DEPORTE, SOCIEDAD E IDEOLOGÍA. SIGNIFICACIONES DE LAS PRÁCTICAS

DEPORTIVAS EN LAS PRÁCTICAS ESCOLARES

Silvia Kaenel Grupo de Investigación del INTEF coordinado conjuntamente con Prof. Walter Aguirre INTEF — Resistencia, CHACO. silviakaenel@yahoo.com.ar

Desde una perspectiva psicosociológica, llevamos adelante un estudio exploratorio

respecto de significaciones ideológicas que subyacen en las prácticas deportivas de las clases de

Educación Física en el contexto del Nivel Medio/Polimodal, en el marco del Proyecto Estratégico

Jurisdiccional, Investigación Aplicada a Problemáticas Educativas Emergentes de los Operativos

de Evaluación: “Disociación entre el discurso docente y el hacer docente en el desarrollo de sus

prácticas áulicas”. Utilizamos para ello entrevistas semiestructuradas aplicadas a Profesores y

Profesoras de Educación Física y alumnos de ambos sexos de escuelas Estatales y Privadas del

Gran Resistencia- Chaco, del nivel Medio/Polimodal.

Entendemos ideología como las cogniciones sociales compartidas por los miembros de un

grupo, es decir, los sistemas de ideas y especialmente, las ideas sociales, políticas o religiosas.

En ella la dimensión social explica qué tipo de grupos y qué relaciones se establecen entre los

grupos y las instituciones que participan en el desarrollo y la reproducción de las ideologías en

donde juega un papel fundamental el discurso, cuyos niveles de estructuras están determinados

por la misma. Por el hecho de ser sistemas de ideas de grupos sociales y movimientos, las

ideologías no sólo dan sentido al mundo, desde el punto de vista del grupo, sino que también

proporcionan el fundamento de las prácticas sociales de los miembros del mismo. Sostiene van

Dijk que “Una de las prácticas sociales más importantes que las ideologías determinan es el uso

del lenguaje y del discurso -que asimismo también influencian la forma de adquirir, aprender o

modificar las ideologías. La mayor parte de nuestro discurso, especialmente cuando hablamos

como miembros de un grupo, expresa opiniones con un fundamento ideológico. (Teun A. van Dijk,

2003). Tener en cuenta estas dimensiones discursivas de las ideologías consideramos de

fundamental importancia ya que es uno de los modos en cómo se reproducen las ideologías en la

sociedad marcando "pautas sociales" permitidas que, por presión externa, se irán inscribiendo en

el cuerpo de los individuos dando sentido a lo que éstos van reproduciendo: modos, hábitos y

costumbres; ejemplo de ello son las resignificaciones que fue sufriendo el deporte en virtud de

nuevas construcciones sociales que, como tales, no pueden ser consideradas independientes de

los diferentes fenómenos que fueron dándose en la historia de la humanidad, específicamente la

constitución de los Estados-nación y, por consiguiente, la sociedad de masas; lo que significa que

su existencia solo puede ser imaginada bajo condiciones históricas particulares, en contextos de

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sociedades masivas industriales, implica esto reconocer e identificar la dimensión política1 como

componente de nuestras prácticas; su desconocimiento desde la Educación Física, en tanto

disciplina escolar masiva, y ámbito legitimado por la escuela donde es pertinente intervenir

programáticamente sobre el desarrollo motriz de los ciudadanos, genera un progresivo

vaciamiento de sus contenidos disciplinares, como asimismo desvalorización de la influencia que

ella tiene en la conformación psíquica y social de los sujetos, proceso que surge por la

internalización de instituciones. Entendemos las instituciones como objetos culturales que tiene

cierta cuota de poder en tanto los sujetos interiorizan, en los diferentes momentos de

socialización, valores y pautas culturales sostenidas por ellas, lo que permite un acuerdo para

encarar y conducir una obra colectiva. Al respecto, Enriquez sostiene que en la medida en que

inician una modalidad específica de relación social, en la medida en que tienden a formar y

socializar a los individuos de acuerdo con un patrón especifico y que tienen voluntad de prolongar

un estado de cosas, desempeñan un papel esencial en la regulación social global. Estas pautas,

normas y valores culturales internalizados por los individuos le imprimen su sello a las

representaciones que los sujetos construyen sobre el entorno que los rodea, sobre sí mismos, la

sociedad y sobre la naturaleza en la cual se constituyen como personas; de esta manera, los

sistemas culturales establecen un sistema de valores y normas, un sistema de pensamiento y

acción, una armazón estructural que se cristaliza en atribución de lugares, expectativas de roles,

conductas más o menos estereotipadas, costumbres de pensamiento y acción y rituales. De esta

manera las representaciones, siguiendo a Moscovici y Jodelet (Arbeláez Gómez, M. C., 2000), se

convierten en una manera de interpretar y de pensar la realidad cotidiana; este modo de

interpretar la realidad, responde a una “red de significación social” que al ser internalizada por los

sujetos se convierten en núcleo central de la representación, existiendo una dialéctica entre lo

individual y lo social. (DELVAL, J., 1989).

