CARTA ABIERTA A QUIENES ORGANIZARON EL CAPÍTULO ACADÉMICO DE LA CONFERENCIA DE SANTA MARTA
OPEN LETTER TO THE ORGANIZERS OF THE ACADEMIC CHAPTER WITHIN THE SANTA MARTA CONFERENCE
(English below)
1 de mayo 2026
Estimada Irene Vélez, encargada del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, directora general de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales de Colombia,
Estimados y estimadas organizadores del espacio académico de Santa Marta,
Como académicos y académicas, acudimos a Santa Marta siguiendo el llamado del gobierno de Colombia y de las fuerzas que, descontentas con el bloqueo corporativo persistente del proceso de negociaciones en el contexto de la CMNUCC, sienten la urgencia de abrir caminos más eficaces para atender la crisis climática y el rápido proceso de degradación ambiental al que están expuestos los socio-ecosistemas de la Tierra.
En este sentido, celebramos el esfuerzo realizado para convocar la Primera Conferencia para la Transición Más Allá de los Combustibles Fósiles de Santa Marta y los anhelos de proseguir en este proceso con quienes sí tienen la voluntad para una transformación ecosocial profunda como la que se requiere de manera urgente. Agradecemos el tiempo y la energía que ustedes han invertido para hacer posible un espacio para que académicas y académicos del mundo puedan contribuir a este camino con su trabajo. Agradecemos, muy especialmente, a la Universidad del Madgalena por habernos acogido, prestado sus instalaciones y atendido de una manera muy atenta durante los dos días de debate.
Sin embargo, nos vemos en la necesidad de compartir algunas preocupaciones que, si no son atendidas, podrian debilitar la legitimidad de este importante proceso hacia el futuro. Lo hacemos luego de haber sostenido una serie de conversaciones con colegas que contribuyeron al espacio académico, que nos da la certeza de que estas preocupaciones son compartidas por un buen número de colegas, especialmente provenientes de América Latina y de otros Sures.
Nuestras preocupaciones se refieren tanto a la metodología y las decisiones tomadas en el contexto del proceso previo que encaminó el encuentro en la Universidad del Magdalena como a algunas dinámicas durante el encuentro mismo.
Nosotros acudimos a Santa Marta para contribuir al espacio y a las recomendaciones que se transmitirían a los gobiernos y la coalición más amplia de actores reunida allí con nuestra labor, nuestros conocimientos y nuestra experiencia, respondiendo a una invitación abierta y con la voluntad de aportar. Hicimos gestiones para liberarnos los días, muchxs de nosotrxs buscaron financiamiento para poder viajar y alojarse en Santa Marta – lo que desde Universidades del Sur Global muchas veces es desafiante, a diferencia de las universidades en general bien financiadas del Norte, y preparamos posibles aportes para responder de la manera más constructiva al llamado que habíamos recibido.
En estas circunstancias nos extrañó mucho que, durante la reunión de zoom preparatoria realizada el 6 de abril se anunciara la existencia – y no la invitación a participar – de un grupo ya conformado de 24 personas que se auto-adjudicó la tarea de redactar un “reporte de síntesis”, con un cronograma que preveía que este documento estuviese prácticamente terminado antes de las jornadas de trabajo colectivo en Santa Marta, sin mostrar una metodología ni temporalidades claras de trabajar, entre los que acudieran al encuentro en persona, en una síntesis real de lo que surgiría de estas dos jornadas colaborativas.
No se transparentó cómo se habia llegado a convocar estas 24 personas autoras, ni qué legitimidad y representatividad tenían para haber conformado este grupo, respecto de juntar una diversidad de voces que diera cuenta de los diversos debates académicos existentes en el mundo acerca de la política, acción y justicia climática. Uno de los organizadores mostró una “estadística” de cuántos hombres y mujeres integra el grupo y cuántas voces desde el Sur global, haciendo una apología rápida de no haber alcanzado paridad ni en el uno ni en el otro sentido. Nos llamó particularmente la atención el hecho de que, a pesar de que la Conferencia se realizaría en Santa Marta, el grupo de 24 personas incluía una sola voz latinoamericana. A pesar de contar con la presencia de docenas de participantes académicas mujeres y provenientes de los Sures en la reunión de zoom, entre ellxs personas con altos méritos académicos en las temáticas relacionadas con la conferencia, no se aprovechó ni el espacio de zoom, ni las semanas entre éste y el inicio de la conferencia, para convocarles a sumarse al “grupo de síntesis” y de esta manera equilibrar más los aportes. Al invitar a comentar, no se explicó bien el documento, ni la metodología, ni cómo serían procesados los comentarios, ni si el tiempo invertido en hacer comentarios llevaría a un reconocimiento académico del aporte realizado o si quedaría completamente invisibilizado (en los tiempos de la academia neoliberal de rendimiento, esto lamentablemente es un aspecto a considerar); se estableció una jerarquía clara entre los 24 autores y autoras – que tampoco fueron introducidxs nunca al espacio de zoom con sus trayectorias, méritos y como se combinarían sus respectivos aportes en un todo planificado -, y quienes comentarían en condiciones opacas. La excusa del “apuro” difícilmente explica este hermetismo e intransparencia, dado que se contaba aún con varias semanas de tiempo y mucha voluntad de contribuir.
