidad.


3) Niños y adolescentes son sujetos en crecimiento, en proceso de cambio, de transformación. Están armando su historia en un momento particular, con progresiones y regresiones. Por consiguiente, ningún niño y ningún adolescente puede ser “etiquetado” como alguien que va a padecer una patología de por vida.


4) La idea de niñez y de adolescencia varía en los diferentes tiempos y espacios sociales. Y la producción de subjetividad es distinta en cada momento y en cada contexto.


5) Un etiquetamiento temprano, enmascarado de “diagnóstico” produce efectos que pueden condicionar el desarrollo de un niño, en tanto el niño se ve a sí mismo con la imagen que los otros le devuelven de sí, construye la representación de sí mismo a partir del espejo que los otros le ofertan. Y a su vez los padres y maestros lo mirarán con la imagen que los profesionales le den del niño. Por consiguiente un diagnóstico temprano puede orientar el camino de la cura de un sujeto o transformarse en invalidante. Esto implica una enorme responsabilidad para aquél que recibe la consulta por un niño.


6) Todos los niños y adolescentes merecen ser atendidos en su sufrimiento psíquico y que los adultos paliemos sus padecimientos. Para ello, todos, tan sólo por su condición ciudadana, deberían tener acceso a diferentes tratamientos, según sus necesidades, así como a la escucha de un adulto que pueda ayudarlo a encontrar caminos creativos frente a su padecer y a redes de adultos que puedan sostenerlo en los momentos difíciles.


(Este es un borrador escrito por el forumadd a ser discutido en el 3er Simposio Internacional sobre La patologización de la infancia: Intervenciones en la clínica y en las aulas, a realizarse los días 2, 3 y 4 de junio en Buenos Aires)

El Manifiesto de Buenos Aires forma parte de la campaña Stop DSM. La recogida de firmas es conjunta con el Manifiesto de Barcelona.


MANIFESTO DE SÃO JOÃO DEL REI-BRASIL EM PROL DE UMA PSICOPATOLOGIA CLÍNICA

Nós, do Núcleo de Pesquisa e Extensão em Psicanálise da Universidade Federal de São João del Rei, do Laboratório Interunidades de Teoria Social, Filosofia e Psicanálise da USP, do PSILACS Grupo de Pesquisa “Psicanálise e Laço Social no Contemporâneo” do CNPq e do Laboratório de Psicopatologia e Psicanálise da Universidade Federal de Minas Gerais aproveitamos a ocasião da publicação próxima do DSM-V para lançarmos nosso manifesto em prol de uma psicopatologia em que o sujeito seja contemplado. Considerar o sujeito significa: retomar a dimensão clínica dos diagnósticos para além de um uso exacerbado da estatística e a restituição do sintoma a uma função subjetiva. Acompanhamos os manifestos de Barcelona e Buenos Aires (aqui) e o Manifesto de Paris (aqui). Nosso manifesto se sustenta em quatro partes: científica; formação profissional e ensino; clínica e política.

1 - Ciência
O DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorder ou, em português, Manual Diagnóstico e Estatístico de Transtornos Mentais) foi responsável por tentar impor a partir de sua terceira versão, em 1980, uma mudança no modo de pensar a psicopatologia. Tal acontecimento, com forte impacto político, favoreceu a volta da psiquiatria biológica ao centro da cena clínica de diagnóstico e tratamento de transtornos mentais. A busca de lesões no cérebro ou de disfunções bioquímicas voltou, então, a ser foco de trabalhos e pesquisas, principalmente na década de noventa com o édito do presidente dos Estados Unidos declarando-a como a década do cérebro (Amaral, 2004, p.15). Como corolário, as demais abordagens psicopatológicas lograram o patamar de anti-científicas ou mesmo de superadas e desatualizadas.
Em conseqüência disso, o surgimento do DSM-III (1980) e de suas edições subseqüentes, (DSM-III-R 1987; DSM-IV, 1994 e DSM-IV-TR, 2000), foi saudado por seus promotores como uma revolução científica. O psiquiatra Gerard Klerman chega a dizer em 1984 que debater a sua validade seria um anacronismo, pois este manual teria vencido a batalha científica em relação aos outros sistemas e teorias diagnósticas e psiquiátricas. Essa vitória faria uma tábula rasa na história da psicopatologia por conseguir, segundo seus promotores, ultrapassar a falta de acordo entre diversos teóricos do campo do sofrimento psíquico. A falta de acordo impediria a comunicação entre os diversos clínicos e prejudicaria o processo de diagnóstico e o tratamento a ser oferecido. Dois princípios básicos amparam este manual: transformar a psicopatologia em um descritivismo de sinais e sintomas; e evitar pronunciar-se sobre a etiologia dos transtornos mentais. Podemos reduzir estes princípios a uma única proposição: o a-teorismo. E um método explícito de pesquisa é indicado: a estatística.
Ora, em primeiro lugar, como pode uma revolução científica ser a-teórica? Pois uma revolução científica depende do papel de uma teoria; esta, ao contrário do que acreditam os promotores dos DSM’s, não é uma mera abstração, mas um esforço de inteligibilidade, como diria Alexandre Koyré (1991). Se tomarmos a linha de argumentação de Thomas Kuhn (2001), uma revolução científica implica em uma mudança de paradigmas nos quais diversos atores poderiam aí se reconhecer. No entanto, não é o que temos com os DSM’s: eles não são uma unanimidade epistêmica, apesar de sua pretensão de ser hegemônico, muito ao contrário. E o uso que fazem da estatística - avaliação da freqüência de um sintoma por um período de tempo - acompanha o seu propalado descritivismo. Mas, como diz Gaston Bachelard (1996), o uso da matemática não é descritivo, não se reduz a descrever como é um fenômeno, mas explicá-lo. Os promotores dos DSM’s confundem quantificação com inteligibilidade científica.
Se situarmos a posição dos DSM’s em uma perspectiva histórica mais ampla, vemos que é mais um capítulo do debate entre os defensores de uma etiologia biológica (os somaticistas) e os defensores de uma etiologia psíquica (os psiquistas). Nesta perspectiva, seu a-teorismo cai por terra, uma vez que não trata da etiologia por questão de estratégia: se não consegue demonstrar a validade de uma etiologia biológica, o melhor a fazer é deixar a questão de lado até que se consiga uma prova nessa direção. Assim, temos uma recusa ao debate por impedir que os defensores da etiologia psíquica se manifestem. A única que seria realmente válida seria a etiologia biológica, mesmo esta não sendo demonstrada. Essa estratégia acompanha o princípio do descritivismo. A consequência é um manual que se restringe a catalogar os fenômenos sem preocupação em saber como surgem, por que surgem, como se articulam entre si, e principalmente: que função esses fenômenos podem desempenhar para determinado sujeito. Como não tem preocupação com o que determina o aparecimento do sintoma e sua função para o sujeito, deixam de lado a clínica. Essa perspectiva descritiva fechada a debates com outras maneiras de pensar a psicopatologia e que ignora sua história tem impactos notáveis no ensino da psicopatologia e a conseqüente formação e atuação de profissionais.

