EDIFICANDO CASAS APOSTÓLICAS

Apóstol, Samuel Arboleda Pariona

“Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones.

Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová.

Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra”.  (Isaías 2:2-4).

I.  LA CASA DEL SEÑOR CABEZA  DE TODOS LOS MONTES (v. 2)

        Los montes en los tiempos de Isaías se refieren a los lugares altos de adoración. Estos lugares representaban el aspecto religioso de las culturas paganas sobre las cuales se desarrollaban en todo los planos de la vida humana: educación, arte, ciencias, gobierno, guerra, industria y comercio.

        La profecía de Isaías proyecta que en los postreros días la Casa del Señor será cabeza de todos los montes. La casa se refiere al pueblo de Dios. El Monte se refiere al lugar de adoración. La clave está en que la Casa del Señor fundada en la adoración a Yahweh ha de llegar a ser cabeza de toda cultura. Múltiples son las expresiones culturales sobre la tierra, pero toda tribu, raza, pueblo, lengua y nación puede y debe ser afectada por los principios del Reino de Dios. La Casa del Señor ha de ser la cima mayor. Debe exhibir su luz, su esplendor, su diseño. Una ciudad llena de luz, asentada sobre un gran monte no se puede esconder (Mateo 5:11).

        La edificación apostólica busca levantar la Casa del Señor en esta perspectiva. Los apóstoles y los profetas trabajan para que el pueblo de Dios sea cabeza y no cola. Están llamados a levantar un edificio bien concertado  y unido, para ser todo él un templo santo para el Señor. (Efesios 2:20).

Lo apostólico se expresa de dos maneras:

1. Tú vas a ellos. Esto significa que enviamos gente y/o equipos apostólicos para alcanzar a los que están lejos de Dios.

2. Ellos vienen a ti. Esto significa que vamos a recibir gente que van a desear ver el modelo que exhibe la casa.

        Lo segundo es tan apostólico como lo primero. Aprendemos más por un modelo que por un mensaje. Un modelo es superior a cualquier mensaje que podamos predicar.

        Ahora bien, llegar a ser cabeza implica que debemos ascender, levantar el nivel constantemente, y al mismo tiempo, debemos integrar con excelencia todas las partes del diseño de la casa. La casa tiene que alcanzar un plano superior, distinguible de todas las demás. La Casa del Señor, esto es el pueblo de Dios, está llamado no sólo a marcar la diferencia en su estilo de vida, sino a ser modelo para todas las naciones, estableciendo el Reino de Dios en cada cultura creada por el hombre.

II. LA CASA DE DIOS ES EL METODO DE DIOS (vv. 3-4)

        El mensaje sin modelo es ilusión. El mensaje sin método queda huérfano, sin solidez y sin la guía correcta en su edificación. Se dice de Abraham que buscaba la ciudad cuyo fundamento, cuyo arquitecto y  cuyo constructor era Dios (Heb.11:10). Hay gente que sabe lo que está buscando, pero hay mucha otra gente, por no decir la mayoría, que no saben a dónde van. Pero, cuando vean la casa modelo la van a perseguir no sólo por el mensaje, sino por lo que pueden ver, palpar y empezar a imitar. Van a buscar instrucción y dirección para edificar ellos también.

        Según los versículos 3 y 4 de Isaías podemos encontrar lo siguiente:

1. “Muchos pueblos vendrán”. Esto significa que la gente será atraída. No sólo los impíos, sino también los ministerios secos, caídos, muertos o desorganizados. Vendrán porque existe una casa bien edificada en todas sus partes.

2. “Venid y subamos al monte de Yahweh”. Esta es la actitud y determinación que tomarán los que sean impactados por la Casa de Dios que ha de brillar desde la cima. Serán motivados a subir de nivel, a escalar posiciones. Ascenderán sin preguntar por el costo de esta determinación. El lugar primordial donde encontrarán el meollo de lo que es la razón de ser del pueblo de Dios y su estilo de vida es “el monte de Yahweh”.

La vida y la cultura del Reino surgen del encuentro permanente con Dios y de la obediencia a él. Así como le adoras, así le servirás al Rey de Reyes. La adoración y la comunión con Dios del más alto nivel, te llevará a servirle conforme al diseño celestial revelado en las Escrituras y en Cristo. Esto significa que desarrollaremos la vida que El plantea. Seremos edificados como el pueblo que él ha diseñado para transformar las naciones bajo los patrones de vida del reino, bajo la santidad, la justicia y la paz duradera.

3. “Nos enseñará sus caminos”. Esto significa que encontraremos un diseño global que implica muchas partes bien ensambladas unas con otras. Cada una de ellas significará muchas posibilidades de servicio. El Reino no es monótono sino sorprendente, innovador, multiforme y bien coordinado.

