Entre la creación del universo griego y egipcio.

Las mentes arcaicas de la antigüedad se formularon la esta pregunta: <<¿cómo se ha creado el universo?>>. Fue una pregunta que, con el poco desarrollo científico, dio origen a multitud de pensamientos y de diferentes historias en cada lugar del mundo que hoy en día nos pueden sonar disparatadas, pero que para los antiguos creyentes eran respuestas a sus curiosidades.

Las creencias en Grecia.

 

Según los griegos en un principio lo único que existía era el Caos, la oscuridad profunda, el desorden, la nada. Esta nada creó a Gea, la Tierra que constituye el suelo donde los seres vivos caminan. Este ser femenino engendró por sí sola a Ponto, el elemento líquido en todas sus variantes: ríos, lagos, corrientes subterráneas, el mar; y también dio a luz a Urano, el cosmos, de igual extensión que la Tierra y quien se encontraba permanentemente unido a ella, en un coito ininterrumpido. Así engendraron a los tres Cíclopes: Brontes, Estéropes y Arges, seres con un único ojo en su frente y de gran talento en la fragua; a los tres Hecatonquiros -Coto, Briareo y Giges- monstruos enormes de cincuenta cabezas y cien brazos, representantes de la fuerza violenta; y también nacieron de estas uniones continuas los seis Titanes -Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Jápeto y Cronos- y las seis Titánides -Febe, Mnemósine, Rea, Temis, Tetis y Tea- la primera generación de dioses. Todos estaban atrapados en el interior de su madre pues Urano no dejaba espacio para que salieran.

Así Gea cansada de que Urano yaciera con ella, se alió a su hijo Cronos dándole una hoz para que éste desde el interior de su madre lo castrara, y así lo hizo, haciendo que Urano tras bramar de dolor subiera arriba, constituyendo el techo del universo, un cielo que cubre a Gea, dejando un espacio entre ambos que dio lugar al paso del tiempo. Cronos arrojó los genitales de su padre que cayeron al mar, y de la mezcla del esperma y la espuma del oleaje nació Afrodita acompañada de Eros, el amor que se encarga de unir a las parejas, y de Deseo o Hímero. Sin embargo de la sangre por la herida que cayó a la tierra nacieron seres horribles que encarnan la discordia, las venganzas y las matanzas: las tres Erínias, quienes persiguen a todo aquel que haya cometido un crimen siendo el recuerdo de éste y haciendo que sea castigado; los violentos y temibles Gigantes; y las Melíades, ninfas unidas a los árboles de los que los humanos extraían la madera para flechas y lanzas destinadas a la guerra.

De este modo Cronos se hizo el señor del universo y se juntó con Rea, su hermana, con la que tuvo a la segunda generación de dioses: Hestia, Hera, Hades, Deméter, Poseidón y Zeus. Cronos engullía a sus hijos al nacer receloso de que se cumpliera la maldición de Urano de que alguno de sus descendientes le arrebataría el trono. Sin embargo Rea, cansada, cuando dio a luz a Zeus el más pequeño, decidió salvarlo dandole a su marido una piedra en su lugar. El joven dios creció en Creta junto a ninfas y divinidades menores, y cuando tuvo conciencia volvió para salvar a sus hermanos dandole un vomitivo a su padre.

Una vez libres, se enfrentaron dando lugar a la guerra de los dioses que volvió a sumir al mundo en un caos. Finalmente Zeus junto a sus hermanos los dioses Olimpicos, los Cíclopes y los Hecatonquiros venció a los Titanes, encerrándolos en el Tártaro (el interior de Gea, un eco del Caos principal) y poniendo a los Hecatonquiros como guardianes.

Zeus se erigió como dios de los dioses con el rayo fabricado por los Cíclopes como arma principal, siendo respetado y temido e implantando un orden en el universo.

Las creencias en Egipto.

En cuanto a las creencias egipcias, existieron una gran variedad. Esto fue así dentro de un mismo territorio ya que cada ciudad adoraba por encima de los demás a un dios diferente. Se conocen cuatro versiones diferentes, procedentes de lugares varios:

En la ciudad de Hieracómpolis se creía que en un principio solo existía un inmenso océano oscuro y húmedo, semejante de un vientre materno. Este oceáno se llamaba Nun, el cual se mantenía siempre durmiendo. Pero una vez despertó y abrumado por el aburrimiento de no haber nada creó desde sus profundidades una colina donde se posó el dios de los cielos Horus, quien voló a todas partes ayudando a crear todo el universo dotándolo de orden.

En cuanto a la ciudad de Heliópolis, donde se veneraba sobre todo al dios Ra, sobre la historia anterior se decía que, una vez despertado Nun y habiendo este creado al río divino Nilo (un río ya que el agua representa el oriden de la vida, recordando que en un principio había un mar inmenso), apareció una flor de loto flotando sobre él (algunas versiones sostienen que fue un huevo) que se resistía a abrirse. Sin embargo, una vez la flor no pudo aguantar más y abrió sus pétalos de ella apareció Ra, el dios del Sol quien dotó al universo de la luz que le faltaba. Ra, con su propia sombra o inseminándose a sí mismo engendró al aire, Shu al que escupió, y a Tefnet, la humedad, que vomitó. Estos dos elementos separaron por primera vez a lo masculino de lo femenino, y tuvieron a Nut, la diosa del cielo y a Geb, el dios de la tierra. En las representaciones, Nut aparece con el cuerpo arqueado y la punta de las manos y los pies apoyadas en el suelo, el yacente Geb. Entre ellos con los brazos levantados aparece Shu, sujetando el cuerpo de Nut y creando el espacio entre ambos. De estos elementos nacerían la siguiente generación de dioses: Osiris, Isis, Seth y Neftis.

Otra versión de esta misma historia, sujeta que de las profundidades de Nun había surgido una altísima pirámide y sobre ella el ojo de Ra se abrió y lo iluminó todo, dando al universo forma y orden.

La cuarta versión está basada en una creencia monoteísta: en la ciudad de Memphis adoraban al dios Pteh. Los memphitas sostenían que en el comienzo del universo, su dios único creó el mundo mediante la acción de su pensamiento y la pronunciación de la palabra.