2 - Formação de Profissionais e Ensino da Psicopatologia
Os DSM’s não têm a pretensão de serem hegemônicos somente no campo da clínica. Desde a sua quarta edição (2002, p. 21) pretendem ser um instrumento didático para o ensino da psicopatologia. Sua intromissão nas universidades torna o quadro da formação profissional cada vez mais dramático: em vez de um ensino real de psicopatologia, de sua história e de seus impasses; em vez de um ensino que valorize o debate amplo em torno dos modos de proceder o diagnóstico que possibilitaria a formação de um profissional com espírito crítico, temos o ensino da psicopatologia reduzido ao preenchimento de um check list em vez de uma semiologia clínica, uma taxonomia ao estilo da biologia do século XVIII em vez de uma nosografia; e a nosologia, por definição, é deixada de lado.
Se os DSM’s têm a pretensão de serem a-teóricos, a preocupação atual com o ensino de psicopatologia torna-se trans-teórica: o que é comum tanto a psicólogos/psiquiatras fenomenólogos (Moreira, 2002; Serpa, 2007) quanto a psicanalistas de diversas afiliações (Pacelli, 2002; Figueiredo e Tenório, 2002; Iribarry, 2003; Álvarez, 2004).
O a-teorismo dos promotores dos DSM’s também é questionável no que concerne ao ensino. Se nos remetermos aos fatores culturais e sócio-históricos, é preciso lembrar as palavras de Roger Olivier Martin (1989) quando da revisão do DSM-III: ele é um manual diagnóstico americano. Tanto que na América Latina temos o Guía Latinoamericana de Diagnóstico Psiquiátrico (2003), realizado pela Associação Psiquiátrica da América Latina. Este Guía aceita os pressupostos classificatórios da CID-10 e do DSM-IV. Mas, por outro lado, é categórico ao afirmar que “entretanto, estes sistemas, apesar dos enormes esforços de seus criadores, pareceram não serem suficientes para refletir as maneiras idiossincráticas de experimentar uma enfermidade e as necessidades clínicas particulares da população latino-americana. Devemos reconhecer que, mesmo que a investigação empírica nessa região esteja emergindo recentemente, a experiência diária de seus clínicos não pode ser ignorada” (2003, p.8). Ainda nesse aspecto, Juan Carlos Stagnaro (2007) lembra que a China tem seu próprio sistema diagnóstico e comenta, com um tom irônico, que o DSM-IV, em sua pretensão de ser mundial e hegemônico deixa de lado um bilhão e meio de pessoas.
Em termos históricos, o dito a-teorismo torna-se, no ensino de psicopatologia, ignorância. Muitos dos termos utilizados para definir os sintomas que serão coligidos para formarem as síndromes e definirem os transtornos, são provenientes de tradições teóricas muitas vezes antagônicas, como aponta Serpa em um texto amparado na fenomenologia (2007). Deste modo, como diz o psicanalista Stagnaro (2007, p.57), este a-teorismo é na verdade um multi-teoricismo. Dizer isso é importante para questionar a coerência interna dos DSM’s, além de demonstrar a falta que faz, no ensino de psicopatologia, a sua história, as suas diversas correntes e os seus calorosos debates. E confundir conceitos de diversas perspectivas teóricas é, de um ponto de vista pedagógico, difundir ainda mais a ignorância, travestida de ciência.
Se, do ponto de vista cultural e histórico, temos no ensino pautado pelos DSM’s a ignorância de aspectos importantes, no que diz respeito ao ensino propriamente clínico, vemos que se ignora a sua própria matéria. Pois ensinar psicopatologia tão somente em termos de presença ou ausência de sinais e sintomas e sua freqüência é ignorar o método clínico, além de impedir que se faça uma discussão séria sobre o que é o normal e o patológico. É ficar somente na franja dos fenômenos como se eles não afetassem um sujeito. Como diz Serpa: “Queremos ensinar uma psicopatologia que não descarte a subjetividade, mas, em vez disso, faça desta seu interesse primeiro”. E fazer da subjetividade seu interesse primeiro nos leva, necessariamente, a um ensino que não ignora a clínica, não ignora os aspectos sócio-históricos e não ignora a história da psicopatologia. E, assim, poderemos formar profissionais com espírito crítico, que não tenham como ferramenta de trabalho somente a medicação do sujeito e a remissão dos sintomas e que possa, desse modo, discutir com subsídios as diversas políticas de saúde mental. Mas, para isso, o profissional tem que ter uma formação propriamente clínica que valorize a observação e a escuta minuciosa do paciente e a construção do diagnóstico diferencial em psicopatologia.

3 - Clínica e Estatística
Os DSM’s, em seu esforço de ser ciência, deixam de lado uma metodologia importante no trabalho do campo do sofrimento psíquico: o método clínico. Como diz George Lantéri-Laura “não há nada na psicopatologia que não tenha estado antes na clínica” (1989, p. 18). Deste modo, podemos questionar o uso da estatística em um procedimento diagnóstico. O problema não é com a estatística em si, nem com a epidemiologia. Mas, como fazer uma boa pesquisa epidemiológica, se o passo anterior - o trabalho diagnóstico que irá referenciar o que está sendo avaliado em termos populacionais - não é bem delimitado? A estatística - método por excelência da epidemiologia - trata de populações; um diagnóstico psicopatológico refere-se sempre a um sujeito e a sua singularidade sintomática. Entre os dois, um hiato em relação aos assuntos de abrangência e de métodos.
Michel Foucault (2003) nos mostra como a clínica surge amparada no método anátomo-clínico de Xavier Bichat. Este método busca passar da dimensão fenomênica dos sinais e sintomas para o que Adriano Aguiar Amaral (2004) chama de marcador biológico. E mesmo nesse contexto sempre há uma tensão entre o caso singular e o geral da teoria. No entanto, é justamente esse marcador biológico que não encontramos na clínica do sofrimento psíquico. Assim, precisamos encontrar outra referência nesse lugar: um marcador subjetivo. Um sintoma é uma queixa de um sujeito. Não há clínica sem essa queixa. No entanto, no campo do sofrimento psíquico, por não termos o marcador biológico, devemos pensar a relação sintoma-sujeito por outra via: interrogando sobre a função que um sintoma pode desempenhar para este sujeito. O sintoma não é considerado como um déficit; ao contrário: aponta para um laço, uma tentativa de solução de ocupação entre o sujeito, o sintoma e seu mundo. Ora, um sujeito que se queixa é um ser falante, indicando assim a dimensão primordial de atuação no campo do sofrimento psíquico: a da fala e da linguagem, como diria Jacques Lacan em 1953.
No entanto, quando estamos às voltas com a definição de sintomas como déficits e do sujeito como um transtornado, um desadaptado, temos uma prática em que a fala do sujeito se reduz a respostas a um questionário, tornando-o uma cifra a entrar numa estatística ou um índice a classificar genericamente aquela experiência singular. Na clínica em que o sujeito é considerado como um ser falante, é levada em conta a historicização de sua vida, seus modos singulares inventados para se haver com o outro, mesmo que essa invenção se dê através do sintoma. Desse modo, o sintoma não é exatamente déficit, mas uma função de reparação de uma falha estrutural da relação do sujeito com o mundo, na medida em que essa relação porta sempre um hiato entre a relação com a coisa e sua representação na linguagem.
Daí o uso desse manual na prática clínica ser um uso não epidemiológico A consequência de um manual que não se ampara no método clínico é a criação de verdadeiras epidemias psíquicas. Tomemos como exemplos os casos do chamado Transtorno de Déficit de Atenção e Hiperatividade (TDAH) e os casos de autismo. Silvia Elena Tendlarz (2008) aponta para dados que demonstram o aumento de 500.000 casos de TDAH diagnosticados em 1987 para 4.400.000 casos dez anos depois nos Estados Unidos. Já no que se refere ao autismo, nos Estados Unidos tivemos o aumento em mais de 2.700% desde 1991. Os casos aumentaram de 1 a cada 150 crianças para 1 a cada 91. Antes de 1991 a estatística era de 1 a cada 2.500 crianças (Junior, 2010). Esse aumento epidêmico está diretamente ligado ao uso dos DSM’s como ferramenta única de diagnóstico, à sua vertente quantificadora de sintomas. E desse projeto hegemônico do DSM’s temos impacto sobre a formação dos profissionais. Além de muitas vezes serem erros diagnósticos - a mera presença de sintomas não define uma patologia específica - temos que nos interrogar a quem interessa tal aumento de transtornos. Não somente de casos, mas também do número de transtornos. Aumento que podemos chamar de impulso medicalizante.