4. “Caminaremos por sus sendas”. Esto significa que desde la Casa de Yahweh seremos instruidos y capacitados. Encontraremos entrenamiento para transitar los caminos por dónde él nos ubique para servir. Por más torpe que alguno fuere, no se extraviará (Isaías 35:8).

5. “De Sión saldrá la ley”. Sión alude al trono de Dios. Jerusalén a un lugar terrenal donde existe pueblo de Dios. Sión tiene que ver con la adoración. Foco central de la comunión con Dios, desde donde viene la revelación y la sabiduría. Sión no tiene un lugar fijo. No es ni en este monte ni el otro, sino donde haya adoradores que le adoren en espíritu y en verdad. Donde esto suceda, en cualquiera de los cuatro puntos cardinales de la tierra, estará también el pueblo de Dios, bien dispuesto y celoso de buenas obras, que enseñará a las naciones la Palabra de Yahweh.

De Sión, la presencia de Dios, la morada de Dios, sale la ley.  La adoración trae la obediencia a la ley. La ley no te lleva a la adoración, sino al conocimiento de lo que es recto, de lo que agrada o desagrada a Dios. De lo que te aprueba o desaprueba delante de Dios. De la adoración nace la obediencia a los principios de Dios. En la casa apostólica, lo primero que sucede es que te llevan a un encuentro con el poder de Dios, recibes la llenura del Espíritu Santo e inmediatamente, entras a un proceso de adquirir los fundamentos de la fe y los principios que traerán el carácter de Cristo en cada discípulo.

6. “Y de Jerusalén la Palabra de Yahweh”.  Jerusalén es el lugar terrenal desde donde el pueblo de Dios recibe, proclama, enseña y vive la Palabra de Dios. Pues ésta no solo consiste de conceptos o abstracciones, sino que es espíritu y es vida. Es el lugar de la revelación de la Palabra de Dios y su interiorización en el espíritu de cada discípulo hasta que se haga parte de su vida, parte de su ser y de su quehacer.

7. “Y juzgará entre los pueblos…” Desde la conexión Sión – Jerusalén se levantará para regir los destinos de las naciones, bajo el esquema de justicia y paz (v. 4). La gente de Reino está llamada a poseer la tierra y gobernarla. Dios quiere levantar gente en todos los planos de la vida humana: En proyectos educativos, económicos, intelectuales, artísticos, políticos, industriales, desarrollo social diversificado, con autoridad para enderezar caminos torcidos y capacidad para propender al desarrollo integral, libre de guerras y enemistades entre los pueblos.

III. LA CASA IMPLICA  COBERTURA

1 Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús;  2 el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios.   3 Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo.   4 Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios.   5 Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;  6 pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza. (Hebreos 3:1-6)

        La cobertura se recibe siendo fiel a la casa. No puedes recibir estatura, ni revelación de Dios para tu vida, sino sólo por impartición. La impartición es directa de alguien mayor sobre ti. En el reino de Dios, sólo recibes estatura siendo fiel en la casa a través del tiempo.

Debemos considerar dos ámbitos o dos lugares espirituales:

(1) Babilonia, tipo del sistema pecaminoso. Lugar de confusión. Las religiosidades no son otra cosa que confusión a través de la mezcla de lo profano con lo sagrado. Los religiosos creen y hasta tiemblan, pero no obedecen.

(2) Jerusalén, es tipo del reino de Dios manifestado en la tierra. La Jerusalén celestial es un lugar en el espíritu que habla de una “ciudad de paz”. Un sentido de la “shalom” bíblica es que nada hace falta, nada esta roto o quebrado. Esta es la ciudad – la casa mayor – apostólica y profética, donde cada discípulo del reino cree, tiembla y OBEDECE con alegría.

        Hebreos 3:1-6 nos invita a considerar a dos grandes fieles en la Casa de Dios:

        Este pasaje hace un llamado a considerar a Cristo en su calidad de enviado de Dios. Aquí es descrito para los fieles como el “apóstol” y “sumo sacerdote” de nuestra fe, en comparación al ministerio de Moisés, tipo apostólico. Este gran hombre de Dios fue guía espiritual de Israel y mediador del pacto del Sinaí. Moisés es presentado como un siervo fiel y un mediador entre Israel y Yahweh. En cambio, Cristo es presentado como Hijo y heredero.

