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Lectura productiva
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 Seminario de Tesis II.

La lectura productiva.

 

La lectura productiva es una lectura crítica, que implica una construcción diferida de un texto. Todo texto tiene dos instancias: una fija formada por las palabras, la sintaxis, el tema, las ideas; y otra que va más allá: la significación.

 

Una comprensión inmediata opera sobre el conocimiento de lo fijo[1]. La diferida implica operaciones no racionales, de acumulación procesal, que sirven para que una lectura sea productiva.

 

La lectura es la producción de un conocimiento  acerca de lo que un objeto de codificación pretende transmitir y/o significar. Este objeto de codificación es lo que se llama texto, que puede ser un escrito, una pintura, una imagen, un plano, etc.

 

El acto de leer implica la relación entre un sujeto que posee cierto saber, un objeto sobre el que se realiza y que la suscita[2]. La posición que tome el sujeto da el valor a la lectura: desde un mínimo que permite la codificación del contenido y una comprensión inmediata del texto; hasta un máximo que implica la construcción de significados y una comprensión diferida.

 

El significado –en palabras de Argudín[3]- no es una propiedad del texto que el lector deba develar, sino que es el lector quien construye desde su propia experiencia y circunstancia el significado de lo que lee. Batjin afirma todos somos autores en el momento en que leemos.

 

Un texto no expresa sólo información, sino que también comunica la experiencia humana de un sujeto o grupo, la realidad como ellos la viven externada por medio de conceptos y valores.

 

El lector crítico establece un diálogo entre la realidad del texto y la suya propia. Implica, en un primer movimiento, escuchar al texto, para después inquirirlo desde los saberes que poseo con la finalidad de producir un conocimiento, construir un significado. En palabras de mi querido maestro, el Dr. Raúl Mora “el texto en su contexto es un pretexto para hablar sobre el texto de mi vida”.[4]

 

Este lectura crítica o dialógica o productiva no se agota –afirma Argudín-  en la capacidad del lector para reproducir el mensaje del texto en sus propias palabras, sino que implica la construcción de un objeto conceptual y la transformación del lector por medio del texto.

 

Y esta lectura no se limita a los textos literarios, sino que bien puede hacerse con textos científicos o informativos. La lectura puede ser una actividad productiva sin importar qué es lo que se lea ni los motivos que impulsen a leer: puede ser por obligación, curiosidad o gusto. Sin embargo, requiere de la participación activa del lector, único constructor de significados.

 

Leer de esta manera requiere del desarrollo de habilidades para la construcción de significado, lo que implica el desarrollar habilidades de razonamiento. Estas habilidades se pueden aprender y alguien con experiencia en este tipo de lectura puede encauzar a un nuevo lector para que emplee las estrategias cognitivas que le permitan realizar una lectura significativa.

 

Es importante que se enseñe a los estudiantes el desarrollar sus habilidades de razonamiento, y la lectura productiva puede ser un camino idóneo para ese propósito. Un incremento en las habilidades lectoras se relaciona con el desarrollo del pensamiento crítico[5].

 

Dejar la lectura en una comprensión inmediata del texto, es quedarse a nivel de contenido, lo que limita el desarrollo de habilidades de razonamiento en los estudiantes. Un repaso a estas habilidades nos hará ver la dimensión de lo que se pierde al hacer una lectura no productiva, o como yo lo llama, lectura por obligatoriedad.

 

Qué es el pensamiento crítico[6].

 

 

 

 

Hábitos de pensamiento crítico

Contribuyen a que nuestras acciones sean más racionales y mejor ajustadas a las circunstancias del medio y de otras personas. Los más importantes son:

§  Ser exacto y buscar la exactitud en la información que se recibe o se produce.

§  Ser claro y buscar la claridad en la información que se recibe o se produce.

§  Ser receptivo a la información que se recibe o maneja y evitar los prejuicios.

§  Pensar antes de hablar o actuar. No ser impulsivo.

§  Tomar una posición sustentarla y defenderla cuando las circunstancias lo ameriten.

§  Ser sensible y valorar los sentimientos y el nivel de conocimiento de los demás. No ser petulante.

 


[1] Jitrik, 32

[2] Jitrik, 19

[3] Argudín, 25

[4] Tomado de mis apuntes personales en clase.

[5] Ver cuadro en Argudín, 33.

[6] Arenas Campos