4 - Política e Economia
O impulso medicalizante dos DSM’s, a partir de sua terceira edição, é um projeto político que pretende submeter não somente os processos diagnósticos a procedimentos dito objetivos, mas também submeter os tratamentos do sofrimento psíquico a esses mesmos procedimentos. Ou seja, submeter o sujeito a uma padronização.
Um dos mecanismos desse processo é o que podemos chamar de patologização da existência. Esta se dá por meio de transformação de vários aspectos da vida de um sujeito em transtornos. O resultado é o aumento exponencial de transtornos catalogados nos manuais estatísticos de diagnóstico. Através das décadas, houve um aumento de cerca de 300% de transtornos psiquiátricos proveniente das revisões dos DSM’s (CCHRint, 2011). Com o DSM-V temos a proposta de mudanças que não se trata apenas de avaliar a presença de sinais e sintomas, mas de prever e, consequentemente, prevenir o desenvolvimento de futuros transtornos. Na França, em 2006, já havia o projeto de avaliar crianças de três anos na busca de sinais de futuros delinqüentes. Em relação a isso, diz Gérard Wajcman: “(...) com a medicalização generalizada, esse projeto instiga a criminalização generalizada da sociedade. Todos culpáveis – futuros, potenciais. Se cada inocente é culpado em potencial, cada profissional de saúde e da educação se torna um agente potencial do poder, mobilizado a este título, fora de todo consentimento, em nome simplesmente da ciência” (Wajcman, 2006, tradução nossa).
Uma questão, então, se impõe: um “diagnóstico”, pautado pela presença de sinais e sintomas e apoiado no regime de evidências, irá requerer que tipo de tratamento? Que noção de cura está aí implícita senão aquela da remissão dos sintomas? Questionar sobre esses fins da terapêutica que acompanha os manuais é questionar também pela ética e a política que estão aí em jogo.
Não é gratuita a preconização dos tratamentos farmacológicos e os das terapias cognitivo-comportamentais. Ao fazer esse laço entre o diagnóstico, que não se preocupa com as causas dos fenômenos, com uma terapêutica do transtorno, revela-se o discurso de fundo: o discurso capitalista. E vemos aí um elo em que o questionamento sobre o laço social, sobre o que Freud há mais de oitenta anos chamou de mal-estar na civilização (1929), fica de lado em prol do discurso capitalista.
Alias, não é recente e nem desconhecida a relação intrínseca entre os DSM’s e a indústria farmacêutica. Hoje temos as companhias farmacêuticas como motor da revisão dos DSM’s. De acordo com Lisa Cosgrovea, Sheldon Krimskyb, Manisha Vijayaraghavana, Lisa Schneidera (2006), em relação à revisão do DSM-III, dos 170 revisores, 56% estavam associados a um ou mais laboratórios farmacêuticos. 100% dos revisores dos transtornos de humor e esquizofrenia e transtornos psicóticos também. A venda de medicamentos para tais transtornos rendeu mais de 80 bilhões de dólares pelo mundo. Evidencia-se, então, não só esse laço entre o discurso capitalista e os DSM’s, mas também a questão ética – ou a falta dela – uma vez que temos laboratórios financiando os “profissionais” responsáveis pela revisão dos transtornos.
Com o novo projeto de um DSM preditivo, temos a expansão do que podemos chamar de patologização da existência, em que qualquer evento da vida de um sujeito pode ser considerado um transtorno ou um potencial desarranjo. Consequentemente, deve ser tratado – via medicação – para a não perturbação da ordem pública, prevenindo o sempre inevitável mal-estar na civilização através do controle contemporâneo das populações. Essa patologização da existência revela o novo imperativo da psiquiatria estatística atual: todos transtornados. E se o tratamento privilegiado torna-se farmacológico, que grande negócio para a indústria farmacêutica! Exemplos no Brasil apontam bem para esse fenômeno nas últimas revisões do DSM. Em relação ao uso de medicamentos anti-depressivos (Brasil, 2008) temos os seguintes números: entre 2005 e 2009, tivemos o aumento de 44,8% de vendas (de R$647,7 milhões para R$ 976,9 milhões). Em relação ao TDAH, tivemos entre os anos 2000 e 2004 o aumento de 1020% de vendas de caixas de metilfenidato. Entre 2004 e 2008 tivemos outro aumento da ordem de 930% (Bordin, 2009). Aumento de vendas indica, por sua vez, aumento de casos.
Outro fator que envolve a patologização da existência é que os DSM’s deixam de ter um uso exclusivamente clínico. A consequência é que seu campo de ação fica mal-delimitado. Afinal, um campo, para ser considerado propriamente um campo de saber, tem que delimitar seus contornos. A prática, que deriva do DSM, não o faz. Pretende ser utilizado tanto por psiquiatras como por advogados, enfermeiros etc.... Além de ser utilizado por profissionais clínicos e não clínicos, ele passa a ser utilizado em tribunais, escolas, organizações, instituições, etc...
E, se muitas vezes seu uso é reivindicado em nome de um melhor gerenciamento da saúde pública, devemos estar atentos aos riscos que um mau diagnóstico pode acarretar não somente para os sujeitos, mas também para as finanças públicas. Sobre esses riscos, prestemos atenção às palavras de um psiquiatra importante nessa questão. Ninguém menos que Allen Frances, presidente da quarta revisão do DSM, em entrevista a Gary Greenberg (2011): “Nós (psiquiatras responsáveis pelo DSM-IV) cometemos erros que acarretaram conseqüências terríveis (...) a extensão do transtorno bipolar para crianças, proposta no DSM-IV, acarretou em um aumento de aproximadamente 40% dos diagnósticos do transtorno, mesmo que essas crianças nunca tinham tido um episódio maníaco e eram jovens demais para demonstrar o padrão de mudança de humor associados ao transtorno. E a prescrição de antipsicóticos para estas crianças também aumentou, ainda que muitos dos efeitos destas drogas sobre o cérebro em desenvolvimento não são bem compreendidos, mas que podem causar obesidade e diabete”. Frances acredita que este “modismo bipolar” não teria acontecido se o comitê de organização do DSM-IV não tivesse rejeitado o movimento para limitar o diagnóstico do transtorno bipolar somente para adultos. Em suma, como podemos nos fiar em um sistema diagnóstico cuja ambição é vender mais medicamentos, limitar outras estratégias de tratamento e que comete erros que são danosos para os sujeitos e para os governos? Um sistema que não faz a crítica de suas próprias aporias?
Deste modo defendemos uma psicopatologia que:
● tenha por referência maior o sujeito e seus modos singulares de se haver com o sintoma e com o mundo que o cerca;
● uma psicopatologia que se situe inteiramente na clínica, pois este é seu método por excelência;
● uma psicopatologia que conheça sua história, suas correntes, suas controvérsias e suas diferenças sócio-históricas.
● que, por conseqüência, possibilite um ensino e uma formação críticos de profissionais do sofrimento psíquico;
● que não esteja submetida aos lucros da indústria farmacêutica, mas que tenha por política a “economia” subjetiva do sintoma;
● que não esteja amparada em um ideal imaginário de ciência mas em uma ciência moderna, cuja matemática inclui um esforço de demonstração de impossibilidades lógicas, antes que a afirmação de sistemas totais fechados;
● que não promova a patologização da existência, a ilusão da prevenção e a padronização dos sujeitos.


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Equipe de redação e revisão do Manifesto de São João del Rei-Brasil em prol de uma Psicopatologia Clínica: Prof. Dr. Roberto Calazans (UFSJ); Profª Drª Andréa Guerra (UFMG); Prof. Dr. Fuad Kyrillos Neto (UFTM); Acadêmica em Psicologia Samira Pontes (UFSJ); Acadêmica em Psicologia Marina Silveira de Resende (UFSJ).

“Por uma abordagem não medicalizante nem patologisante da educação” (MANIFESTO DE PORTO)


Um grupo de cidadãos, profissionalmente ligados a instituições de formação no campo da educação e da saúde, sedeado na Faculdade de Psicologia e Ciências da Educação da Universidade do Porto, com base (i) na preocupação sentida pelo processo de medicalização crescente de todas as esferas da vida a que se assiste na atualidade, (ii) nos direitos garantidos em documentos fundadores como a Declaração dos Direitos do Homem e dos Direitos da Criança, e (iii) na reflexão empreendida por diversos grupos de cidadãos em todo o mundo e, em particular, pelo Fórum Sobre Medicalização da Educação e da Sociedade (S. Paulo, Brasil), organiza no presente documento os pontos que pretende constituintes da base para ações de reflexão política sobre a medicalização da aprendizagem e do comportamento.
Esta Plataforma, enquanto organização colectiva espontânea descentralizada, em que cada um se constitui em porta-voz desta intervenção crítica contra a patologização e medicalização da infância e da vida quotidiana, constitui-se na senda de gerar uma opinião pública internacional contra a administração abusiva de medicamentos, confundindo-se os inevitáveis desequilíbrios, estados de desânimo e comportamentos que inevitavelmente a vida quotidiana produz, com casos de enfermidade. Transferindo o que são problemas sociais, políticos e pedagógicos para o reino do biológico, a patologização e medicalização da educação escolar afirma-se num quadro de transformação artificial de problemas decorrentes da incapacidade da escola para lidar com uma população que não considera munida de predisposições que o funcionamento do sistema exige, em problemas do foro médico.

