Por último, viéndose Gerbino sin mucho provecho, tomando una barquichuela que de Cerdeña llevado había, y prendiéndole fuego, con las dos galeras la acostó a la nave; lo que viendo los sarracenos y conociendo que por necesidad debían o rendirse o morir, haciendo a cubierta venir a la hija del rey, que bajo cubierta lloraba, y llevándola a la proa de la nave y llamando a Gerbino, ante sus ojos, a ella, que pedía merced y ayuda, le cortaron las venas y arrojándola al mar dijeron: -Tómala, te la damos como podemos y como tu lealtad la ha merecido. Gerbino, viendo su crueldad, deseoso de morir, no preocupándose por saetas ni por piedras, a la nave se hizo acercar, y subiendo a ella a pesar de cuantos allí iban, no de otra manera que un león famélico entra en una manada de becerros, ora a éste ora a aquél desangrando y primero con los dientes y con las uñas su ira sacia que el hambre, con una espada en la mano ora a éste ora a aquél cortando de los sarracenos, cruelmente a muchos mató Gerbino ; creciendo ya el fuego en la encendida nave, haciendo a los marineros coger lo que pudieran como recompensa, abajo se fue con aquella poco alegre victoria conseguida sobre sus enemigos. Luego, haciendo el cuerpo de la hermosa señora recoger del mar, largamente y con muchas lágrimas la lloró, y volviéndose a Sicilia, en Ustica, pequeñísima isla casi enfrente de Trápani, honradamente la hizo sepultar, y a su casa se fue más dolorido que ningún hombre. El rey de Túnez, conocida la noticia, a sus embajadores de negro vestidos, envió al rey Guilielmo, doliéndose de que la palabra dada mal había sido cumplida, y le contaron cómo. Por lo que el rey Guilielmo, fuertemente airado, no viendo manera de poder negarles la justicia que pedían, hizo apresar a Gerbino, y él mismo, no habiendo ninguno de sus barones que con ruegos se esforzase en disuadirlo, le condenó a muerte y en presencia suya le hizo cortar la cabeza, queriendo antes quedarse sin nieto que tenido por un rey sin honor. Así, en pocos días, tan miserablemente los dos amantes, sin haber gustado ningún fruto de su amor, de mala muerte murieron, como os he contado.

I. ¿Esto qué es?: Fragmento final de una de las historias del Decameron. Secuencia narrativa, sin diálogos, y ritmo bastante acelerado.

II. Resumen => estructura:

a) Batalla naval. Asesinato cruel hija del rey. Reacción airada que lleva a una  “poco alegre victoria”

b) Regreso y triste sepelio.

c) Los reyes hacen justicia. El rey de Túnez envió al rey Guilielmo”; “quedarse sin nieto”... : ¿¿Cómo era exactamente la historia?? Ver cómo puedo esquivar los detalles.

d)  los dos amantes, sin haber gustado ningún fruto de su amor, de mala muerte murieron” - Detalle final: tema característico de la jornada IV =>

III. Tema: el amor trágico. Comparar con otras historias del libro y explicar lo que sé. Poner uno o dos ejemplos.

Puedo sugerir uno o dos temas secundarios: la guerra, la crueldad, la relación padre-hija, el perdón o el honor.

IV. Estilo:

  1. Realismo: localizaciones, actualidad.
  2. “como os he contado” : narradores en el Decamerón
  3. Estilo indirecto en exclusiva + Abundancia de gerundios + Acciones poco recreadas=>no parece un texto muy logrado => Boccaccio BUSCA un estilo narrativo; es un precursor, pero tiene cosas positivas y negativas:

Lenguaje entre dos extremos - valor per se y como fuente de inspiración.

V. Conclusiones. Una variación más del tema típico de la Cuarta Jornada. Estilo no muy logrado en esta ocasión.

VI. Comentario crítico:

La premisa que guía las narraciones de la Cuarta Jornada del Decamerón pedía que éstas debían versar sobre “historia de amor que cambian inesperadamente a la fatalidad”. Este cambio de rumbo, en ocasiones se debe a la casualidad o al destino, como en las novelas VI y VII, en que los amantes mueren por enfermedad o envenenamiento; sin embargo, en la mayoría de los casos, como ocurre en el fragmento que comentamos, se debe a la ceguera con que los personajes, como seres de una sociedad ignorante y extremista, recurren a la violencia para defender lo que consideran justo y hasta virtuoso.

En un buen número de casos (III, IX...) , son los celos los que empujan apasionadamente a la violencia; en otros, es ese dañino concepto del honor (I, V...) que hace a la mujer depositaria de la honra de la familia, lo que obliga a “lavar las afrentas con sangre”. Sea como fuere, si por celos o por honor, el resultado es el mismo: violencia, sangre y muerte. Alguien podría objetar que los celos son una locura pasajera, una pasión inevitable, y por tanto no se pueden comparar con una convicción ideológica, como es el caso de la honra. Yo pienso que toda ideología o credo que empuje a la agresión es una forma de locura y de asesina ceguera.

¿Acaso no están llenas la Historia y los libros, las historias y las películas, de ejemplos de heroísmo, de honor, de patriotismo, de defensa de credos, que no han sido sino baños de sangre, guerras crueles y demenciales, que constituyen la historia de la Humanidad? Por honor y fervor religioso masacró el imperio español en tierras americanas; por celo ideológico achicharró la Inquisición a cientos de herejes; por idealismo visionario quisieron los nazis dominar el mundo; por heroísmo bañaron Césares y Alejandros media Europa y por patriotismo los Estados Unidos bombardean medio mundo... Acaso por convicción, por defensa de su hombría, y hasta por “heroísmo” podrán justificar los maltratadores el daño que infligieron a sus cónyuges.

En el fragmento de Boccaccio, Gerbino, el protagonista, no conoce otro modo de conquistar a su amada que mediante la guerra y desobedeciendo las instrucciones expresas de su abuelo; los sarracenos, sus antagonistas, no saben otro medio de contestarle que cometiendo un brutal asesinato, provocando en Gerbino una emoción desgarradora a la que da salida matando y vertiendo sangre. Por último, al rey Guilielmo no se le ocurre modo más original de acabar la historia que ejecutando a su nieto.

Tal vez Gerbino, Guilielmo y los sarracenos hubieran defendido, como los españoles, como los nazis, como la Inquisición, como la casa Blanca, la legitimidad de sus acciones, recurriendo a valores altisonantes como el heroísmo o la justicia; personalmente, creo que no se trata más que de una concepción arcaica, agresiva y egoísta del mundo que la Humanidad no ha sido capaz de modificar con el curso de los siglos. Tal vez es que somos una raza de deficientes mentales, o simplemente, es que aún no hemos comprendido que estamos solos en el mundo y que papá no va a venir a poner paz cuando nos peleamos. Habrá que hacer un esfuerzo por entendernos.