El vocablo “Apóstol” (Heb.3:1), aplicado a Cristo, viene del griego: “Apóstolos”, que significa enviado. “...considerad al apóstol y sumo sacerdote...”. Este es el único pasaje del NT en que se aplica este término a Jesús, como enviado especial del Padre. De acuerdo al contexto general del pasaje, bajo el AT, Moisés fue el apóstol (enviado por Dios con su autoridad) y Aarón, el sumo sacerdote del pueblo de Dios. Ahora, bajo el Nuevo Pacto, esos dos oficios se combinan en la persona de Jesucristo.

        La diferencia entre Moisés y Cristo es sustancial. Un comentarista  dice que Moisés: “por la tradición judía, era considerado como el más grande entre los hombres, superior incluso, bajo ciertos aspectos, a algunas categorías de ángeles. Afirmar la superioridad de Cristo sobre Moisés era algo que siempre hacía impresión a mentalidades judías”.[1]

        Moisés fue fiel como siervo, Jesús fue fiel como Hijo. Nosotros tenemos la genética de Jesús. Seamos fieles a la casa. No sólo tengamos cobertura, sino tengamos paternidad. Esto es, tener un corazón abierto a la dirección, a la corrección, al entrenamiento y a las comisiones. La fidelidad y la obediencia permiten construir el modelo. La fidelidad y la obediencia producen gente con la genética de la paternidad apostólica que le da cobertura.

        ¿Puedes reproducir la cultura de la cobertura debajo de la cual estás?:

¡Esto es lo que se debe vivir en una casa apostólica!

IV. LA CASA EDIFICADA COMPLETAMENTE SE CONVIERTE EN MODELO

“Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”  (Efesios 2:20-22).

        Todo el edificio bien coordinado va creciendo. Se trata de ensamblar todas sus partes y al mismo tiempo de adquirir un desarrollo pleno. Este edificio, siendo un templo santo al Señor, debe influenciar todo ámbito de la sociedad en la cual está insertada.  De este modo, la casa de Dios, su pueblo, se constituye en un modelo que exhibe la presencia de Dios y su multiforme gracia en los santos.

        Los apóstoles y profetas no trabajan por visitación de Dios. Ellos trabajan para establecer la casa donde Dios habite plena y permanentemente. Los apóstoles y profetas trabajan para levantar iglesias con proyección a 150 años adelante.

Requerimientos básicos:

1. Hay que prepararse para lo cambios. Crecimiento implica cambios.

2. No te vas a dar cuenta de lo que te falta hasta que veas a otro mayor que tú. El Señor te va a inspirar, desafiar, con otros que están avanzados en el modelo del Reino.

3. No vivamos por deseos propios sino por DISEÑOS PROPIOS.

4. En medio de la carencia de modelos necesitamos ser ese remanente fiel al Señor. Si Dios nos sacó de un lado de su Cuerpo, es para que seamos el remanente con el cual Dios va a restaurar, reformar y restituir todas las cosas.

5. El remanente requiere:

6. Requiere de los cinco ministerios en acción, con los apóstoles y profetas a la cabeza, para perfeccionar a los santos.

7. Requiere una estrategia de batalla de alto nivel para cuidar el proceso de edificación.

V. LOS EDIFICADORES DE LA CASA

“Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:20)

“Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1ra. Corintios 3:10-11).

        Los apóstoles y profetas son el fundamento edificador de la casa. El fundamento de los apóstoles y profetas no se refiere a la conjunción de profetas del Antiguo Testamento con los doce apóstoles. Tampoco debe entenderse como la herencia apostólica dejada por los apóstoles del primer siglo, especialmente, de los que escribieron el Nuevo Testamento.

        Los apóstoles y profetas son el fundamento edificador en tanto existen como tales. Son los apóstoles y profetas del Espíritu Santo y del Nuevo Testamento, constituidos por Jesús para seguir perfeccionando a los Santos y llevarlos a la madurez plena a la estatura de la plenitud de Cristo (Efesios 4:13)

        Los apóstoles y profetas  reciben una gracia dada por Dios para recibir revelación y al mismo tiempo comisión de dar a conocer los misterios de Dios. Esto implica no sólo claridad para establecer doctrina en la iglesia, sino también recepción de diseños y estrategias para desarrollar los diversos campos de la misión en la iglesia, dentro y fuera de ella. Por eso, Pablo entiende su quehacer apostólico como el de un perito maestro constructor que sabe describir y poner en ejecución un plano para edificación.

        Los que sobreedifican encima son los otros ministerios – evangelistas, pastores, maestros – apoyados por una multitud de obreros que operan con toda la variedad de dones sobrenaturales y naturales puestos a disposición del Señor. Estos últimos son los que miran como sobreedifican a partir de tareas muy específicas desde la casa. Ellos son discípulos que habiendo alcanzado madurez en el servicio pueden desempeñarse como obreros del Reino.

