UD12. 5ª SESIÓN. 3ª ACTIVIDAD. EL BANQUETE.
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FRAGMENTO. EL AVARO, DE MOLIÈRE.
ESCENA V

HARPAGÓN, VALERIO y MAESE SANTIAGO

HARPAGÓN. Valerio, ayudadme en esto. Veamos, maese Santiago; os he dejado para el último.
MAESE SANTIAGO. ¿Es a vuestro cochero, señor, o vuestro cocinero, a quien queréis hablar? Pues yo soy lo uno y lo otro.
HARPAGÓN. Es a los dos.
MAESE SANTIAGO. Mas, ¿a cuál de los dos primero?
HARPAGÓN. Al cocinero.
MAESE SANTIAGO. Esperad entonces, por favor. (Maese Santiago se quita su casaca de cochero y aparece vestido de cocinero.)
HARPAGÓN. ¿Qué diantre de ceremonia es ésta?
MAESE SANTIAGO. No tenéis más que hablar.
HARPAGÓN. Me he comprometido, maese Santiago, a dar una cena esta noche.
MAESE SANTIAGO. (Aparte.) ¡Gran maravilla!
HARPAGÓN. Dime: ¿nos darás bien de comer?
MAESE SANTIAGO. Sí; si me facilitáis dinero.
HARPAGÓN. ¡Qué diablo, siempre dinero! Parece que no saben decir otra cosa: ¡dinero, dinero, dinero! ¡Ah! ¡Sólo tienen esa palabra en la boca: dinero! ¡Hablar siempre de dinero! El dinero es su muletilla.
VALERIO. No he oído nunca una respuesta más impertinente que ésta. ¡Vaya una maravilla dar una buena comida con mucho dinero! Es la cosa más fácil del mundo, y no hay mísero ingenio que no haga otro tanto; mas para obrar como un hombre hábil hay que saber ofrecer una buena comida con poco dinero.
MAESE SANTIAGO. ¡Buena comida con poco dinero!
VALERIO. Sí.
MAESE SANTIAGO. (A Valerio.) A fe mía, señor intendente, os quedaremos muy agradecidos si nos reveláis ese secreto y ocupáis mi puesto de cocinero; así seréis dentro el factoton.
HARPAGÓN. Callaos. ¿ Qué necesitaremos?
MAESE SANTIAGO. Aquí tenéis a vuestro señor intendente, que os dará bien de comer por poco dinero.
HARPAGÓN. ¡Arre! Quiero que me respondas.
MAESE SANTIAGO. ¿Cuántas personas seréis en la mesa?
HARPAGÓN. Seremos ocho o diez; mas sólo hay que contar ocho. Donde comen ocho pueden comer muy bien diez.
VALERIO. Eso por descontado.
MAESE SANTIAGO. ¡Pues bien! Se necesitarán cuatro grandes ollas de sopa y cinco platos... Sopas... Principios...
HARPAGÓN. ¡Diablo! Eso es para dar de comer a una ciudad entera.
MAESE SANTIAGO. Asa...
HARPAGÓN. (Tapando la boca de Maese Santiago con la mano.) ¡Ah, traidor! Te comerás mi fortuna.
MAESE SANTIAGO. Entremeses...
HARPAGÓN. (Volviendo a poner su mano sobre la boca de Maese Santiago.) ¿Más aún?
VALERIO. (A Maese Santiago.) ¿Es que pensáis atiborrar a todo e1 mundo? ¿Y el señor ha invitado a unas personas para asesinarlas a fuerza de condumio? Id a leer un rato los preceptos de la salud y a preguntar a los médicos si hay algo más perjudicial para el hombre que comer con exceso.
HARPAGÓN. Tiene razón.
VALERIO. Sabed, maese Santiago, vos y vuestros compañeros, que resulta una ladronera una mesa llena de viandas en demasía; que para mostrarse verdaderamente amigo de los que uno invita es preciso que la frugalidad reine en las comidas que se den, y que, según el dicho antiguo, «hay que comer para vivir y no vivir para comer».
HARPAGÓN. ¡Ah, qué bien dicho está eso! Acércate que te abrace por esa frase. Es la más hermosa sentencia que he oído en mi vida: Hay que vivir para comer y no comer para vi... No; no es eso. ¿Cómo has dicho?
1. ¿Qué función desempeña cada uno de los personajes del texto de Molière? *
2. Elabora un resumen del texto. *
3. Una sátira critica algo o a alguien con intención burlesca o moralizadora. ¿Quién es o qué es el objeto de la sátira en el texto? *
4. ¿Por qué se considera una comedia esta obra de Molière? *
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