Para quienes nos sumamos este día al proceso académico de Santa Marta con toda nuestra voluntad de aportar constructivamente, fue difícil creer que seríamos convocados únicamente para poner “comentarios”, en un tiempo y formato más que escueto y sin la menor transparencia, a un documento prefabricado por un club cerrado, cuya avenencia parecía obedecer al mero azar, para no decir a los vínculos y simpatías personales de un minúsculo grupo de hombres blancos del Norte global.
Sin embargo, en retrospectiva, el sabor que queda es incluso más extraño. Como lo expresó uno de los participantes, “hemos sido convocados a participar de un circo” para darle legitimidad al documento que este club habia redactado. El documento final, llamado “SMART”, solo muestra mínimos cambios e incorporaciones respecto de su versión borrador. Es decir, el trabajo de cientos de académicos de múltiples disciplinas, países, experiencias y regiones que acudimos a Santa Marta durante dos días quedó prácticamente invisibilizado, aunque este documento se arroga representar una “síntesis” de los conocimientos académicos actuales, reunidos para aportar al proceso de salida de los combustibles fósiles. Un action point 13 que fue presentada por un grupo al equipo de redacción no fue incorporado, y a los workstream se les dió apenas 150 palabras para resumir el trabajo de dos días y decenas de voces (pidiendo además entregar esta síntesis a la noche del primer día, es decir, sin poder incorporar lo discutido en el segundo).
Nos vemos en la necesidad de subrayar que la inclusividad y el diálogo entre diferentes posturas, escuelas de pensamiento y tipos de conocimientos no es un asunto de estadística o números. No se trata de poder mostrar un cierto número de mujeres, personas no-blancas, personas del Sur global o del mundo de mayoría en la autoría de un documento. Se trata de juntar consciente- y proactivamente ciertas voces porque representan a posturas presentes en el debate académico y en las sociedades, voces legitimadas por sus trayectorias en su respectivo ámbito. El reunir un cierto número de mujeres no garantiza que se incluya en un documento la perspectiva de género o el pensamiento crítico feminista con sus múltiples aportes al debate, si no se invita a mujeres con una trayectoria en este ámbito y la capacidad de aportar desde allí; de la misma manera que el incluir a una persona indígena en una mesa no garantiza para nada que pueda transmitir perspectivas desde las epistemologías indígenas. Esto dependerá del diseño metodológica con intención descolonizadora del espacio-tiempo y de la representatividad y legitimidad de las voces convocadas. Descolonizar estos espacios requiere de metodologías específicas en su diseño . Parte de la exclusión también se reflejó en el nulo involucramiento de otras universidades colombianas en el proceso previo.
Cuando una de las participantes interpeló vehementemente la misma situación que describimos aquí durante la reunión del 6 de abril, se ofrecieron disculpas insuficientes. Hasta hoy, por ejemplo, seguimos esperando a que en el sitio web oficial de la preconferencia los resúmenes de los grupos de trabajo estén disponibles en castellano. También nos preocupa el hecho de que, como coordinadores de algunos “workstream”, no tenemos respuesta frente a las preguntas de las personas que participaron en nuestros espacios de trabajo respecto a qué se hará con los insumos generados. Tememos que esto genere una sensación de futilidad y frustración, y renuncia a participar en futuras convocatorias. Un paso urgente a considerar desde la coordinación debe ser cómo se mantiene un espacio de diálogo con las personas que con mucho esfuerzo acudieron a participar, y cómo se visibilizan sus aportes.
En la misma línea, nos gustaría que en los próximos espacios académicos del proceso que de continuidad a la Conferencia de Santa Marta, pudiera avanzarse en una agenda concreta orientada a abordar estos asuntos. Incluyendo:
- Una apertura a reformular y ampliar los espacios de coordinación y de toma de decisiones de una manera democrática, decolonial y transparente
- Rediseñar el espacio de la pre-conferencia académica (si sigue ocurriendo) para evitar la situación de diseñar un producto de la conferencia antes de la conferencia
- Diseñar una metodología para la síntesis e integración de los contenidos producidos para que el reporte entregado efectivamente refleje los debates y aportes de quienes participan
- Pasos concretos, a lo largo de todo el proceso para mayor inclusión lingüística, regional y de género más allá de cuotas, incorporando conscientemente enfoques feministas y las discusiones y conceptos que han sido impulsados desde el Sur Global.
