En 2008, el diario El País propuso a sus lectores que enviaran, aprovechando el verano, pequeños relatos, de no más de 120 palabras. La experiencia fue un éxito. Se ve que todos y todas llevamos muchas historias dentro. De los más de 700 que recibió el diario, publicaron una selección, y de esa selección encontraréis aquí una pequeña muestra:

1. “Ya no haces falta, bonita”

CRISTINA VÁZQUEZ, Lugo

Tengo miedo y me siento confusa (...) Hace apenas un rato todo era felicidad, y mi casa, un revuelo de preparativos para irnos. ¡Mis primeras vacaciones! Yo también ayudé con las maletas: escondí las gafas de bucear de Benjamín y puse en su lugar mi zapatilla favorita (.... Por fin estrenábamos el coche, ¡qué bien huele! (...) Estaba emocionada, orgullosa, agradecida, el hocico asomando al viento por la ventanilla. Me portaría bien, sin romper nada. Y ahora (...). No conozco esta carretera, tengo calor, mucha sed. Me dan pánico los bocinazos, y el zumbido del tráfico a gran velocidad (...). Pero tengo que darme prisa, seguir corriendo, aunque esté reventada, y ya sólo oiga mi propio jadeo (...) si me quedo aquí pensando no les alcanzaré.

2. Se busca cosmonauta con nave propia

MARÍA ANTÓN TORRES, Madrid

El verano siguiente, Chelito no estaba.

Sus papás la enviaron a Lyon a estudiar francés y convertirse en una señorita.

Yo ya me había pasado todo el invierno obsesionado planeando “el viaje” y ahora me sobraban un walkie-talkie, un casco espacial y una bolsa de frutos secos.

Tendría que viajar solo.

Pero habíamos quedado en que ella fabricaría la nave, y yo sólo contaba con un frasquito de mermelada lleno de gasolina y un croquis del sistema solar.

No había otra. Me quedé en tierra. Sin nave no hay viaje. Odié a Chelito.

Chelito volvió al verano siguiente. Finísima, y enamorada de Johnny Hallyday.

Chelito ya nunca quiso viajar a Marte conmigo.

Y yo sigo aquí, preparado pero sin nave.

3. Polizonte

NURIA LUCÍA ORTIZ, Cádiz

Tengo miedo. Mis manos resbalan, sudan, el camión va más lento, casi parado. Para. Oigo voces, no las comprendo, veo botas, pantalones verdes, oigo al conductor. No respiro, estoy inmóvil, sudo, tengo frío, pasan segundos, parecen horas.

Un perro, grande y fiero, huele, ladra, intento rezar, no recuerdo ninguna oración, el perro está furioso, tira de la cadena que lo sujeta.

Creo que es el fin, que me descubrieron, que regresaré al pueblo, al hambre, a la calle...

No puedo más, las piernas me duelen, y entonces... las botas y el perro se alejan y las voces se vuelven lejanas.

El camión arranca, lloro, y entonces recuerdo aquella oración que empezaba: “Gracias, Dios mío...”.

4. Rosa, la reina de las ensaladas

NICOLE BERDAH, Barcelona

En el año 1681, Carlos era un chico bastante feo, bajo y delgado, con unos bonitos ojos azules remarcados por profundas ojeras y que desgraciadamente supuraban a la menor corriente de aire. Ningún placer le era concedido en la vida, ni siquiera el placer de la comida, dado que era sujeto a frecuentes vómitos.

Un día fue al puerto  a recibir un barco llegando de las Américas.

Ella estaba de pie en la proa, hermosa, su pelo largo brillaba y bailaba al sol.

Bajó la primera del barco, fue directamente hacia él y le tendió una cesta de desconocidas frutas rojas.

“Soy Rosa”, dijo, “princesa azteca, y son tomates, la fuente de nuestro feliz porvenir”.

5. LIBERTAD DE UNIÓN

PACO PIQUER, Palma de Mallorca.

Un pastor se encuentra con un lobo.

-Tópica situación. La historia se repite- convinieron ambos.

-Deberíamos buscar un arreglo -propuso el lobo.

El pastor estuvo de acuerdo, y días después se inscribían en el registro de parejas de hecho. Trescientos veintisiete testigos balaron su alegría.

6. EL SALVADOR

JUAN FRAN NÚÑEZ, Albacete

Mientras el rabino Daniel Levy cerraba la puerta de su sinagoga, volvió bruscamente la cabeza sorprendido por los gritos desesperados del cochero que intentaba frenar a su caballo, totalmente desbocado y que se dirigía a toda velocidad hacia donde un niño sentado en el suelo jugaba distraído, ajeno a lo que se le venía encima. Sin pensárselo corrió hacia el entretenido pequeño, consiguiendo rescatarle milagrosamente de las patas y ruedas del mortal vehículo. Con el corazón en un puño, y casi sin respiración, dijo al niño: “¡Por Dios, si no te llego a coger a tiempo, ese caballo te hubiera matado! ¿Cómo te llamas, hijo?”, contestando el asustado y lloroso pequeño: “Me llamo Adolf, Adolf Hitler”.

7. BANQUETE

JOSÉ HAUSMANN, Madrid

Eran las diez pasadas cuando la familia, formada por el matrimonio y dos hijos, se sentó a la mesa.