Inferimos desde esta posición que el elemento de homogeneidad que define a una clase, o

a un grupo como tal, es el resultado de los condicionamientos estructurales idénticos a los que

han estado sometidos los individuos que la constituyen. La educación reduce los principios,

valores y representaciones que tienen un estatuto simbólico específico al estado de práctica pura,

a conocimiento práctico-práctico. El efecto de este tipo de procesos se sitúa en el plano

inconsciente, por ejemplo, todo el trabajo que se realiza sobre el cuerpo con el fin de introducirlo a

las formas, movimientos y maneras ‘correctas’, se expresa en una variedad de órdenes de

conducta que trae aparejado el aprendizaje de las maneras, de los estilos donde se expresa la

sumisión al orden establecido, y es esto de tal importancia que sus efectos se manifestarán a lo

largo de la vida de los sujetos como sistemas de representaciones con un alto grado de

estabilidad de tal manera que se configuran como el sustento más profundo, oculto e influyente

1 Cuando mencionamos a la dimensión política, no nos referimos a militancia partidaria o a la inserción en lugares de toma de decisión efectiva, sino simplemente a las operaciones por las cuales se puede intervenir substancialmente sobre nuestro campo de actuación.

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del sistema cognitivo del sujeto, formando una auténtica epistemología personal, que fundamenta

una serie de rutinas y planes mentales que permiten la reproducción cultural.

Este proceso se vincula, básicamente, con las relaciones de comunicación porque es a

través de éstas que las relaciones de poder se encienden en el sistema y distribuyen “diferentes

formas de conciencia” (Berstein, 1994: 16), de esta manera la educación se convierte en un

transmisor de relaciones de poder que están fuera de ella, es decir un transmisor de modelos de

dominación externos a ella que darán al sujeto su posicionamiento en la estructura social

dependiendo de la clase, la raza y el género; manifestándose en términos de relaciones de

inclusión/exclusión. Nos referimos aquí “[…] a las reglas que sitúan al texto dentro de los

discursos pedagógicos de la escuela dentro de un curso, dentro de un currículo, conjuntamente

con al práctica organizacional, es decir, las reglas que regulan las relaciones entre agentes y

contextos […]”; asimismo, en un nivel macro “ […] a las reglas que regulan la construcción de

aquellos discursos de los cuales se derivó el “texto privilegiante” inicial; a las posiciones dentro de

los campos de recontextualización pedagógicas relevantes; y al control directo o indirecto por el

estado” (Berstein, 1994: 25).

Deporte, etimología y evolución conceptual

García Ferrando, en 1990, y Hernández Moreno en 1994 han definido al deporte como el

fenómeno social más característico de las sociedades actuales. Sostienen que detrás de una

estructura en apariencia simple se teje una gran complejidad cultural y social basada en el

lenguaje y simbolismo de la motricidad; esta estructura, independientemente del nivel cultural y

social, es aprehensible por cualquier persona, lo que convierte al fenómeno deportivo en un

hecho universal que como tal fue evolucionando y transformándose hasta convertirse en una

institución propia de las sociedades industriales. Siguiendo a Piernavieja (PIERNAVIEJA, 1966)

etimológicamente, el deporte se utilizó para referirse a regocijo, recreo, diversión en forma de

ejercicios físicos y luego, en la Edad Moderna, adquirió la significación de actividad al aire libre

con el fin de hacer ejercicios físicos, conclusión a la que llega a partir de un estudio realizado en

1966 sobre las diferentes acepciones del deporte en la historia.