Adicionalmente, queremos manifestar que nos dejó en la incomodidad que un pequeño grupo de hombres del Norte global, sobre todo de Alemania, haya actuado en Santa Marta desde un rol de “anfitriones”, encontrándose en un país del Sur. Por ejemplo, el discurso “científico” en el espacio de inauguración fue dado por uno de ellos, dejando a la verdadera anfitriona de la Universidad de Magdalena el rol de “anuncios logísticos”, y sin una sola referencia en este discurso ni al contexto colombiano, ni a los debates colombianos y latinoamericanos, y ni siquiera al principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas que rige en el debate climático global desde 1992 y ha dado forma a las negociaciones Norte-Sur en este proceso. El “big picture” que nos invitaba a mirar el orador era apenas un triángulo entre Estado, combustíbles fósiles y energías renovables, reduciendo así el ámbito de intervención necesario a una lectura simplista de las relaciones ecosociopolíticas que deben transformarse para lograr salir de los combustibles fósiles.
Esperamos que, a futuro, en estos espacios simbólicamente tan importantes de plenaria se busquen voces capaces de mostrar el campo de debate en su complejidad, y sobre todo partiendo del contexto, para no invisibilizar una vez más las asimetrías Norte-Sur, de género, interepistémicas y hasta inter-ontológicas que siguen manifiestas en la gobernanza climática global.
***
ENGLISH VERSION
1 May 2026
Dear Irene Vélez, Head of the Ministry of Environment and Sustainable Development and Director-General of Colombia’s National Environmental Licensing Authority,
Dear organisers of the academic space in Santa Marta,
As academics, we came to Santa Marta in response to the call issued by the Colombian government and by those forces which, dissatisfied with the persistent corporate blockage of negotiations within the UNFCCC process, feel the urgency of opening more effective pathways to address the climate crisis and the rapid environmental degradation to which the Earth’s socio-ecosystems are exposed.
In this regard, we welcome the effort to convene the First Conference on the Transition Beyond Fossil Fuels in Santa Marta and the aspiration to continue this process with those who are genuinely willing to pursue the profound ecosocial transformation that is urgently required. We are grateful for the time and energy you have invested in creating a space in which academics from around the world can contribute to this path through their work. We would like to express our particular thanks to the Universidad del Magdalena for hosting us, providing its facilities, and offering attentive support throughout the two days of discussion.
However, we feel compelled to share several concerns which, if left unaddressed, could weaken the legitimacy of this important process going forward. We do so following a series of conversations with colleagues who contributed to the academic space, which gives us confidence that these concerns are shared by a significant number of participants, particularly those from Latin America and other parts of the Global South.
Our concerns relate both to the methodology and decisions taken in the preparatory process leading up to the meeting at the Universidad del Magdalena, and to certain dynamics during the meeting itself.
We came to Santa Marta to contribute to the space and to the recommendations that would be conveyed to governments and the broader coalition of actors gathered there, offering our work, knowledge, and experience in response to an open invitation and with a willingness to contribute. We made arrangements to free up our schedules; many of us sought funding to cover travel and accommodation—something that is often challenging for institutions in the Global South, in contrast to generally well-funded universities in the Global North—and we prepared potential contributions in order to respond as constructively as possible to the call we had received.
Under these circumstances, we were very surprised that during the preparatory Zoom meeting held on 6 April, the existence—rather than an invitation to participate—of a group of 24 individuals was announced. This group had self-assigned the task of drafting a “synthesis report”, with a timeline indicating that the document would be almost finalised before the collective working sessions in Santa Marta, without presenting a clear methodology or timeline for incorporating the contributions of those attending the in-person meeting into a genuine synthesis emerging from those two collaborative days.
There was no transparency regarding how these 24 authors had been selected, nor what legitimacy or representativeness they held in terms of bringing together a diversity of voices reflecting the range of academic debates on climate politics, action, and justice worldwide. One of the organisers presented a “statistic” on the number of men and women in the group and the number of voices from the Global South, offering a brief apology for failing to achieve parity in either respect. We were particularly struck by the fact that, despite the conference taking place in Santa Marta, the group of 24 included only a single Latin American voice. Despite the presence of dozens of women academics and scholars from the Global South in the Zoom meeting—including individuals with significant academic credentials in the conference themes—the opportunity was not taken, either during the meeting or in the weeks leading up to the conference, to invite them to join the “synthesis group” and thus broaden and balance the contributions.
