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Somos mujeres magrebíes procedentes de contextos islámicos, somos feministas por un 8 de Marzo sin velos.

Nos dirigimos a todas las plataformas del 8M para hacer constar que nosotras, mujeres nacidas en el Magreb, en España u otros países, en familias musulmanas, vivimos y reclamamos un feminismo laico, un feminismo opuesto a la represión patriarcal que se ejerce en nombre de la religión.

Creemos en un feminismo universal que lucha a favor de una sociedad con iguales derechos y libertades para mujeres y hombres. Rechazamos todo intento de aceptar normas patriarcales basadas en la religión bajo la excusa de que es “nuestra cultura”. No reconocemos ninguna norma, sea religiosa o cultural, que vaya en contra de la igualdad y libertad de las mujeres.

Denunciamos el discurso a favor del “multiculturalismo” que pretende mantenernos a nosotras, mujeres de contextos islámicos, apartadas de los derechos y libertades que se reivindican para las demás. Pretenden crear parcelas aparte para nosotros, categorizándonos como “colectivo musulmán”, sometido a las normas dictados por “nuestros” teólogos.

Exigimos un feminismo laico que rechace toda imposición religiosa. Rechazamos ser tratadas como un colectivo aparte. Rechazamos el uso del velo islamista (hiyab) para marcarnos como personas distintas a las demás ciudadanas y como reivindicación en nombre del feminismo.

Esta lucha contra el patriarcado es universal y se debe dar a la vez en nuestra sociedad de origen y en el país en el que residimos y en el que muchas ya hemos nacido, sin por eso poder sustraernos a las normas patriarcales de nuestra cultura de origen. Normas justificadas cada vez más con la religión bajo el disfraz de una “identidad” que se nos impone como obligatoria.

No queremos ser clasificadas como parte de un “colectivo”, ni religioso, ni cultural, ni étnico y mucho menos “racializado”. Queremos igualdad.

Es nuestra convicción que esa igualdad en derechos y libertades sólo se puede dar en un Estado laico, en el que las religiones pertenecen a la esfera privada y no se instrumentalizan para dividir la ciudadanía en colectivos o grupos diferenciados.

Por ello exigimos un Estado laico y, especialmente:

Educación laica

— Sin asignaturas de religión. La asignatura de historia comparada de las religiones debe ser la misma para todos los alumnos y no debe favorecer un dogma sobre otro.

— Sin presencia de símbolos religiosos en el aula. No puede haber crucifijos ni símbolos equivalentes, ni tampoco puede exhibirlos el profesorado. Las profesoras no podrán llevar hiyab.

— Alumnas sin hiyab. Las niñas no deben ser visualmente categorizadas y segregadas por la religión de sus padres. No se admitirá el hiyab en los colegios (ni tampoco la kipá en los niños judíos ni símbolos equivalentes que marquen expresamente la religión de la persona que los porta). El colegio debe ser un espacio que enseña la igualdad de todos los ciudadanos, sin importar su procedencia, y especialmente la igualdad de todas las ciudadanas, sin símbolos sexistas.

—Aprendizaje para todas. No se admitirán exenciones de los alumnas de ciertas asignaturas con pretexto de su religión. Debe haber sesiones deportivas obligatorias, incluyendo la natación, fundamental no solo para el desarrollo motriz, el disfrute y el conocimiento del propio cuerpo, sino también para la supervivencia.

—Educación en valores. Deben aumentarse las charlas sobre igualdad, feminismo y racismo en centros educativos de primaria, secundaria y la universidad, siempre desde una perspectiva laica y antropológica, basada en la igualdad de derechos de mujeres y hombres, sin importar su procedencia étnica, su cultura o su religión, y opuesta a los estereotipos sexistas.

Integración laica

—Proyectos de formación. Necesitamos más talleres de alfabetización, formación profesional y conocimiento del entorno para mujeres migrantes. Estos talleres no deben darse nunca ni en las mezquitas ni en las asociaciones islámicas o centros culturales religiosos, sino en espacios sin connotación religiosa.

—No más dinero divino. La Administración pública debe dejar de subvencionar mezquitas, asociaciones o fundaciones cuya finalidad sea crear una “identidad” islámica que permita mantener una comunidad musulmana segregada. Tampoco debe aliarse con centros establecidos por otros Estados que intentan mantener control sobre “sus” emigrantes en España, ni con proyectos financiados por teocracias que utilizan la religión como fuente de negocios (sello halal, peregrinaje...)

— Protocolo de Seguridad. Es imprescindible contar con centros específicamente preparados para acoger o aconsejar a mujeres y niñas de trasfondo migratorio que hayan sufrido violencia dentro de su propia comunidad y no están en condiciones de enfrentarse a su propia familia mediante una denuncia policial.

— Observatorio. Necesitamos una institución que observe el cumplimiento de los derechos humanos en la población inmigrante, tanto para protegerla contra el racismo cotidiano que experimenta como para evitar que sea manipulada por quienes usan la religión como herramienta política y patriarcal.

Esperamos que todas estas reclamaciones sean tenidas en cuenta por quien corresponda. Estamos convencidas de que redundará en beneficio de toda la sociedad.
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