· Entende-se por medicalização o processo que transforma, artificialmente, questões não médicas em problemas médicos. Problemas de diferentes ordens são apresentados como “doenças”, “transtornos”, “distúrbios” que escamoteiam as grandes questões políticas, sociais, culturais, afetivas que afligem a vida das pessoas. Questões coletivas são tomadas como individuais; problemas sociais e políticos são tornados biológicos. Nesse processo, que gera sofrimento psíquico, a pessoa e sua família são responsabilizadas pelos problemas, enquanto governos, autoridades e profissionais são eximidos de suas responsabilidades.
· O deslocamento da procura de soluções educativas, no âmbito da escola, para o campo das soluções psicologizantes e medicalizantes legitima “cientificamente” a ausência desresponsabilizadora de respostas educativas democráticas numa escola de massas, naturaliza e deixa invisíveis fenómenos de exclusão.
· Como consequência, a aprendizagem e o comportamento – campos de grande complexidade e diversidade – têm sido alvos preferenciais da medicalização.
· Uma vez classificadas como “doentes”, as pessoas tornam-se “pacientes” e consequentemente “consumidoras” de tratamentos, terapias e medicamentos, que transformam o seu próprio corpo no alvo dos problemas que, na lógica medicalizante, deverão ser sanados individualmente.
· O estigma da “doença” faz uma segunda exclusão dos já excluídos – social, afetiva, educacionalmente – protegida por discursos de inclusão.
· Muitas vezes, profissionais, autoridades, governantes e formuladores de políticas eximem-se de sua responsabilidade quanto às questões sociais: as pessoas é que têm “problemas”, são “disfuncionais”, “não se adaptam”, são “doentes” e são, até mesmo, judicializadas; com isso se desviando, por vezes, a atenção a situações do foro médico, exigentes de intervenção em conformidade.
· A medicalização tem assim cumprido o papel de controlar e submeter pessoas, abafando questionamentos e desconfortos; cumpre, inclusive, o papel ainda mais perverso de ocultar violências físicas e psicológicas, transformando essas pessoas em “portadores de distúrbios de comportamento e de aprendizagem”.
· Tendo em conta os efeitos no desenvolvimento e aprendizagens das profecias auto-realizadas, uma rotulagem precoce, mascarada de “diagnóstico”, produz efeitos que podem condicionar o desenvolvimento de uma criança, na medida em que esta se vê a si mesma com a imagem de si que os outros lhe devolvem.
· Daí que, em referência ao Manifesto del Forumadd, se corrobore a afirmação de que todas as crianças e jovens merecem que se atenda ao seu sofrimento psíquico e que os adultos atenuem o seu mal-estar. Todos, na sua condição de cidadãos, merecem ter acesso a tratamento diferenciado, segundo as suas necessidades, assim como à escuta de um adulto que possa ajudá-los a encontrar caminhos criativos de superação desse mal-estar, e a redes de adultos que os possam apoiar.
· Considerando a hegemonia dos interesses económicos que, actualmente, com grande acutilância, atravessam todas as esferas da vida, é um exercício de cidadania a atenção actuante e vigilância crítica a práticas e orientações que, em nome da ciência, servem interesse que pouco têm que ver com os direitos das crianças e suas famílias.

O sistema mundial conhece e explora a lógica do desejo, já que, ainda que venda felicidade, sabe que o contrário da tristeza não é a alegria mas a actividade.
“Para Colina o TDAH (Transtornos do Deficit de Atenção com Hiperactividade) deve ver-se como a reacção infantil a um conflito que retém o desejo, e algo de similar se pode dizer de muitos comportamentos dos chamados transtornos limite da personalidade na adolescência e na idade adulta. (…) Em resumo, sempre que o desejo está comprometido, a acção inibe-se ou intensifica-se” (C. Rey, 2012). Consumismo no discurso capitalista, hiperactividade para o discurso da evidência científica, este último da “causalidade biológica e dos modelos condutivistas a que o discurso universitário deu púlpito e cátedra” (ibidem), que excluem a dimensão do desejo e o sentido interpretativo dos actos, inscreve-se no retorno ao reducionismo biológico que informa as engenharias do eu, negligenciando o saber que vem do sujeito que se maneja melhor na sua ausência.Com isso se escamoteiam as grandes questões políticas, sociais, afectivas e culturais que afligem a vida das pessoas; se engendram formas subtis de tomar questões colectivas como individuais, responsabilizando as pessoas individualmente e as famílias, num magma de enorme sofrimento. E a escola permanece mais intocada, intensificando-se a sua vertente de lugar privilegiado de reprodução social.

Porto, 1 de Julho de 2012

MANIFESTE POUR UNE PSYCHOPATHOLOGIE CLINIQUE, NON STATISTIQUE.

Par le présent texte, les professionnels et organisations signataires, se prononcent en faveur de critères cliniques de diagnostic, et par conséquent à l'encontre de ce qui est imposé par le "Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders" ou DSM IV par l'Association de Psychiatrie américaine comme grille de critères unique pour la clinique de la symptomatologie psychiatrique.

Nous souhaitons partager, débattre et nous mettre d'accord sur les connaissances cliniques concernant les pathologies psychiques - souffrances symptomatiques et non pas maladies - afin de mettre en question une santé psychique qui serait statistique ou normative, ainsi que l'imposture clinique et intellectuelle du "désordre", du "trouble", de la "maladie" mentale. Nous voulons aussi dénoncer que soit imposé un traitement unique - thérapies codifiées pour troubles formatés - au mépris des différentes théories et stratégies thérapeutiques et de la liberté de choix du patient.

En ce moment nous assistons à la naissance d'une clinique qui fait chaque fois moins de place au dialogue, qui est de plus en plus indifférente aux manifestations de souffrance psychique, qui est cramponnée aux protocoles et aux traitements exclusivement palliatifs des conséquences, et non des causes. Comme le disait G. Berrios (2010) : "Nous sommes confrontés à une situation paradoxale dans laquelle il est demandé aux cliniciens d'accepter un changement radical dans la façon de concevoir leur travail (exemple: abandonner les conseils de l'expérience au profit des dictats fournis par des données statistiques impersonnelles) quand, en réalité, les fondements actuels de la certitude ne sont autres que ce que disent les statistiques, les théoriciens, les gestionnaires, les entreprises (comme l'Institut Cochrane) et les investisseurs capitalistes qui sont précisément ceux qui disent où se trouve l'argent.

Par conséquent, nous défendons un modèle de santé où la parole serait une valeur à promouvoir et où chaque patient serait considéré dans sa singularité. La défense de la dimension subjective implique la confiance dans ce que chacun met en jeu pour traiter quelque-chose en soi qui se révèle insupportable, étranger à soi, et cependant familier. Nous manifestons notre répulsion à l'égard des politiques d'assistance qui recherchent la sécurité au détriment des libertés et des droits. A l'égard des politiques qui, sous couvert de bonnes intentions et de la recherche du bien du patient, le réduisent à un calcul de rendement, à un facteur de risque ou à un indice de vulnérabilité qui doit être éliminé, à peine moins violemment que par la force.

Quelle que soit la discipline, l'approche de la réalité de son objet se fait au travers d'une théorie. Ce savoir limité ne saurait se confondre avec La Vérité, car cela supposerait de faire comme une idéologie ou une religion, où toute pensée ou évènement, et y compris le langage utilisé, servent à forcer à faire un lien (re-ligare) entre savoir et vérité. Tout clinicien qui a un certain esprit scientifique sait que sa théorie est ce qu'Aristote appelait un Organon, c'est à dire un outil pour approcher une réalité qui est toujours plus multiple et changeante, et dont les classifications doivent laisser de la place à la manifestation de cette diversité, permettant ainsi le progrès théorique aussi bien que pratique.

Cette conception s'oppose à l'idée de règle au sens où nécessairement, obligatoirement et inéluctablement les choses sont et doivent fonctionner d'une manière déterminée. Nous savons tous quelles sont les conséquences de cette position qui va de l'orientation vers la norme, à la prescription, pour finir par devenir contrainte. C'est ici que le savoir se transforme en exercice du pouvoir : quand il sanctionne, au sens large, ce qui obéit ou n'obéit pas à cette règle. Ordonnancement de la subjectivité à l'Ordre Social que réclament les marchés. Tout pour le patient sans le patient. Un savoir sans sujet est un pouvoir sur le sujet. C'est ce que J. Peteiro a appelé l'autoritarisme scientifique.

C’est pour tout cela que nous voulons manifester notre opposition à l'existence d'un Code Diagnostic Unique Obligatoire et Universel.