Actualmente el término deporte reviste un carácter polisémico y es origen de múltiples

controversias en distintos autores que atribuyen valor fundamental a diferentes variables o

factores, entre otros, reglas, competencia, superación personal. En 1990, ante la variedad de

concepciones, aparece la propuesta de García Ferrando, quien sostiene la necesidad de una

definición inclusiva, en vez de exclusiva, considerando tres elementos esenciales: la idea de

actividad física e intelectual humana; de naturaleza competitiva y gobernada por reglas

institucionalizadas. Con la misma intensión, Hernández Moreno en 1994 concluye que el deporte

puede quedar caracterizado por: la situación motriz en la que ineludiblemente está presente el

movimiento; el juego, con una finalidad lúdica; las reglas como elemento básico que definen las

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características de la actividad y de su desarrollo y la institucionalización que permite el

reconocimiento, el control, el desarrollo y la implantación de los reglamentos.

El deporte moderno: diferentes teorías respecto de su origen

Las diferentes teorías respecto de la génesis y desarrollo del deporte moderno indican que

la práctica deportiva pudo servir a fines ideológicos, económicos y políticos, no sólo por la

distinción de clase que el carácter exclusivo de dicha práctica proporcionaba a las elites sociales,

sino también en otros sentidos como, por ejemplo, contribuyendo a la pacificación social de

Inglaterra y a la adopción de modos de conducta cívica necesarios para el progreso social y

político, o cumpliendo una función de control y formación moral de los alumnos de las Publics

Schools, destinados a formar en el futuro parte de la clase dirigente.

Asimismo, el deporte es considerado como medio para la inversión económica en un

sentido recreativo o lucrativo; desde aquí, la práctica deportiva supuso el primer paso hacia la

evolución del deporte como espectáculo y hacia la profesionalización de los deportistas.

Si bien hoy la mayoría de los autores aceptan la idea de que lo que se conoce como

deporte moderno -en cualquiera de los múltiples significados - “tuvo su origen en Inglaterra, a

partir del siglo XVIII, mediante un proceso de transformación de juegos y pasatiempos

tradicionales iniciado por las elites sociales, y en el que tuvieron un papel clave las «publics

schools» y los «clubs» ingleses” (VELÁZQUEZ BUENDÍA, 2000), los motivos, circunstancias y

causas atribuidas a la aparición del deporte moderno, aunque responden a factores

socioculturales, políticos y económicos que caracterizaron el desarrollo de Inglaterra en los

últimos siglos, son diferentes; entre ellos una perspectiva que considera al deporte como una

actividad transhistórica —espíritu deportivo inglés, Carl Diem; socio-económica, Richard D.

Mandell; socio-política, Norbert Elías— vinculada con los orígenes de la humanidad y por tanto

relacionado con ejercicios físicos de carácter lúdico, competitivo, ritual, utilitario o militar; y, una

segunda perspectiva sociocrítica, que considera al deporte como resultado y producto de modos

de producción -Jean-Marie Brohm, mercantilización de la figura del deportista, promoción del

espectáculo deportivo de masas, con la complicidad del aparato del Estado, a fin de obtener

beneficios económicos y políticos; Pierre Bordieu, centra las causas en las necesidades

educativas de las clases sociales dominantes y el significado con que se concibió la práctica

deportiva entre las mismas-.

Deporte Moderno como Dispositivo de Reproducción Ideológica, Económica y Social

En la historia de la humanidad, específicamente a partir de la Edad Media, se ha producido

un continuo incremento de la presión social sobre las personas para que ejerzan auto-control de

sus sentimientos y conductas, lo que produjo un cambio de equilibrio entre las presiones externas

e internas aumentando la importancia de la “conciencia” como regulador del comportamiento, es

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decir, durante el proceso de civilización las diferentes instituciones fueron internalizándose en los

sujetos operando por debajo del umbral de la racionalidad y del control consciente, por ejemplo,

mediante la aparición de sentimientos de culpa, ansiedad y vergüenza.

El deporte moderno, desde su aparición, ha incorporado funciones de socialización y de

reproducción de la ideología dominante; éste se desarrolla, organiza y funciona de manera

análoga a la sociedad industrial, contribuyendo a que los individuos que forman parte de la misma

asuman de manera acrítica sus principios y valores, como característicos de un orden natural que

fundamenta la existencia social, en ese sentido, Brohm señala que los pilares del deporte

moderno se van construyendo durante el proceso de industrialización en torno a factores tales

como la competencia mercantil, observable en la competición sistemática; como esencia de la

práctica y como valor de progreso; la selección y clasificación observable en la idea de que el

deporte mejora la jerarquía y promoción social, como medio de situar a cada individuo en el lugar

que le corresponde en cada momento según su aptitud; la objetivación de la ganancia y la

medida, análogamente la cuantificación de los resultados, como forma objetiva de valorar el

trabajo efectuado y de compararlo; el maquinismo industrial en la idea de rendimiento, como

principio de valoración del progreso y de la inversión realizada; y la especialización, subsidiaria del

principio de rendimiento, como forma de obtener más y mejores resultados.