When participants were invited to comment, neither the document nor the methodology was adequately explained; nor was it clarified how comments would be processed, or whether the time invested in providing feedback would receive any form of academic recognition or remain entirely invisible (an unfortunately relevant concern in today’s performance-driven neoliberal academia). A clear hierarchy was established between the 24 authors—who were never introduced in the Zoom meeting in terms of their trajectories, merits, or how their different contributions would combine in order to achieve a planned result —and those invited to comment under opaque conditions. The justification of “urgency” hardly explains this level of secrecy and lack of transparency, given that several weeks remained and there was considerable willingness to contribute.
For those of us who joined the academic process in Santa Marta with a genuine commitment to contribute constructively, it was difficult to accept that we had effectively been invited merely to provide “comments” within a very limited format and timeframe, and without transparency, on a pre-fabricated document produced by a closed circle whose composition appeared arbitrary—if not shaped by personal networks and affinities among a small group of white men from the Global North.
In retrospect, however, the outcome feels even more troubling. As one participant put it, “we were invited to take part in a circus” in order to legitimise a document already drafted by this closed group. The final document, titled “SMART”, shows only minimal changes and additions compared to its draft version. In other words, the work of hundreds of academics from multiple disciplines, countries, experiences, and regions who gathered in Santa Marta over two days was rendered largely invisible, even though the document claims to represent a “synthesis” of current academic knowledge assembled to contribute to the transition away from fossil fuels. One action point (number 13), presented by one of the workstreams to the drafting team, was not included, and each workstream was given only 150 words to summarise two days of work among dozens of voices (with the additional constraint of submitting this summary on the evening of the first day, thus excluding discussions from the second day).
We wish to emphasise that inclusivity and dialogue among different positions, schools of thought, and types of knowledge are not matters of statistics or numbers. It is not about showcasing a certain number of women, non-white individuals, or representatives from the Global South or the majority world in the authorship of a document. Rather, it is about consciously and proactively bringing together voices that represent distinct positions within academic debates and within society—voices legitimised by their trajectories in their respective fields. Including a certain number of women does not guarantee that gender perspectives or feminist critical thought are reflected in a document if women with relevant expertise and experience are not invited. Similarly, including an Indigenous person in a panel does not ensure that Indigenous epistemologies will be represented. This depends on a methodological design with a decolonising intent, as well as on the representativeness and legitimacy of the invited voices. Decolonising such spaces actually requires specific methodological approaches in their design. Part of this exclusion was also reflected in the absence of meaningful involvement of other Colombian universities in the preparatory process.
When one participant raised these concerns forcefully during the 6 April meeting, the apologies offered were insufficient. To date, for example, we are still waiting for the summaries of the working groups to be made available in Spanish on the official pre-conference website. We are also concerned that, as coordinators of some workstreams, we have no response to participants’ questions regarding what will be done with the materials generated. We fear that this may lead to a sense of futility and frustration, and to a reluctance to engage in future initiatives. An urgent step for the organisers should be to ensure continued dialogue with those who made significant efforts to participate, and to make their contributions visible.
In this same spirit, we would like future academic spaces within the process that continues the Santa Marta Conference to advance a concrete agenda to address these issues, including:
Additionally, we wish to express our discomfort with the fact that a small group of men from the Global North, particularly from Germany, assumed the role of “hosts” in Santa Marta, despite being in a Global South country. For example, the “scientific” keynote at the opening session was delivered by one of them, while the actual host from the Universidad del Magdalena was relegated to logistical announcements. The keynote made no reference to the Colombian context, nor to Colombian or Latin American debates, nor even to the principle of common but differentiated responsibilities that has shaped global climate negotiations since 1992. The “big picture” presented was reduced to a triangle between the state, fossil fuels, and renewable energy, offering a simplistic reading of the ecosocio-political transformations required to move beyond fossil fuels.
We hope that in future, these symbolically important plenary spaces will feature voices capable of reflecting the complexity of the field of debate, and above all grounded in context, so as not to once again render invisible the North–South, gendered, inter-epistemic, and even ontological asymmetries that continue to shape global climate governance.
Signed (in alphabetical order):
Firman (en orden alfabético):
Gabriela Cabaña, Pacto Ecosocial e Intercultural del Sur, Chile
Daniel Chavez. Ikerbasque Research Professor, University of the Basque Country
Luciana Ghiotto, Investigadora de CONICET, Argentina, y Transnational Institute.
Miriam Lang, Universidad Andina Simón Bolívar; Pacto Ecosocial e Intercultural del Sur, Ecuador