Par ailleurs, le modèle a-théorique dont se pare le DSM, et qu'on a voulu confondre avec de l'objectivité, nous parle de ses failles épistémologiques. Il n'est que d'évoquer son manque de définition concernant ce que nous pouvons comprendre par "trouble mental" ou "santé psychique". Le contenu de cette taxonomie psychiatrique relève plus d'ententes politiques que d'observations cliniques, ce qui engendre un problème épistémologique très grave.

Quant à la méthode de classification du DSM, on constate qu'on peut classer, entasser ou regrouper beaucoup de choses, mais que ce n'est pas établir une entité nosographique dans un champ déterminé.

Enfin, dans la même veine que ce qui précède, les statistiques utilisées ont un point de départ faible: l'ambiguïté de l'objet auquel elles sont appliquées, c'est à dire le concept de "trouble mental". Les statistiques se présentent comme une technique, un outil qui peut être mis au service de questions multiples et en tous genres. Ce sont les mêmes personnes qui définissent les items et les valeurs de base de la courbe statistique, qui décident aussi de l’inclinaison plus ou moins éloignée de la marge de ce qui va être quantifié et interprété ultérieurement.

Dans ce contexte de pauvreté et de confusion conceptuelle, la prochaine publication du DSM-V suppose une menace évidente: personne ne sera à l'abris de quelque-chose qui le stoppe, qui en fasse un malade. Il ne restera pas d'endroit pour la santé, en termes de changement, de mouvance, de complexité ou de multiplicité des façons d'être. Tout le monde malade, tout le monde victime de "trouble mental". Toute manifestation de mal-être sera rapidement convertie en symptôme de "trouble mental" qui nécessitera une médicalisation à vie. C'est le grand saut qui a été fait sans aucun appui épistémologique: de la prévention à la prédiction.

Des seuils diagnostics plus bas pour beaucoup de "désordres" existants ou de nouveaux diagnostics qui pourraient être extrêmement courants dans la population générale, voilà de quoi nous prévient Allen Frances, chef de groupe de travail du DSM-IV, dans son écrit "Ouvrant la boîte de Pandore". Faisant référence aux nouveaux "troubles" que comprendra le DSM-V, cet auteur cite quelques-uns des nouveaux diagnostics problématiques:

- le syndrome de risque de psychose ("c'est certainement la plus préoccupante des suggestions. Le taux de faux-positifs serait alarmant, de l'ordre de 70 à 75 %").

- Le "trouble" mixte d'anxiété dépressive [ce qui s’appelait jadis la dépression névrotique ? ].

- Le "trouble" cognitif mineur ("il a été défini pour des symptômes non spécifiques (...) le seuil a été fixé pour (...) comprendre un énorme 13 % de la population")[Il avait été question jadis de MBD ; minor brain dysfunctions, troubles de soft, Touwen, in : Wallon : La Vie mentale, p. 66].

- Le "trouble" de l'excessivité

- Le "trouble" dysfonctionnel du caractère avec dysphorie

- Le "trouble" de la déviation sexuelle [Dans le DSM IV, il y a des pédophiles, mais plus d’homosexuels]

- Le "trouble" de l'hypersexualité

- etc.

[Contradiction massive : tout le monde est jugé potentiellement malade, en même temps que convoqué au « travailler plus », autrement dit au « surtravail » (Ueberarbeit)]

Par conséquent, il y a augmentation du nombre de "troubles" et augmentation aussi du champ sémantique de nombre d'entre eux, comme le fameux TDAH, [Trouble de déficit de l'attention / hyperactivité], qui non seulement se permet un diagnostic basé seulement sur la présence de symptômes, et ne requérant pas l'incapacité, mais encore est réduit pour les adultes à la moitié du nombre des symptômes requis. Le diagnostic TDHA se rencontre aussi dans l'autisme, ce qui impliquerait la création de deux fausses épidémies et engendrerait une augmentation de l'utilisation de stimulants dans une population particulièrement vulnérable.

Si on relie ce traitement statistique avec l'hétérogénéité thématique des groupes de travail, qui se multiplient et vont de l'identité en passant par l'adaptation des pulsions, l'hypersexualité, les changements d'humeur, etc., force est de constater que les classifications internationales prétendent être totalement autonomes par rapport à une quelconque empreinte théorique et, par conséquent, libres de tout type de contrôle sur le plan de la rigueur épistémologique. Cependant, nous ne croyons pas que les classifications et traitements puissent être neutres par rapport aux théories étiologiques, comme on le prétend, et dans le même temps être neutres par rapport à l'idéologie du Contrôle Social, et à des intérêts autres que la clinique.

Paul Feyerabend, dans Le mythe de la science et sa mission dans la société, nous dit: « A la base, c'est à peine s'il y a une différence entre le processus qui conduit à l'énonciation d'une nouvelle loi scientifique et le processus qui précède un nouvelle loi dans la société ». Il semble, poursuit cet auteur dans Adieu la Raison, que : »Le monde dans lequel nous vivons est trop complexe pour être compris par les théories qui obéissent aux principes (généraux) de l'épistémologie. Et les scientifiques, les politiques - toute personne qui veut comprendre et/ou avoir une influence dans le monde -, prenant en compte cette situation, violent les règles universelles, abusent des concepts, déforment les connaissances déjà acquises et empêchent constamment les tentatives pour imposer une science au sens de nos épistémologues. »

Enfin, nous voulons attirer l'attention sur le danger que représente pour la clinique des symptômes psychiatriques le fait que les nouveaux cliniciens sont formatés, délibérément, dans l'ignorance de la psychopathologie classique, puisque cela entre dans la dialectique entre théorie et clinique, entre savoir et réalité. La psychopathologie clinique qui déjà n'est pas enseignée dans nos facultés non plus que dans nos programmes de formation (...).Cependant, ils sont instruits du modèle d'indication... pharmacologique: universalisation de la prescription pour tous et pour tout, et qui ne se différencie en rien d'un distributeur automatique d'étiquettes psy et de réponses médicamenteuses. Ce que nous dénonçons est une méconnaissance des fondements de la psychopathologie, un obscurcissement de taille au moment d'examiner les patients et, par conséquent, une limite plus que considérable au moment d'établir un diagnostic.

Dans la mesure où la connaissance est la forme la plus éthique que nous ayons de nous approcher de notre réalité plurielle, la coexistence de différents savoirs sur la complexité de l'être humain n'est pas un problème.

C'est pour tout cela que nous proposons de mettre en oeuvre des actions qui auraient pour objectif de poser des limites à tout ce processus croissant des classifications internationales, et de travailler avec des critères de classification qui auraient une base solide en psychopathologie et qui, par conséquent, proviendraient exclusivement de la clinique.

Barcelone, le 14 Avril 2011

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Nous serons reconnaissants de la diffusion maximum de ce premier manifeste (suivi d'autres, de pays différents)

Les éléments recueillis seront traités de façon confidentielle (ils ne seront publiés qu'au moment de présenter les adhésions à un organisme officiel)

Les groupes et organisations qui souhaitent adhérer à la campagne peuvent envoyer un courrier à stopdsm@gmail.com