Los Estados, desde la perspectiva del ámbito público a través de sus gobiernos, también

han intervenido de manera decisiva. El deporte moderno surge en el ámbito de la esfera privada e

inició su crecimiento y difusión en el seno del Estado liberal, a través de organizaciones civiles

tales como clubes, federaciones, asociaciones que dispusieron de autonomía para configurar,

organizar, reglamentar y sancionar la práctica deportiva. Ahora bien, la aceptación, expansión y

capacidad de movilización de masas que junto con el proceso de industrialización fue adquiriendo

lo convirtió en un fenómeno socio-cultural y económico que el Estado no podía ignorar, en virtud

de las posibilidades que ofrecía para satisfacer determinado tipo de intereses políticos. Con la

aparición del Estado contemporáneo -o Estado social, Estado de bienestar- los poderes públicos

dejan de ser ajenos a los procesos e intereses sociales, surgiendo una política decididamente

intervencionista y reguladora en el terreno deportivo como consecuencia de la nueva orientación

social de la política. Así, el deporte pasa a ser considerado políticamente como un servicio social

que el Estado debe proporcionar a los ciudadanos para su beneficio y bienestar personal.

Meynaud sostiene que si bien los móviles para la intervención de los poderes públicos son

variados, hay tres que llegaron a justificar la intervención permanente del Estado en el ámbito

deportivo: a- la necesidad de salvaguardar el orden público durante la realización de

manifestaciones o espectáculos deportivos; b- el deseo higiénico de mejorar la condición física de

la población con una triple finalidad: equilibrio personal, preparación militar y rendimiento laboral;

y, c- afirmación del prestigio nacional de los Estados -y, por consiguiente, de sus gobiernos en

relación con sus ciudadanos- que se deriva de la obtención de victorias en los enfrentamientos

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internacionales, las cuales se interpretan como signos del desarrollo socioeconómico de los

países. Este móvil, ha terminado por convertir a los equipos deportivos en delegaciones

nacionales, representantes directos del honor y del prestigio nacional, y a sus éxitos en servicios

al Estado, en motivos de orgullo nacionalista y en medios de incrementar el sentido patriótico de la

población, especialmente de la juventud asimismo, el deporte como instrumento para poner de

manifiesto la capacidad organizativa, técnica y económica del país correspondiente.

Otras posiciones, consideran que la intervención del Estado en el terreno deportivo

responde a la finalidad de despolitización, utilizando el deporte como medio de distraer a la

opinión pública de los problemas políticos, posiciones éstas desde donde es lícito inferir que

debajo de la retórica oficial y privada sobre el deporte subyacen intereses políticos, económicos e

ideológicos que han sido los que orientaron los discursos y las decisiones de los poderes públicos

y de las empresas privadas en el terreno deportivo.

Deporte, Educación Física y Escuela

Nicos Poulantzas sostiene que, la "ideología dominante se encarna en los aparatos del

Estado que desempeñan el papel de elaborar, inculcar y reproducir esa ideología." Esos aparatos

pueden estar en la esfera del Estado o simplemente pertenecer al carácter privado. Así, la Iglesia,

el sistema escolar, los medios de comunicación, el aparato cultural, constituyen, para este autor,

los aparatos ideológicos del Estado, a través de los cuales se instaura la ideología de las clases

dominantes, es decir, tienen como función, específicamente el sistema escolar, de producir los

conocimientos que utiliza para el control económico, político y cultural.

