Una noche como tantas otras, dos figuras masculinas se aparecen entre el humo que exhalan los cigarros apurados, las copas de absenta y la banda sonora que encierra la noche parisina en el barrio de Saint Germain. Corría por aquel entonces 1916, los dos hombres desconocían que aquella misma noche compartirían sus pensamientos en un lugar en que sólo los dos podrían intercambiar una conversación como aquella en particular.

- Bon soire monsieur, mi nombre es Duchamp, dijo el primer hombre mientras desabrochaba los botones de su pantalón.

- Bon soire monsieur, el mio es Apollinaire, contestó su compañero de necesidad.

- Es increíble las posibilidades de este ingenioso aparato, su plástica, su volumen, su color, sus ... ¿Qué pasaría si lo colocara en...?

-Estoy totalmente de acuerdo monseiur, con lo importantes que resultan en nuestra vida y nadie los menciona; debemos dignificarlos.

Los dos hombres se despidieron cortésmente y regresaron a sus respectivas mesas del café. Su ingenio estaba desbordado, sus libretas de apuntes se llenaban de garabatos, ,juegos de palabras, reflexiones que giraban en torno a aquella corta y curiosa conversación. Quizás algún día tomasen forma aquellos pensamientos.

Muchos años pasaron, para que la fortuna me llevara a conocer una tarde de verano,  a un anciano sentado en un café de un pueblo cercano a París, Neuilly-sur-Seine, garabateando en su vieja libreta de apuntes. No pude evitar acercarme a curiosear, quizás por mi propia naturaleza, lo cierto es que la casualidad quiso que esa tarde gris conociera a Marcel  Duchamp. El anciano me contó su breve conversación con Apollinaire sucedida tantos años atrás de la que surgieron dos obras que cambiaron parte de la historia del arte, el ready made “La fuente” y el caligrama “llueve”.

Esa misma tarde de 1967 me apresuré en llegar a casa para apuntar todas aquellas ideas que se agolpaban en mi mente; me sentía contagiado por aquel ser tan especial del cual me gustaría exprimir hasta su última gota de ingenio creativo. Yo andaba por aquel entonces liado en la creación de mis libros de artista. Libros objeto en los que se almacenaban mis pensamientos, ideas y bocetos sobre mis problemas y conversaciones con mi yo artista.

Así fue como surgió el pequeño libro que hoy os presento, como un humilde homenaje a aquellos dos seres excepcionales que una noche coincidieron en un lugar por necesidad.