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MANIFEST FOR A CLINICAL NON-STATISTICAL PSYCHOPATHOLOGY

By this manifest, the undersigned professionals and institutions, want to declare ourselves in favor of clinical diagnostic criteria, and therefore against the imposition of the Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders of the American Psychiatric Association, as the sole criterion in the clinic of psychological symptoms. We would like to share, discuss and agree on the clinical knowledge -logy- on mental pathos, understood as symptomatic suffering, and not a disease. We wish to question the existence of mental health, statistical or normative, as well as the clinical and intellectual imposture of the notion of mental disorder or mental illness. We also want to denounce the imposition of one sole therapy treatment for typified disorders. These being formatted to the detriment and contempt of other theories and treatment strategies, as well as the contempt of the patients’ right to choose. At present, we witness how clinical practice is becoming less dialogist and more indifferent to the manifestations of mental sufferings, clinging to the protocols and palliative treatments, which only address the consequences, but not their causes.
As stated by G. Berrios (2010) "We are facing a paradoxical situation in which clinicians are asked to accept a radical change in the way of developing their work, (ie leave the advice of your own experience and follow the dictates of statistical and impersonal data) when in fact, currently, the basis that are used for evidence are no different than what the statistics, theorists, managers, companies (such as the Cochrane Institute) and capitalist investors say, being these who precisely say where you put the money." We thus want to uphold a health model, where the speech is a value to promote and where each patient is considered in its particularity.
The defense of the subjective dimension entails to value and consider what each one brings into play to address what remains unbearable, stranger to oneself, but yet familiar. We express our rejection to the welfare policies which prioritize security at the expense of freedom and human rights. Policies that, under the guise of good intentions and the search for the good of the patient, reduce the patient to a performance calculation, a risk factor or a vulnerability index which ought to be removed, nearly by force.
For any discipline, the approach to the reality is done through a theory. But this limited knowledge should not be confused with The Truth. This would act as an ideology or religion, where any thought, event, or even the used language would serve to promote the re-ligare between knowledge and truth. Any clinician with a true scientific spirit knows that his theory is what Aristotle called an Organon, that is a tool to approach a reality, which becomes always more plural and changeable, and whose categories are only an expression of its diversity, making it become wider from both a theoretical and practical perspective.
This conception is opposed to the idea of ​​a canon, in the sense of what necessarily things are and that they must perform in a certain way. We all know the consequences of this kind of position that goes from being indicative to set a rule and become prescriptive, and ultimately coercive. This is where knowledge becomes the exercise of a power that sanctions as per what obeys or disobeys this canon. It also means the subordination of subjectivity to the management of social order, as per what markets demand. Everything is for the patient but without taking the patient into consideration. We know that any knowledge dismissing the subject constitutes an act of power on this subject. J. Peteiro calls it “scientific authoritarianism”. For all this, we want to express our opposition to the existence of a Sole, Compulsory and Universal Diagnosis Code.
Furthermore, the a-theoretical model that the DSM boats about, claiming to guarantee any objectivity, only talks about his epistemological failure. Suffice is to recall its inability to define what a mental disorder and mental health are. The contents of this psychiatric taxonomy respond more to political reasons and agreements than to clinical observations, leading to a very serious epistemological problem.
Regarding the classification method applied at the DSM, we find that even though many things can be sorted, stacked or grouped, there is no nosographic entity that can be established in a given field. Finally, and in the same line as above, the statistics used in the DSM have a weak point of origin: the ambiguity of the object on which it operates, that is, the concept of mental disorder. Statistics are presented as a technique, a tool that can be used for multiple causes, of any kind. Items and basic values ​​of the statistical curve are handled by persons, and they are responsible to quantify and interpret the data.
In this context of poverty and confusion, the forthcoming DSM-V constitutes a clear threat: no one is sheltered from what is fixed as illness. There is no room for health in terms of change, mobility, complexity and multiplicity of forms. All of us are patients and we all suffer from a disorder. Any manifestation of discomfort will be quickly transformed into symptoms of an illness that needs to be medicalized for life. This is the big leap that has been done without any epistemological net: from prevention to the prediction. Frances Allen, head of Task Force of the DSM IV, warn us in his article “Opening Pandora's box” about lower diagnostic thresholds for many existing or newly diagnosed disorders that could be extremely common in the general population. He also lists some of the new conditions that are to be included within the DSM-V: the risk of psychosis syndrome (“It is certainly the most disturbing suggestios. The false positive rate would be alarming, going from 70 to 75%”). The mixed depressive anxiety disorder. Minor cognitive disorder (“is defined by specific symptoms ... the threshold has been arranged to include a massive 13.5% of the population".) Binge eating disorder. Dysfunctional disorder character with dysphoria. Paraphilic coercive disorder. Hypersexuality disorder, etc. As a result, it does not only increase the number of disorders but also the semantic field of many of them, as it is in the case of the ADHD. The DSM-V promotes a diagnosis based on the sole presence of symptoms, and doesn’t entail any disability. Furthermore, it reduces to the half the number of symptoms required for adults. The diagnosis of ADHD is also provided in the presence of autism, which would involve creating two false epidemics and would foster an increased use of stimulants in a particularly vulnerable population.
If we combine these statistics with the heterogeneity thematic working groups that have proliferated, ranging from gender identity, through the adaptation of the pulse, hyper-sexuality, mood swings etc., we cannot ignore the pursuit of a full autonomy with respect to any theoretical framework and any epistemic rigor control by the international classifications. We, nevertheless, do not believe that the classifications and treatments can be neutral with respect to etiology theories, as it is intended. They can neither be neutral with respect to the ideology of social control, and other extra-clinical interests.
Paul Feyerabend, in “The Myth of Sscience and its Role in society”, writes: "Basically, there is hardly any difference between the process leading to the formulation of a new scientific law and the process that precedes a new law in society " It seems, continues this author in “Farewell to Reason” that: "The world we live in is too complex to be understood by theories that obey to epistemological (general) principles. And scientists, politicians, -anyone trying to understand and / or influence the world and, taking into account this situation,- are violating universal rules, abusing of developed concepts, distorting the knowledge already obtained and constantly thwarting attempts to impose a science, in the sense used by our epistemologists. "
Finally, we would like to draw attention to the danger it involves to the treatment of psychological symptoms the fact that new clinicians are deliberately educated in the ignorance of classical psychopathology. Clinical psychopathology responds to the dialectic between theory and clinical practice, between knowledge and reality, but it is no longer taught at our universities. And yet, they are instructed in the paradigm of a pharmacologic approach that has become universally prescriptive for everybody and for any condition. It is not much different from a label vending machine, which restocks medication. What we denounce is the complete ignorance of the foundations of psychopathology, a fundamental tool when exploring patients and, consequently, a considerable constraint when making a diagnosis.
Since knowledge may the most ethical way for approaching our plural reality, the coexistence of different theories about the complexity of human beings should be respected.
Therefore, we propose to take actions in order to stop the increasing spread and growth of international classifications, and alternatively work with classification criteria which are based on psychopathology fundamentals and exclusively stem from the clinical practice.

Barcelona, April 14th 2011

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MANIFESTO POR UMA PSICOPATOLOGIA CLÍNICA NÃO ESTATÍSTICA

Através do presente texto, os profissionais e organizações signatárias, pronuciam-se a favor de criterios clínicos de diagnóstico, e assim, contra aquilo que é imposto no Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, ou DSM IV, pela American Psychiatric Association como grelha única de critérios para a clínica da sintomatologia psíquica.


Desejamos partilhar, debater e criar consensos em torno do logos clínico que diga respeito à pathos psíquica – sintomatologia do sofrimento, e não doença – a fim de questionar a noção de saúde psíquica estatística ou normativa, assim como as imposturas clínicas e intelectuais em que consistem as noções de distúrbio, perturbação e doença mental. Queremos também denunciar a imposição de um tratamento único – terapias tipificadas para perturbações formatadas – desprezando diferentes quadros teóricos e estratégias terapêuticas, assim como a liberdade de escolha do paciente.


No momento actual assistimos a uma prática clínica cada vez menos dialogante, mais indiferente às manifestações de sofrimento psíquico e agarrada a protocolos e tratamentos paliativos das consequências e não das causas. Como diz G. Berrios (2010) «Enfrentamos uma situação paradoxal em que se pede aos clínicos que aceitem uma mudança radical na forma como desenvolvem o seu trabalho (pondo de lado o saber acumulado pela sua própria experiência a favor dos ditames de dados estatísticos impessoais), quando na realidade as certezas clínicas de hoje são dadas por dados estatísticos de teóricos, gestores, de empresas (como o Cochrane Institute) e por investidores que, financiando apenas o que dá lucro, determinam que investigações se realizam ou não.


Em consequência, defendemos um modelo de saúde em que a palavra seja um valor a promover e em que cada paciente seja considerado na sua singularidade. A defesa da dimensão subjectiva implica a valorização do que cada um põe em jogo para tratar o que nele mesmo se revela insuportável, estranho a si mesmo ainda que ao mesmo tempo familiar.


Manifestamos a nossa repulsa por políticas assistencialistas que visem a segurança em detrimento dos direitos e liberdades. Por políticas que, “para o bem do paciente” e sob o pretexto de boas intenções, o reduzem a um cálculo do seu rendimento, a um factor de risco ou a um índice de vulnerabilidade que debe ser eliminado; por vezes praticamente à força.


Em qualquer disciplina se usa uma teoria na abordagem do seu objecto. Este saber, limitado, não deberá confundir-se com A Verdade, na medida em que actuaria como ideologia ou religião, onde qualquer pensamento, acontecimento, ou até a linguagem utilizada, estariam ao serviço de forçar o re-ligare de saber e verdade. O clínico com um certo espírito científico sabe que a sua teoria é aquilo a que Aristóteles chamaria um organon, isto é, uma ferramenta de abordar uma realidade sempre mais plural e mutável, e onde as categorias propostas deixam espaço à manifestação dessa diversidade, permitindo por essa via a expansão teórica e prática. Esta concepção opõe-se à ideia de um canon, no sentido daquilo que necessaria e obrigatoriamente, pela prescrição, as coisas são, e do modo como terão que funcionar. Todos sabemos as consequências desta posição que, começando no orientacional, passa pelo normativo, o prescritivo, para finalmente converter-se no coercivo. É aqui que o saber se transforma num exercício de poder sancionador, num sentido lato, do que obedece ou desobedece ao canon. Ordenação da subjectividade à Ordem Social reclamada pelos mercados. Tudo para o paciente sem o paciente. Um saber sem sujeito é desde logo um poder sobre o sujeito. J. Peteiro chamou-lhe Autoritarismo Científico.


Por tudo isto manifestamos a nossa oposição à existência de um Código de Diagnóstico Único, Obrigatório e Universal. Por outro lado, o modelo ateórico de que o DSM faz gala, e que quer confundir com objectividade, evidencia antes de mais a sua falha epistemológica. Basta recordar a sua indefinição sobre o que pode entender-se por distúrbio mental ou por saúde psíquica. Os conteúdos da taxonomia psiquiátrica respondem muito mais a acordos políticos que a observações clínicas, o que constirui um problema espistemológico gravíssimo.


Quanto ao método classificativo do DSM, verificamos que se pode classificar, agrupar ou amontoar muitas coisas sem que com isso se estabeleça uma entidade nosológica num campo específico. Por último, e na mesma linha, a estatística utilizada no DSM assenta numa base débil: a ambiguidade do objecto sobre a qual opera, isto é, o conceito de perturbação mental. A estatística apresenta-se como uma técnica, uma ferramenta, que pode ser posta ao serviço de múltiplas causas, e de todo o tipo. E são pessoas quem utiliza os índices e os valores de base da curva estatística e que decidem o tamanho da moldura do quadro onde se vai quantificar e interpretar posteriormente.


Neste conceito de confusão e empobrecimento conceptuais, a próxima publicação do DSM-V pressupõe uma clara ameaça: ninguém ficará de fora daquilo de que se ocupa, do que faz um doente. Não restará espaço para a saúde, enquanto mudança, mobilidade, complexidade ou multipilicidade de formas. Todos doentes, todos perturbados. Qualquer manifestação de mal-estar será rapidamente transformada em sintoma de uma perturbação que necessitará ser medicalizada para toda a vida. É este o grande salto realizado sem qualquer rede pistemológica: da prevenção à predição. Quadros de diagnóstico mais abrangentes para as perturbações existentes ou novos diagnósticos que poderão ser absolutamente correntes na população geral. Disto nos adverte Allen Frances, chefe do grupo de trabalho para o DSM-IV na sua obra Opening Pandora’s Box: The 19 Worst Suggestions For DSM V. Referindo-se às novas perturbações incluídas no DSM-V, este autor cita alguns dos novos diagnósticos problemáticos: o síndroma de risco de psicose («é certamente a mais preocupante das sugestões; a taxa de falsos positivos será alarmante, 70% a 75%»). A perturbação mista de ansiedade depressiva. O disturbio cognitivo menor, («está definido por sintomas sem especificidade (...) o critério de diagnóstico foi fixado de modo a abranger uns enormes 13,5% da população»). A compulsão alimentar; a perturbação disfuncional de caracter com disforia, a parafilia coerciva, a hipersexualização, etc. Aumenta portanto o número de perturbações assim como o campo semântico de muitas delas. É o caso da famosa perturbação de hiperactividade com défice de atenção, já que se permite o diagnóstico baseado apenas na presença de sintomas, sem que haja incapacidade; além disso o número de sintomas requerido para o diagnóstico de adultos foi reduzido para metade. O diagnóstico de PHDA também contempla os casos de autismo, o que implicaria a criação de duas falsas epidemias e promoveria o aumento do consumo de estimulantes numa população especialmente vulnerável. Se ao tratamento estatístico juntarmos a heterogeneidade temática dos grupos de trabalho, que se multiplicam e vão da identidade de género à adaptação dos impulsos, passando pela hipersexualidade, as alterações de humor, etc., é forçoso verificarmos que estas classificações internacionais querem-se totalmente desligadas de qualquer referencial teórico de modo a escusaram-se ao controlo no plano do rigor espistemológico. Não obstante, não consideramos que as classificações e tratamentos possam ser neutros em relação às teorias etiológicas, e ao mesmo tempo ser neutrais a respeito da ideologia do controlo social e de interesses que não são os clínicos.


Paul Feyerabend, em Science. The Myth and its Role in Society (1975), diz-nos: «Básicamente não existe diferença entre o processo que conduz ao enunciado de uma nova lei científica e o processo que precede a uma nova lei na sociedade». Parece que, prossegue este autor em Farewell to Reason, «O mundo em que vivemos é demasiado complexo para ser compreendido por teorias que obedecem a princípios (gerais) epistemológicos. Os cientistas e os políticos – ou qualquer um que tente compreender e/ou influir no mundo –, tendo em conta esta situação, violam regras universais, abusam dos conceitos elaborados, distorcem o conhecimento já obtido e boicotam constantemente as tentativas de impor uma ciência no sentido dos nossos epistemólogos.


Para terminar queremos chamar a atenção para o perigo que constitui para a clínica da sintomatología psíquica, o facto dos novos clínicos estarem formatados, deliberadamente, na
ignorância da psicopatología clássica, pois esta responde à dialética entre teoria e clínica, entre saber e realidade. A psicopatologia clínica que já não é ensinada nas nossas universidades nem nos nossos programas de formação (…). Não obstante, a instrução é feita no modelo da rescrição psicofarmacológica: universalização da prescrição para todos e para tudo, que em nada se diferencia de um distribuidor automático de rótulos e de medicação. O que denunciamos é o desconhecimento dos fundamentos da psicopatologia, um obscurecimento importante na hora de conhecer o paciente e, em consequência, uma mais que considerável limitação na hora de diagnosticar.


Na medida em que o conhecimento é a forma mais ética que temos de abordar uma realidade plural, a coexistência de diferentes saberes sobre a complexidade do ser humano, não é um problema. Por tudo isto, propomos levar a cabo acções com o objectivo de pôr um limite a todo este proceso crescente de classificação internacional, e de trabalhar com processos de classificação que tenham uma base sólida em psicopatologia e que, portanto, advenham exclusivamente da prática clínica.


Barcelona, 14 de Abril de 2011


stopdsm@gmail.com

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MANIFESTO A FAVORE DI UNA PSICOPATOLOGIA CLINICA CHE NON SIA SOLO STATISTICA.

Attraverso questo scritto, i professionisti e le istituzioni che sottoscrivono
questo documento, si dichiarano a favore di criteri diagnostici clinici e
pertanto contro l'imposizione del Manuale Diagnostico e Statistico dei Disturbi
Mentali dell'Associazione Psichiatrica Americana come unico criterio delle
sintomatologie psichiche.

Vogliamo condividere la conoscenza clinico “logica” sul pathos psichico sulla
“sofferenza sintomatica” e non sulla malattia.Vogliamo mettere in discussione
l'esistenza di una salute psichica, statistica o normativa. Inoltre vogliamo
denunciare l'imposizione di un trattamento unico,di “terapie classificate per
disturbi catalogati” per il disprezzo che presenta verso le varie teorie e
strategie terapeutiche e della libertà di scelta dei pazienti.

Attualmente assistiamo ad una clinica sempre meno dialogante, più indifferente
alle manifestazioni della sofferenza psichica, aggrappata ai protocolli e alle
cure meramente palliative, preoccupata più delle conseguenze che non delle sue
cause. Come dice G. Berrios (2010) "Siamo di fronte ad una situazione
paradossale in cui si chiede ai clinici di accettare un cambiamento radicale
nel modo di sviluppare il loro lavoro (es.: abbandonare i dettami della propria
esperienza per seguire quelli meramente statistici quindi impersonali) quando
in realtà, l'attuale base delle evidenze non sono altro che quello che dicono
gli statistici, i teorici, i dirigenti, le aziende (come l'Istituto Cochrane)
ed i finanziatori capitalisti che sono precisamente quelli che dicono dove si
“investe il denaro” .

