Texto
EL REY QUE IBA A MORIRSE
Una vez había un rey que iba a morirse. Era un rey muy poderoso, pero estaba gravemente enfermo y se desesperaba:
- ¿Cómo es posible que un rey tan poderoso pueda morir? ¿Qué hacen mis magos? ¿Por qué no me salvan?
Pero los magos habían escapado por miedo a perder la cabeza. Solo uno se había quedado, un viejo mago al que nadie hacía caso porque era más bien extravagante e incluso estaba un poco chiflado. El rey no lo consultaba desde hacía muchos años, pero en esta ocasión lo mandó llamar.
- Puedes salvarte -dijo el mago-, pero con una condición: que cedas tu trono por un día al hombre que más se te parezca. Entonces, él morirá en tu lugar.
Inmediatamente se promulgó un bando por todo el reino: “Los que se parezcan al rey, preséntense en la Corte dentro de veinticuatro horas, bajo pena de muerte.”
Se presentaron muchos: algunos llevaban una barba igual que la del rey, pero tenían la nariz un poquitín más larga o más corta, y el mago los descartó; otros se parecían al rey como una naranja se parece a otra en el cajón del verdulero, pero el mago los descartó porque les faltaba un diente o porque tenían un lunar en la espalda.
- Estás descartándolos a todos -reprochaba el rey a su mago-. Déjame probar uno de ellos, por lo menos.
- De nada te servirá- decía el mago.
Una tarde, el rey y su mago estaban paseando por los bastiones de la ciudad cuando, de repente, el mago gritó:
- Helo aquí, he aquí al hombre que se le parece más que ningún otro.
Y mientras decía esto señalaba a un mísero mendigo, jorobado, casi ciego, sucio y lleno de costras.
- Pero ¿cómo es posible? – protestó el rey-. Entre nosotros hay un abismo.
- Un rey que va a morirse- insistía el mago-, solo se parece al más pobre, al más desgraciado de la ciudad. Rápido, cambia tus vestiduras por las suyas durante un día, ponle en tu trono y estarás salvado.
Pero el rey no quiso admitir de ninguna manera que pudiera parecerse a un mendigo. Regresó a palacio malhumorado, y aquella misma noche murió, con la corona en la cabeza y el cetro en la mano.