MANIFIESTO EN DEFENSA DE LA CORTE CONSTITUCIONAL

Las personas, colectivos, estudiantes e instituciones aquí congregadas queremos manifestar abiertamente ante la opinión pública y las autoridades, nuestra firme defensa de la Constitución Política de 1991, así como de las instituciones que la protegen y la materializan, a propósito de los cuestionamientos que se ventilan por estos días contra la Corte Constitucional.
Sin duda, la crisis que afronta esta Corte es grave y nos preocupa profundamente. Sin embargo, es fundamental distinguir entre las personas y las instituciones. Por eso mismo, nos oponemos a que las conductas individuales de algunos que son ternados y finalmente elegidos como magistrados, sirvan de excusa para enlodar la contribución de la Corte Constitucional a la consolidación del Estado Social de Derecho, con todas sus letras.

Desde sus primeras decisiones en 1992 y hasta el día de hoy, la Corte Constitucional ha cumplido un papel decisivo como garante de la Constitución y del Estado democrático y de derecho. Además, ha sido también un modelo de juez para el mundo. En todo caso, reconocemos que la Corte no escapa a una observación crítica. Su funcionamiento, como el de toda institución es perfectible, y su jurisprudencia también. Con todo, expresamos con contundencia que no es necesario afectar la esencia de su configuración constitucional, pues resulta preocupante que en aras de intentar superar los errores en la elección, se hagan reformas que la desnaturalicen o la destruyan.

Antes que pensar en atacar la institución, debemos unirnos fuertemente para prevenir y contrarrestar las causas de su actual crisis. Como firmantes tenemos la esperanza de que las generaciones actuales y futuras vuelvan a ver en la administración de justicia y el derecho la dignidad que les corresponde, así como su función social al servicio de la convivencia pacífica y el bienestar general, y no como un instrumento para alcanzar intereses particulares. Además, somos corresponsables de lograr que la ciudadanía en general recupere la confianza en las instituciones, pero sobre todo, en la Constitución Política de 1991, que no tenía una aspiración menor que la de ser un Tratado de Paz.

La Corte Constitucional no debe ser expuesta a la instrumentalización de una crisis. La configuración y construcción de la Corte es sólida y de suma importancia para la ciudadanía. En efecto, desde las Salas de la Corte se ha articulado el ordenamiento jurídico y la institucionalidad, cosas que no pueden menoscabarse o desconocerse por la existencia de desesperos coyunturales. Se requiere honestidad, decencia y pluralidad en la configuración de las ternas y en la elección de los magistrados para superar la crisis. Y finalmente, lo que necesita son las herramientas adecuadas para seguir cumpliendo su tarea de materializar la Constitución, en nombre y a favor de una vida digna y de un Estado justo para toda Colombia.

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