Ubicada en la institución escolar -institución social encargada de llevar adelante el proceso

educativo y socializador-, la Educación Física no es inocente respecto de este proceso, más aún si

sostenemos, siguiendo a Francisco L. Otero, que la “Educación Física se ocupa de estimular y

operar aprendizajes que son decisivos para la existencia humana que afectan por lo tanto a la

totalidad del ser […] trata de educarlo, de acrecentar su potencial como ser viviente: recursos,

autoestima, actitudes, hábitos, formas de pensar y de sentir, […] el potencial educativo es

enorme,[…]. Esto es así porque su praxis educativa actúa desde, en y por la realidad de los

humanos que tiene a su cargo” (OTERO: 42); realidad que se determina en virtud de significar su

esencia como viviente, es decir, por ser radical y sustancialmente en su existencia una realidad

corporal. “Si la realidad corporal es de consumo la realidad sentida como propia por el escolar, no

lo es menos de experimentación, el llevar a cabo acciones experimentales con su yo como único y

exclusivo protagonista. Si el cuerpo configura la primera realidad sintiente del ser, la segunda vine

determinada por las acciones experimentales que protagoniza ese mismo cuerpo. Ambas

perspectivas sitúan a la educación física ante una realidad contextualizada.”(OTERO: 45)

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La Educación Física en la Argentina

La educación física se constituye en un campo de lucha ideológica; lugar desde el cual -a

través de los centros de poder- se prefiguran las diferentes experiencias de vida de los sujetos

quienes, por medio de la organización de sus percepciones sensomotrices toman conciencia de

su propio cuerpo y del mundo que le rodea.

En nuestro país, el proyecto de Nación de la generación del '80, orienta sus políticas de

Estado hacia la construcción de la Argentina Moderna, incluyendo a la Educación Física dentro

de la escuela como parte de la educación integral, considerando aspectos intelectuales, físicos y

morales. Las funciones específicas que a la Educación Física correspondía giraba en torno a la

cuestión del orden social y la salud pública. Básicamente la creación del Sistema educativo

Nacional (Martinez Paz, 1977) fue una de las acciones emprendidas por el Estado para conformar

al hombre argentino, buscar la unidad nacional a partir de integrar al criollo y al inmigrante

portadores de culturas diferentes y "educar al ciudadano" en el sentido de dotar a los sujetos de

los elementos de racionalidad que permitieran elecciones a conciencia, progreso del país y vida

democrática. La Educación Física entra al Sistema en este contexto, planteándosela como

asignatura obligatoria en la normativa de la ley 1420 de Educación Común, aprobada en 1884

durante la presidencia de Julio A. Roca, con la función social de ser ordenadora, moralizadora e

higienista.

El modelo didáctico que se configuró en este momento se mantuvo a lo largo de la historia

de la Educación Física. Angela Aisenstein, en relación a este tema, considera que puede

afirmarse que “tras unos años de yuxtaposición de elementos provenientes de la gimnasia, los

ejercicios militares, algún deporte (de origen inglés) y los juegos, fueron éstos últimos, junto con la

gimnasia metodizada el contenido de mayor presencia en las escuelas comunes (y en las de

formación de maestros). Los ejercicios militares hicieron su aparición toda vez que en el contexto

nacional o internacional se elevaba los niveles de tensión política. El deporte, que había sido

introducido en la escuela secundaria a fines del siglo XIX por los maestros ingleses fue

prácticamente dejado de lado en las escuelas primarias bajo jurisdicción del Consejo Nacional de

Educación, y destinado al ámbito de las asociaciones deportivas. Poco más de cien años

después, la Ley 24.195, Ley Federal de Educación enuncia entre sus principios generales que "El

Estado nacional deberá fijar los lineamientos de la política educativa respetando los siguientes

derechos, principios y criterios: [....]

a- El desarrollo de una conciencia sobre nutrición, salud e higiene, profundizando su

conocimiento y cuidado como forma de prevención de las enfermedades y de las

dependencias psicofísicas.

b- El fomento de las actividades físicas y deportivas para posibilitar el desarrollo armónico e

integral de la personas. [...]" (art. 5)

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Bracht, (Bracht, 1996), sostiene que fueron dos campos instituidos los que mayor

incidencia tuvieron y tienen en la configuración de la Educación Física, la institución militar y la

institución deporte. La institución militar, se infiere a partir no sólo de los métodos inicialmente

adoptados, éstos fueron por vía de reglas y métodos gimnásticos de inspiración militar, sino

también de los propios instructores o “aplicadores” de los métodos, principalmente en las primeras

cuatro décadas del siglo XX; ahora, la preparación militar incluye históricamente la ejercitación

corporal con el objetivo del desarrollo de la aptitud física y de lo que se convino en llamar

