Opaquén y el brillo de los cuervos

(Pancho Aquino)

Cuentan que hace muchos pero muchos siglos, existía un extraño planeta habitado únicamente por pájaros. entre todos se destacaban unos muy negros, llamados cuervos, quienes dominaban el ligar y eran los que ordenaban lo que estaba permitido y lo que estaba prohibido.

Eran millones y casi iguales entre sí, la única diferencia estaba en su plumaje; algunos brillaban como el sol, otros resplandecían como la luna o destellaban como las estrellas.

Según la leyenda, para lograr que las plumas fueran brillantes, estas aves tenían que ser ejemplares en todo, llevando una vida plena de valores y aunque muchos lo intentaban, sólo algunos llegaban a alcanzar el brillo tan deseado.

pero ocurría que una vez lograda la transformación sufrían otro cambio, el luminoso plumaje los hacía sentirse admirados, respetados, temidos... superiores.

Habitaba este lugar un joven cuervo llamado Opaquén, él como otros, comenzó a pensar, más que pensar, a soñar, con  llegar a ser el más renegrido y fulgurante del lugar, quería demostrar que aun con mucho poder se puede caminar por el buen camino.

Y así se fue convirtiendo en el más bueno entre todos, sin embargo los años pasaban y su plumaje seguía siendo opaco.

Durante sus vuelos había conocido a muchos cuervos, de una y otra clase, y se había dado cuenta de que no eran tan distintos, también comprendió que si no había luz, nadie brillaba y así supo que cuando el brillo no es propio no tiene ningún valor y eso le hizo entender muchas cosas de la vida.  

Un amanecer de invierno, estando en su nido, se sorprendió al ver que una de sus plumas resplandecía con intensidad, emocionado comenzó a visitar a todos sus amigos para contarles lo ocurrido y compartir su alegría. Su sueño comenzaba a ser realidad.

Los primeros viajes para mostrar sus plumas brillantes eran tan largos que regresaba a su nido totalmente extenuado, pero a medida que pasaba el tiempo le llegó la admiración y la envidia de los demás, y tuvo que comenzar otra vida.

De lugares lejanos lo llamaban para que relatara a los pichones cómo se llaga a ser brillante habiendo nacido tan opaco, los pequeños lo escuchaban con admiración porque ellos, con su inocencia, no sabían que existían la envidia ni los celos y se sentían encantados de escuchar al viejo Opaquén contando sus historias llenas de amor y sabiduría, él repetía que todos eran iguales.

En cada viaje sentía que la maldad y el egoísmo se hacían más evidentes, entonces Opaquén perdió las esperanzas de hacer del mundo de los cuervos el lugar que había soñado y le pidió a Dios que les diera un justo castigo a las aves de su propia especie.

Opaquén fue escuchado y de un momento a otro, todos los cuervos se volvieron opacos, perdieron el brillo y el poder y así permanecen hasta hoy.

En el mismo instante todos los otros pájaros que habitaban el lugar y se escondían por miedo, salieron a la luz; invadieron el cielo con sus vuelos, llenaron el paisaje de colores y lo alegraron con sus trinos; y a partir de ese momento la belleza y la armonía reinaron para siempre.

Nadie supo qué pasó con el bueno de Opaquén, algunos dicen que se alejó sin rumbo, otros que murió de tristeza y hay quienes piensan que se sintió en paz, porque la maldad fue castigada y la vida renovó sus esperanzas.

También se dice que en el espacio infinito, se escucha una voz que cuenta que en un planeta llamado Tierra se repite la misma historia, pero los protagonistas no son aves, son seres humanos y quién sabe por qué rara coincidencia, algunos, entre ellos, son llamados...cuervos.