        La edificación plena de la casa requiere de la formación de discípulos apostólicos bajo principios y características muy específicos:

  1. Principios que afectan el seguimiento:

2. Los discípulos apostólicos son gente de avance:

3. Los discípulos apostólicos tienen una gran pasión

VI. EL MODELO ATRAE VISITANTES.

        Tu destino no es solamente el mensaje apostólico, la unción, los milagros y las nuevas iglesias plantadas. Tu destino es desarrollar una cultura del Reino a través de una Casa Apostólica y Profética. Los visitantes van a venir a oír o ver algo impactante.

Hay por lo menos seis clases de visitantes que vendrán:

1. La Reina de Saba: Vienen a probarte con preguntas difíciles y suspicaces. Si tu modelo es bueno va a rebasar toda pregunta y suspicacia.

2. Ruth: Representa a los que determinan seguir tu fe y estilo de vida a causa del testimonio.

3. Los Devotos: No saben cómo llegar, pero llegan por algo impactante.

4. La Gente Apartada: Ellos vuelven por la presión de las circunstancias.  Por ejemplo, el hijo pródigo dijo: “En la casa de mi Padre hay abundancia de pan… y fiesta”.

5. Los Fariseos: Ellos vienen para ver lo que has edificado, pero traen perversión, buscarán “la quinta pata al gato” para criticarte y oponerse a tu modelo.

6. Los Apolos: Vienen para la productividad del Reino. Cuando ellos son bien encaminados en la fe, serán altamente productivos contigo.

        Hay congregaciones remanentes por toda la ciudad. Dios las está levantando como casas modelos de restauración y de Reforma Apostólica. Dios las levanta para inspirar, desafiar y bendecir al resto de Su iglesia.  Estas “Casas Remanentes” cuando comprenden y se mueven apostólicamente reflejan una cultura del Reino.

        Asimismo, en la ciudad hay muchas iglesias que ya crecieron y quieren más.  Han descubierto que algo les falta, algo está roto donde ellos están.  Ellos vendrán a las iglesias que edifican sobre el fundamento de los apóstoles y profetas. Iglesias que están asentadas sobre el monte de Yahweh – esto es SION. Prepárate porque ellos serán reasignados a tu iglesia por el Rey de Reyes. Si se quedan donde están, jamás realizarán el destino que Dios les ha trazado. Dios ya escuchó el clamor de ellos. Dios les va a permitir escuchar el estruendo. ¿Qué van a encontrar cuando lleguen a tu casa? Deben encontrar una manifestación de la cultura del Reino.

        Ninguno va a intercambiar o dejar atrás veinte años de relaciones, amistades logradas por un milagro o por una ministración. Si ellos no ven excelencia, fundamento, hospitalidad y estilos de vida transparentes, no se van a quedar para nada. La gente busca una casa, una ciudad alternativa. Una casa y una ciudad con fundamentos firmes y estables que se desarrolla y todo lo hace con excelencia.

        Soñemos apostólicamente: ¡Hagamos realidad la ciudad de Dios dentro de nuestras ciudades! La cultura se ve a través de modelos: Fe, carácter, conducta, acciones, obras, proyectos en ejecución y ya realizados, etc.

El “Input” y el “Output” de lo Apostólico:

        Sin proclamación del mensaje no hay creyentes; sin creyentes no hay discípulos; sin discípulos no hay obreros; sin obreros no hay ministros; sin ministros no hay enviados con comisiones apostólicas; sin enviados no hay avance ni extensión del Reino; sin extensión del Reino no hay transformación de naciones.

Una hoja de ruta apostólica:

El encargo de Dios para todos los apóstoles de los tiempos finales, ilustrado con las palabras a Ezequiel:

 

“Tú, hijo de hombre, muestra a la casa de Israel esta casa, y avergüéncense de sus pecados; y midan el diseño de ella. Y si se avergonzaren de todo lo que han hecho, hazles entender el diseño de la casa, su disposición, sus salidas y sus entradas, y todas sus formas, y todas sus descripciones, y todas sus configuraciones, y todas sus leyes; y descríbelo delante de sus ojos, para que guarden toda su forma y todas sus reglas, y las pongan por obra. Ésta es la ley de la casa: Sobre la cumbre del monte, el recinto entero, todo en derredor, será santísimo. He aquí que ésta es la ley de la casa”. (Ezequiel 43:10-12)

Que nuestra oración personal sea:

¡Padre muéstrame cómo desarrollar una cultura de tu Reino en mi ciudad!


[1] Lorenzo Turrado, Biblia Comentada, Vol. 6b, Comentario a “Hebreos”. (Madrid, Editorial  B.A.C.), Pág. 466.