Di conseguenza, esprimiamo il nostro sostegno a un modello sanitario, dove la
parola sia un valore da promuovere e dove ogni paziente sia considerato nella
sua particolarità. La difesa della dimensione soggettiva implica una fiducia in
ciò che ognuno mette in gioco per affrontare ciò che a lui stesso si rivela
insopportabile, estraneo a se stesso, ma tuttavia familiare. Esprimiamo il
nostro rifiuto delle politiche assistenzialiste che inseguono la sicurezza a
scapito della libertà e dei diritti. Una politica che, sotto la maschera delle
buone intenzioni e cercando il bene del paziente, lo riduce a un calcolo delle
sue prestazioni, a un fattore di rischio o a un indice di vulnerabilità che
deve essere eliminato, più o meno in maniera forzata.

Per qualsiasi disciplina, l'approccio alla realtà del suo campo avviene
attraverso una teoria. Questa conoscenza limitata non dovrebbe confondersi con
La Verità, dato che agirebbe come ideologia o religione, dove qualsiasi
pensiero, un evento o persino il linguaggio utilizzato, si trova al servizio
della forzata unione tra conoscenza e verità. Ogni clinico con un certo spirito
scientifico sa che la sua teoria è quello che Aristotele chiama un Organon,
vale a dire, uno strumento per avvicinarsi a una realtà sempre più plurale e
mutevole e dove le categorie riscontrate lasciano spazio alla manifestazione di
quella diversità, permettendo un allargamento tanto teorico come pratico.
Questa concezione si oppone all'idea di Canon nella quale: necessariamente,
obbligatoriamente e in maniera prescrittiva le cose sono (o esistono) e devono
essere svolte in un certo modo. Sappiamo tutti le conseguenze di questa
posizione che va dall’orientamento normativo, al prescrittivo per poi
finalmente diventare coercitivo. Ed è qui, in senso lato, dove il sapere
diventa l’azione di un potere in qualità di sanzione, quello che obbedisce e
disobbedisce questo canone. Ordinare la soggettività all’Ordine Sociale
richiesto dai mercati. Tutto per il paziente senza paziente. Conoscenza senza
soggetto è già un potere sul soggetto. J. Peteiro lo chiama autoritarismo
scientifico. Per tutto questo esprimiamo la nostra opposizione alla esistenza
di un Codice Diagnostico Unico, Obbligatorio e Universale.

Inoltre, il modello a-teorico che vanta il DSM e che ha voluto essere confuso
con l'obiettività, ci parla della sua falla epistemologica. Basti ricordare la
sua indefinitezza su quello che chiama “disturbo mentale”, “salute
psicologica”. Il contenuto di questa tassonomia psichiatrica risponde molto di
più a patti politici che a osservazioni cliniche, producendo un grave problema
epistemologico.

Per quanto riguarda il metodo di classificazione DSM, sappiamo che è possibile
classificare, ammucchiare o raggruppare molte cose, ma questo non vuol dire
stabilire un’entità nosografica in un determinato campo. Infine, sulla stessa
linea di cui sopra, i dati statistici utilizzati nel DSM hanno un punto di
partenza debole: l'ambiguità dell'oggetto su cui si opera, vale a dire, il
concetto di disturbo mentale. La statistica si presenta come una tecnica, uno
strumento che può essere messo al servizio di molteplici cause e di ogni
genere. Sono le persone che gestiscono gli item e i valori di base della curva
statistica e che decidono sullo spostamento, più o meno verso i margini di ciò
che si andrà a quantificare e interpretare più tardi.

In questo contesto di povertà e confusione concettuale, la prossima
pubblicazione del DSM-V è una chiara minaccia: nessuno rimarrà fuori dalla
malattia. Non rimarrà spazio per la salute, in termini di cambiamento, di
mobilità, di complessità o di molteplicità delle forme. Tutti malati, tutti
disturbati Qualsiasi manifestazione di disagio sarà presto trasformata in
sintomo di un disturbo che necessita di essere medicalizzato a vita. Questo è
il grande salto che si fa senza nessuna rete epistemologica: dalla prevenzione
alla previsione.

Soglie diagnostiche più basse per molti disturbi esistenti e nuovi strumenti
diagnostici che potrebbero essere estremamente comuni nella popolazione
generale, di questo ci avverte Frances Allen, capo del gruppo di lavoro del DSM
IV, nel suo scritto “Aprendo la scatola di Pandora”. Riferendosi ai nuovi
disturbi che includerà il DSM-V, l'autore cita alcuni dei nuovi strumenti
diagnostici problematici: la sindrome di rischio da psicosi (“è certamente il
più inquietanti dei suggerimenti. Il tasso di falsi positivi sarebbe allarmante
dal 70 al 75%"). Il disturbo misto d’ansia depressiva. Il disturbo cognitivo
lieve (“è definito da sintomi non specificati ... la soglia è stata predisposta
per includere un massiccio 13,5% della popolazione.") Mangiatori compulsivi. Il
disturbo disfunzionale di personalità con disforia.

Il disturbo coercitivo parafilico?. Il disturbo di ipersessualità, ecc.
Aumenta, pertanto, il numero di disturbi e aumenta anche il campo semantico di
molti di questi, tra cui il famoso ADHD (deficit di attenzione ed
iperattività), in quanto la diagnosi si basa solo sulla presenza di sintomi,
senza richiedere una disabilità e inoltre, si riduce alla metà il numero di
sintomi necessari per gli adulti. La diagnosi di ADHD è contemplata anche in
presenza di autismo, pertanto implicherebbe la creazione di due false sindromi
e favorirebbe un maggiore utilizzo di stimolanti in una popolazione
particolarmente vulnerabile.

Se mettiamo insieme questa gestione statistica con l’eterogeneità dei gruppi
di lavoro tematici, che si moltiplicano e che vanno dall’identità di genere,
attraversando l’adattamento degli impulsi, ipersessualità, sbalzi di umore,
ecc., Non possiamo ignorare che le classifiche internazionali pretendono una
totale autonomia rispetto a qualsiasi quadro teorico, e si presentano prive di
qualsiasi tipo di controllo e di rigore epistemico. Tuttavia, non crediamo che
le classificazioni ed i trattamenti possano essere neutrali rispetto alle
teorie eziologiche, come si pretende e allo stesso tempo essere neutrali
rispetto alla ideologia del controllo sociale e agli interessi extra clinici.

Paul Feyerabend, nel libro “Il mito della scienza e del suo ruolo nella
società”, ci dice: "Fondamentalmente, non vi è quasi alcuna differenza tra il
processo che porta alla formulazione di una nuova legge scientifica e il
processo che precede una nuova legge nella società ". A quanto pare, dice
l'autore nel libro Addio alla ragione, che “il mondo in cui viviamo è troppo
complesso per essere compreso sia da teorie che obbediscono a principi
(generali) epistemologici. Gli scienziati, i politici, e chiunque cerchi di
capire e / o influenzare il mondo, tenendo conto di questa situazione, viola
regole universali, abusa di concetti elaborati, distorce la conoscenza già
ottenuta e contrasta costantemente il tentativo di imporre una scienza basata
sulle teorie dei nostri epistemologi”

Infine, vorremo attirare l'attenzione sul pericolo che rappresenta per la
clinica della sintomatologia psicologica che i nuovi clinici siano formati
deliberatamente nell’ignoranza della psicopatologia classica, dato che questa
risponde alla dialettica tra teoria e clinica, tra sapere e realtà. La
Psicopatologia Clinica non è più insegnata nelle nostre scuole o in corsi di
formazione . Tuttavia, sono istruiti nel paradigma delle prescrizioni
farmacologiche, una specie di prescrizione universale per tutti e per tutto che
non si differenzia in nessun modo da un distributore automatico di etichette o
da una scansia di farmaci. Il risultato che denunciamo è l’ignoranza delle
fondamenta della psicopatologia, uno scotoma importante al momento di esaminare
i pazienti e di conseguenza, una limitazione più che considerevole al momento
di fare una diagnosi.

In quanto la conoscenza è la forma più etica che abbiamo di avvicinarci alla
nostra realtà plurale, non deve essere un problema la coesistenza di diverse
conoscenze sulla complessità degli esseri umani.

Proponiamo pertanto di portare a termine azioni con l’obiettivo di porre
limite all'incremento delle classificazioni statistiche internazionali e di
lavorare con criteri di classificazione che abbiano una solida base
psicopatologica e, pertanto, provenienti esclusivamente dalla clinica.

Barcellona, 14 aprile 2011

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