Tenían comida en abundancia.

El padre, con gesto decidido, comenzó a abrir latas y envases de espárragos, mayonesa, atún en escabeche, anchoas, perdices y otras viandas, que iban devorando a un ritmo frenético. Para trasegar todo el condumio bebían leche de tetrabrik.

A las once estaban ya hartos de comer, pero aún quedaban alimentos por consumir, así que redoblaron esfuerzos y continuaron cenando.

Faltaban veinte minutos para las doce, cuando apareció la tarta helada. Con arcadas manifiestas lograron darle fin justo cuando el reloj comenzaba la cuenta del nuevo día.

Respiraron aliviados.

Por un minuto no habían consumido alimentos caducados.

8. ¡TORA, TORA, TORA!

GUILLERMO PORTILLO, Cádiz

Volábamos en más o menos formación de ataque a escasa distancia unos de otros.

Las comunicaciones, anuladas para no alertar al enemigo.

En vuelo rasante, a muy poca altura, para no ser detectados. Y al máximo de nuestras posibilidades, nos acercábamos irremediablemente al objetivo. La velocidad aumentaba nuestro riego sanguíneo; la tensión del momento, nuestras pulsaciones, y la cercanía del instante crítico, nuestro estrés. El sudor nos empapaba, y debido a las aceleraciones soportadas, nuestra vista tendía a desenfocarse. Con nuestros motores y todo el organismo al máximo de revoluciones, y ya a muy escasa distancia de nuestro objetivo..., ¡pafff, pafff, paff, paff!

Los cuatro mosquitos se estrellaron contra el cristal delantero del camión que circulaba por la autopista A-4 con dirección a Madrid.

Su misión acabó en un instante y se frustró para siempre-.

9. EMIGRANDO

MÓNICA BARDI, Cádiz

¡Soy Alejo, y hoy es un día muy especial! Valijas, pasaportes; Buenos Aires- Madrid. Martes 13.

Temo que se caiga el avión. “¡Supersticiones!”, vocifera mamá.

“¿Seguro?”, pienso yo. Mi hermano Camilo y yo rebosamos entusiasmo y expectación, pero mi hermana Cuyén llora desesperadamente por alejarse de su noviecito... ¡como si fuera para tanto!

El barrio, revolucionado. ¡Se van donde hay rey! Vestiría la camiseta de Boca, pero mamá, más loca que nunca (por la inflación, dice), sugirió que ya me podía ir cambiando al Barça.

Eso yo nunca lo haría.

Al despedirme de mis amiguitos me vuelvo y, riéndome, pregunto: “A propósito, ¿cuándo volvemos?”. Mamá me miró fijamente y soltó aquellas inolvidables palabras: “No volvemos”.

10. SMS

JESÚS LENS, Granada

Lo peor no fue quedarse viuda y con tres hijos pequeños a su cargo, después del accidente. Ni las estrecheces económicas a que tuvo que hacer frente por la ridícula pensión que le concedió el Estado. Lo peor no fueron ni la rehabilitación, ni la angustia, ni la soledad. Lo peor fue leer aquellos SMS que, después de su fallecimiento, su marido seguía recibiendo en el teléfono móvil todas las mañanas.

OTROS MICRORRELATOS RECOMENDABLES:

Microrrelato "Alas", de Enrique Anderson Imbert:

"Yo ejercía entonces la Medicina, en Huamahuaca. Una tarde me trajeron a un niño descalabrado: se había caído por el precipicio de un cerro. Cuando, para revisarlo, le quité el poncho, vi dos alas. Las examiné: estaban sanas. Apenas el niño pudo hablar le pregunté:

-¿Por qué no volaste, mi hijo, al sentirte caer?

-¿Volar? -me dijo-. ¿Volar, para que la gente se ría de mí?"

Hay tantos mundos, tierras, aguas… como ojos que miran. No me resisto a copiar un texto de Luis Hervás Rodrigo:

Desde pequeño siempre había tenido esa obsesión por los libros, una obsesión a la que sus padres contribuyeron de un modo decisivo, mostrándole los beneficios que la literatura le podía proporcionar. Devoraba cualquier volumen que cayera en sus dominios, sin importar tema o autor: geografía, Historia, ciencias, Poesía…todo lo asimilaba de una manera compulsiva, y entraba, sin remisión, a formar parte de su ser. Buscaba por las estanterías de la amplia biblioteca los ejemplares más voluminosos, con los cuales se entretenía por un periodo de tiempo relativamente largo, y cuando los terminaba, volvía, ansioso, a por otro. Desgraciadamente, la adquisición de un nuevo spray antipolillas acabó cierto día con su ilustrada vida, cuando aún no había acabado de engullir completamente una interesante descripción del motor de combustión en la Enciclopedia Británica

Construye tú ahora una historia. Antes de ponerte a escribir, organiza el siguiente esquema:

Tipo de relato (realista o fantástico)

Narrador (1ª o 3ª persona)

Personajes

Tiempo

Espacio

Acciones (tiene que haber introducción- nudo y desenlace)

Extensión (Máximo una página)

Formas de expresión (narración, descripción, diálogo, estilo directo o indirecto,...)

Antes de entregar o enviar tu relato, ten en cuenta los siguientes elementos de revisión: