Lucas y el perrito Puki

Había una vez un niño llamado Lucas que vivía en un pueblecito. El niño era ciego. Todos los días iba al colegio un poco triste porque sus compañeros de clase no jugaban con él y se reían de su minusvalía.

Siempre llegaba a casa llorando y su madre le daba ánimos diciéndole que no se preocupara que él era igual que los demás y que con el tiempo sus compañeros se darían cuenta y jugarían con él.

Algunas tardes, su vecino Mario, iba a su casa para salir juntos al parque y así distraerse un poco. Mientras Mario jugaba con sus amigos al fútbol, Lucas se quedaba sentado en un banco, escuchando al resto de niños jugar e imaginándose lo divertido que sería hacerlo.

Una de esas tardes, mientras Mario y los demás jugaban, Lucas, escuchó un ruido. Eran gemidos de un animal herido. Muy despacio, se fue acercando guiado por los sonidos de aquellos quejidos. Con cierta precaución, palpó al animal y se dio cuenta de que era un perro pequeño atrapado bajo un tronco.

El perrito, al ver a Lucas dijo: - ¡Estoy atrapado! ¿Podrías ayudarme?

Lucas fue palpando a su alrededor hasta encontrar un palo y se ayudo de él para liberar al perro. - ¡Eres libre perrito!

El perrito, muy agradecido, respondió: - ¡Me has salvado la vida! ¿Qué quieres a cambio?

Lucas, apesadumbrado, le contestó: - Lo único que yo quiero es poder ver y eso no me lo puedes dar.

El perrito refutó: - No puedo devolverte la vista, pero si puedo guiarte allá donde quieras ir. ¡Puedo ser tus ojos!

Lucas y el perrito se hicieron grandes amigos, y desde ese día, quedaban todas las tardes en el parque para dar grandes paseos y recorrer zonas, que Lucas, nunca antes había podido visitar. Mario, entusiasmado por jugar con el perro, acompañaba a Lucas durante sus paseos y durante uno de ellos, se dio cuenta de lo sólo que debía haberse sentidos su amigo todas las tardes sentado solo en el banco.

Mario: - Lucas, he sido muy egoísta. Todas las tardes jugaba al fútbol en vez de pasar tiempo contigo, perdóname. Mañana hablaré con todos los niños de la clase para hacerles ver lo equivocados que estaban contigo y verás como todos querrán jugar con nosotros.

Lucas: - Gracias Mario, eres un buen amigo.

La tarde siguiente, al llegar al parque, todos los niños agasajaron a Lucas con efusivos saludos y expresiones de disculpa por el comportamiento tenido hacia él; y desde entonces, todos jugaron juntos.

La amistad entre Lucas y Puki fue en aumento y el niño decidió llevarlo a casa para que pudieran pasar todo el día juntos. Al llegar a casa, su madre abrió la puerta.

Lucas: - ¡Mira mamá! Este es Puki, mi nuevo amigo ¿puede venir a vivir conmigo?

Madre: - Pero Lucas, es un perro de la calle, déjalo donde lo encontraste.

Lucas se fue apenado al parque a despedirse de Puki. Durante el camino de vuelta a casa, el niño volvió a notar la sensación que había conseguido hacerle olvidar el perro, la inseguridad que le creaba el no poder ver.

Lucas ya no quería salir de casa y siempre estaba triste, recordando los buenos momentos que pasaba con Puki. Tras varios días igual, la madre de Lucas comprendió que Puki no era una simple mascota para su hijo, sino el compañero que necesitaba para enlazarse con la sociedad. Así, pidió a Mario que trajese a Puki a casa.

Timbre: - ¡Ding dong!

Madre: - Hola Mario, gracias por haber traído a Puki. ¡Lucas ven, tienes visita!

Lucas encaminó el pasillo que conducía a la puerta y a lo lejos, podía escuchar los jadeos de Puki, ansioso por poder estar con su amo de nuevo. Lucas corrió hasta el perrito y se fundieron en un tremendo abrazo.

Lucas: - ¡Gracias mamá, me has devuelto la vista!

TRADUCCIÓN

Lucas and the dog Puki

There was once a boy named Lucas who lived in a small village. The child was blind. Every day he went to school a little sad because her classmates did not play with him and made fun of his handicap.
Whenever he came home crying and his mother encouraged him and told him not to worry that he was like the other and that eventually they would realize his teammates and would play with him.
Some afternoons, his neighbor Mario, went home to go together to the park and so a bit distracted. While Mario was playing football with his friends, Luke was sitting on a bench, listening to other children playing and imagining what fun it would do so.
One afternoon, while playing Mario and others, Lucas, heard a noise. There were groans of a wounded animal. Slowly, she was guided by the sounds approaching those moans. With some caution, felt the animal and realized that it was a small dog trapped under a log.
The dog, seeing Lucas said: - I'm stuck! Can you help?
Lucas was feeling around to find a stick and it helped to free the dog. - Feel free puppy!
The puppy, very grateful, he said: - "You saved my life! What do you want to change?
Lucas, sorry, he replied: - All I want is to see and that's not what you can give me.
The puppy refuted: - I can not give you back your sight, but if I can guide you wherever you want to go. I can be your eyes!
Lucas and the dog became great friends, and from that day, left every afternoon in the park for long walks and travel to areas that Luke had never been able to visit. Mario, excited to play with the dog, went with Lucas during walks and during one of them realized what he must have felt just that his friend every evening sitting alone in the bank.
Mario: - Lucas, I have been very selfish. Every afternoon playing soccer instead of spending time with you, forgive me. Tomorrow I will speak to all children in the class to show them how wrong they were with you and watch everyone will want to play with us.
Lucas: - Thank you Mario, you're a good friend.
The next afternoon, to get to the park, all the children entertained Lucas with effusive greetings and expressions of apology for the behavior had at him, and since then, everyone played together.
The friendship between Lucas and Puki grew and the boy decided to take him home so they could spend all day together. Upon arriving home, his mother opened the door.
Lucas: - Look, Ma! This is Puki, my new friend can come live with me?
Mother: - but Lucas is a street dog, leave it where you found it.
Lucas was embarrassed to say goodbye to the park Puki. On the way back home, the boy turned to notice the feeling that had made him forget the dog, which created insecurity unable to watch.
Lucas did not want to leave home and was always sad, remembering the good times spent with Puki. After several days as the mother of Luke Puki realized that was not just a pet for your child, but the partner it needed to link with society. So, asked Mario to bring home a Puki.
Ring: - Ding dong!
Mother: - Hello Mario, thanks for bringing Puki. See Lucas, you have seen!
Lucas walked the corridor leading to the door and far away, I could hear the panting of Puki, eager to be with his master again. Lucas ran to the dog and merged into a huge hug.
Lucas: - Thanks Mom, I have restored the sight!