“formación del carácter”, esto es, autodisciplina, hábitos higiénicos, capacidad de soportar el

dolor, coraje, respeto a la jerarquía, conviertiéndose la institución escuela en escenario de una

acción “pedagógica” que se legitimaba a partir de su presumible contribución para la salud, o sea,

como función higiénica, inicialmente como un concepto anatómico y posteriormente anátomo-

fisiológico, y formación del carácter basando su contenido, fundamentalmente, en la ejercitación

corporal a través de ejercicios analíticos, carreras, saltos, etc., por tanto, asume a través del

contenido y de la forma en como son presentados los códigos/símbolos/lenguaje/sentido de la

institución militar”. Respecto de la institución deporte, expone que éste, el deporte, sufre en el

período de posguerra un gran desarrollo cuantitativo y va, paulatinamente, afirmándose en todos

los países bajo la influencia de la cultura europea, como elemento hegemónico de la cultura de

movimiento, así la Educación Física asume, nuevamente los códigos de otra institución. Resulta

de esto, no el deporte de la escuela y sí el deporte en la escuela, lo que indica su subordinación a

los códigos de la institución deportiva que pueden resumirse en: principio del rendimiento atlético-

deportivo, competición, comparación de rendimientos y marcas, reglamentación rígida, suceso

deportivos y sinónimo de victoria, racionalización de medios y técnicas; alta especificidad,

organización formal. Instituciones diferenciadas a nivel local, regional, nacional, internacional;

reglas escritas que minimizan las diferencias sociales y naturales legitimadas por una

racionalidad y unos modelos burocráticos; terreno de juego, tiempo de juego, número de

participantes claramente definidos; especificación de los roles; estricta distinción

jugadores espectadores; control formal por unos oficiales certificados por la institución; bajo nivel

de violencia física; elevado control emocional; gran importancia de la identidad individual. Ahora

bien, esta subordinación no implica la autonomía de la institución deportiva respecto de la

Educación Física, ambas se condicionan, correspondiéndole a la Educación Física la tarea de

proveer la “base” para el deporte de rendimiento, siendo la escuela la base de la pirámide

deportiva y el lugar donde el talento deportivo va a ser descubierto, por otro lado, fue muy

utilizado, por la institución deportiva, el argumento que el deporte es cultura, es educación con el

fin de legitimarse en el contexto social y obtener financiamiento y apoyo oficial; a su vez, la

institución educación legitima el mantenimiento de las relaciones de dominación, la reproducción

de un orden social estratificado que descansa en la desigualdad por raza, sexo o clase.

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A modo de conclusión y a partir del análisis de los datos relevados, sostenemos que, como

institución, el deporte se convierte en un regulador de la conducta social en tanto, análogamente a

los valores y pautas culturales construidas en el proceso de industrialización, va instalándose en

los sujetos modos de percibir e interpretar la vida social, modos éstos coherentes con el sistema

político imperante. A este respecto podemos decir que el deporte moderno forma parte de un

conjunto simbólico e ideológico que tiene un alto componente emotivo que canaliza el

pensamiento crítico hacia terrenos ideológicamente seguros, fomenta la uniformidad de gestos y

gustos a través de los valores que difunde, supone la puesta en acción de una serie de

dispositivos que aseguran unas determinadas formas de conducta y disciplina corporal producto

de transformaciones socioculturales y económicas que dieron lugar a un conjunto de regulaciones

individuales y colectivas.

Si bien la retórica oficial presenta al deporte como una de las actividades culturales más

importantes de la sociedad contemporánea; como un elemento fundamental del sistema educativo

en virtud de que contribuye al mantenimiento de la salud, y a favorecer la integración e inserción

social fomentando la solidaridad, subyace, en su ejercicio una perspectiva ideológica

preponderantemente centrada sobre los resultados, siendo esto uno de los dispositivos utilizados

por la institución educación para inculcar hábitos y costumbres en la extensión de las clases

sociales. En este contexto cabe preguntarnos y reflexionar sobre alternativas posibles en el

desarrollo de la praxis pedagógica, y esto supone la reflexión sobre las representaciones que

tenemos como docentes, en las ideas que hemos ido internalizando sobre la función del deporte,

los sujetos y cualidades físicas, referentes “explicativos” de los criterios que utilizamos en el

proceso de selección observables en el hacer profesional. Entendemos que esta toma de

conciencia, que este movimiento hacia la apropiación del acto, abriría puertas a hipótesis,

propuestas, interpretaciones que enriquecerán el conocimiento de este área en el campo

educativo, y, como emergente, modificaciones, si así lo consideramos, de nuestra praxis

pedagógica; responsabilidad que nos cabe como docentes, como Profesores en Educación Física

y como sujetos sociales portadores y transmisores de cultura.

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