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MESA 3: COMMUNITAS E IMMUNITAS
II CONGRESO INTERNACIONAL DE FILOSOFÍA DE LA DANZA
MESA 3: COMMUNITAS E IMMUNITAS (Sala de Prensa Centro Danza Canal, miércoles 5 de junio de 16 a 19)

Por razones de aforo, es necesario inscribirse en cada una de las actividades a las que vas a asistir. Lamentamos los inconvenientes que esto pueda ocasionar. Por favor, ten en cuenta que reservas una plaza que no podrá ser ocupada por otra persona si no asistieras. Incidencias: filosofiadeladanza@gmail.com

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COMMUNITAS E IMMUNITAS Moderación: Miguel Marinas Herreras
DANIEL VALTUEÑA "FIESTA, JARANA, FARRA, JALEO, SARAO, ETCÉTERA"

Daniel Valtueña es estudiante de doctorado en el departamento de culturas latinoamericanas, ibéricas y latinas de The Graduate Center (City University of New York). Es graduado en Historia del arte por la Universidad Complutense de Madrid y profesor adjunto del departamento de lenguas romances de Hunter College. Sus intereses se centran en artes escénicas contemporáneas en España y cultura queer peninsular.

La fiesta como espacio de sociabilidad ha sido recurrentemente pensado desde el ámbito antropológico. Los estudios culturales todavía no han teorizado de un modo sistemático los espacios y tiempos de celebración como acontecimientos cruciales de la expresión artística. Mijaíl Bajtín, Georges Bataille, Roger Caillois o Josef Pieper son algunos de los pensadores que han teorizado el concepto de celebración sin haber sido sus aportaciones aglutinadas en un corpus común. Sus ideas coinciden sin embargo en situar al cuerpo en el centro de sus reflexiones. Con este trabajo pretendo delimitar un tentativo estado de la cuestión en torno al lugar que ocupa la fiesta como categoría crítica en la producción teórica más reciente. Me apoyaré en dos espectáculos peninsulares: La fiesta (2017) del bailaor y coreógrafo Israel Galván y Madrugá (2018) del colectivo Vértebro.

MARÍA MOLINA "COREOMANÍAS, EPIDEMIAS DE TRANCE DE LA HISTORIA"

Neuróloga en el Hospital Rey Juan Carlos. Profesora colaboradora en la asignatura “Patología médico-
quirúrgica del Sistema Nervioso” del grado de Medicina en la URJC. Practica ballet, street-dance, swing y danza africana entre otros.

Siglo XII, Países Bajos: doscientos coreómanos bailan desenfrenadamente sobre el puente del río Mosa, que acaba por derrumbarse provocando su muerte. Siglo XVI, Francia: Cientos de personas agitan sus cuerpos involuntaria y agónicamente durante días hasta quedar exhaustos. Las autoridades construyen escenarios y
contratan músicos para acompañarlos pensando que el baile es la cura de su trastorno. Muchos mueren desfallecidos. Los brotes de coreomanía, se han repetido en múltiples ocasiones a lo largo de la historia.
Existen varias cuestiones derivadas de estos episodios de trastornos motores funcionales colectivos, que todavía permanecen sin resolver. ¿Por qué prácticamente se restringen a la época medieval y no han vuelto a
describirse a partir del siglo XVII? ¿Por qué en la mayor parte de episodios es el baile el síntoma o signo
predominante?


MARÍA VICTORIA CURTO "LA INERCIA DIVINA: DANZA, MUJER Y ESPIRITUALIDAD"

María Victoria Curto es contratada predoctoral (FPI) en la Universidad Complutense de Madrid. Ha cursado el Grado Medio de Piano y de Canto Lírico en el Conservatorio Profesional de Música “Teresa Berganza” de Madrid, y participa como música y actriz en varios proyectos teatrales, entre ellos el ciclo “Los martes, milagro” del Teatro Fernán Gómez. Ha participado en numerosos seminarios y congresos internacionales en Madrid, Salamanca, Alicante, Barcelona, Oporto, Londres, Roma o Atenas, y ha sido profesora invitada en la Queen Mary University of London y en la Universidade do Porto. Recientemente ha realizado una estancia de investigación en la University of North Carolina.

En la Europa bajomedieval, la danza se manifestó con fuerza dentro de la Iglesia, que hasta entonces la había infravalorado al relacionarla con prácticas paganas y heréticas. La regla franciscana ha conservado esta “devoción” por la danza hasta nuestros días. Un ejemplo de ello es el convento de Santa Clara de Balaguer (Lleida), cuyas monjas danzan tanto en la intimidad del claustro como ante los feligreses. Los biógrafos de San Francisco recogen singulares anécdotas que lo muestran irrumpiendo a danzar durante sus sermones, “inspirado de amor divino”. Dos siglos más tarde, algunas místicas, como Juana de la Cruz o María de Santo Domingo, también reivindicaron en sus textos la importancia de la danza. En el Libro del conhorte de Juana la danza es una práctica purificadora que ayuda al alma a equilibrar sus humores, limpiar sus pecados y armonizarse con la voluntad de Dios, quien en las visiones de esta religiosa es descrito como un grácil bailarín que dirige y acompasa las “hermosas y concertadas” danzas del cielo. La tierra y el cielo danzan, pues el cosmos es una eterna danza de la que todos somos partícipes.


SARA ARRIBAS COLMENAR "BAILANDO CON LA MORAL: LA IDENTIDAD CORPORAL EN LA ANTIGUA GRECIA"

Estudiante del máster de Filología Clásica y miembro del Seminario de Investigación de Historia y Teoría de la danza

Platón, en las Leyes (814d-616d), creaba una división entre dos tipos de danzas: una que imita la belleza en su aspecto más serio, como la emmelia o pyrriche y otra dedicada a lo que él mismo definía como una danza de aspecto más feo y chabacano. La choreia, los coros cívicos griegos concebidos como un mecanismo mediante el que el ciudadano puede reafirmar su estatus social, forma parte de la propia vida social de la polis, ya que llega a institucionalizarse con un elevado control legal. Por otro lado, encontramos representaciones obscenas de carácter burlesco repudiadas por la sociedad griega. Aunque Platón estipula que no se puede conocer un tipo de danza sin la otra, establece que este tipo de representaciones solo pueden ser
representadas por extranjeros o esclavos. Aristóteles asocia la clase social con exteriorizar los vicios y la
pérdida de reputación, algo a lo que un griego de clase alta no podría arriesgarse y que tiene como máximo ejemplo el caso de Hipoclides, un joven que era el candidato idóneo para casarse con una princesa, pero por culpa de su danza lasciva y desproporcionada fue descartado. Esta anécdota llego a calar tan hondo en la sociedad griega que dio lugar al famoso refrán “a Hipoclides no le importa” perdurando durante siglos la idea de que sí ejecutas una danza en el lugar y momento equivocado serás objeto de burla y perderás tu estatus social respetable.

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